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Quisiera encontrarte por casualidad

en el bar más turbio de la ciudad
con algún botellín de cerveza que encerrase
tus intenciones y las mías mezcladas
en el cajón de la ropa sucia.

Acercarme y soplarte  la nuca
advirtiendo mi presencia
de té verde y chicle de fresa.
Sentarme a tu lado
y congelar las radiaciones
de unos cuerpos en estado de atracción.
Atropellar tu mirada
y salvarla a un segundo de la muerte.

Salir corriendo

a la playa que me debes,
descalzarnos
y que la arena bese nuestros pies.

Deslizarte hasta el cielo
de mis caderas y gemirle al mar.
Bajar por tu ombligo,
hundirme en tu boca
subir con la marea
y surfear las olas de un orgasmo.
Follarnos la piel.

Lo quiero a sabiendas que no,

a sabiendas que solo se desean las cosas que no tienes.
Como ésta sal en los ojos
que miran a una ciudad sin mar.