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A veces uno piensa,
y se debate
entre el amor al látigo y el precio
en crudo del pesebre
y el desprecio sangrante
de sí mismo, del yugo y del estigma.

A veces uno piensa,
y se percata
de la carrera atroz trampa adelante,
de la voraz subasta
con muerto en las vitrinas,
del púrpura antifaz de la impostura.

A veces uno piensa,
y se deshace
la carne del temor con su harapienta
mortaja de silencio,
la ceniza sin fe,
el templo de la muerte y sus cimientos.

Este poema pertenece al libro de poemas “De vivos es nuestro juego“.