Nuevo proyecto en marcha: Utópico Gamer.

Si Jameson se basaba en la obra de Kenneth Burke para afirmar que todo acto socialmente simbólico tiene un componente utópico, entonces podríamos entender que los videojuegos expresan también signos de la pulsión utópica. Partiendo de esta premisa, me gustaría presentaros un proyecto audiovisual titulado Utópico Gamer, en el que intento aunar mi pasión por la utopía con el placer que me producen los videojuegos.

Actualmente me encuentro realizando un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) sobre el impulso utópico en la obra de Jameson; en este sentido, en el canal pretendo aplicar mi trabajo de investigación al campo de los videojuegos, además de pasarlo bien jugando y charlando con vosotros.

Vídeo de presentación del proyecto:

Canales del proyecto:

👉Youtube:https://www.youtube.com/channel/UCNSjMSzLEjTXbbT7–5AxlA/

👉Twitch: https://www.twitch.tv/utopicogamer

👉Twitter: https://twitter.com/utopicogamer

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Reseña de: «Foucault, Bourdieu y la cuestión neoliberal», de Christian Laval.

 

Víctor Atobas reseña el libro de Laval acerca de Foucault y Bourdieu.

 

LEER EN DORSAL. REVISTA DE ESTUDIOS FOUCAULTIANOS.

 

398-1747-1-PB

 

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Reseña de: «El pensamiento político de Michel Foucault», ensayo de Luis Félix Blengino.

 

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Por fin soy adulto

*PELIGRO: Relato autobiográfico. Se han detectado partículas humorísticas de procedencia extraterrestre.

Mil gracias al SanFran, a Burgos Dijital, Kaos en la Red, Diario de Vurgos, Viento Sur, Piedra Papel Libros, y a los camaradas de los tiempos de Izquierda Anticapitalista–Bur.

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Hola a todos,

Me llamo Atobas, y soy un adulto. Me alegra mucho deciros que, después de mucho esfuerzo y planificación, he sido padre. Mi niña aparece en la foto de arriba: se llama Nala y tiene la nariz húmeda y el cuerpo peludo. Es un amor.

Ahora nadie puede decirme que no soy maduro porque he sido papá y acabo de conseguir un empleo de 0,01€ la hora en una granja de clicks, y eso me convierte automáticamente en una persona adulta. Yo siempre digo que la renta básica universal no es algo serio. Lo que debemos hacer es crear más empleos de a céntimo, empleos que realicen cualquier actividad necesaria para la sociedad como: dar lametones a las farolas de Gamonal a ver si a estas intensifican la gentrificación actualmente en curso, espiar a los vecinos, contagiarse de una cepa de coronavirus que sea menos agresiva que la nueva, provocar peleas callejeras entre mastines tibetanos rabiosos con 7 cm de sangriento colmillar, o machacar vivos a tus hijos hasta que pierdan las ganas de vivir y estén bien sometidos a la autoridad de la familia y del capital. Yo soy adulto. Los niños no trabajan. Mi Nala está desempleada.

Yo soy adulto, y los adultos saben, mandan, ordenan, machacan, gobiernan. Lo jóvenes son entes amebaicos que se inventan palabras reketeraras pa esconder que son más chibaquiarcos que un jodido plátano catelanicio pegado a la pared y que no valen ni para zampalluársalos. Alberto Olmos ha declarado en la prensa que, después de ser padre, el resto de la peña que aún no ha traído un retoño para pisotearlo cuando llegue a la adolescencia e intente florecer por su cuenta y riesgo, el resto de la peñita, dice, le parece masa de granudos quinceañeros.

Yo estoy de acuerdo con Olmos, y también con Rendueles, que también defiende los Objetos Familiares Sí Identificados (OVNI, digo OFSI). Si no eres adulto con empleo e hijos, eres una mierda chamaco con cara verde de alíen; sin embargo, sólo he podido entender esto después de traer una preciosa y peluda hija al mundo, que tiene unos caninos finos como agujas, qué cosa más curiosa. Qué tamaña responsabilidad esto de los hijos, y qué hermosa, ¿no creen?.

Mi madre me enseñó que hay que tratar a los hijos como si fueran mascotas, pues en caso contrario se te suben a la chepa y no hay manera de meterlos en vereda. No eres tú, me decía mi madre cuando no me comportaba como un perrito; no eres tú, claro. Era eso, debía rendir pleitesía al macho alfa llamado papá, pero identificarme con la mamá sufridora y al mismo tiempo con supuestas pretensiones salvadoras. Debía renunciar a forjar mi propia identidad y mi propio nombre; era eso lo que mi madre me demandaba con todo el cariño del mundo. Si mamichuli estaba mal, yo debía aceptar esa transferencia y deprimirme; debía quedarme en casa o volver pronto del barrio. Si quedaba con una antigua novia, mamá me llamaba todo el tiempo; andaba muy preocupada por todos los supuestos peligros que me acechaban. Otras ocasiones, papá me decía que le molestaba que estuviera feliz, bailando en el sótano tras haber estado fumando migajas con Berry, en el mítiko Sanfran.

Buscando mi bien, mi madre me daba golosinas y yo, como un perrito, me las comía. Con que mi enfermedad empeoraba, a causa de los altos niveles de azúcares. Aunque lo que más me enfermaba era el estrés que me generaba sentirme vigilado a cada instante y en todo los ámbitos de mi existencia; dicha ansiedad me destrozaba el estómago y los nervios. Eres especial, decía mi madre, por no llamarme tonto a la cara, y por eso tengo que estar pendiente de ti. El Tonto de la Family y Mamá–Medea.

En el año 2012 ingresé en el hospital recién inaugurado de Burgos, habiendo estado meses vomitando dos, tres o hasta cuatro veces al día, por una enfermedad que era física pero también psicológica. Vomitaba sobre todo cuando me sentía más estresado. La mayoría de las ocasiones, ni siquiera me metía los dedos; la arcada llegaba por sí misma. Mamá andaba muy activa, llena de deseo por su hijocomo Santa María–. Yo pensaba que ella iba a acabar conmigo – me infundía verdadero terror y no era raro que apareciera en mis pesadillas–. Pensaba que me sacrificaría. Recuerdo que estaba echado en el camastro. Los ventanales de aquella planta del hospital eran amplios, pero la tarde anubarrada. Le pregunté por qué estaba tan contenta con un hijo así y me respondió que cómo se me ocurría decir eso y nos pusimos a discutir delante de una enfermera, que se marchó en cuanto pudo. Nunca olvidaré esa discusión, porque sé que ella lo hizo por mi bien. Tras salir del hospital, pedí a mamá que me dejara tranquilo. Ella me iba machacando hasta que yo mismo empezaba a pensar que cualquier sonido del estómago significaría un nuevo brote de la enfermedad. Sabía que algunas noches ella entraba en mi cuarto, cuando creía que estaba dormido; entraba con la cara resplandeciente de gozo, pensando que seguía enfermo y que requería de su supuesta salvación. Todo por el bien del hijo. La familia es lo primero.

Años después de la discusión en el hospital, mi madre seguía machacándome por mi propio bien. Estuve a punto de recurrir a la justicia, pero logré contenerme, sabiendo que una denuncia habría supuesto el final de la familia. Cuando la situación en casa volvía a tornarse insoportable, mi madre me mandaba al psicólogo, que –debo reconocerlo– me ayudó muchísimo, haciéndome comprender que mi madre me miraría como un niño hiciera lo que hiciera. Entonces entendí que había sido tan gilipollas durante aquellos años como para aceptar la mirada que mi padre y ella vertían sobre mí; yo me pensaba a mí mismo como un niñín perdido por ahí. Pero conocí a Sara y empecé a comprender, a su lado, que yo era una persona digna con una identidad: su amor me iba sanando.

¿Pero cómo fui adquiriendo identidad? Hablando, escribiendo, militando en IA–Burgos junto a mis camaradas: Berry, Serna, Acacio, Mariano, Marti, Antea y tantos otros. Empecé a contar lo que me pasaba, pero de forma fragmentaria, pues no me atrevía a sincerarme, y más dependiendo económicamente de la familia. Creo que algunos amigos acababan cansados de que siempre les hablara de la autoridad de la familia, la verdad. Luego escribí un ensayo sobre la autoridad, que publicó Piedra Papel Libros. Y es que debo a mis amigos – entre quienes me gustaría citar también a Dani y Ramos– que me escucharan a pesar de lo insistente que podía resultar; les debo al Sanfran, a Burgos Dijital, Kaos en la Red, Viento Sur, Diario de Vurgos (con V) y Piedra Papel Libros que me dieran la oportunidad de expresarme libremente.

Y como no me da la gana reprimirme, diré que un adulto es quien no se anda con zarandajas. Esto nunca lo he dicho públicamente, pero recuerdo que le había pedido a mi madre que no sacara de casa a Nala – mi amada hija mascotizada sin correa, porque es una locuela adorable. Al poco pude observar con mis propios ojos que mamá había demostrado la determinación propia de los adultos, al tomar a mi perrita sin correa ni nada, para sacarla a pasear por la carretera que hay al lado de casa, a ver si pasaba algún coche. ¿Verdad? Porque si no hace eso la mamá, el tontito que tiene por hijo, se le sube a la chepa, y no. No, no, no. Una cosa es el niño y otra el adulto. No te jode, vas a matar todo lo que ama tu hijo, y encima este se queja; eso es porque es un joven agresivo, ¿no piensan ustedes lo mismo?

Un adulto sabe que los trapos sucios se deben lavar en casa, eso también lo aprendí de mi madre, y lo que quiere decir es que hay que censurar al tontito. Porque si Atobas habla entonces llevará el ser a la cosa al modo heideggeriano y entones se irá construyendo su propia identidad, poco a poco irá cogiendo confianza, y pensará en la manera de encontrar la vía de la reconcialiación – parcial, eso sí–. Pero eso no puede ser para mi mami; ella se repite una y otra vez que tiene el supuesto derecho de gobernar mi vida. Por eso trató de quitarme todo lo que amo: Sara, Nala, las flores de hassmín, hasta mi nombre propio (Atobas), todo. Ella me quiere quitar todo lo que amo, por mi bien, y no por su deseo de que regrese al hogar familiar. Quiere que me vaya mal, para que vuelva a su lado y ella aparezca como supuesta salvadora; desea que, de nuevo, sea su hijo–mascota.

Pero, mamá, lo que debes hacer es dejarme vivir en paz. Es que no eres tú, dice. Sí soy yo, mamá, una persona digna, un adulto de 30 años; si no lo ves, es tu problema. Quizás puedas obligarme a volver a casa – aunque estoy buscando curro–, utilizando la soga del lazo económico, pero no me llevarás de vuelta a 2012; no consentiré que me quites aquello que amo ni que acabes con mis ganas de vivir. Espero que puedas entenderlo, mamá.

A papá me gustaría decirle: siento mucho que te moleste que sea feliz fuera de la familia, estando con Sara, fumando flores con mis amigos o paseando con Nala. Tú te reíste de mí, papá, cuando te dije en 2012 que me estaba muriendo. Fue en la cocina, cerca del frigorífico. Te lo he repetido muchas veces desde entonces; yo lloraba, habiéndome arrodillado ante ti. Había perdido mucho peso, hasta quedarme en los huesos. Pero tú te reíste de mí por mi bien, no porque me quisieras en ese lugar, ¿no es cierto? Porque lo más importante es machacar al hijo para unificar a la inestable familia. Pero, papá: me gustaría que comprendieras que el problema de nuestra familia no soy yo, sino un conjunto de factores socioeconómicos –como la soga de la dependencia económica–, pero también relacionados con la falta de unidad de tu matrimonio – que sólo parece sostenerse sobre los hijos–.

Pero los hijos crecen y maduran. ¿Acaso ser adulto no consiste precisamente en responsabilizarse de las palabras y los actos?, ¿acaso ser adulto no requiere de atreverse a hablar?

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Cómo hacer oscilar la insurrección pandémica: desde la paranoia a lo Vox hasta el deseo revolucionario.

En un reciente artículo (enlace), el periodista catalán Enric Juliana señalaba que existe una conexión entre las protestas de 2014 en Gamonal – que se convirtieron en un símbolo de la lucha social- y las revueltas que se vienen sucediendo desde el pasado día 30 de octubre no sólo en Burgos sino en otras muchas ciudades. A su juicio, lo que conecta ambos acontecimientos es la rabia. Resulta que los verdugos del capital nos imponen el toque de queda al modo marcial, nos persiguen y nos multan cuando necesitamos socializar, y encima nos obligan a currar por cuatro pesetas; así no, esto no vamos a tolerarlo porque somos personas dignas.

Pero Enric Juliana, que es un periodista declaradamente de derechas, afirma que <<algunos participantes en las protestas del 2014 escribieron en las redes sociales que no se sentían identificados con aquella violenta manifestación>>. Yo, desde luego, sí me siento identificado con los jóvenes que sufren la violencia inherente al sistema capitalista y las medidas autoritarias que han sido adoptadas por los verdugos del capital. Que los vecinos difundan mensajes conspiranoicos no debe impedirnos que seamos empáticos con ellos. Yo también he caído en trampas. De hecho, esas consignas paranoicas son el síntoma de la dificultad para adquirir conciencia de clase y trazar mapas cognitivos que nos ayuden a comprender nuestro lugar dentro de la complejidad del sistema capitalista. Si los gobernantes quieren parar el virus, que paren la economía; todo lo demás sólo servirá para aumentar el sufrimiento de la mayoría de vecinos. No pueden implantar un Estado policial con la excusa de la pandemia.

Los vecinos somos sometidos a la violencia del sistema, que muchas veces es invisible, que se nos mete dentro amenazando con enfermarnos. Cuando quedo para dar una vuelta con un amigo del barrio, un músico vibrante que se dedica con pasión a su música pero que se ve obligado a emplearse en otras actividades que no le realizan como cuando compone canciones y las entona, siempre hablamos de la violencia, de la violencia inherente a la imposición del empleo. A causa de la pandemia, podríamos añadir también la culpabilización a los jóvenes, el Estado policial, las persecuciones, las multas, los ejercicios autoritarios de las familias, las censuras, los bozales sin certificado, los falsos positivos, el miedo inoculado a través de los medios de comunicación; moléculas de pánico que hacen que nos alejemos entre nosotros, olvidando la pulsión utópica que nos mueve y que debemos cuidar.

Lo que quiero destacar es que filosofía política de Deleuze nos enseña que la rabia es una fuerza social, un filum de deseo que puede orientarse hacia el polo paranoico – ya hemos visto cómo Vox trata de aprovecharse de esta oscilación- o tender hacia el polo esquizoide y revolucionario. Cuando el movimiento vecinal deja de proporcionar la perspectiva utópica, entonces la energía tiende hacia la reacción y la paranoia.

En este sentido, desde el movimiento vecinal no podemos sino ser empáticos con nuestros vecinos insurrectos, que necesitan – igual que nosotros- la perspectiva de la lucha y de la esperanza para no desfallecer. Para que el deseo no oscile hacia el polo paranoico, debemos insistir en dirección al polo revolucionario. Lo que proponemos en este sentido es ir pensando en movilizaciones que incidan en que hay alternativas, en que un futuro otro es posible si nos juntamos todos en cada barrio y en cada ciudad para exigir gestionar la pandemia desde abajo, desde lo común, parándolo todo desde la insurrección, la huelga y la asamblea, pero también aprovechando las potencialidades emancipatorias del desarrollo tecnológico (automatización de empleos, uso de la cibernética, robots que desinfectan las estancias, drones que distribuyen con precisión algorítmica, entre otros ejemplos) e implantando la renta básica universal para todos (sin importar procedencia ni color de la piel).

De esta manera, si todos los vecinos nos ponemos unos objetivos; entonces tendremos un horizonte hacia el que caminar, escapando de la codificación del deseo que pretende operar la extrema derecha a partir de los términos excluyentes del nacionalismo y el racismo. Frente a eso no es suficiente con defender la sanidad pública, sino que además necesitamos medidas como la renta básica universal o la transición hacia una economía ciber-común, propuestas que dibujan la línea del horizonte que necesitamos para mantenernos en la lucha.

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Utopía en tiempos del coronavirus

  • En el presente artículo te proponemos, estimo lector, un experimento del laboratorio de la mente; imagina un futuro diferente.

Las tendencias destructivas del capital no sólo están destruyendo el planeta, sino que pueden terminar con la vida de la mayoría de personas que puebla esta tierra, que un día fue de Dios, y que ha sido conquistada por la lógica tanática y expansiva del capital. Mientras que la alternativa que nos sugieren desde los altavoces del sistema, conocidos también como medios de comunicación, consiste en una nueva normalidad que se reduce a la norma de privilegiar los negocios por encima de las vidas y los cuerpos; mientras la alternativa del sistema es que nos contagiemos y muramos como mercancías perecederas que se pudren en los estantes, nosotros – la mayoría social– podemos imaginar un futuro otro.

PROPUESTA: Primero la paralización, luego la nacionalización de los medios de producción y distribución.

Si no se paraliza la economía, los contagios seguirán sucediéndose, con especial incidencia en la clase trabajadora. Y si no se nacionalizan los medios de producción y distribución, corremos el peligro de que se produzcan nacionalizaciones selectivas como las que se pudieron en marcha durante la crisis iniciada en 2008: medidas puntuales para ricos, para socializar las pérdidas privadas causadas por la especulación financiera y las hipotecas basuras.

Tanto la paralización como la nacionalización de la economía resultan medidas imprescindibles para salvar todas y cada una de las vidas. Pero la respuesta que nos brindarán nuestros enemigos, los servidores de Tánatos y el capital – que son la misma cosa, pues el dios de la destrucción pretende someternos al imperativo de producir hasta morir, sin importar el coronavirus–, será que tales medidas son imposibles de llevar a cabo.

Pero podemos fijarnos en que, hoy en día, un nuevo concepto de la producción está surgiendo. Siguiendo al gran pensador utópico tras Ernest Bloch, el norteamericano Fredric Jameson, podemos detectar en Amazon la emergencia de un concepto de producción que estaría caracterizado por la disminución de la tensión que caracteriza a la producción capitalista: la contradicción entre producción y distribución, concluiríamos, tendía a desaparecer. Esto era una forma de decir que ya estamos viviendo la emergencia de la utopía. ¡En nuestro propio presente!

Contra esta tesis, podría argumentarse que el capitalismo, que tanto dolor nos genera, podría apropiarse del sueño de un Amazon colectivo. Sin embargo, esto ya ocurrido; el Amazon capitalista ya existe y es un hito en el desarrollo tecnológico del capitalismo. Qué tamaña grandiosidad ha logrado nuestro sistema enemigo; cómo se ha apropiado de nuestros deseos. Amazon nos fascina. Y es que creemos que el experimento del pensamiento utópico puede consistir en imaginar una suerte Amazon colectivo. Lo que queremos sugerir aquí es que podemos captar la emergencia del futuro utópico en el presente, un requisito indispensable para la acción política revolucionaria. De esta manera, podríamos comenzar fijándonos en el alto desarrollo tecnológico alcanzado por Amazon: al nivel de la infraestructura, podríamos mencionar en especial la red cibernética de Amazon. Además del uso de la inteligencia artificial y el big data – que el pensamiento utópico concibe como positivos, a través del método de cambio de valencias propuesto por Jameson–, el sistema de Amazon se articula como un increíble sistema en red que conecta y controla en tiempo en real los centros en distintos niveles (internacional, nacional, regional, local), conecta también los almacenes en distintas capas y funciones, así como las compras a los proveedores; todo está conectado, coordinado en tiempo real y planificado no sólo desde los centros nacionales sino también desde los nódulos locales de distribución y coordinación. Así, aparece la figura de una planificación cibernética de la economía. ¡Pero es una economía que, como muestra el sistema en red en diferentes niveles de Amazon, puede ser planificada no sólo centralmente sino también en los niveles regionales y locales, con participación de los trabajadores! ¡Y, como muestra Amazon, puede reducirse la tensión entre esos trabajadores y la distribución de sus productos!

La logística inteligente de Amazon resulta tan asombrosa porque, entre otras cuestiones, es capaz de realizar compras a sus proveedores, en tiempo real y en función de las preferencias cambiantes de los consumidores; cambien la palabra <<preferencias>> por <<necesidades>>, y tendrán algo parecido a los experimentos comunistas de Salvador Allende en el campo de la cibernética. Tenemos el sueño al alcance de la mano.

PROPUESTA. La sustitución del sistema de referencias de los precios por puntos/hora trabajada (bonos electrónicos).

Creemos que los discursos acerca de la incompatibilidad entre negocio y vida pueden servir a la hora de movilizarnos, pues aparece claramente la dialéctica entre Eros y Tánatos. Es decir, consideramos que actualmente – en la crisis del coronavirus– laten potencialidades políticas que pueden orientarse bien hacia el polo paranoide del deseo o hacia el polo esquizo y revolucionario.

Por eso resulta imprescindible que la competitividad del mercado sea sustituta, tras el empuje de las movilizaciones sociales, por la coordinación de una red cibernética participada y auto–gestionada por los trabajadores, quienes decidiríamos democráticamente el plan de distribución y el reparto de los beneficios, pero unos beneficios que no serían dinerarios como el caso del Amazon capitalista, sino en bonos para pagos electrónicos – que no podrían intercambiarse ni acumularse, que se anularían tras su uso en la plataforma de pago–. Esos pagos estarían coordinados en tiempo real, como hemos afirmado antes, con la oferta por parte de los productores.

Realizar el experimento utópico podría consistir en lo siguiente: en atreverse a imaginar. Imagina que entras en una aplicación en perpetua actualización – que tal vez podríamos llamar “Amazon Colectivo”–, creada por informáticos, matemáticos y economistas anónimos mediante fórmulas como el código libre. Las movilizaciones populares, habiendo captado el momento de verdad del sistema – que privilegia los negocios por encima de la vida, como padecemos en el caso del coronavirus–, han logrado desconectar parcialmente el intelecto general de la forma privada y empresarial. Tú te has asociado a esa red. Imagina que el dinero se ha eliminado tras las mencionadas luchas populares, de modo que, ¿qué ocurre? Pues que no ves precios. Estos han sido sustituidos por partes o fracciones de bonos electrónicos; por ejemplo, quieres comprar un libro electrónico en el que pone 1/60 min. Eso significa que el libro supone el pago de un minuto de una hora que tú hayas trabajado, pero debemos señalar que el autor del libro que has adquirido no recibe pago alguno; sólo se le entrega un bono electrónico, según la cantidad de horas que haya empleado en la redacción de la novela. De esta manera, se eliminan la competitividad, el caos y la desigualdad que genera el mercado en favor de la racionalización y la planificación descentralizada. Los trabajos poco deseados se incentivan con un plus de minutos, y ocurre al contrario con los empleos más demandados. Por el contrario, los empleos manuales que impliquen un posible contacto con el virus, se han automatizado y los realizan robots de diverso tipo. No se pone en peligro la vida de nadie.

Imagina que, el excedente de minutos al que tú también has contribuido, ha generado una inmensa bolsa de minutos; de esa bolsa tú puedes decidir, junto al resto, qué parte fija se distribuye a cada persona para la adquisición de bienes de consumo, pero también puedes decidir qué hacer con la otra parte de la bolsa de minutos; puedes votar si emplearlo en servicios o bienes, en tecnologías, inversiones o infraestructuras que consideres más necesarias para un desarrollo social que posibilite el desarrollo de todas las capacidades y habilidades de todas las personas del mundo.

Ahora imaginemos el ejemplo contrario: quieres vender los botijos que haces con tus propias manos, modelando la arcilla con cariño – es algo que siempre te ha gustado–; quieres obtener un bono para comprar cosas que también te gustan. Pero no sabes cuántos botijos has de producir. Sin embargo, cuando haces click en la sección de venta de tus productos en la página web de “Amazon Colectivo”, te aparece el plan que a nivel local habéis hecho la gente que os dedicáis a la alfarería; una planificación del reparto del trabajo basada en la gran cantidad de información aportada por el sistema cibernético y la logística inteligente. Así, el sistema ha calculado provisionalmente que en los próximos días recibirás el pedido de tres botijos, y te pones mano a la obra –aunque sin dejar de tener presente que el pedido puede variar–, mientras la propia aplicación va contabilizando el número de minutos que empleas en la realización de ese trabajo que tanto te gusta, porque te hace sentir como alguien realizado. A los pocos días, acudes al centro logístico más cercano y colocas los tres paquetes en los drones; cuando éstos llegan a las casas de los consumidores, recibes el pago en número de minutos.

Los drones son capaces de desinfectarse a sí mismo, eliminando lo rastros del virus y realizando una distribución segura.

Por último, no podemos dejar de mencionar el apartado de la aplicación denominado: “Democracia Directa”, en el que puedes acceder a los distintas votaciones que tienen lugar sobre las decisiones macroeconómicas, políticas, simbólicas, etc.. Por una parte, decides los planes específicos que afectan a los labores económicas en las que estás involucrado, decidiendo la distribución y la planificación de los ramos en los que participas, así como el uso del excedente de minutos que tú también generas y que tú también percibes; pero igualmente participas en todas las decisiones políticas, éticas y de distinto tipo que emprendería la sociedad.

Con los datos disponibles acerca del excedente de minutos y de las necesidades sociales – además de obtener a título individual un parte del excedente para bienes de consumo–, imagina que decides que lo mejor es construir un hospital en tu localidad, y que esa votación resulta la mayoritaria de todos los proyectos que se han presentado. Luego el sistema cibernético calcula la cantidad de horas que deberán emplear los productores, así como el costo de las materias primas y de la logística; de esta manera, por ejemplo, el excedente de minutos acaba convirtiéndose –gracias al trabajo retribuido en bonos y a la tecnología cibernética– en un hospital que, a su vez, se coordina no sólo con la red sanitaria sino con todos los niveles del sistema cibernético, lo que posibilita alcanzar soluciones omniabarcantes a problemas como la terrible pandemia del coronavirus.

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Otro artículo  acerca del mismo tema: Historia del apocalipsis: de Joaquín de Fiore al coronavirus

 




El bulevar de Gamonal: ¿destinar 7 millones de euros a la especulación o a nuestras necesidades cotidianas?

Recientemente se ha hecho pública la intención de PSOE y Ciudadanos de retomar el proyecto del bulevar en Gamonal destinando para ello 7 millones de euros. Un proyecto que ya generó un intenso conflicto en enero de 2014.

LEER EN DIARIO DE VURGOS:

El bulevar de Gamonal: ¿destinar 7 millones de euros a la especulación o a nuestras necesidades cotidianas?




Reseña de «Lóbiter (Archivo de crisis)», de Conrado Santamaría

«Lóbiter» es un archivo poético; no una obra personal, sino un texto que emerge del inconsciente político (y colectivo) de la crisis, gracias al gran trabajo que realiza Conrado Santamaría con el lenguaje.

Leer en Escombros con hoguera.

Hay quien asegura que, para apreciar totalmente a un poeta, hay que conocerlo a nivel personal, porque así sientes sus versos más cercanos a tu propia alma; el lenguaje del poeta te afecta con mayor facilidad. En cierto modo, estoy de acuerdo. Cuando salía para clase y era enlatado en el autobús o en el metro, sacaba alguno de los libros de Conrado de la mochila y le sentía muy cerca mientras repetía sus palabras: carrera atroz trampa adelante. Me quedaba pensando en por qué otro verso sonaba tan desgarrador, o paseaba con mi amigo, en su juventud, en una tarde de septiembre; su pueblo se había vaciado de almas. Como lector, uno seguía los pasos del poeta, se desgarraba y se inflamaba de vida con él. Por eso, cuando tuve la suerte de citarme con Conrado, y me aseguró que su último libro no era un poemario sino más bien un experimento, me resultó un tanto extraño.

Pero si leen Lóbiter (Archivo de crisis) – publicado por Amargord–, se dejarán llevar por el juego que propone Conrado Santamaría (Haro, 1962), en el que el poeta ha preferido borrar su yo a la manera fenomenológica, dejando que las expresiones que ha escuchado todo este tiempo en aulas, bares, huelgas, iglesias, plazas, calles, pueblos, ferias… dejando que esas expresiones de alumnos, abuelas, jóvenes presas del desamor, borrachos, ancianas saliendo de misa, campesinos, o pequeños empresarios a punto de entrar en banca rota; que todas esas conversaciones y dichos se registraran en sus cuadernos, para que, a través del trabajo pausado y atento, destilar el lenguaje de manera que ya no quedaran unos diálogos a la manera de la prosa que trata de reflejar la oralidad – y que por tanto se ha visto afectada por los formatos más breves de las conversaciones telefónicas y en las redes–; el lenguaje debe hablar por sí mismo. Es decir, Conrado logra que las personas que él ha ido conociendo a lo largo de estos años, sean habladas por el lenguaje destilado poéticamente. Por ejemplo, una joven puede estar hablando con una amiga de qué tipo de pájaro es…

¿Qué pájaro soy yo? ¿Qué jaula

soy yo? (pág 48)

O también podríamos mencionar a una madre que atemorizaría a la hija más valiente:

Cada uno debe buscarse la vida

y tú quieres sopas y sorber.

Menudo castigo.

Es mejor dejarte aquí sola hasta que te mueras.

Chilla lo que quieras. ¡AUXILIO!

Yo me he curado.

Yo es que tengo la casa llena de peluches (pág 22)

De esta manera, el poeta busca que las expresiones tan singulares que escuchó una vez y que anotó en sus cuadernos, entren en relaciones de atracción o repulsión respecto a otras palabras. Tener la casa llena de peluches-niñas y niños muñecos es espeluznante pero, como decíamos, no es la historia de Conrado (aunque podría ser la nuestra), no es el yo del poeta el que habla a lo largo de la mayor parte de la obra. Lóbiter es un archivo poético; no una obra personal, sino un texto que emerge del inconsciente político (y colectivo) de la crisis, gracias al gran trabajo que realiza Conrado Santaría con el lenguaje.

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RESEÑA DE «DE VIVOS ES NUESTRO JUEGO» DE CONRADO SANTAMARÍA:

De vivos es nuestro juego




Reseña de: «El pensamiento político de Michel Foucault», ensayo de Luis Félix Blengino.

 

Este interesante libro de Luis Félix Blengino, reseñado por Víctor Atobas, nos acerca al pensamiento político de Foucault.

Reseña publicada en Dorsal. Revista de Estudios Foucaultianos.

Leer:

 




Utopía y apocalipsis: releyendo a Ballard.

Consideramos que la mejor manera de volver a la obra ballardiana, en este tiempo de gusto sintomático por las distopías y las ficciones apocalípticas, es entender que Ballard era sobre todo un estupendo detector de tendencias que, en el caso de las distopías y las ficciones apocalípticas, desarrollaba y narraba desde lo negativo, pero que también sabía abordar desde la perspectiva anticipadora y positiva del impulso utópico, creando el mundo utópico de Vermilion Sands en cuentos como Venus sonríe (1967).

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Artículo disponible en Revista Quimera

COMPRAR Nº438 DE QUIMERA

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Otro artículo de Víctor Atobas en Quimera:Literatura utópica: señales de esperanza




“A. x E.” o la adicción a las flores de los gamones

Relato de Víctor Atobas acerca de la adicción a la flor esperanza de los gamones🌺

LEER EN DIARIO DE VURGOS:

“A. x E.” o la adicción a las flores de los gamones