Canción de corro del niño palestino

 

Quiero, madre, quiero,
nunca me das nada,
quiero, quiero, quiero,
quiero una granada.
.
Las piedras,
mi madre,
las piedras
no sirven,
las piedras
no valen,
las piedras,
mi madre,
no matan
soldados
ni paran
los tanques.
Las piedras,
mi madre,
son sólo miseria,
son muerte,
son cárcel,
las piedras,
mi madre,
tortura,
son sangre.
Las piedras,
mi madre,
no matan
soldados
ni paran
los tanques.
.
Quiero, madre, quiero,
nunca me das nada,
quiero, quiero, quiero,
quiero una granada,
que abrase los tanques
que todo lo abrasan.




El banquete

Hoy comemos nosotros donde comieron reyes.
Mira cómo hiere la luz
sobre el mantel de hilo,
tejido en el oriente por tiernísimas
manos capturadas en sombra, cómo
dobla en cristal ajenas notas
y en la plata refleja,
con nitidez ingenua,
vuestras risas pobladas
de prestigios untuosos y carnívoros
dientes, cómo así su dominio
de fugaz apariencia
la porcelana ejerce
entre la dócil mística y sus ritos.
No hay miedo al tiempo
cuando el respaldo es firme
y la pared defensa.
No hay miedo al tiempo y, sin embargo, tiembla
imperceptiblemente,
por debajo del gozo,
tu conciencia tan limpia,
al paso de sirvientes
que en silencio os regalan
con lucrativos vinos
y platos donde brillan
los pavorosos logros de la razón lasciva:
langosta entera con texturas
de niebla y besamanos,
corderillo de leche con su riñón doblado,
cristalino de mango
con sorbete de oporto a la vergüenza.
Naturalezas muertas
de este tiempo borroso
en que verdugo y víctima se valen
de la misma paleta con que limpiar espinas.
Como usurpados
sientes los cuerpos que se rozan,
amputados los gestos,
vuestras palabras truncas.
¿Por qué tu voz se niega
a la hora del brindis, cuando el dolor se ciñe
al espinazo
y sabes que el indulto ya no basta?
Tú no vaciles. Mira,
son apenas efigies al fondo de una cueva.
No negocies ahora que la verdad te cerca
surgiendo desde el fondo,
de la región en sombras
donde el amor
es asco.
Yérguete, vamos,
sacude las palmadas ahítas de tus hombros,
y, con la copa en alto,
vence esa luz y grita serio:
“Amigos, por nosotros,
hoy comemos nosotros los despojos del mundo.”

 

 

 

Podema pertenecientes a “La noche ardida”




Comoquiera

Comoquiera que el mundo se arrodilla
y la gente se abrasa la mirada
detrás de la conciencia

comoquiera que hay vértigo y temblores
y viajes tan previstos sin llamadas
al llanto de la noche

comoquiera que a veces entre sueños
sentimos el cuchillo en la garganta
de forma irreparable

comoquiera que hay versos incapaces
y floridos fluyendo a la deriva
de la feliz corriente

comoquiera que es fácil ay tan fácil
llorar en la avenida del siniestro
cuando el tiempo ya es ido

comoquiera que crecen comoquieras
a la sombra sin cuento de esta angustia
a solas compartida

no me inhibo

no me inhibo y estrujo la inocencia
no me inhibo y exhorto a los culpables
no me inhibo y requiero en el presente.




Salario

I

Por un salario,
los años y los días
me han expropiado.

II

Todo lo traga,
en turbios remolinos,
la subcontrata.

III

Yo y mi contrato,
visos del tiovivo
totalitario.

IV

¡Mi pobre iluso,
querer cambiar las partes,
nunca el conjunto!

V

Solo una tuerca…,
y todo el trampantojo
se desmantela.




Y podría haber sido aún más difícil

 

 

Y podría haber sido aún más difícil.

La disciplina recta

del cuarto de las ratas siempre a punto

con razonables dientes. O la raya

de luz bajo la puerta a medianoche

con llanto en el pasillo.

O la sangre más cruda

de un padre acribillado en la cuneta

de una guerra perdida para todo.

O el hambre ya sin dioses

y sin sendas, como otro surco abierto

a la nueva semilla que se pudre

lentamente sin germen

en mitad de la ciénaga.

Sin embargo, todo fue más sencillo

y más indescifrable.

Las calles a finales de un septiembre

recién oscurecido y ya sin gente.

Y el doblar de campanas escindiendo

las huellas y filtrando

en todas las paredes humedades

que el tiempo afianzaba.

Y los olores viejos. Y el silencio

que abría cicatrices y cerraba

bajo una llave muerta la despensa.

Y volando por el cielo

la picaraza izquierda inexorable.

 

 

 

 

 

Poema perteneciente al poemario de Conrado Santamaría “La noche ardida” (Ruleta Rusa, 2017).




Y es un instante todo

 

 

Y es un instante todo.

Humo

que en la distancia surge

y se deshace

como ofrenda a la nada.

Y en este altar,

que parecía eterno,

de golpe ya no queda

ni víctima, verdugo, ni testigo,

tan sólo una ceniza

sobre la ausencia de las cosas

y de los nombres muertos.

Liturgia del vacío.

Un humo en la distancia,

que en este instante es todavía y nunca.

 

 

 

Poema perteneciente al libro La noche ardida (2017, Ruleta Rusa Ediciones)

 

 

 

 

 

 

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De “La noche ardida”

 

 

Se me caen de las manos las palabras,

el sentido, la vida,

esta tarde de marzo en que las cosas

se muestran como ajenas,

sin aroma ni flor,

sin poros y sin fondo

ni caridad ni amparo. Yo camino

descabalado y zurdo

junto a un río que solamente es río,

bajo un cielo que no me corresponde,

entre piedras y álamos

que apenas si son álamos y piedras.

Los signos ¿dónde han ido?

El aire se enrarece y lentamente

se me enturbian los gestos en las aguas

de un mundo enmudecido.

Ya de regreso en casa me detengo

junto a la puerta.

Escucho.

Un vacío sin ecos me conforma.

 

 

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Rendijas las palabras

Este poema pertenece al libro “De vivos es nuestro juego“.

Se nos dice va y viene

el viento desde siempre ay enredando

las nubes los mercados

de su peso que caen

como manzanas

y se alzan se nos dice

los córneos armadillos consejeros

de natural necrófagos y el ciclo

de la lucha se nos dice por la vida

los muertos tan motores de la historia

entre ruinas de un muro de un cortijo

confuso se nos dice la paciencia

y no hay otra baraja

ni más vueltas

se nos dice no hay tutía

y nosotros decimos

el viento desde dentro desde siempre

ay enredando nubes

manzanas y armadillos

muñecos y ventrílocuos decimos

el mismo mandamiento y a la espera

del milagro decimos del esclavo

en el solar en venta insostenible

con miedo en la garganta

y obedientes decimos consumada

la condición humana

tal y como

si no hubiera hendiduras

si no hubiera rendijas las palabras

los hallazgos

si no hubiera un adentro más adentro

con una voz distinta más genuina.

 




El caracol y la estrella de la mazorca

Poema infantil

Al caracol zapatista

¡Ay, qué alta
la estrella de la mazorca
con su zarcillo y su ajorca!

Trepa y trepa por la caña
el caracol con su concha,
¡temblores de la mañana!

La mariposa, revuelo
de risas y de colores,
le abanica los sudores
y lo remonta en su vuelo:

“¡Eh, caracol,
aleluya,
que ya es tuya
la estrella de la esperanza!”




El prodigio del pan

Y sin que ya esperáramos colores

después de tanto oscuro u otro gusto

distinto a la ceniza,

después de tanta hambruna a las espaldas,

¿quién nos iba a decir que esta mañana,

con palabras corrientes,

con los gestos más simples,

con los mismos pigmentos que antes despreciáramos,

íbamos a alcanzar lo que ahora toco?

¿Os acordáis? Un día

sacamos el mortero

y majamos al fin nuestra ceguera

hasta mudarla en harina de luz,

y la amasamos,

y de nuevo encendimos el horno de la plaza

para cocer alegres este asombro

de pan que ahora

compartimos,

compañeros sin más, al mediodía.

Recomendamos el poemario de Conrado Santamaría: “De vivos es nuestro juego”