Neoliberalismo y posfascismo

Publicado originalmente en Cuarto Poder

Los distintos estudiosos del neoliberalismo consideran bajo distintos ángulos teóricos que constituye un nuevo tipo de “racionalidad” o fundamento que se va tornando incompatible con las tradiciones liberales modernas. Su característica más notable es la transformación del ser hablante, mortal y sexuado en un ente solo considerado como “capital humano”, el que imperativamente debe tender hacia su autovaloración permanente e ilimitada.

Esto ha implicado la aparición de nuevas figuras históricas en el escenario de la vida social: el “consumidor consumido”, “el empresario de sí mismo”,”el deudor permanente de su propia vida”, la lógica del “ganador -perdedor” en todos los pliegos más íntimos del vínculo social, la “vida matable” sin luto y sin duelo y el sacrificio colectivo sin causa alguna, sólo provocado por exigencias financieras.

En este escenario general, donde la subjetividad deviene “capital humano “, todos los pactos, procedimientos, contratos institucionales, que constituyeron a la democracia moderna ingresan aceleradamente en un proceso de licuefacción, reduciendo a la democracia y sus instituciones a puros simulacros que progresivamente van perdiendo su eficacia simbólica.

En este caso el famoso “estado de excepción” no procede desde una fuerza exterior que interrumpe las garantías constitucionales. Evocando una metáfora precisa de Wendy Brown “el neoliberalismo se asemeja más a una termita que a un león”. Su corrosión comienza por el interior de la estructura del edificio y con la constancia, velocidad  y la eficacia de un dispositivo que ya no necesita siquiera de políticos competentes o dotados de noción de Estado o perspectivas históricas.

Por lo mismo nadie se reconoce como “neoliberal “, todo el mundo es un demócrata que cumple con la obligación de construir un círculo inmunitario frente al hecho maldito del “populismo”.

Sin duda esta es una cuestión también filosófica, todos los proyectos de la modernidad que relacionaban  la experiencia de la verdad como una transformación de si y a la vez con una transformación colectiva entran en  un  severo colapso, el que vuelve a esas grandes apuestas teóricas y éticas en búsquedas tan necesarias y urgentes como también inciertas.

Ahora bien, ¿el Capital humano en el que deviene la subjetividad contemporánea es asignable a algún género? Indudablemente en el estrago general de un mundo sólo sujeto a la financiarización, la mujeres padecen la peor parte por su evidente  lugar de vulnerabilidad histórica. Pero a la vez hay que admitir que el Capital no se sostiene en ninguna significación fija ni estable. Su eficacia como dominación se produce precisamente en esta carencia de significación estable. Por lo mismo puede integrar a todas de forma mutante y desplazada a la constante reproducción de sus intereses de rentabilidad. Es la diferencia clave con respecto al Amo moderno.

Esto constituye un grave problema actual para aquellas elaboraciones discursivas que aún se proponen construir un esbozo de una lógica política de la emancipación, que indudablemente deben, tarde o temprano, pasar de una lógica de la resistencia a una propuesta afirmativa de proyecto futuro. Cuestión sumamente espinosa en un período de la historia donde el porvenir se muestra con las señales del Apocalipsis. Incluso por difícil que sea la tarea, la cuestión de una nueva Internacional  de una  izquierda popular se impone.

En la complejidad de semejante panorama, donde el capitalismo en su mutación neoliberal posfascista no tiene contradicciones que de modo inmanente  lo conduzcan a su final, resta sólo una brecha que los proyectos nacionales, populares y emancipadores deben tener en cuenta. El neoliberalismo en la heterogeneidad cambiante de sus formas, sólo dispone de una administración económica represiva para la gobernanza  sin ninguna capacidad para articular Pueblo, Nación y Estado. De allí sus inevitables apelaciones al surgimiento de una identidad xenófoba y racista. Por tanto, carece de legitimidad para construir un gobierno democrático. De esta brecha depende el futuro de la condición humana.




El psicoanálisis en el mundo hiperconectado

Publicado originalmente en Cuarto Poder

Cuando leo a diversos autores que describen con todo rigor las distintas mutaciones “antropológicas” desencadenadas por el capitalismo digital, financiero, algorítmico e hiperconectado, siempre surge en mí, la misma reserva que procede de lo que denomino “izquierda lacaniana”. La diferencia irreductible entre el modo de producción de subjetividad propia del capitalismo actual y la invariante estructural del sujeto que adviene en la lengua que se habla y que llega a través del Otro. Decimos la “lengua que se habla” para no confundirla con la elaboración lógica y lingüística que se nombra como Lenguaje.

Sean como sean las mutaciones y su posible alcance en el orden antropológico nunca estamos frente a un nuevo tipo de especie humana. El “embrollo” incurable y fallido por estructura, al que se enfrenta el sujeto en su existencia hablante, sexuada y mortal, siempre retorna. Anudar un cuerpo y sus pulsiones a la palabra y al nombre propio, sobrellevar como se pueda el peso de las identificaciones propias de la inconsistente y pesada novela familiar, la insatisfacción o la imposibilidad del deseo, la voz y la mirada del Otro, etcétera, siguen marcando de modo inexorable, lo que el ser hablante entiende por vida.

He sido uno de los que más he insistido en intentar dar cuenta del modo en que la contemporaneidad incide en estos avatares, pero los mismos no se pueden borrar sin más, en nombre de una permanente mutación antropológica. Las décadas que llevo escuchando al que dice ser, uno por uno, me dejan una constancia definitiva de lo que afirmo.

Por último en estos teóricos de la megaconexion actual subyace un error político propio de su historicismo antropológico: disolver la constitución del sujeto en una subjetividad que finalmente es idéntica al devenir del Capital. Lo que conduce a un callejón sin salida en el orden político de la cuestión.

Una “izquierda lacaniana” debe dar cuenta con sus recursos teórico clínicos de ese error de perspectiva. Las costuras sociopolíticas que saltan por todos lados, en el mundo del capitalismo de la infoesfera y lo hacen crujir pueden alcanzar su inteligibilidad si no se borra en la aparición de la nueva subjetividad capitalista aquello que en el sujeto hace objeción a sus mutaciones antropológicas.




Capitalismo y vida

Publicado en CuartoPoder

El Capitalismo en su nueva fase neoliberal se ha constituido en algo más que la extracción de plusvalía en la relación Capital-Trabajo. Ahora intenta marcar simbólicamente la vida de los cuerpos hablantes y a la experiencia subjetiva de los mismos. Por ello, en este modo de producción de subjetividad, se vuelve una pregunta crucial y pertinente: ¿qué parte de la vida puede eventualmente no ser apropiada por dichos dispositivos de producción?

Hace ya bastante tiempo que Lacan anticipó en su enseñanza dos catástrofes en el orden simbólico, lugar donde el “animal humano” se convierte en “sujeto”. En los años 40, en su primera profecía, Lacan señaló ya el declive de la función paterna, un punto de anclaje vital para que el sujeto se sitúe en algunas coordenadas que le permitan orientarse en la existencia sexuada, hablante y mortal. Era la marcha incesante del discurso de la Ciencia ahora devenida en Técnica la que propiciaría esa declinación de la función paterna. El otro anticipo era su tesis sobre el “discurso capitalista”, un discurso que en su funcionamiento homogeneizante y circular lograría hacer ingresar y capturar a las distintas experiencias humanas en su circuito interminable y sin corte o ruptura alguna.

Actualmente, después de estas anticipaciones lacanianas, podemos ya revisar el paisaje actual y verificar los diversos estragos del “discurso capitalista”. Nos encontramos con niños malcriados y caprichosos, pero que sin embargo son capturados desde muy temprano por distintos protocolos de evaluación donde serán diagnosticados y examinados en sus competencias, siempre en una lógica segregativa. Hoy en día un niño ya se puede “equivocar” desde muy temprano según el criterio de diversos expertos.

Jóvenes que se eternizan como tales  en una vida sin “causa”, porque ningún legado simbólico los invita a separarse de una apatía de goce solitario y automático. Adultos eternamente jóvenes, o que buscan vivir bajo ese mandato de ser joven a cualquier precio, que compran juguetes-objetos en  una vida de consumidor-consumido. Hombres y mujeres que descubren que su experiencia no ha dejado huella alguna, porque tampoco en sus vidas recibieron un legado simbólico por el que valía la pena luchar. Ancianos hacinados, absolutamente destituidos en su palabra y su experiencia de saber esperando una muerte indigna en instituciones horrendas.

Hombres, mujeres y otros sexos asumidos, esperando lo que no llega, porque no llega el trabajo, no llega una verdad que sorprenda y haga que la existencia se divida y no se refugie más en su falsa unidad y no llegan los recursos, mientras a su vez se sienten culpables por envejecer o morir. Hombres que matan a mujeres dominados por la desaparición de su virilidad y asediados por su impotencia en el amor.

Tal vez en este abrupto paisaje contemporáneo, donde se podrían dar muchos más testimonios de la erosión de los lazos sociales provocadas por el Capitalismo se pueda captar que actualmente una política con trazos emancipadores debe disponer una teoría del sujeto y las posibilidades que puede desplegar en una praxis, donde su vida como sujeto no esté totalmente cautivada por la trama del mercado y su despliegue. Finalmente se trata de pensar, por parte de la izquierda, en un orden simbólico, que al no ser inventado por nadie, tampoco por el capitalismo, porque en la lengua habita lo común que no pertenece a nadie, pueda tener lugar la vida inapropiable. Enorme tarea…

 

 

biopoder, poder, sobre, la, vida, Lacan, Foucault, deseo, izquierda, lengua, Jorge Alemán