Entrevista al filósofo Santiago Alba Rico

Zoozobra Magazine: Muy buenas Santiago. Gracias por concedernos la entrevista, para nosotrxs es todo un honor. Hace mucho que queríamos entrevistaste, puesto que seguimos las aportaciones que haces, y éstas nos parecen muy interesantes y necesarias. Con tu libro “Ser o no ser (un cuerpo)” (Seix Barral), estamos tentados a decir que ocupas lo que Foucault define como el papel del filósofo, es decir, el ocuparse de sí y el ocuparse de los otros. ¿Cómo ves esto? ¿Se trata de un libro que puede ayudarnos a ocuparnos de nosotros más allá de la ley moral?

 Bueno, los que realmente se ocupan de los otros son las enfermeras, a las que admiro más que a los filósofos. El otro día, en una charla sobre mi libro, había tres y me hizo mucha ilusión. Una de ellas se me acercó y me dijo que no tenía preparación filosófica y no sabía si iba a entender lo que habia escrito; yo le respondí que si “mi libro no puede entenderlo una enfermera, es que he hecho algo mal”. No sé si es un libro para enfermeras, pero sí que es un libro en el que, en efecto, trato de mirar el cuerpo, cosiendo relatos y reflexiones, como lo miraría una enfermera, no desde la “moral de principios” sino desde la “moral de simpatía”: lo fijo ante los ojos del lector como aquello de lo que ya no queremos ocuparnos, porque es como un dinosaurio muerto cargado sobre nuestras espaldas (¡y son precisamente nuestras espaldas!); eso que preferimos no abordar pero que vuelve una y otra vez, casi siempre de manera negativa, para recordarnos que hay cuerdas que no podemos romper del todo: la vergüenza, el aburrimiento, el dolor, el envejecimiento, la muerte.

ZM: En tu obra “Ser o no ser (un cuerpo)”, una de las definiciones que haces del cuerpo es como la de un coágulo de tiempo. ¿Si nos roban el tiempo también nos quitan el cuerpo? ¿Podrías hablarnos de los puntos de partida, a este respecto, de tu ensayo?

Defino el cuerpo como aquello que nos diferencia de los animales, que tienen “carne” pero no cuerpo; es decir, como una combinación chapucera de carne y palabra que nos abre una inesperada y quizás no deseada “salida”. No hablo de libertad sino de una salida, como en un estadio de atletismo o un  circuito de carreras, una “salida” desde la que, hace miles de años, echamos a correr y correr. Salimos corriendo de la carne para huir del cuerpo, que es precisamente su propia fuga sin fin. Ahora bien, lo propio de nuestra sociedad capitalista altamente tecnologizada y de consumo es creer que ha consumado la fuga, que se ha liberado del cuerpo, y ello hasta el punto de que ha construido una enorme maquinaria material para prohibir su aparición, que solo aparece -cuando ocurre- investida de un aura sagrada, en el sentido de Agamben: aparece como amenazador y amenazado. ¿Dónde? En las fronteras, en los campos de refugiados, en los CIES. Los otros son cuerpo, yo no. Salvo cuando de pronto me aburro y descubro que el cuerpo es, en efecto, tiempo coagulado, tiempo estancado. Para evitar ese descubrimiento se ha creado una industria del entretenimiento y unas nuevas tecnologías que nos ofrecen siempre un asidero en el exterior. A punto de aburrirnos -de caer en la gelatina del cuerpo- encendemos una pantalla. Ahora bien, el exterior es ahora nuestro verdadero interior, ruidoso y bullicioso, que compartimos con todo el mundo.

ZM: ¿Crees que hay una conminación, por parte del discurso poder político, a que acumulemos capital corporal y a que controlemos nuestros cuerpos de una forma cada vez más intensa? Luis de la Cruz, en su libro “Contra el running” vincula el auge de la moda por correr con esa idea del control del cuerpo, de cada músculo, de cada alimento, de la cantidad de calorías quemadas. En tu ensayo “Ser o no ser (un cuerpo)” ¿Qué propones para nos fuguemos del control del cuerpo?

Eso no es el cuerpo sino la imagen, emancipada ahora de su soporte material fungible y convertida en un contra-vampiro. Si el vampiro es una criatura que no se refleja en el espejo porque tiene solo cuerpo, el espejo es ahora el vampiro, pues no tiene ningún cuerpo correspondiente en el mundo y se agota en su pura imagen. El espejo, que nació para construir nuestro cuerpo, se ha emancipado de él; ahora construimos directamente el espejo. Eso es lo que hacemos en los gimnasios, en los quirófanos, con las dietas y la moda: construir la fotografía que nos sustituirá para siempre en la red.

ZM: ¿Cómo concibes la relación entre el cuerpo y la identidad personal y sexual?

Durante siglos los tres factores -cuerpo, identidad personal, identidad sexual- han venido en el mismo paquete, como “datos” incuestionables; y cualquier desajuste era considerado “disonancia” y por lo tanto anomalía y monstruosidad. Uno recibía con el cuerpo un sexo y, al mismo tiempo, si se quiere, un carnet de identidad en el que figuraban, como datos incuestionables, el sexo mismo, la nacionalidad, el estado civil, la religión. Hoy ese “carnet de identidad” ha sido sustituido por un teléfono móvil que implica, de entrada, un desanclaje de todas las relaciones identitarias en relación con el cuerpo. Esto tiene una parte positiva y otra negativa. La positiva es que ya no hay “monstruos”. La negativa es que resulta cada vez más difícil distinguir entre los datos -lo que nos viene dado- y los caprichos -lo que podemos escoger al albur de nuestros deseos más volátiles. El cuerpo, ¿es un dato o un capricho? El mercado es radicalmente “constructivista”: no admite ni estabilidades ni fidelidades. Su lema es: sé como gustes. Convierte el gusto personal -en realidad estandarizado y aguijoneado desde fuera- en el único criterio de intervención. Como digo en el libro, nos hemos vuelto autoplásticos, como los lactantes. Ahora bien: el cuerpo duele y, si hacemos caso al psiquiatra Guillermo Rendueles, hay que tener mucho cuidado a la hora de introducir cambios en él. Hay una defensa de los datos -de lo ya dado- frente a la plasticidad sin límites del mercado que me parece fundamental reivindicar. Conviene, en definitiva, no cambiar de madre, de edad, de trabajo, de sexo todos los días.

ZM: Queríamos preguntarte también por la identidad representativa, o referente a la representación que tiene la forma de “todo el mundo sabe…”, y que aplasta a la diferencia. De esta forma, la diferencia sería pensada a partir de la identidad y no podría ser repetida más que habiéndose subyugado a la ésta, es decir, no se haría diferencia. Esto se observa en la campaña de Hazte oír que viene a decir “todo el mundo sabe que los niños tienen pene, y las niñas vulva”, negando de esta forma que lxs transexuales puedan hacer diferencia y tomar cuerpo. ¿Cómo podemos huir de esa trampa de la identidad representativa?

Resulta, en efecto, paradójico que, en un mundo sin datos, escamoteemos cada vez más argumentos y reflexiones con un “como todo el mundo sabe”. En la época de la post-verdad lo hacemos un poco todos, de derechas o de izquierdas. Eso tiene que ver, por un lado, con la incapacidad para metabolizar todas las informaciones y todos los estímulos recibidos, tan copiosos y torrenciales que necesitamos aferrarnos a algún presupuesto, la mayor parte de las veces completamente arbitrario. Necesitamos un tejado en el que salvarnos en medio de las aguas, a la espera de un helicóptero salvífico que no llegará. Cuanto menos sabemos y más pereza nos da saber, más damos por supuesto algún “saber general” incuestionable. Por otro lado, hay que reivindicar la “representación”; es decir, la capacidad para representarnos no sólo el placer o el dolor de los otros (lo que en mi libro llamo imaginación frente a la fantasía) sino los procesos materiales por los que los otros llegan a pensar un disparate. Todos estamos en peligro -siempre a punto- de pensar un disparate.

ZM: Nos preocupa el tema de que, como afirma tu amigo César Rendueles, a veces desde el marxismo y el anarquismo se planteen las propuestas como si éstas nunca se fueran a realizar. Contando con eso, a quienes estamos por cambiar este mundo y por luchar contra el capitalismo, parece que no nos quedaría mucho más que la axiomática. Te hacemos la misma pregunta que, en este sentido, le hicimos a César Rendueles: ¿Poner axiomas, es decir, tratar de que los flujos descodificados (como por ejemplo los trabajos no reconocidos como tales), entren en los circuitos capitalistas de producción, distribución y acumulación, resulta la única salida viable para que “las cosas no se vayan de madre” en la actualidad? Como ejemplos de esto encontramos la renta básica o el trabajo garantizado.

Mucho me temo que las cosas “se han ido ya de madre” y buena parte de la izquierda ni se ha enterado. Mi admirado amigo César tiene mucha razón cuando insiste en la necesidad de introducir propuestas concretas, realizables, que conviertan el anticapitalismo en un plan de trabajo y no en una declaración moral. Somos una religión minoritaria y extravagante, como los Mormones. En estos momentos es imperativo introducir en los circuitos capitalistas todos aquellos vectores anticapitalistas -agujitas o regatos- que el capitalismo puede tolerar o que incluso reclama en un momento de crisis: el caso de la renta básica es un ejemplo evidente.

ZM: Has apoyado activamente a Podemos. ¿Cómo crees que ha salido el partido tras Vistalegre II?

Como un partido que se parece más a IU que a sí mismo, más previsible que antes, más retóricamente radical, más banalmente mediático y más dominado que nunca por una sola persona. Un partido para militantes y hooligans al que algunos seguiremos votando por dos razones: porque todo lo demás es peor en un momento de grave peligro y porque Podemos no tendrá más remedio que abrirse a otras fuerzas, en otros territorios, para sobrevivir. Confío en que Podemos sea salvada desde fuera. Pero ahora mismo no soy optimista.

ZM: ¿El discurso populista no corre el peligro de “sacar” al pueblo de las masas, y de ahí insertarlo en el partido? Es decir, sería un peligro parecido al del comunismo: se talla a la clase sobre las masas, y luego se inserta la clase en el partido, que acabaría representando los intereses de aquélla. Pero la masa huía la clase…

Nunca fue fácil y Marx no concluyó la tarea, pero hoy es más difícil que nunca saber qué es una “clase”, salvo ésa subjetiva -relacionada con un ideal de consumo y unos valores conservadores- a la que creemos pertenecer todos: la clase media. Esa es la clase que va perdiendo su suelo mientras gana las elecciones a través de populismos de derechas que en realidad no la representan. En sociedades en las que el paro se ha estabilizado para siempre en torno al 10% (como poco), con un sector primario muy delgado, con un sector servicios muy diversificado y con regímenes laborales precarios y deslocalizados no cabe volver a pensar en la construcción de una clase autoconsciente y orgánicamente articulada. Cualquier sujeto colectivo que surja será provisional y frágil como la figura de un caleidoscopio. Eso es en realidad la “nueva política”, que deja fuera, sin representación política, a un creciente sector abstencionista excluido de los pocos derechos que caracterizan en Occidente el Estado del Bienestar menguante. Pero no creo que en estos momentos haya ninguna posibilidad transformadora que no pase por manejar bien ese caleidoscopio.

ZM: En tu artículo “Sólo un Dios puede salvar España”, hablabas de que la izquierda había abandonado la lucha por disputar el movimiento social católico, de gran fortaleza en nuestro país. Pero ¿Cómo puede convertirse Podemos en el partido más católico de España?

Aquí estoy completamente de acuerdo con mi amigo reaccionario -así se autodenomina él mismo- Juan Manuel de Prada: si no comprendemos que la religión -la popular, la de los creyentes plebeyos- no es nuestro enemigo nunca conseguiremos hacer la menor mella en el capitalismo. No entiendo cómo Pablo Iglesias, al que hace dos años defendí por haber aplaudido al Papa en el Parlamento Europeo, comete hoy la estupidez de emprender esa campaña ridícula, inútil, vacía y bravucona contra la misa televisada de los domingos. Como ateo anticapitalista me irrita que no sepamos sumar a los católicos a nuestras legítimas críticas contra la Iglesia y contra RTVE. Pero para eso habría que criticar a la Iglesia y a RTVE por otras cosas. Por lo demás, no quiero que Podemos sea el partido más católico de España; quiero que los católicos de España, al igual que los no católicos, se sientan defendidos, social, económica y políticamente, por Podemos. Mucho me temo que el camino escogido tras Vistalegre II no es ése. Volvemos al radicalismo autista de los jugadores de frontón: golpeamos con todas nuestras fuerzas y con mucho ruido una pared cerrada.

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Crítica de “Gamonal, la historia desde abajo”

Much@s de quienes conocen la ciudad de Burgos se asombran de que siga existiendo Gamonal. Que siga existiendo un gran barrio obrero y popular que ha frenado en repetidas ocasiones los intentos de construir allí como un segundo centro de la ciudad, que hubiera conllevado la expulsión de la población oriunda del barrio, supone una singularidad reseñable dentro de la tendencia actual a gentrificar cualquier espacio rentable para los especuladores. Pero los autores de este ensayo tan feliz, tan cercano con la gente, huyen de esa imagen de barrio espartano que se rebela espoleado por su esencia insurreccional.

El libro “Gamonal, la historia desde abajo” (2017, Ediciones el Perdigón), ofrece una panorámica que ayuda a entender dicha singularidad, que se produce también en otros lugares, de modo que estas páginas que ahora nos ocupan podrían servir para comprender otros conflictos vecinales. El libro comienza exponiendo la evolución de Gamonal, desde que era un pequeño pueblo hace no tantos años, hasta la situación actual, reflexionando acerca de la construcción social del espacio del barrio y de las estrategias seguidas por las élites locales. Prestando especial atención a la lucha cultural, Marcos Erro y José Medina se sumergen en la realidad cotidiana del barrio y en la relación “dialéctica” que se establece entre dicha periferia y el centro ocupado por la pequeña burguesía y los mandamases de turno. Han trabajado con cariño el libro, realizando más de una treintena de entrevistas; además, conocen de primera mano el barrio. Los autores buscan incidir políticamente con su libro, llegar a la gente corriente que no suele leer a Bourdieu; esta es una de las grandes virtudes del libro, entre las que se mencionaremos también esa fineza para conectar con la gente e hilar un discurso límpido y bien armado que hará las delicias de los lectores, además del excelso trabajo de documentación y la habilidad para sintetizar tanto material en un solo tomo.

Pero dichas virtudes conllevan aspectos menos positivos. Cuando se busca un discurso limpio que intenta traducir de forma sencilla aspectos políticos muy complejos, como los que trata “Gamonal, la historia desde abajo”, se corre el peligro de dejar de lado la profundidad del análisis. En el plano teórico, Marcos Erro y José Medina adoptan la teorización sobre la hegemonía de Gramsci, que tantas veces hemos escuchado en bocas de los dirigentes de Podemos. De hecho, uno tiene la impresión de hay muchas coincidencias entre el discurso de la formación morada y la que ofrece este ensayo.

Los autores escriben: “En Burgos existe una trama de poder formada por las élites económicas de la ciudad que se mantienen gobernando gracias a que consiguen que las mayorías sociales que viven en los barrios de la ciudad se comporten de forma funcional para los intereses de los que mandan”. Sin embargo, los trabajadores no son engañados por “el periódico con mayor tirada de la urbe, el dominio del discurso populista y la promoción de una cultura acrítica…”, tal y como se afirma en el libro que nos ocupa. Pero, más bien, se trata de un tema de economía, de economía deseante. La opresión y el sometimiento al capital generan grandes amores, es lo que Lyotard llamó el goce prostitutivo. Pero nadie se atreve a decir; sí, reconozco el goce que te produce seguir echándote más y más peso sobre las espaldas, el placer que te da seguir alimentando a esa “parte” reaccionaria del barrio.  El deseo es producido en el inconsciente, pero luego resulta traducido por el capital, que lo registra e introduce la trampa de la carencia, dotándolo de una intencionalidad en relación a las máquinas sociales. Por eso deberíamos preguntarnos por los fascinantes dispositivos mediante los que el capitalismo traducir el deseo.

 Si numerosos análisis de los movimientos sociales parten de conceptos como la ideología, el interés o la necesidad, quizá sea porque no tomen al deseo en un sentido esquizoanalítico. Esto es, al deseo como productor de lo real. Las necesidades de los vecinos de Gamonal no explican la protesta social, porque las necesidades dependen de los deseos, y no al revés. Por tanto, la economía deseante podría arrojar algo de luz y complementar las posibles explicaciones de la acción colectiva en el barrio de Gamonal. Al fin y al cabo, nosotros somos el deseo y lo social; más que liberar nuestro deseo, debemos buscar nuevos placeres, líneas de fuga que nos conduzcan a territorios sostenidos casi sobre la nada (como la fuga del “no nos representan”, del 15M). No se trata de un tema de engaño o de ideología dominante, como se afirma en el ensayo.

Otro de los aspectos teóricos que también me parece rebatible, consiste en la idea de Marcos Erro y José Medina de que existen “tres Burgos”, definidos por su capital cultural y político; el Burgos de las élites, el de oposición y el popular. Básicamente, consiste en una traducción (desconozco si intencionada o no) de la teoría de la diferenciación social de Bourdieu. Por una lado estaría la clase alta (el Burgos de las élites) que trata de diferenciarse socialmente, la clase media que trata de acumular capital cultural por otro (el Burgos de oposición), y finalmente la clase trabajadora que disfruta de su cultura menospreciada (el Burgos popular). Este ensayo propone la articulación de la clase media con la clase trabajadora, sobre todo a partir de la lucha cultural; no para sumar, sino para multiplicar, tal y como suelen explicar Iñigo Errejón y otros dirigentes podemitas. Pero resulta que de la clase es extraída de la masa, y después se insertada a la clase en algún partido que dice representarla. Así se construyeron los partidos comunistas primero, y los populistas, después.

En definitiva, nos encontramos ante un ensayo cercano que intenta conectar con la gente para incidir políticamente, de un estilo límpido que propicia una interesante y amena lectura, que sirve también para comprender procesos como la transformación del espacio urbano en un barrio obrero como Gamonal. Pero estas grandes virtudes dejan de lado la profundidad del análisis político. Habría que hacer una cartografía del deseo, de cómo los movimientos íntimos del deseo de los vecinos van deshaciendo a las grandes agrupaciones molares de la ciudad donde los soberanos y los legisladores campan a sus anchas.

 

 

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“Con Sumo Control” de Martín Paradelo

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Atropellado por un torrente de deseos artificiales, el individuo contemporáneo (descreído y abúlico, balbuceante y solitario) parece incapaz de resarcirse del control al que le somete su propia voluntad domesticable. Profundo y exigente, el ensayo de Martín Paradelo pretende desbrozar el camino que conduce al desvelamiento de nuestras propias cadenas, poniendo su atención en las nuevas formas de dominación y su despliegue a través de la tipología urbana.

Finalmente, el autor analiza las posibilidades de fractura que apuntan algunos focos de resistencia, haciendo hincapié en las posibles derivas de carácter revolucionario y cuestionando la oportunidad de algunas propuestas que se podrían considerar salidas en falso.

SOBRE EL AUTOR

Paradelo Núñez, Martín (Barco de Valdeorras, Ourense, 1981) es autor de Con sumo control. Deseo, consumo, control, dominación (Piedra Papel Libros. Jaén: 2015). En 1999 se traslada a Santiago de Compostela, ciudad en la que todavía reside, donde cursa estudios de Historia del Arte. Licenciado con grado, obtiene el Premio Extraordinario de Licenciatura con una tesina sobre el cine de Jim Jarmusch. Durante años abandona la universidad para dedicarse profesionalmente a la arqueología, aunque posteriormente continúa sus estudios de doctorado en el campo del patrimonio cultural, el urbanismo y las lecturas de la ciudad histórica; de ese periodo resulta su trabajo Campos de batalla de la ética post-industrial. Los espacios de la clase obrera en el cine ficcional de los hermanos Dardenne, pendiente de publicación. En la actualidad, ha completado su tesis doctoral bajo el título La representación de los espacios suburbanos en el cine ficcional europeo tras la caída del Muro de Berlín en el área de Historia del Cine de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela. Ha prologado ediciones de obras de Margareth Rago o Joseph Déjacque y participado en varios congresos dedicados a los estudios culturales y a problemas de representación cinematográfica. Ha publicado diversos artículos en la revista de pensamiento libertario Estudios, de la que actualmente es miembro de su Consejo de Redacción.

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Nueva web de Zoozobra Magazine

Desde el colectivo editor hemos querido facilitar la lectura de la revista gracias al lanzamiento de una nueva interfaz gráfica de la página web, especialmente adaptada a las nuevas tendencias a leer a través de los móviles y los tablets. ¡Esperamos que os guste!

En cuanto a la edición en papel de Zoozobra, deberá seguir esperando, al menos un tiempo. Dado que corren malos tiempos para los proyectos culturales, en especial para los pequeñitos que no reciben subvenciones de las entidades financieras o las instituciones políticas. Actualmente nos hallamos buscando fórmulas para seguir editando en formato papel. Pues ésta tiene algo especial… ¿Verdad?

Para enviar cualquier sugerencia o comentario sobre la nueva web puedes escribirnos a buzon [arroba] zoozobra.com

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Entrevista al sociólogo y escritor César Rendueles

César Rendueles (Genona, 1975) es uno de los sociólogos y escritores que más nos gusta del panonarama literario y teórico español. Entre otras obras, ha publicado “Capitalismo canalla” (Seix Barral) y “Sociofobia” (Capitán Swing). En su blog “Espejismos digitales” puedes leer sus artículos.

– Zoozobra Magazine: Muy buenas, César. Es todo un placer y un honor entrevistarte, pues eres un referente para el pensamiento español progresista, izquierdista, o como se prefiera llamar. El caso es que nos gustaría preguntarte acerca de tu tesis acerca de las redes sociales y el ciberfetichismo en tu ensayo “Sociofobia”. ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en las relaciones de poder que se establecen, por un parte, entre los distintos usuarios de dichas tecnologías, y por otra, entre los usuarios y las grandes compañías como Google, Twitter o Facebook? ¿Crees que las redes sociales nos cosifican, nos convierten en objetos emitiendo información?

Creo que en nuestro uso de las tecnologías de la comunicación confluyen dos dinámicas distintas que se retroalimentan pero que no deberían confundirse. La primera se da en un nivel, por así decirlo, “vivencial” y es un retorno a un modelo de privacidad débil típico de las sociedades preindustriales. La privacidad extrema característica de las sociedades modernas es una creación reciente. Tiene que ver con el éxodo rural y el anonimato en las grandes ciudades que nos permite dividir nuestra vida en compartimentos estancos: el trabajo no se comunica con la vida familiar, nuestras aficiones son independientes de nuestros estudios, etc. En los pueblos la gente siempre ha vivido mucho más expuesta, todo el mundo sabe más o menos lo que hacen los demás. De alguna manera estamos volviendo a ese modelo: nuestros vecinos pueden enterarse con relativa facilidad de que ayer participamos en una convención de juegos de rol y en el trabajo ven las fotos de nuestras vacaciones. Eso puede ser negativo o no, depende. La segunda dinámica, en cambio, es mucho más nueva y también mucho más peligrosa. Tiene que ver con el uso por parte de grandes empresas de datos procedentes de nuestra vida íntima. Es una práctica que engrana con las estrategias de control burocrático tradicionales pero que en el contexto digital y globalizado tienen un impacto mucho mayor.

– ZM: ¿Con qué armas contamos para resistirnos al avance del mercado, teorizado por Polanyi en “La gran transformación”, y que ahora mercantiliza las relaciones sociales? ¿Tú apostarías por construir otro tipo de redes, o por abandonar estos espacios en internet?

El mercado es una realidad compleja que tiene efectos muy diferentes en distintos ámbitos de la vida social. Precisamente Polanyi diferenciaba entre los mercados antiguos –que eran instituciones económicas limitadas que se combinaban con otras y que a veces podía tener efectos políticos positivos– y el sistema mercantil generalizado típico de nuestro tiempo, que subordina toda la vida social a la lógica de la oferta y la demanda. Así que los procesos de desmercantilización son siempre dinámicas de institucionalización dirigidas a regular la subsistencia de una sociedad. El problema de Internet es que, como el mercado libre generalizado, parece un entorno totalmente desinstitucionalizado donde sencillamente se encuentran individuos guiados por sus intereses personales. Es una ilusión peligrosa, porque de ese modo no conseguimos ver las brutales asimetrías de poder que existen en ese terreno entre unos actores y otros. Por eso es tan complicado que las redes sociales, a pesar de sus ventajas comunicativas, generen un proceso deliberativo democrático.

– ZM: Ernesto Castro, con quien tú has debatido en alguna ocasión, afirma que él prefiere ser la comida, a ser el que come. Es decir, mejor ofrecer nuestras marcas en las redes sociales, que demandar las marcas de otros. ¿Qué opinión te merece esto? ¿Para resultar competitivo en el mundo laboral, sobre todo en ciertos sectores, es imposible no ofrecerse en internet?

No estoy muy de acuerdo. Las redes sociales están generando, como el propio mercado de trabajo, un simulacro de igualitarismo y de descenso de las barreras de acceso completamente falso. Lo fundamental para encontrar trabajo es tener el capital social y los contactos adecuados. Una enorme cantidad de ofertas de trabajo no se llegan a anunciar públicamente. Y esos contactos útiles no son tus seguidores de Twitter, son las redes de afinidad que las clases altas cuidan con esmero, por eso van todos a esa mierda de colegios tan caros y juegan al golf.

– ZM: Tú eres profesor en el departamento de teoría sociológica de la Complutense. ¿Compartes la tesis de Foucault de que la universidad sirve para excluir a los estudiantes de la sociedad y de la actividad política, mediante los códigos academicistas, las reglamentaciones, los exámenes, los campus apartados, o el tiempo que roba la institución a los estudiantes?

A los profesores de universidad nos encanta darnos bombo y a Foucault el doble. No creo que la universidad sea tan importante. De hecho, a mí lo que me excluyó brutalmente del activismo fue el trabajo asalariado. No es sólo el tiempo que dedicas al trabajo, que en una gran ciudad fácilmente puede rondar las doce horas entre transportes, tiempo de comida, etc. Es que te vacía por dentro. Me libré de ese infierno gracias a que conseguí un trabajo en la universidad. Y desde entonces puedo dedicar muchísimo más tiempo a la actividad política, a pesar de que tengo que compatibilizarlo con el cuidado de tres hijos. Así que no, no estoy nada de acuerdo con Foucault. A veces pienso que no estaría de más que los profesores de universidad trabajáramos en un empleo convencional un par de meses al año. Seguramente diríamos menos gilipolleces.

– ZM: En más de una ocasión te hemos oído que, cuando tratas de pensar medidas económicas concretas que traten de solventar problemas actuales, te has visto obligado a recurrir a autores del keynesianismo. En este sentido ¿Poner axiomas, es decir, tratar de que los flujos descodificados (como por ejemplo los trabajos no reconocidos como tales), entren en los circuitos capitalistas de producción, distribución y acumulación, resulta la única salida viable para que “las cosas no se vayan de madre” en la actualidad?

Tengo que recurrir a autores keynesianos porque son los únicos que se han preocupado de proponer medidas concretas, de elaborar un programa de actuación razonablemente detallado. La tradición marxista, por no hablar de los anarquistas, suelen hablar y escribir como si estuvieran convencidos de que jamás van a tener la menor posibilidad de llevar a cabo sus propuestas. Así que ni siquiera se molestan en formularlas. Pero eso no significa que el neokeynesianismo sea una buena opción. En realidad, no es una opción en absoluto. El proyecto keynesiano solo tenía sentido en un momento histórico muy concreto en el que eran posibles tasas de crecimiento brutales y políticas de redistribución relativamente generosas. Ambas cosas son imposibles hoy, entre otras cosas a causa de la crisis socioambiental global.

– ZM: Nosotros podemos aceptar que poner axiomas como la renta básica o el trabajo garantizado sean de las pocas medidas concretas que podrían ayudar en estos momentos a solventar, en cierta parte, problemas como la pobreza o la precariedad. ¿Pero acaso el keynesianismo, el reformismo, no refuerzan, no apuntalan, al capitalismo?

Las reformas capitalistas pueden apuntalar el capitalismo, las reformas anticapitalistas pueden contribuir a superarlo. No creo que el problema tenga que ver con el reformismo sino con el contenido de las reformas. El keynesianismo fue una estrategia para salvar el capitalismo, no creo que nadie pretendiera nunca lo contrario.

– ZM: También sueles hacer mención a que las mujeres han sido, históricamente, las encargadas de pensar formas de encuentro colectivo, de cuidado, puesto que todos somos vulnerables y devenimos minoritarios. ¿Qué opinión te merece la huelga internacional de mujeres? ¿Las mujeres podrían sustituir a los obreros como sujetos “privilegiados” del cambio social?

No me parece que haya exactamente sujetos privilegiados del cambio social. Lo que hay son grupos que, por distintos azares históricos, están en condiciones de impulsar avances políticos que a los demás nos resultan difíciles de asumir porque estamos atrapados en dilemas prácticos. Las mujeres se han emancipado de su condena al trabajo reproductivo y han hecho muy bien. Y al hacerlo nos han enseñado a los hombres la importancia esencial del trabajo de cuidados y que puede ser una fuente de realización personal, a veces más que el trabajo asalariado.

– ZM: Amigos y colegas tuyos como los filósofos Carlos Fernández Liria o Santiago Alga Rico han estado acompañando a Podemos desde muy cerca. ¿Por qué tú has preferido apoyar a dicho proyecto con menor cercanía? A nivel de los tiempos políticos ¿Crees que hay dos tensiones históricas en España, entre el Estado autoritario franquista y marianista, y el Estado socialdemócrata que trata de poner axiomas? ¿Piensas que Podemos participaría en una hipotética reforma constitucional de tipo “cosmético”, propiciada en por el régimen del 78?

No creo que lo haya apoyado con menor cercanía. De hecho, he formado parte de una candidatura al Consejo Ciudadano de Podemos. Algo que, si no me equivoco, Carlos no ha hecho nunca. A lo mejor da esa sensación porque soy menos vehemente que Santi y Carlos. Necesito matizar muchísimo mis tomas de posición y en un ambiente político tan polarizado suelo parecer un poco tibio. Por otro lado, a diferencia del resto de España, que se ha llenado de politólogos de guardia con una fuerte capacidad prospectiva, no tengo la menor idea de lo que puede dar de sí Podemos. Supongo que por eso sigo acompañando ese proyecto.

– ZM: Por último nos gustaría que nos hablaras acerca de las investigaciones que estás realizando hoy día.

Voy a publicar dentro de un par de meses una antología de textos de Gramsci que ha sido un inmenso quebradero de cabeza. Más allá de eso, tiendo a trabajar un poco en espiral, volviendo sobre temas que ya he estudiado para dar un paso adelante. Ahora mismo me pillas releyendo a autores de ética que tenía un poco olvidados: Dworkin, Nagel y cosas así.

– ZM: ¡Muchas gracias César!

A vosotros.




Vídeo de “Autoridad y culpa”

 

 

VÍDEO:

 

 

 

 

 




Piedra Papel publica “Autoridad y culpa”, de Víctor Atobas

 

La editorial jienense Piedra Papel Libros publicará durante este mes de febrero el ensayo “Autoridad y culpa”, un ensayo que surge de la necesidad de superar la obsesión por aquello que nos acosa en nuestras vidas: el poder. Partiendo de un análisis del mismo que toma como marco de referencia la obra de Michel Foucault, Víctor Atobas pretende restituir con este texto una mirada sobre el poder que reconozca su multidireccionalidad, afirmando su carácter relacional y desechando aquellas concepciones simplificadoras que niegan la posibilidad de resistencia o identifican poder con dominio.

El diseño gráfico es obra de Sara Barreiro.

PUEDES RESERVAR EL LIBRO AQUÍ




Próxima publicación de “Autoridad y culpa”, de Víctor Atobas.

 

La editorial jienense Piedra Papel Libros publicará próximamente el ensayo “Autoridad y culpa”, un ensayo que surge de la necesidad de superar la obsesión por aquello que nos acosa en nuestras vidas: el poder. Partiendo de un análisis del mismo que toma como marco de referencia la obra de Michel Foucault, Víctor Atobas pretende restituir con este texto una mirada sobre el poder que reconozca su multidireccionalidad, afirmando su carácter relacional y desechando aquellas concepciones simplificadoras que niegan la posibilidad de resistencia o identifican poder con dominio.

 

 




Ya a la venta el Nº2 en papel de Zoozobra Magazine

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El Nº2 en papel de Zoozobra Magazine ya se encuentra disponible en los puntos de venta. También puedes adquirir tu ejemplar desde la tienda de nuestra web, o contactar con nosotros para que te lo enviemos.

  • “La crisis generacional y la necesidad de vivir” por Victor Atobas
  • “No tengas un hijo, cómprate una tortuga” por Noe del Barrio
  • “Presos políticos y presos sociales en el franquismo tardío” por Acacio Puig
  • “Píldoras de surrealismo” por Zoozobra Magazine
  • Reseña del poemario “De vivos es nuestro juego” por Zoozobra Magazine
  • Entrevista a Susana Rioseras por Víctor Atobas
  • “Entrevista a un heterosexual” por Javier Sáez
  • “Ganadores I Concurso Artístico” por Zoozobra Magazine
  • Relato “En el bote” por Emilio Lizcano
  • Relato “Hasta los huesos” por Ana Expósito
  • Poesías por: Mareva Mayo, Raquel Cabestrero, Víctor Atobas, Marco Vidal, Belín Castro, Julián Alonso, Conrado Santamaría

Agradecimientos: Las Recetas y Trucos de Anna, Bar de Blás, La Chistera Café, Librería del Espolón, Carabás, El Otro Charol y Espacio Tangente.

Colaboradores: Acacio Puig, Noe del Barrio, Julián Alonso, Conrado Santamaría, Marco Vidal, Raquel Cabestrero, Javier Sáez, Emilio Lizcano, Ana Expósito, Belín Castro, Susana Rioseras, Mareva Mayo, Javier Moguel, Yadira Cruz, Elvira Palazuelos.

 

Colectivo de Prensa Zoozobra Magazine, Burgos, Junio 2016




II Concurso de Microrrelatos por Zoozobra Magazine

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ZOOZOBRA MAGAZINE REVISTA CULTURAL.

Mediante la convocatoria de este concurso pretende la difusión de autores noveles, además de construir la interacción entre los lectores y las obras presentadas.

Podrán participar todas las personas mayores de 14 años que lo deseen, con obras escritas en castellano y cuya extensión máxima sean 150 palabras.

La temática de los microrrelatos es libre. Las obras no contendrán faltas de ortografía o de gramática. Cada participante puede enviar un máximo de dos obras.

Adjuntar las obras con el nombre o seudónimo en formato de texto al correo: buzon@zoozobra.com // asunto: microrrelato. Con una declaración del autor certificando que las obras son inéditas, que no ha sido premiada en ningún otro concurso y que sus derechos no han sido cedidos a ningún otro editor.

EL PLAZO DE ENVÍO EMPIEZA EL 1 DE MAYO Y TERMINA EL 30 DE JUNIO. Terminando el plazo el equipo de Zoozobra elegirá a tres finalistas y en ese momento comenzará el proceso de selección del ganador. Este último proceso lo llevarán a cabo los seguidores de la página de facebook a través de la opción “me gusta”. La obra que más “me gusta” reciba será proclamada ganadora. Todos los participantes deberán ser seguidores de nuestra página de facebook.

EL PREMIO PARA EL GANADOR ES EL “ PACK ZOOZOBRA” que contiene:

· El último ejemplar publicado en papel.

· Una camiseta de diseño exclusivo.

· Chapas con diferentes diseños y pegatinas varias.

· Ebook que se realizará seleccionando los veinte relatos más destacados del concurso.

· Publicación del relato en el siguiente número en papel.

*Importante: Por motivos económicos estos envíos sólo podrán realizarse dentro de la península.

La revista podrá publicar las obras que considere bajo una licencia Creative Commons, que permite compartir las obras, pero reconociendo la autoría.

Si se incumplieran las bases, el participante quedaría descalificado. Para cualquier duda contacta con nosotros a través de: buzon@zoozobra.com.

Bases: ii concurso microrrelatos