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Vuelven a ser invisibles los sueños que me han traído hasta aquí. Tras soportar el estrés de un trabajo exigente y una ciudad desalmada, decido volver al pueblo. Paseando en bicicleta por sus armoniosos campos, como cuando era niña, me detuve repentinamente al volver a verlo. Su sombrero de paja, camisa de cuadros y robusta presencia me impresionaban igual que lo hacían antes. Me senté a su lado y volví a escribir en su compañía, inspirada, exactamente igual que en el pasado. Aquel viejo espantapájaros me ha ayudado a reencontrarme y decidir convertirme nuevamente en arquitecta, pero esta vez…de sueños.