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Allí se concentra cada día una multitud de necesitados, muchos de los cuales no parecen ser indigentes. Irónicamente, el edificio se levanta al lado de un “Vivero de Empresas”, recuerdo de los tiempos en los que se animaba el “espíritu emprendedor”, que hoy propugna la ley Wert. Tiempos de especulación, codicia y despilfarro, que vieron la construcción del PAU de Vallecas, otra promesa grandilocuente de un ensanche que prometía ser el mejor proyecto urbano de la ciudad. Hoy, gran parte de esa gran obra está inacabada y paralizada. Pasear por sus calles es desolador: edificios dispersos, solares vacíos, grandes avenidas para apenas unos pocos coches, …  La crisis ha golpeado tan fuerte que ha dejado el barrio a medias. No quiero ni pensar la cantidad de años que harán falta para tener una sensación de barrio en esta zona. El tamaño del proyecto era desmedido, y la ambición de construir a toda costa sin freno ha hecho que ahora los vecinos tengan que convivir con grúas y camiones al menos durante los próximos 10 años. Las grandes parcelas sin construir permanecerán como desiertos en medio de la nada. Tendremos ejemplos de la arquitectura más puntera, digna de salir en revistas de arquitectura, en las que no se mencionará para nada a los vecinos o a su entorno.

Algo está fallando, y así no nos gusta vivir. Todos echan la culpa a la crisis, pero las causas van más allá. Mi barrio, señora Carmena, es un ejemplo del modo de actuar de las políticas predatorias del capitalismo financiero. Y el caso de Detroit me viene a la mente. Como usted bien sabe, el acceso generalizado a la propiedad mediante créditos hipotecarios ha sido el gran objetivo de los planes especulativos del neoliberalismo, aquí convertido en liberal-amiguismo. Allí, en Detroit, pude ver el muro que separa a los barrios blancos de los negros en el distrito de EightMile, levantado por un empresario de la construcción con el fin de optar a los préstamos de la Administración Federal de la Vivienda. Según el lado del muro en el que se viviera se podía conseguir o no uno de esos préstamos, pues se consideraba que los negros no eran fiables. Toda la ciudad estaba dividida de esta forma, lo que demostraba que la segregación no era accidental, sino la consecuencia de una política premeditada. Se crearon dos categorías de créditos, más o menos onerosos, dependiendo de la zona en la que se viviera: los prime y los subprime.

Ese muro ocultaba la vertiente financiera de la lucha por los derechos civiles. Los negros fueron excluidos de la nueva sociedad de propietarios, pero se pagó un precio muy alto por esa exclusión: el 23 de julio de 1987 el barrio estalló. Cinco días de disturbios y saqueos hicieron estremecer toda la ciudad en lo que fue la peor revuelta racial urbana desde los años sesenta. La rabia ante la discriminación dejó 43 muertos, pero la mayor parte de la violencia no se descargó contra las personas, sino contra las propiedades: tres mil edificios fueron saqueados e incendiados. Fue una lección para los políticos, que no han sabido aprender. La condena de unos intereses impagables en tiempos de crisis ha llevado a la gente a la pobreza y al desahucio, mientras los prestamistas han asegurado sus ganancias con avales del Estado. ¿Queremos un nuevo Detroit?

La democracia debe evitar la exclusión, y desde la política, gente honrada y comprometida como usted, señora Carmena, puede evitar que la violencia y el desastre social se desencadenen y se generalicen, hundiendo aún más a barrios como Vallecas, para dejar que se convierta en un gueto invivible. Porque ya vivimos bajo el temor de que eso ocurra con la política llevada a cabo por el Partido Popular. Otros barrios, en otras ciudades, como el caso de Gamonal en Burgos, están en las mismas circunstancias. No quiero vivir en un barrio donde las tiendas cierran, donde no hay servicios, donde los edificios se deterioran sin remedio, donde todo el mundo sabe dónde llamar para conseguir unos gramos de farlopa inmediatamente, donde los garajes abandonados se convierten en negocios de desguace de coches robados, donde los niños deambulen por la calle sin escolarizar, o donde la delincuencia se normaliza en las calles. Por eso la gente se está movilizando y apoyando su candidatura. Espero que lo consiga. Un saludo afectuoso de un vecino vallecano.

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