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En la Gran Bretaña del siglo XIX el afán de conseguir estadísticas por el rápido crecimiento de la población estaba ganando ritmo y eficiencia. Los mapas se estaban convirtiendo en poderosas herramientas que podían usarse para identificar problemas sociales e incluso salvar vidas: En 1831, la «muerte triste», la primera epidemia de cólera en el país, se cobró la vida de 32.000 personas. El aprendiz de cirujano John Snow luchó por mitigar sus devastadores efectos, y desarrolló una idea sobre sus causas. Pensaba que la enfermedad se transmitía por pequeños microorganismos invisibles al ojo humano, y sospechaba que las cloacas estaban contaminando el agua potable y extendiendo la epidemia. Cuando el cólera arremetió por segunda vez, Snow examinó algunas muestras de agua del suministro que usaban las víctimas en el sur de Londres, y descubrió que todas estaban contaminadas por la suciedad de las cloacas. Identificado el problema, en 1849 publicó un informe sobre su teoría para explicar el origen de la enfermedad, pero nadie le tomó en serio. Para convencer a la gente de su veracidad, el doctor se convirtió en cartógrafo, paseándose por las zonas afectadas y marcando casa por casa todos las muertes ocurridas. Hizo un mapa de las calles, y pronto surgió un patrón. Se dio cuenta de que todos los que bebían de un depósito concreto eran los que morían. El mapa de Snow mostraba el progreso mortífero de la epidemia y la cantidad de muertes cerca del depósito parecía confirmar su teoría. Tras esto exigió el cierre del suministro de agua a través de ese depósito. Tras ciertas vacilaciones, la desesperación hizo posible que le hicieran caso. Gracias a su trabajo los mapas son ahora un arma poderosa en la batalla contra las enfermedades. Ahora mismo por ejemplo se realizan mapas sobre los efectos del cambio climático en la salud (¿que ocurriría si un aumento de la temperatura supusiera el desarrollo de la malaria en zonas hasta hoy exentas de esa enfermedad?).

Mientras las ciudades industriales se expandían por Gran Bretaña, los victorianos más acaudalados temían por el aumento de pobres en su ciudad. Los mapas se convirtieron en herramientas para entender la pobreza y las enfermedades. La pobreza era una molestia. ¿Qué hacer con las masas de ciudadanos pobres que se habían asentado en las ciudades en las décadas anteriores? El tema de la pobreza inspiró al rico empresario Charles Booth a crear uno de los proyectos cartográficos más sofisticados de la era victoriana. Decidió actuar cuando supo que el 25% de los londinenses vivían en la miseria, y financió a un equipo de investigadores para realizar un informe sobre los niveles de pobreza en la ciudad. Toda la información sería marcada cuidadosamente en una serie de planos callejeros. El proyecto duró diecisiete años (1886-1903). La misma meticulosidad que había puesto en sus negocios, la plasmó en sus estudios estadísticos: gracias a los cientos de entrevistas y observaciones de sus investigadores, se pudieron crear una serie de mapas con un código de colores que mostraba los niveles de riqueza y las clases sociales de todas las calles de Londres. El amarillo indicaba las zonas más ricas, el rosa y el rojo las clases medias, el azul y el negro eran las más pobres. Booth recogía información sobre los salarios, las condiciones laborales, y lo que él llamaba «influencias sociales y morales». Éste no sería un simple mapa sino un perfil social muy detallado de la ciudad. Vivió incluso con algunas familias, y anotó sus opiniones en unos cuadernos. Sobre los que estaban justo por encima de la linea de la pobreza escribió: «los niños tienen menos posibilidades de sobrevivir que los de los ricos, pero creo que sus vidas son más felices. Es posible que sufrieran más por estar mimados que por haber sido estrictos con ellos, ya que crecen con más entereza, y se convierten en el orgullo de sus madres y en los dueños del corazón de sus padres». Es interesante destacar que antes de la aparición de este estudio, la pobreza era vista como un «problema moral». Una de las cosas que mostraron sus mapas fue que la pobreza no era consecuencia del alcoholismo o de la pereza, sino el resultado de un problema complejo, que debía solucionarse a través del estudio una gran variedad de fuentes de información. Los resultados de sus entrevistas se anotaban en los cuadernos y esta información se reflejaba después en los mapas. Al final demostraron que la pobreza se extendía por toda la ciudad. Había grupos de pobres junto a zonas de gran prosperidad, por lo que se pensaba que su situación podría solucionarse.

El proyecto de Booth proporcionó pruebas gráficas que ayudaron a promover una legislación para mejorar las condiciones de vida en la era victoriana. También potenció una campaña para proporcionar una pensión a los mayores que ayudaría a aliviar la pobreza. Los mapas de Booth demostraron que más de un tercio de los londinenses vivían en la miseria, mostrando una estadística nefasta, pero, de algún modo, plasmando el problema en el mapa, el tema se hizo más manejable, convenciendo a la sociedad de que había que hacer algo para mejorar la situación.

Continuarán las “Cartografías imaginarias” a partir del siglo XX en la siguiente parte del artículo.

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