“Con Sumo Control” de Martín Paradelo

Atropellado por un torrente de deseos artificiales, el individuo contemporáneo (descreído y abúlico, balbuceante y solitario) parece incapaz de resarcirse del control al que le somete su propia voluntad domesticable. Profundo y exigente, el ensayo de Martín Paradelo pretende desbrozar el camino que conduce al desvelamiento de nuestras propias cadenas, poniendo su atención en las nuevas formas de dominación y su despliegue a través de la tipología urbana.

Finalmente, el autor analiza las posibilidades de fractura que apuntan algunos focos de resistencia, haciendo hincapié en las posibles derivas de carácter revolucionario y cuestionando la oportunidad de algunas propuestas que se podrían considerar salidas en falso.

SOBRE EL AUTOR

Paradelo Núñez, Martín (Barco de Valdeorras, Ourense, 1981) es autor de Con sumo control. Deseo, consumo, control, dominación (Piedra Papel Libros. Jaén: 2015). En 1999 se traslada a Santiago de Compostela, ciudad en la que todavía reside, donde cursa estudios de Historia del Arte. Licenciado con grado, obtiene el Premio Extraordinario de Licenciatura con una tesina sobre el cine de Jim Jarmusch. Durante años abandona la universidad para dedicarse profesionalmente a la arqueología, aunque posteriormente continúa sus estudios de doctorado en el campo del patrimonio cultural, el urbanismo y las lecturas de la ciudad histórica; de ese periodo resulta su trabajo Campos de batalla de la ética post-industrial. Los espacios de la clase obrera en el cine ficcional de los hermanos Dardenne, pendiente de publicación. En la actualidad, ha completado su tesis doctoral bajo el título La representación de los espacios suburbanos en el cine ficcional europeo tras la caída del Muro de Berlín en el área de Historia del Cine de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela. Ha prologado ediciones de obras de Margareth Rago o Joseph Déjacque y participado en varios congresos dedicados a los estudios culturales y a problemas de representación cinematográfica. Ha publicado diversos artículos en la revista de pensamiento libertario Estudios, de la que actualmente es miembro de su Consejo de Redacción.

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Obstinada memoria, de Antonio Crespo Massieu

Sinopsis:

La obstinada memoria a nada renuncia.

Se alza, con toda su fragilidad, en este tiempo de ignominia. Dice el dolor de los ausentes, su imposible olvido. Y la belleza que nos pertenece, la heredad, el paisaje, la bondad. Porque este libro habla de cosas pequeñas.

¿Equivoca su voz? ¿Tiene sentido hablar de la piedad, del asombro de la mirada, de las pequeñas pertenencias? ¿En el tiempo del despojo, de la miseria decretada?

Tal vez. Porque es necesario proclamar la hora del cumplimiento.

Equivocada o no, la memoria es obstinada y dicta sus palabras. Vive entre la luz y las sombras. No olvida ni un solo hueso astillado, perdido en las cunetas de la historia, ni una brizna de esperanza, ni un mínimo gesto de piedad.

Decir verdad y belleza. Hablar de la necesidad. Hablar como se habla de las cosas pequeñas, las que nos han sido encomendadas.

Antonio Crespo Massieu (Madrid, 1951):

Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense y Diplomado en Estudios Portugueses por la Universidad de Lisboa.

Desde 1997 es responsable de las páginas literarias de la revista Viento Sur, de cuya Redacción forma parte.

Ha publicado el libro de relatos El peluquero de Dios (Bartleby Editores, Madrid, 2009) y los poemarios: En este lugar (Fundación Kutxa, Donostia- San Sebastián, 2004) que obtuvo el “Premio de Poesía Kutxa Ciudad de Irún” en su XXXV edición, Orilla del tiempo (Germania, Valencia, 2005), Elegía en Portbou (Bartleby Editores, Madrid, 2011) y Obstinada memoria (Amargord, 2015).

Fue finalista del Premio Nacional de Poesía 2012 con Elegía en Portbou.

Autor de trabajos de investigación y de creación literaria que han aparecido en revistas como Anthropos, Revista da Faculdade de Letras-Universidade de Lisboa, Asparkía, La ortiga, Dossiers feministes, Diálogo de la lengua, El cielo de Salamanca, Riff-Raff, Cuadernos del matemático, cbn, situaciones, Viento Sur.

Poemas suyos han sido incluidos en numerosas antologías y libros colectivos. Entre ellos: La paz y la palabra. Letras contra la guerra (2003), Los centros de la calle (2008), Por donde pasa la poesía (2011), Voces del Extremo en Moguer, Béjar, Logroño y Madrid: Poesía y resistencia (Amargord, 2013), Imagina cuántas palabras (Alkibla, 2013), En legítima defensa (Bartleby, 2014), Marcada España (Amargord, 2014) y Disidentes (La oveja roja, 2015).




El color de las pulgas, de Mario Marín

Esta es una historia de amistad, un relato de Ignacio Aldecoa narrado por Bukowski, un esperpento, un camino sin salida. La historia de unos amigos de un barrio de Huelva que viven ciegos de porros y cerveza, que se ríen de sí mismos, cuando, accidentalmente, tienen que deshacerse de un cadáver. Pero también es una historia de amor trágico y doloroso. El mismo amor que ha creado las más importantes obras de la literatura universal o las más pequeñas. Historias como ésta.

“Ahora a mi lado estaba Juanita, un bujarra tan bonito como el recorte celeste de las tardes sobre la retama, en La Bota, sobre la arena, sin toalla, con un litro y un porro. Juanita es amigo del barrio desde siempre,muy maricón desde chico. Bajaba a la plazoleta con las uñas y los labios pintados y se ponía de portero. Era buenísimo. Y sin miedo. Se te tiraba a los pies y se dejaba media carne en el cemento. Después se levantaba rápido, muy parguela, con el balón contra el pecho, y se ponía a gritar, que había que cerrar más, que delante solo uno. Sabía mandar. Un máquina, sin guantes, sin rodilleras, siempre con la camiseta de portero de su hermano. Un amigo de verdad, sin miramientos ni paraqués”.

 

El autor

Mario Marín (Huelva 1971) es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, artista plástico transgresor, inquieto y curioso. El color de las pulgas es su primera novela. Tanto en el arte como en la literatura, Mario plantea sus propuestas como escenarios estéticos y necesariamente desollados.




Reseña del poemario “De vivos es nuestro juego”, de Conrado Santamaría

Leyendo “De vivos es nuestro juego” (2015, Editorial Ruleta Rusa), nos reafirmamos en la utilidad de la poesía, frente a la ignominia de la conciencia adormilada en estos tiempos de barbarie, contra quienes nos quieren tristes y pretenden someternos mediante lazos, invisibles, inconscientes; vínculos soterrados que evidencia y denuncia la voz cerceta y valiente de un poeta luchador como Conrado Santamaría (Haro, 1962), con palabras caminando de frente y alentándonos a no rendir pontazgo:

Yo me niego a mirar

a donde miran todos apretados

contra el pretil unívoco de la muerte

Las estelas de una vida que vemos que se nos escapa, como la necesidad irrealizada de vivir y tomar partido, las direcciones únicas, las víctimas por el camino, la desmemoria o la sumisión; no encontramos, en este libro contundente, unas imágenes poéticas que no nos sugieran un pesimismo vital, quizás solo en lo insuperable de a condición humana (la muerte), ni tampoco hallaremos en “De vivos es nuestro juego” ni rastro de esa poesía florida, que deshace sus pétalos en imágenes para el mero disfrute estético. Conrado Santamaría denuncia la razón infame, se preocupa por el valor de las palabras y por su capacidad para rebullir algo dentro de nosotros;

Éramos carne de procesión.

Aquellos tiempos

de verbenas y capitulaciones.

No sé si os acordáis.

En la primera parte del libro, los poemas tratan sobre la cruda realidad de nuestro país, la de la gente corriente que ha sufrido desahucios, bancarrotas, estafas, encierros, denunciando también a aquellos que se olvidaban y permanecían tranquilos; por no hablar del enemigo, identificado mediante el “púrpura antifaz de la impostura”, ya desde el poema inicial, titulado “A veces uno piensa”:

 

A veces uno piensa,

                                               y se deshace

la carne de temor con su harapienta

mortaja de silencio,

la ceniza sin fe,

el templo de la muerte y sus cimientos.

Inicia la segunda parte con “Poética”, que José Antonio Cerdán titularía como “Ética” por la posición del poeta riojano: “No llames y abre/ la cancela del miedo/ hasta darte alcance”, que se atrinchera en la lucha contra el miedo, la ignominia y la parálisis, pese al cansancio y los palos y las trampas, y sigue frente al “aguijón del tiempo”: “sigo y sigo una vida/ una historia/ horadando/ abriendo cauce brecha erosionando”, nos dice en los versos de “Aunque cansado”. Conrado Santamaría es un poeta necesario por su valentía, porque nos inquieta la conciencia adormilada y, después de leer este libro, nos quedamos con la sensación de que somos un poquito más fuertes contra quienes nos quieren tristes y postrados, pues gritamos NO, y sonreímos porque sabemos que la lucha, la contienda por nuestra vida y por la de quienes nos importan, no es fácil pero sí irrenunciable. Y para continuar la lucha, estos versos nos proponen no abandonar los sueños, y también nos piden que nos comprometamos con nosotros mismos:

Tantos años y un día tu condena

de huida tras huida tras huida

dime dime el amor la vida el tiempo

si no nos obligamos qué seremos.

La tercera parte del poemario agrupa distintos homenajes: Fermín Salvochea, pensador anarquista que fue alcalde de Cádiz; Bertolt Brecht y César Vallejo; Samba Martine, inmigrante muerta en el CIE de Aluche, víctima de otro crimen legal; rescatando de la desmemoria a las mujeres desoladas por la guerra y el narcotráfico, las víctimas de Juárez (en un poema que dice: no es el azar/ ni el destino o la noche quien toca la campana/ para que la muerte inicie/ o acabe su desfile); siendo fecundado en los versos de “Orquídea salvaje”, que Conrado Santamaría dedica a su compañera Amalia, en quien encuentra una inspiración para emprender una búsqueda por las veredas, otros horizontes que le encienden por dentro al poeta.

Concluye “De vivos es nuestro juego”, un libro que recomendamos por distintos motivos, entre ellos que nos llame al combate y nos aliente a afrontar con entereza el futuro, con la determinación de alguien como Conrado Santamaría, quien se ha comprometido a obligarse a sí mismo y a no dejarse arrastrar, asiéndose a la fuerza del amor y la vida, lanzándonos sugerentes propuestas:

busquemos otro fuego que caliente por dentro

otro valle más fértil,

otro arrimo más amplio y sin negocio.

Más información:

Blog de Conrado Santamaría

Libro “De vivos es nuestro juego




Nuevo número de El Perdigón: Marca Europa

 

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La revista de sátira y crítica El Perdigón lanza su número 74, repleta de contenidos culturales en una entrega dedicada a la crisis de las migraciones y el racismo rampante de la “Marca Europa” y la “Marca España”

 




La palabra es el comienzo

Siempre nos queda la palabra, certera y digna afirmación del poeta, y lo cantó Paco Ibáñez con voz libertaria

No obstante, los vientos intolerantes intentan secuestrar la voz del pueblo que reclama sus derechos; y tales huracanes consideran demagógico airear los céfiros necesarios para respirar: voz, voces.

Sin embargo, tomamos la palabra y hacemos de ella un filo contestatario contra el falso e hipócrita discurso que amordaza, compuesto éste, sin duda, por palabras que se trasforman en ese palabrerío hueco de quienes se convierten en avestruces y acompañan sus galimatías con sonrisas de cursillo; risitas robóticas que menosprecian los derechos, muecas sin un fondo humano, y, además, se creen aquellos manejos con los que someten a la palabra.

No queda duda en el diccionario: de éste se puede tomar el término demagogo como la definición de un ser que denuncia las carencias populares. Sólo hay que desposeer, a la demagogia, de la acepción tiránica y situarla por encima de las expresiones impúdica-cínica-descarada-mentirosa que le endosan, a dicho término, quienes se defienden de él si saber los valores de este vocablo. Digámoslo con siete palabras: los demagogos se acusan mutuamente de demagogos.

Demagógico es auparse sobre las carencias de la sociedad con la promesa de solucionar tales penurias y después faltar a la palabra.

No es demagogia airear las penalidades y poner todo el empeño por buscar la igualdad.

La palabra es una razón a la que asirse según el costado que nos duela. La publicidad suele confiscar el verdadero sentido de la misma. Y faltar a la palabra es insultarla, sobre todo si no se cumple lo prometido, de palabra honorífica, desde la campaña electoral. Aquí es cuando el que abrió la boca entregó su dignidad al lenguaje mercantil, inductor éste de la esclavitud social.

Evoco parte de la letra de aquella canción que, no recordando la autoría de la misma, sí conserva la comprensión de la misma, asentada en el temblor del corazón al cantarla: Son palabras nada más, que hablan de mi amor por ti; son palabras que jamás, de alguien volverás a oír. Sonaba a una despedida dolorosa, a la palabra amor que se quedaba retenida entre las grietas de algún corazón quebrado, y al grito sereno de este músculo que, a pesar del dolor pacífico, sin violencia, confía en la esperanza: Tal vez podamos proseguir, lo que se queda atrás…

Aquellas palabras salieron al viento musical y la voz las divulgó. Sin embargo, quizá, cantadas en los huecos exclusivos del pensamiento, se quedan presas en los cruces de miradas con las que él y ella suelen comunicarse, desde hace meses. Él desde el extremo de la barra de un bar y ella desde los renglones de un periódico que no lee; no obstante los dos tiemblan y sosiegan el secreto con sorbos de café, único cómplice que se queda en unos posos por investigar, como si el amor fuera un término detectivesco.

A partir de aquí se queda la palabra para que la observación, esa manía de quienes pretendemos inventar fábulas, comience a poner cada expresión en su peldaño.

Demandó dos palabras naturales de pronunciar y lo secuestraron por su derecho a la osadía, después lo metieron en prisión y sólo le quedó el pensamiento: las palabras que se atrevió pedir fueron tierra y la libertad: se las usurparon.

La palabra, vista y leída, acariciada desde la perspectiva pura es como las aguas sin adulterar. No obstante, convertida en acémila dispuesta a cargar sobre ella interpretaciones erróneas, la voz se convierte en arma defensiva para cubrir la desvergüenza contractual; sí, esa palabra que se suscribe con letra pequeña e ilegible; esto es: mula cargada de malas intenciones contra el ser contratado. Ya lo dijo Groucho Marx

Cuenta la leyenda que la palabra, unida a un apretón de manos frente a un mediador neutral en el trato, ponía al ganadero y al tratante dentro de la legalidad honesta. Sin embargo, a falta de manejos reglados y en plena danza de la codicia, también hubo tratante que, después de haber firmado un aval que dejaba claro su débito al ganadero, y exigir éste el pago al haber trascurrido el tiempo acordado, el tratante leía el papel que atestiguaba tal deuda, y después de comprobar que su firma era correcta, destruía el documento, se lo introducía en la boca, lo masticaba con la destreza que su dentadura le permitía y se tragaba el título y la palabra –Esto recuerda el vuelco de quienes suben al poder y se tragan las promesas; y no e lo mismo que tragarse las palabras, por temor a la integridad, ante leyes que reprimen–.

Ante la ruptura de concordia entre tratante y ganadero solía ocurrir que el acreedor, perplejo y abatido, se quedaba sin palabras, extraño verso éste para una copla, ya que, todavía siendo octosílabo, también se quedó sin tildes, hiatos y sinalefas.

Y el poeta sigue diciendo que nos queda la palabra, y el grito del cantor, que avala tan reivindicativo verso, dice que apenas nos dejan decir que somos quienes somos, que nuestro cantar es sin pecado un adorno, que ya tocamos fondo, que hemos de salir a la calle, que ya es la hora.

Sí… Siempre es hora de liberar a la palabra que nos queda, el momento de no dejarla reprimida en el pensamiento que la forja, y menos que, una vez nuestra voz esté en la calle, no debemos permitir que la secuestren, la censuren, la adulteren… Si es amor, amor; si es justicia, justicia; si es libertad, libertad; si es anarquía, anarquía; si es concordia, concordia… La palabra desigualdad empobrece al diccionario, y la palabra pobreza debiera desaparecer de todos los cuadritos del mantel; la palabra riqueza es para distribuirla con equilibrio, de lo contrario que aplaste a quines la roban.

Por favor, ¿me prestáis una palabra justa?

–Yo te presto democracia

–¡mentira! Los que la hurtaron no nos representan…

–Te concedo el vocablo sanidad… ¿Lo quieres?

–¿A quién preguntas, hipócrita, a mí, que soy acreedor del juramento hipocrático, sin más?

Quizá estés preguntando a quienes trafican con los derechos humanos.

Probablemente, los demagogos, tilden de demagógico mi escrito.

                                            Luis Carlos Blanco Izquierdo




El único país

Suda en mi pared el recado de las sombras que advierten el desalojo de mi cuerpo sobre mi casa nunca fue mi casa, nunca estuve entera, ni dije yo con el convencimiento de serlo es lo apátrida de mi pensamiento en el pensamiento que se confunde con una persiana bajada o con alguien que se aleja barreré la ceniza y tiraré papeles, muchos intentos exiliados de reconstrucción pero no será mi asiento aunque permanezca días quieta en el, no será mi espejo aunque sea lo único que refleje una habitación parecida a mi habitación y cuando cierre la puerta y la noche se aloje en una mancha negra no será la noche la que quede en mis ojos cerrados ni será la habitación en el sueño del vino cuando entres silenciosa y me mires por la espalda y yo no me gire y tú no digas nada como si no estuvieras y yo haga que no me doy cuenta de que estás detrás de mí, queriéndome y calle para quererte, para poder huir, para entender el precio de permanecer en la sellada promesa que destruye mi ventana y hace que el único país sea el que no se siente.




Philos y Sophos

No tiene nada que ver ser esclavo de la razón que ser razonadamente esclavo. El primero es un ser de la politeia cuyo fin es el arduo trabajo no remunerado, el real esclavo del estado que sirve y explota su mente aunque de forma no sensible, pero si gustosa; y el último es el ser que mediante la implementación de los sentidos, acepta la razón sin razonarla y se atiene a realizar su servidumbre, soñando con llegar a ser persona, tal vez como lo soñaba el sabio.




Honraré la memoria de las lombrices

El volcán ruge arrojando lava a la ladera de la montaña, que sobrevuela un ave fénix, surcando el cielo de cenizas. La erupción es interna, como una sobrecarga eléctrica o el oleaje, que rompe en los puertos de las ciudades grises; la erupción es como el estallido de una detonación que ha acumulado fuerzas, alimentada por el veneno de la hiedra que crece en las frondas del sendero.

Cuando los plateados haces de luz me despojan de la vigilia, una arca de monedas de oro, vuelvo a sentir las espadas que batallan en mi estómago, que rasgan los tejidos de los desagües. Soy una paloma constipada, una bacteria que ha engordado hasta explotar, soy un hongo que crece en las pinzas de un cangrejo. Esta es la historia de las sombras que danzan, tocando los tambores de la noche, riendo y confabulando.

 Si una lanza se alzó primero, creo que fue el vacío. Toda vida es un viaje emprendido por ejércitos aliados, que tensan los arcos frente a los soldados enemigos, apostados tras una colina quizás empañada por la bruma. El vacío es una campiña tostada por el sol, labrada por las sombras; los castillos han desaparecido del horizonte, la lucha la librarán los campesinos: fratricidio, puñales teñidos de la sangre de la tierra.

¿Cómo arribé al vacío? Llegué en un ferrocarril que había sido destinado al ganado, pero que fue utilizado para transportar a los reclusos de Sachsenhausen. Llegué ahíto del pan masticado de mi rabia (1), dispuesto a narrar una profecía macabra, como arquitecto de la gruta de la Virgen de las Soledades.

Honraré la memoria de las lombrices que se contorsionaban en mis entrañas, alzaré el estandarte de la fonda que visité, porque la escritura es el ejercicio de la memoria (2).

 

  1. Cita de Mareva Mayo.
  2. Cita de Roberto Bolaño.

 

 

 




Lo peor del feminismo

Lo peor del feminismo es que eres capaz de poner nombre a los abusos que sufres todos los días. Lo peor es que puedes nombrar, definir y perfilar lo que está ocurriendo con tu cuerpo en un entorno adverso, y eso te provoca cierta distorsión que no se resuelve, porque eres incapaz de poner la acción como la piden desde fuera, y entonces se desborda la tú primitiva y golpea tres veces la mesa, porque es el abuso al que no se quiere parecer y el abuso que se está ejerciendo desde la supra estructura que te está comiendo poco a poco, tan despacio que no te das cuenta.

Lo peor de ser feminista es que es un método para entender el mundo pero es, a su vez, un método que el mundo no entiende y no está dispuesto a entender. Lo peor del feminismo es que no puedes no ser feminista cuando descubres todo lo que se puede hacer con él. 

Lo peor del feminismo es que no vas a renunciar a él y sabes además que no puedes dejar de serlo, no puedes dejar de mirar con los ojos que te ha dado. Lo peor del feminismo es que cuando no seas feminista, el feminismo te dirá que no estás siendo feminista y te dirá cómo salir del atolladero en el que el mundo te ha puesto. Lo peor del feminismo es que no es algo teórico, es algo tangible, pragmático, y que atiende a la circunstancia del instante, del día a día. Lo peor del feminismo es que, con el feminismo, se puede hacer trabajo y trabajar con él.

 

Lo peor del feminismo es que te da la voluntad para tomar tus decisiones y te dice también la razón de que no tengas la voluntad para tomarlas.

 

Lo peor del feminismo es que te construye un espacio de confort que no le gusta nada al mundo, y es un espacio de confort donde caben más cuerpos como el tuyo; pero esos cuerpos nunca serán hegemónicos.

 

Lo peor del feminismo es que acabas siendo feminista y si no, es que no sabes qué es el feminismo.