Producir hasta morir

Estoy harto, me siento roto, sobre todo ciertas veces en que la angustia se parece demasiado a esa experiencia de la nada, de qué no hay nada más que Capital expandiéndose y diciendo si no eres productivo entonces no sirves para nada, preguntando cuál es tu utilidad en esta sociedad donde todo se puede comprar y vender; tú eres, dice Capital, otra existencia en stock en los Grandes Almacenes Demenciales del Sistema que dispone de ti pero no sólo obligándote a venderte para poder sobrevivir, sino en sentido de que el Capital expandido hasta los últimos confines hace que tú seas para los demás esa existencia en reserva de la que pueden utilizarse para conseguir sus objetivos ya consistan éstos en socializar, acostarse contigo, conseguir información, no sentirse solos, juzgarte, que cumplas esta norma o aquella otra, quieren consumirte y rentabilizarte, aprovecharte, etc. Claro que podríamos seguir enumerando amigo mío, uno, dos, tres usos…

 ¿Cómo te usan a ti?

El problema es que no se entiende el problema. Esa frase se la copié a un tipo muy extraño allá en Burgos mi tierra. Se piensa, como afirma Anita Botwin (1) que el capitalismo no funciona porque la mitad de las señoras de este país (que muy supuestamente es España y a quien la hermosa Catalunya se la pelaría a no ser de por cuestiones de integración económica) llevan antidepresivos en sus bolsos y por tanto según Botwin esto demostraría que el capital se atrofia; no se da cuenta de que el capital funciona perfectamente, entre otras razones porque produce un juego de verdad y saber y nos obliga a ser unos productos siempre disponibles para ser rentabilizados por otros, sobre todo jefes y demás gentuza investida de autoridad, y nos coloca fuera del saber, nuestra palabra no vale una puta mierda si no nos sometemos y resultamos rentables en todos los aspectos de la vida lo cual sabes que es del todo imposible, no tenemos derecho a tener vedad. La cuestión es que cuanto mayor abatimiento, cuanto más frecuente y abrumadora sea la experiencia de la nada, más muerte, más muerte del deseo. Nada.

Pero hay una cuestión más profunda. Me la contó ese tío de Burgos y pese a que es un tipo loco de provincias la verdad que tiene sentido lo que me dijo. Me contó que antes de que nada aparezca, hay como una tela de araña que ha tejido un ciborg teocrático de aspecto vagamente aracnoide; es una tela invisible, por supuesto, uno se la imagina como cuando en las películas los malos entran en el museo o la joyería de turno y se cercioran luego de algunas maniobras más o menos tensas de que el diamante o el significante que usted quiera aquí insertar (algo capitalizable) está protegido como por unas líneas de colores saliendo de los dispositivos blindados y resistentes de los sensores de movimiento. Según la atropellada versión de mi conocido, las cosas que aparecen han sido detectadas, registradas y por tanto controladas, han sido incluidas en el proyectar de la técnica que es la época que nosotros vivimos. Ocurre como si las cosas aparecieran de pronto en ese espacio del museo o la joyería, cerca del diamante que centellea en uno puntitos róseos o más bien lejos eso no importa, lo significativo es que todo, todas las cosas abandonan esa oscuridad esencial de la que provenían y aparecen ahí ya como cosas para la producción, cosas bien para el museo para acumular más y más o bien para la tienda, esas cosas que han aparecido allí y que han sido desocultadas, muestran todas sus caras, todo en la cosa es ahora controlable y manipulable y el problema es que nosotros como seres humanos somos traídos al mundo por nuestras madres y somos entregados a esa tela de araña, a esas líneas de los detectores, es decir, aparecemos como una cosa entre otras cosas porque debido a ese aparecer técnico la vida del “hombre o mujer medio” ha sido trazada aún antes del nacimiento, los itinerarios marcados; educación, consumo como condición del trabajo, quizás tiempo de ocio controlado e inocuo.

La ciencia no es ciencia ni es verdad ni es una puta mierda que nos quieran contar los señores esos importantes de la capital, ciencia es control. Acá en las provincias sabemos que el saber es una paradoja, una broma del sentido, es un puto parasentido, la diferencia, a nosotros no nos vais hacer gozar con esa mierda de matarnos a producir… pero es tan difícil, tan difícil pensarnos en el filo de la navaja, al borde de la locura, yo he visto a Heidegger paseando en las fuentes blancas aunque no puras, tan difícil no ser productivos al menos para ir tirando joder, pero se puede vivir de otra forma, desde luego, tú lo sabes verdad que sí, podemos pensarnos como acontecimiento pero no en el sentido de que nosotros participáramos de éste como sujetos ni que hubiera allí algo, un objeto diamantino que robar, sino en el sentido de la luz que se filtra por los ventanales del museo o de la joyería, esa luz abre el mundo como lugar de ser; imagine la luz intensa que le permite ver sus propias manos, es como la luz del ser, que abre el mundo y que se apropia, se vincula a nosotros abriendo una apertura a la que debemos responder y a la que somos entregados, arrojados.

La luz del ser nos habla pero también lo hace la Muerte, la nada mortífera de la que sin embargo podemos extraer la possibilitas (potencia), en el sentido de la anticipación de la muerte no supone pensar en el fin de nuestra vida sino aceptar que ya no habrá más posibilidades y que por tanto, como afirma el dicho popular, si la muerte es como un ladrón más vale que nos pille haciendo lo que nos gusta, es decir, la muerte y la nada mortífera nos obligan a proyectarnos, a tener un proyecto más allá del mundo pasivo de la producción y el consumo pues si bien es cierto que somos humanos y por tanto creadores, productores, no hay menos verdad en asegurar que el capitalismo nos convierte en engranajes de la maquinaria caníbal que asesina y devora a las personas (aun cuando vemos que éstas siguen pululando por ahí como si hubiera sido zombificadas), pero resulta que somos humanos, no pizas utilizables según las necesidades sistémicas.

Debemos reformular el movimiento de los luditas quienes no se dedicaban a destruir las máquinas porque sí; no querían, no deseaban convertirse en esas piezas desechables de la técnica, se trataba de una lucha por el poder no de odio irracional. El deseo, de nuevo, último grito de lo político. Partidos como Podemos, integrados en el sistema político que legitima la explotación y la muerte por propagación del virus de zombificación, entendieron en su momento que el deseo es la desesperación de lo político en el sentido de que si se iguala lo social a lo político como ocurre hoy en día de forma generalizada, entonces no hay nada de lo político pues lo social no es nada más que mercado y socialización basada en intereses de rentabilización capitalista (capital sexual, cultural, monetario, etc.). Entonces tradujeron los deseos del 15M y los integraron, ya codificados, en el Estado. Dicha integración fue el inicio de su fracaso y del nuestro como revolucionario. Yo lo señalé ya durante mi propuesta para Vistalegre II (2) mientras que otros pensadores como Santiago Alba Rico quisieron ver en la gestión de la crisis estatal en Catalunya ese fracaso podemita lo que supone pasar por alto el inicio repetitivo del devenir-fracaso de la formación Iglesias, Errejón, Monedero, Fernández Liria y otros compañeros que trabajaban y vivían del sueldo del Estado, que aman al Estado queriendo olvidarse que éste es el principal y más importante axioma para que funcione el capitalismo; somos anticapitalistas, dicen, pero aman al capital, éste es su amor secreto (y el nuestro, la diferencia es que nosotros reconocemos que somos unas putas y que el anticapitalismo y las izquierdas han devenido en meras bromas). Dejen de jugar con nosotros, amigos, a ver cuándo se prestan ustedes a un debate filosófico político de altura. No hay más que fijarse en la trayectoria de los dirigentes que hemos mencionado; se pasaban el día ya desde muy chavalines acumulando moneditas de chocolate en las competiciones de clase, del partido, del ligue. Iglesias es, como Ribera, un emprendedor, una putilla de medio pelo que concibe el pensar como una acumulación monetaria. ¿Convertirte en hombre de Estado, Pablo? Tú siempre le has pertenecido a Capital, al Estado, a la competición descarnada carrera atroz trampa adelante; tú, Pablo, no nos vas a decir cómo fugarnos de los imperativos sistémicos porque tú eres el primero que goza con éstos.  Y mientras tanto; produce, produce… o muere.

NOTAS:

  1. Botwin, Anita. (27/1/2018) “El capitalismo no funciona. La vida es otra cosa” [Enlace: http://www.eldiario.es/retrones/capitalismo-funciona-vida-cosa_6_733936615.html]
  2. Atobas, V. (28/12/2016) “Podemos: populismo y deseo” [Enlace http://kaosenlared.net/podemos-deseo-y-populismo]




Más sobre el lanzamiento de “El deseo y la ciudad”

 

 

SINOPSIS:

Capital parece extenderse de una forma casi infinita, como si quisiera ocuparlo todo y no dejar tierra alguna sin conquistar, sin traducir en términos de más y más capital de cualquier tipo. A esta tentativa del sistema responde el deseo como grito último y desesperado de lo político, es un grito para salir del laberinto, la ciudad cerrada como mundo que habitamos cotidianamente, el mundo en que nuestros deseos son capturados y desplazados por parte de las máquinas sociales, registrados por el capital que introduce la carencia, la falta. No se trata tanto de represión como de producción y traducción del deseo. En esa ciudad cerrada hay aperturas, fugas, movimientos y trayectos imprevistos. Revuelta. Gamonal 2014.

DATOS:

Tamaño A5 (148x210mm)

Páginas: 96

Edita y distribuye: Colectivo de Prensa Zoozobra Magazine (NIF: G09566746)

PVP: 7€

Fecha de lanzamiento: Dentro de muy muy poco…

 

Si estás interesado en hacerte con tu ejemplar antes de que salga a la venta, firmado y dedicado por el autor escribe a buzon(arroba)zoozobra.com

 

 

 

 

 

 

 

 




Poliamor y competición

Más que robar, el sistema traduce nuestro deseos. Pero también podríamos pensar el problema del deseo como problema que no es dado, no está ahí esperando que lo interpretemos filosóficamente, sino que es un devenir, un llegar a ser, devenir-atrofia en la mayoría de las ocasiones; ahí está la anhedonia, el abatimiento generalizado sobre todo entre aquellas personas resentidas por la competición sin tregua del mercado al que se enfrentan nada más abandonar sus casas.

¡Puta mierda!

Tú y yo enfrentados quién será capaz de acumular y disfrutar más consumo, más capital con forma de moneditas de chocolate del loro.

Si el problema no es dado, se está produciendo, está transformándose en este momento; lo que sucede en este preciso momento es tan evidente como que vivimos en una época determinada, bajo unas condiciones sociales y económicas concretas. Sin embargo pensamos que el neoliberalismo no afecta a nuestra forma de desear como por ejemplo el reciente debate sobre el poliamor que significa ser lo bastante rentable en todos los sentidos (sexual, erótico, monetario, cultural, social, normativo, etc.) como para entrar en el juego de intercambios sexuales que tiene lugar en las webs de desconocidos que se citan con la esperanza de alcanzar esos cuatro o seis segundos que dura el orgasmo, y después se supone que inician una relación social más profunda en la que lo más importante es maximizar o al menos mantener esa rentabilidad en todos los sentidos pues si dejes de ser rentable ay amigo ya has quedado fuera del circuito de intercambios y más vale que te centres en “mejorar” tus habilidades sociales, culturales o sexuales, más vale que te encierres en la cárcel disimulada del gimnasio y leas los clásicos y te eches cremas y cuides tu aspecto comprando ropa cara y que “representa” (¡este tío tiene pasta!),  porque si no te dejará uno de tus “amores” y luego otro encontrará más rentable a otra pareja sexual o emocional porque ya se cansó de ti, y vuelta otra vez a empezar, esfuérzate, esfuérzate. COMPITE.

El debate sobre el poliamor que se pregunta por si éste es neoliberal cansa bien pronto. Con todo el respeto ¿De qué están hablando, señores y señoras? ¿Se piensan que los lectores somos estúpidos? Es como si nos preguntan si modo de desear es influenciado por nuestra realidad como sujetos que viven en la época del triunfo neoliberal. ¿Es deseo influenciado por la realidad? A ver si el problema es que seguimos pensando éste como la esencia abstracta teorizada por Freud: la líbido, pero el querer es muy real señores, querer más, pero más qué, más parejas sexuales y emocionales o más moneditas de chocolate, acaso la búsqueda de buenos encuentros, de personas que se vinculan con nosotras desde su diferencia.

 

 

 

 

 




Reflexiones de una librera

Trabajar en una librería es un estrés («sí, seguro», dirán algunos que me estén leyendo). La falta de personal hace que termines encargándote de todo: que si las dudas de los clientes, que si contestar al teléfono, que si la caja, que si las devoluciones, que si los cambios de precio, que si salir a recoger los pedidos…tienes que ser un mozo de almacén con una eterna sonrisa en la cara, presentable y que entienda de los productos que vende (que no solamente son libros, claro): todo en uno.

Pero no estoy aquí para quejarme, sino para realizar una exaltación de los libros. Los libros lo son todo en mi vida desde que tengo uso de razón, y ni siquiera la entrada del fascinante mundo digital pudo romper con eso. Si los e-readers no están siguiendo la estela de sus paisanos electrónicos no es por casualidad: nada puede suplir el olor de un libro de papel, una portada vistosa y la satisfacción de llegar a la última página y cerrar el tomo. Pero no: tampoco estoy aquí para criticar los libros digitales.

Exiliada de mi país, como muchos otros, terminé trabajando en una librería por pura casualidad. Y si en España ser un ávido comprador (que no lector) de novelas es algo en peligro de extinción, uno de los placeres que me proporciona mi actual trabajo es ser testigo de cuántas personas compran libros a diario. Será que aquí son mucho más baratos (encuentras cualquier novela a 7-8 libras), que hay muchas ofertas del tipo «compra uno y llévate el segundo a mitad de precio» o que el clima lluvioso acompaña, pero lo cierto es que la gente lee más. Y me refiero a gente de todas las edades, no solo a la típica abuela que viene los domingos a llevarse el periódico y de paso se pilla la oferta de la semana con el cupón que viene en la contraportada: me refiero a niños de 8-10 años que compran compulsivamente series de autores infantiles como Rick Riordan, Robert Muchamore, Michael Morpurgo, y a jovencitas (uy, ¿he dicho esa palabra? Ya me estoy haciendo mayor) que rastrean las estanterías en busca de las recomendaciones de Zoe Sugg (una célebre bloguera británica) y se llevan novelas que no solo versan sobre los primeros amores juveniles, sino también de temas más peliagudos como el suicidio, las sectas o el acoso escolar. Tenemos a las (y LOS, que también los hay) fieles lectoras que se llevan sus tomos semanales de Mills & Boon (la «Harlequín» británica), hombres que leen todo lo que publica James Patterson y gente de mediana edad que busca respuesta a los enigmas de la existencia en las obras de Yuval Noah Harari. Los hay que compran un libro; otros se emocionan y se llevan directamente tres. Y sí, la sección digital (de la que también me encargo) sigue triunfando con sus productos de última generación y sus auriculares sin cable (no digo wireless para no incurrir en más anglicismos), pero no es la prioridad absoluta, y eso es algo que me enorgullece, porque me hace ver que la gente no ha olvidado la lectura: que si parece que hay menos lectores no es porque los videojuegos o el cine hayan tomado posesión de nuestros sentidos y nuestro cerebro, en su comodidad, haya perdido el gusto por imaginar personajes o situaciones a partir de descripciones. Tal vez se deba, simplemente, a que los precios son más competentes. Y así ganan todos: clientes, escritores y editoriales.

Pero no: éste tampoco es un artículo para criticar a España, sino para señalar algo que me toca de cerca. Ojalá que «los que mandan» se apliquen el cuento.




Preparando un nuevo libro

 

Desde Zoozobra Magazine estamos preparando el lanzamiento de un nuevo libro que trata de explicar las condiciones en que triunfa una protesta social a partir de una óptica muy diferente a la de la ideología, los intereses o las clases sociales. Se trata de un pequeño ensayo de Víctor Atobas que viaja hasta la revuelta de Gamonal que enfrentó un intento de gentrificación de dicho barrio en 2014 y que supone un estudio de caso bastante claro a la hora de indagar en la búsqueda de nuevas perspectivas que no caigan en los consabidos tópicos. El autor ha querido mejorar el texto y ampliarlo en una nueva edición que lanzará Zoozobra Magazine en formato digital.




Guerrilla cultural

En diciembre se cumplirán 3 años desde que comenzamos a editar Zoozobra Magazine. Muchas veces nos hemos desanimado al preguntarnos por qué seguir con este modesto proyecto cuando echamos horas y horas de trabajo y no es que no cobremos nada, sino que incluso perdemos dinero. Los lectores escaseáis, son malos tiempos para la lectura. No queremos pasarnos la vida en Facebook para conseguir más me gusta, intentamos no vivir a través de la pantalla (a este respecto, recomendamos el poema “La nave conquistadora”, que sale este número 40). Tan sólo queremos expresarnos con total libertad y darnos el gusto de mentarle la madre a esa gente que nos jode, que decide sobre nuestras vidas, esos hijueputas dizque políticos. También buscar el encuentro y el debate de ideas y, por qué no, la difusión de nuestras obras.

En Zoozobra Magazine han colaborado hasta ahora más de un centenar de autores y autoras de habla hispana, provenientes de distintos lugares del mundo, y saben que tal y como nos envíen el texto, así aparecerá publicado. Pues la libertad es total en ese sentido.

Por periodos, la página web ha estado inactiva. Han sido los momentos de mayor desánimo, sobre todo después de que intentáramos financiarnos mediante una campaña de micromecenazgo colectivo. Sin éxito. Pero estas expresiones, estos deseos que saturan todos y cada uno de los números de la revista, no tienen precio, no se pueden medir con la vara áurea. Por esto queremos seguir con el proyecto de Zoozobra Magazine y nos gustaría mucho que te animaras a colaborar [Enlace] . Nadie dijo que la guerrilla cultural fuera fácil.

Colectivo de Prensa Zoozobra Magazine

 

 

guerrilla cultura, III Aniversari Zoozobra Magazine, Zoozobra, zoozobra, revista, cultural, poemas, relatos, artículos, opinión, colabora, participa,

 




El problema del cuerpo. Invitación al debate con Santiago Alba Rico

 

Santiago Alba Rico piensa en su ensayo “Ser o no ser (un cuerpo)” (Seix Barral), el problema del cuerpo. Aquí nos gustaría invitar, con sumo goce, a nuestro admirado pensador a que debatiera con nosotros sobre dicho problema, por supuesto, no con la pretensión de polemizar con él, sino de aprender de (o con) él. Nos referiremos, en concreto, a la respuesta que el filósofo español dio a una de las preguntas contenidas en la entrevista que le hicimos desde Zoozobra Magazine. A la pregunta: ¿Cómo concibes la relación entre el cuerpo y la identidad personal y sexual?, Alba Rico respondió:

Durante siglos los tres factores -cuerpo, identidad personal, identidad sexual- han venido en el mismo paquete, como “datos” incuestionables; y cualquier desajuste era considerado “disonancia” y por lo tanto anomalía y monstruosidad. Uno recibía con el cuerpo un sexo y, al mismo tiempo, si se quiere, un carnet de identidad en el que figuraban, como datos incuestionables, el sexo mismo, la nacionalidad, el estado civil, la religión. Hoy ese “carnet de identidad” ha sido sustituido por un teléfono móvil que implica, de entrada, un desanclaje de todas las relaciones identitarias en relación con el cuerpo. Esto tiene una parte positiva y otra negativa. La positiva es que ya no hay “monstruos”. La negativa es que resulta cada vez más difícil distinguir entre los datos -lo que nos viene dado- y los caprichos -lo que podemos escoger al albur de nuestros deseos más volátiles. El cuerpo, ¿es un dato o un capricho? El mercado es radicalmente “constructivista”: no admite ni estabilidades ni fidelidades. Su lema es: sé como gustes. Convierte el gusto personal -en realidad estandarizado y aguijoneado desde fuera- en el único criterio de intervención […] Concluía la respuesta con una reivindicación: Hay una defensa de los datos -de lo ya dado- frente a la plasticidad sin límites del mercado que me parece fundamental reivindicar.

El filósofo parte de la convicción de que nos roban el cuerpo, de que debido a la plasticidad del mercado, del tiempo de trabajo y la mediación de las nuevas tecnologías, utilizadas para aumentar el grado de control sobre la sociedad, no tenemos sino la imagen de un cuerpo. Es la fantasía del cuerpo orgánico rechazada por Lyotard, que Alba Rico, en otro sentido, también denuncia. Para este último, el control que hacemos de nuestros cuerpos, por ejemplo en el gimnasio, se entiende por nuestro deseo de ofrecer esa imagen corporal en las redes sociales.

Pero nosotros resaltaríamos que el punto de partida de que nos han robado el cuerpo es negativo, y ante lo negativo se abren distintas alternativas: o no nos han robado el cuerpo como afirma Alba Rico, o sí que nos lo han robado y entones ya hay algo negativo en el ser. Sin embargo, no existe la alternativa de no tener cuerpo, el poder ha tomado a éste a su cargo pero nosotros somos los que entramos en la lucha, en la batalla por resistirnos y seguir la línea de fuga. Es decir, la negación es ilusoria, puesto que los problemas no son negativos, sino productivos. Cuando Alba Rico afirma que nos han robado el cuerpo, que no tenemos sino la imagen del cuerpo. ¿Acaso no está llevando lo negativo al ser? ¿La contradicción entre no poder negar que tenemos cuerpo, que nos agenciamos a otros cuerpos o a otras máquinas, y afirmar que nos lo han robado, acaso no supone la ilusión proyectada por el problema? Tenemos cuerpo, aunque sea sin órganos, como los esquizofrénicos; somos deleuzianos en esto. Y no nos han robado el cuerpo como tal, sino que el poder político trata de disciplinarlo y controlarlo. Un ejemplo de esto último son las condiciones sociales y económicas del siglo XVII y XVIII, que dieron lugar a ciertos juegos de saber y de poder, que hicieron posible la emergencia del cuerpo del loco, encerrado en la institución del manicomio. Quizás podría pensarse que el filósofo español introduce las formas de lo negativo en las relaciones reales y actuales de nuestros cuerpos, porque ha separado éstas de la virtualidad de la transición que vivimos, es decir, del paso de la sociedad disciplinaria donde los cuerpos eran encerrados en espacios de socialización carcelaria como las fábricas, las oficinas, los manicomios, los hospitales, entre otros, a una sociedad de control donde dichos espacios no son tan necesarios para el poder, puesto que éste ha producido (y el capital ha traducido) el deseo de controlar nuestros cuerpos al máximo. Hablamos de afirmación, producción, no de pérdida ni negación.

En la respuesta reproducida antes, pensando el problema del cuerpo, Alba Rico se pregunta: ¿El cuerpo es un dato o un capricho? Siguiendo a Deleuze diremos que los problemas no son datos, no están dados. La hipótesis del filósofo español plantea que nuestros cuerpos vienen dados y que luego las tecnologías del poder nos los roban, impiden que éstos se manifiesten salvo en las fronteras, en los campos de refugiados, en los inmigrantes golpeados en los CIES. Pero al convertir el problema en una hipótesis, se corre el peligro de que cada afirmación hipotética tenga su doble en una negación. Esto es: si nos han robado el cuerpo, entonces no tenemos cuerpo. Ante dicho peligro, Deleuze propone la acepción productiva del problema y vigilar cómo el éste tiende hacia la ilusión de lo negativo, propuestas que ya hemos comentado antes, además de la ruptura de la complicidad entre lo negativo y la hipotético, en beneficio de la relación entre el problema y la diferencia.

Concluyendo, la insistencia de las preguntas no se expresa bajo la forma del ¿Por qué? (¿Por qué vivimos nuestro cuerpo como un problema?), sino ¿Qué diferencia hay? ¿Cómo podemos hacer la diferencia, es decir, aquello que crea cuerpos diversos, atravesados por el deseo molecular que tiende a insistir y a deshacer la sociedad de control que persiste? Hacer la diferencia significa repetir el diferenciante, lo dispar, el objeto causa del deseo (el objeto =a lacaniano), o dicho de otra forma: vincular lo diferente con lo diferente. No buscar el cuerpo perdido o robado, sino elevar el deseo a la enésima potencia.

problema, cuerpo, corporal, deseo, debate, con, Santago Alba Rico, Víctor Atobas



Piedra Papel publica “Autoridad y culpa”, de Víctor Atobas

 

La editorial jienense Piedra Papel Libros publicará durante este mes de febrero el ensayo “Autoridad y culpa”, un ensayo que surge de la necesidad de superar la obsesión por aquello que nos acosa en nuestras vidas: el poder. Partiendo de un análisis del mismo que toma como marco de referencia la obra de Michel Foucault, Víctor Atobas pretende restituir con este texto una mirada sobre el poder que reconozca su multidireccionalidad, afirmando su carácter relacional y desechando aquellas concepciones simplificadoras que niegan la posibilidad de resistencia o identifican poder con dominio.

El diseño gráfico es obra de Sara Barreiro.

PUEDES RESERVAR EL LIBRO AQUÍ




Verstrynge y el peligro de las consignas fascistas

Fotografía por Bárbara Boyero

  • Aquí alertamos de los peligros que conllevan las consignas fascistas que personas como él profieren en los medios de comunicación, llegando así a millones de personas
  • La cultura dominante y el capital traducen nuestro deseo de seguridad, introduciendo la inseguridad que, en relación a las máquinas sociales, al sistema económico y político de producción, se transforma en la intencionalidad del triunfo de la extrema derecha

Hace más de cuarenta que los filósofos, los politólogos o los psicoanalistas vienen alertando de un fascismo generalizado; no un fascismo tal y como lo entiende Verstrynge, es decir con un movimiento social con funciones arcaizantes, sino una serie de microfascismos, de generales suscitados dentro de nosotros mismos que nos llevarían a desear la muerte del otro (el otro inmigrante, mujer, judío, negro, comunista, anarquista, un otro siempre minoritario), y también nuestra propia muerte.

Nosotros vivimos la transición desde la sociedad disciplinaria, que Foucault teorizó con genialidad, hasta una sociedad de control. Esta última formula una política de macroseguridad que necesita de todo un conjunto de pequeñas inseguridades; qué mayor control que el miedo. De esta forma, las poblaciones, y nos referiremos aquí a las sociedades europeas, no sólo han transigido con la pérdida de derechos, sino que, en ocasiones, han llegado a desear ésta. Guattari decía: “Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión(1).

¿Cómo resulta manipulado el deseo? Para responder esta pregunta, proporcionaremos algunas aclaraciones sobre la economía deseante de Deleuze y Guattari. El ser es el deseo y lo social. La producción deseante inconsciente es igual a la producción social en unas condiciones históricas determinadas. El deseo es producido por las máquinas deseantes, luego resulta traducido por el capital, que introduce la carencia, y finalmente pasa a las máquinas sociales, donde el deseo alcanza su intencionalidad. Señalaremos también que el deseo se vincula siempre a lo social, pero este tipo de vinculaciones, cargas en terminología psicoanalítica, han de diferenciarse, según Deleuze y Guattari, en dos tipos que no se oponen entre sí sino que se articulan. El tipo: vinculación preconsciente de interés, que remite a las grandes agrupaciones, a los conjuntos extensivos como, por ejemplo, las instituciones. Otro tipo: la vinculación inconsciente, que remite a los movimientos íntimos, moleculares, intensivos, del deseo. Para explicar esto recurriremos a la figura de Verstrynge, quien ha lanzado consignas fascistas durante diversas apariciones en los medios de comunicación, relacionando a los refugiados y los migrantes con las vocaciones totalitarias de la religión, en especial del islam. A nivel preconsciente o consciente, Verstrynge se manifiesta a favor de las clases trabajadoras o populares, pero a nivel inconsciente la vinculación de su deseo puede no ser revolucionaria, progresista o como se la quiera llamar.

De todas formas, no podemos saber si este señor ha realizado una vinculación del deseo reaccionaria a nivel inconsciente y que, por tanto, éste tienda a las identificaciones edípicas, reforzando la máquina paranoica o resultando permeable a la máquina represiva. Pues el inconsciente no es representativo, sino productivo, maquínico. No podemos realizar el esquizoanálisis propuesto por Deleuze y Guattari, y del que tomamos los conceptos aquí operados, con el señor Verstrynge. Aquí alertamos de los peligros que conllevan las consignas fascistas que personas como él profieren en los medios de comunicación, llegando así a millones de personas.

Pues la función de los medios de comunicación no es informar, ni comunicar, sino ordenar, generar creencias y producir deseo. La función del lenguaje, en última instancia, es poner signos. El fascismo es deseo de muerte, triunfo de Thánatos, aniquilación de la fuerza de amar.  La consigna trae la muerte, dado que al poner signos realiza una trasformación incorporal (ejemplo: el signo de “inmigrante ilegal” o, con Verstrynge, los “migrantes totalitarios”), pero después vendrá un cambio corporal, el apresamiento en los CIES, las vallas. Pero lo importante es saber a qué otros signos remite el signo “migrantes totalitarios”; uno de estos signos es la inseguridad, la supuesta vulnerabilidad de las sociedades europeas ante el peligro de resultar totalizadas por los flujos migratorios. En repetidas ocasiones, Verstrynge ha alimentado esa inseguridad que hace que deseemos la macropolítica de la seguridad, es decir, el control ubicuo de nuestra existencia, el campo donde germina el fascismo.

La consigna tiene, según Deleuze y Guattari, dos tonos. Uno ya lo hemos comentado, la muerte. El signo que nos pone otro, puede conducir a la obstrucción de nuestro deseo, al peligro de resultar muerto si no obedecemos o, y esto nos interesa en especial, a interiorizar la muerte y a propagarla. El otro tono de la consigna es la fuga, la posibilidad de librarse de la sentencia de muerte que aquella supone. La cultura dominante y el capital traducen nuestro deseo de seguridad, introduciendo la inseguridad que, en relación a las máquinas sociales, al sistema económico y político de producción, se transforma en la intencionalidad del triunfo de la extrema derecha. De modo que el deseo puede llevar al Elíseo, dentro de poco, a Le Pen. Aquí en España, Podemos, siguiendo la estela de los antiguos partidos socialdemócratas, trata de traducir de otra forma los deseos de seguridad: seguridad en el trabajo, en la vivienda, en la sanidad y la educación públicas. En definitiva, seguridad como Estado del Bienestar. Esta es el arma antifascista de Podemos; no tratar de seguir la línea de fuga de “no nos representan” del 15M, que quizás hubiera conducido al fin de la democracia representativa, o quizás a la derrota más absoluta, sino traducir el deseo de seguridad para que no lo hiciera la extrema derecha. Por eso sorprende tanto que alguien vinculado a Podemos, como Verstrynge, haga gala de su imprudencia lanzando consignas fascistas.

NOTAS:

  1. Catherine Backes-Clément (1972). “El Anti-Edipo: entrevista a Gilles Deleuze y Felix Guattari”. L’Arc, n.º 49.

 




Poliamor y competitividad

Más que robar, el sistema traduce nuestro deseos. Pero también podríamos pensar el problema del deseo como problema que no es dado, no está ahí esperando que lo interpretemos filosóficamente, sino que es un devenir, un llegar a ser, devenir-atrofia en la mayoría de las ocasiones; ahí está la anhedonia, el abatimiento generalizado sobre todo entre aquellas personas resentidas por la competición sin tregua del mercado al que se enfrentan nada más abandonar sus casas.

¡Puta mierda!

Tú y yo enfrentados quién será capaz de acumular y disfrutar más consumo, más capital con forma de moneditas de chocolate del loro.

Si el problema no es dado, se está produciendo, está transformándose en este momento; lo que sucede en este preciso momento es tan evidente como que vivimos en una época determinada, bajo unas condiciones sociales y económicas concretas. Sin embargo pensamos que el neoliberalismo no afecta a nuestra forma de desear como por ejemplo el reciente debate sobre el poliamor que significa ser lo bastante rentable en todos los sentidos (sexual, erótico, monetario, cultural, social, normativo, etc.) como para entrar en el juego de intercambios sexuales que tiene lugar en las webs de desconocidos que se citan con la esperanza de alcanzar esos cuatro o seis segundos que dura el orgasmo, y después se supone que inician una relación social más profunda en la que lo más importante es maximizar o al menos mantener esa rentabilidad en todos los sentidos pues si dejes de ser rentable ay amigo ya has quedado fuera del circuito de intercambios y más vale que te centres en “mejorar” tus habilidades sociales, culturales o sexuales, más vale que te encierres en la cárcel disimulada del gimnasio y leas los clásicos y te eches cremas y cuides tu aspecto comprando ropa cara y que “representa” (¡este tío tiene pasta!),  porque si no te dejará uno de tus “amores” y luego otro encontrará más rentable a otra pareja sexual o emocional porque ya se cansó de ti, y vuelta otra vez a empezar, esfuérzate, esfuérzate. COMPITE.

El debate sobre el poliamor que se pregunta por si éste es neoliberal cansa bien pronto. Con todo el respeto ¿De qué están hablando, señores y señoras? ¿Se piensan que los lectores somos estúpidos? Es como si nos preguntan si modo de desear es influenciado por nuestra realidad como sujetos que viven en la época del triunfo neoliberal. ¿Es deseo influenciado por la realidad? A ver si el problema es que seguimos pensando éste como la esencia abstracta teorizada por Freud: la líbido, pero el querer es muy real señores, querer más, pero más qué, más parejas sexuales y emocionales o más moneditas de chocolate, acaso la búsqueda de buenos encuentros, de personas que se vinculan con nosotras desde su diferencia.