El problema del cuerpo. Invitación al debate con Santiago Alba Rico

 

Santiago Alba Rico piensa en su ensayo “Ser o no ser (un cuerpo)” (Seix Barral), el problema del cuerpo. Aquí nos gustaría invitar, con sumo goce, a nuestro admirado pensador a que debatiera con nosotros sobre dicho problema, por supuesto, no con la pretensión de polemizar con él, sino de aprender de (o con) él. Nos referiremos, en concreto, a la respuesta que el filósofo español dio a una de las preguntas contenidas en la entrevista que le hicimos desde Zoozobra Magazine. A la pregunta: ¿Cómo concibes la relación entre el cuerpo y la identidad personal y sexual?, Alba Rico respondió:

Durante siglos los tres factores -cuerpo, identidad personal, identidad sexual- han venido en el mismo paquete, como “datos” incuestionables; y cualquier desajuste era considerado “disonancia” y por lo tanto anomalía y monstruosidad. Uno recibía con el cuerpo un sexo y, al mismo tiempo, si se quiere, un carnet de identidad en el que figuraban, como datos incuestionables, el sexo mismo, la nacionalidad, el estado civil, la religión. Hoy ese “carnet de identidad” ha sido sustituido por un teléfono móvil que implica, de entrada, un desanclaje de todas las relaciones identitarias en relación con el cuerpo. Esto tiene una parte positiva y otra negativa. La positiva es que ya no hay “monstruos”. La negativa es que resulta cada vez más difícil distinguir entre los datos -lo que nos viene dado- y los caprichos -lo que podemos escoger al albur de nuestros deseos más volátiles. El cuerpo, ¿es un dato o un capricho? El mercado es radicalmente “constructivista”: no admite ni estabilidades ni fidelidades. Su lema es: sé como gustes. Convierte el gusto personal -en realidad estandarizado y aguijoneado desde fuera- en el único criterio de intervención […] Concluía la respuesta con una reivindicación: Hay una defensa de los datos -de lo ya dado- frente a la plasticidad sin límites del mercado que me parece fundamental reivindicar.

El filósofo parte de la convicción de que nos roban el cuerpo, de que debido a la plasticidad del mercado, del tiempo de trabajo y la mediación de las nuevas tecnologías, utilizadas para aumentar el grado de control sobre la sociedad, no tenemos sino la imagen de un cuerpo. Es la fantasía del cuerpo orgánico rechazada por Lyotard, que Alba Rico, en otro sentido, también denuncia. Para este último, el control que hacemos de nuestros cuerpos, por ejemplo en el gimnasio, se entiende por nuestro deseo de ofrecer esa imagen corporal en las redes sociales.

Pero nosotros resaltaríamos que el punto de partida de que nos han robado el cuerpo es negativo, y ante lo negativo se abren distintas alternativas: o no nos han robado el cuerpo como afirma Alba Rico, o sí que nos lo han robado y entones ya hay algo negativo en el ser. Sin embargo, no existe la alternativa de no tener cuerpo, el poder ha tomado a éste a su cargo pero nosotros somos los que entramos en la lucha, en la batalla por resistirnos y seguir la línea de fuga. Es decir, la negación es ilusoria, puesto que los problemas no son negativos, sino productivos. Cuando Alba Rico afirma que nos han robado el cuerpo, que no tenemos sino la imagen del cuerpo. ¿Acaso no está llevando lo negativo al ser? ¿La contradicción entre no poder negar que tenemos cuerpo, que nos agenciamos a otros cuerpos o a otras máquinas, y afirmar que nos lo han robado, acaso no supone la ilusión proyectada por el problema? Tenemos cuerpo, aunque sea sin órganos, como los esquizofrénicos; somos deleuzianos en esto. Y no nos han robado el cuerpo como tal, sino que el poder político trata de disciplinarlo y controlarlo. Un ejemplo de esto último son las condiciones sociales y económicas del siglo XVII y XVIII, que dieron lugar a ciertos juegos de saber y de poder, que hicieron posible la emergencia del cuerpo del loco, encerrado en la institución del manicomio. Quizás podría pensarse que el filósofo español introduce las formas de lo negativo en las relaciones reales y actuales de nuestros cuerpos, porque ha separado éstas de la virtualidad de la transición que vivimos, es decir, del paso de la sociedad disciplinaria donde los cuerpos eran encerrados en espacios de socialización carcelaria como las fábricas, las oficinas, los manicomios, los hospitales, entre otros, a una sociedad de control donde dichos espacios no son tan necesarios para el poder, puesto que éste ha producido (y el capital ha traducido) el deseo de controlar nuestros cuerpos al máximo. Hablamos de afirmación, producción, no de pérdida ni negación.

En la respuesta reproducida antes, pensando el problema del cuerpo, Alba Rico se pregunta: ¿El cuerpo es un dato o un capricho? Siguiendo a Deleuze diremos que los problemas no son datos, no están dados. La hipótesis del filósofo español plantea que nuestros cuerpos vienen dados y que luego las tecnologías del poder nos los roban, impiden que éstos se manifiesten salvo en las fronteras, en los campos de refugiados, en los inmigrantes golpeados en los CIES. Pero al convertir el problema en una hipótesis, se corre el peligro de que cada afirmación hipotética tenga su doble en una negación. Esto es: si nos han robado el cuerpo, entonces no tenemos cuerpo. Ante dicho peligro, Deleuze propone la acepción productiva del problema y vigilar cómo el éste tiende hacia la ilusión de lo negativo, propuestas que ya hemos comentado antes, además de la ruptura de la complicidad entre lo negativo y la hipotético, en beneficio de la relación entre el problema y la diferencia.

Concluyendo, la insistencia de las preguntas no se expresa bajo la forma del ¿Por qué? (¿Por qué vivimos nuestro cuerpo como un problema?), sino ¿Qué diferencia hay? ¿Cómo podemos hacer la diferencia, es decir, aquello que crea cuerpos diversos, atravesados por el deseo molecular que tiende a insistir y a deshacer la sociedad de control que persiste? Hacer la diferencia significa repetir el diferenciante, lo dispar, el objeto causa del deseo (el objeto =a lacaniano), o dicho de otra forma: vincular lo diferente con lo diferente. No buscar el cuerpo perdido o robado, sino elevar el deseo a la enésima potencia.

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Piedra Papel publica “Autoridad y culpa”, de Víctor Atobas

 

La editorial jienense Piedra Papel Libros publicará durante este mes de febrero el ensayo “Autoridad y culpa”, un ensayo que surge de la necesidad de superar la obsesión por aquello que nos acosa en nuestras vidas: el poder. Partiendo de un análisis del mismo que toma como marco de referencia la obra de Michel Foucault, Víctor Atobas pretende restituir con este texto una mirada sobre el poder que reconozca su multidireccionalidad, afirmando su carácter relacional y desechando aquellas concepciones simplificadoras que niegan la posibilidad de resistencia o identifican poder con dominio.

El diseño gráfico es obra de Sara Barreiro.

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Verstrynge y el peligro de las consignas fascistas

Fotografía por Bárbara Boyero

  • Aquí alertamos de los peligros que conllevan las consignas fascistas que personas como él profieren en los medios de comunicación, llegando así a millones de personas
  • La cultura dominante y el capital traducen nuestro deseo de seguridad, introduciendo la inseguridad que, en relación a las máquinas sociales, al sistema económico y político de producción, se transforma en la intencionalidad del triunfo de la extrema derecha

Hace más de cuarenta que los filósofos, los politólogos o los psicoanalistas vienen alertando de un fascismo generalizado; no un fascismo tal y como lo entiende Verstrynge, es decir con un movimiento social con funciones arcaizantes, sino una serie de microfascismos, de generales suscitados dentro de nosotros mismos que nos llevarían a desear la muerte del otro (el otro inmigrante, mujer, judío, negro, comunista, anarquista, un otro siempre minoritario), y también nuestra propia muerte.

Nosotros vivimos la transición desde la sociedad disciplinaria, que Foucault teorizó con genialidad, hasta una sociedad de control. Esta última formula una política de macroseguridad que necesita de todo un conjunto de pequeñas inseguridades; qué mayor control que el miedo. De esta forma, las poblaciones, y nos referiremos aquí a las sociedades europeas, no sólo han transigido con la pérdida de derechos, sino que, en ocasiones, han llegado a desear ésta. Guattari decía: “Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión(1).

¿Cómo resulta manipulado el deseo? Para responder esta pregunta, proporcionaremos algunas aclaraciones sobre la economía deseante de Deleuze y Guattari. El ser es el deseo y lo social. La producción deseante inconsciente es igual a la producción social en unas condiciones históricas determinadas. El deseo es producido por las máquinas deseantes, luego resulta traducido por el capital, que introduce la carencia, y finalmente pasa a las máquinas sociales, donde el deseo alcanza su intencionalidad. Señalaremos también que el deseo se vincula siempre a lo social, pero este tipo de vinculaciones, cargas en terminología psicoanalítica, han de diferenciarse, según Deleuze y Guattari, en dos tipos que no se oponen entre sí sino que se articulan. El tipo: vinculación preconsciente de interés, que remite a las grandes agrupaciones, a los conjuntos extensivos como, por ejemplo, las instituciones. Otro tipo: la vinculación inconsciente, que remite a los movimientos íntimos, moleculares, intensivos, del deseo. Para explicar esto recurriremos a la figura de Verstrynge, quien ha lanzado consignas fascistas durante diversas apariciones en los medios de comunicación, relacionando a los refugiados y los migrantes con las vocaciones totalitarias de la religión, en especial del islam. A nivel preconsciente o consciente, Verstrynge se manifiesta a favor de las clases trabajadoras o populares, pero a nivel inconsciente la vinculación de su deseo puede no ser revolucionaria, progresista o como se la quiera llamar.

De todas formas, no podemos saber si este señor ha realizado una vinculación del deseo reaccionaria a nivel inconsciente y que, por tanto, éste tienda a las identificaciones edípicas, reforzando la máquina paranoica o resultando permeable a la máquina represiva. Pues el inconsciente no es representativo, sino productivo, maquínico. No podemos realizar el esquizoanálisis propuesto por Deleuze y Guattari, y del que tomamos los conceptos aquí operados, con el señor Verstrynge. Aquí alertamos de los peligros que conllevan las consignas fascistas que personas como él profieren en los medios de comunicación, llegando así a millones de personas.

Pues la función de los medios de comunicación no es informar, ni comunicar, sino ordenar, generar creencias y producir deseo. La función del lenguaje, en última instancia, es poner signos. El fascismo es deseo de muerte, triunfo de Thánatos, aniquilación de la fuerza de amar.  La consigna trae la muerte, dado que al poner signos realiza una trasformación incorporal (ejemplo: el signo de “inmigrante ilegal” o, con Verstrynge, los “migrantes totalitarios”), pero después vendrá un cambio corporal, el apresamiento en los CIES, las vallas. Pero lo importante es saber a qué otros signos remite el signo “migrantes totalitarios”; uno de estos signos es la inseguridad, la supuesta vulnerabilidad de las sociedades europeas ante el peligro de resultar totalizadas por los flujos migratorios. En repetidas ocasiones, Verstrynge ha alimentado esa inseguridad que hace que deseemos la macropolítica de la seguridad, es decir, el control ubicuo de nuestra existencia, el campo donde germina el fascismo.

La consigna tiene, según Deleuze y Guattari, dos tonos. Uno ya lo hemos comentado, la muerte. El signo que nos pone otro, puede conducir a la obstrucción de nuestro deseo, al peligro de resultar muerto si no obedecemos o, y esto nos interesa en especial, a interiorizar la muerte y a propagarla. El otro tono de la consigna es la fuga, la posibilidad de librarse de la sentencia de muerte que aquella supone. La cultura dominante y el capital traducen nuestro deseo de seguridad, introduciendo la inseguridad que, en relación a las máquinas sociales, al sistema económico y político de producción, se transforma en la intencionalidad del triunfo de la extrema derecha. De modo que el deseo puede llevar al Elíseo, dentro de poco, a Le Pen. Aquí en España, Podemos, siguiendo la estela de los antiguos partidos socialdemócratas, trata de traducir de otra forma los deseos de seguridad: seguridad en el trabajo, en la vivienda, en la sanidad y la educación públicas. En definitiva, seguridad como Estado del Bienestar. Esta es el arma antifascista de Podemos; no tratar de seguir la línea de fuga de “no nos representan” del 15M, que quizás hubiera conducido al fin de la democracia representativa, o quizás a la derrota más absoluta, sino traducir el deseo de seguridad para que no lo hiciera la extrema derecha. Por eso sorprende tanto que alguien vinculado a Podemos, como Verstrynge, haga gala de su imprudencia lanzando consignas fascistas.

NOTAS:

  1. Catherine Backes-Clément (1972). “El Anti-Edipo: entrevista a Gilles Deleuze y Felix Guattari”. L’Arc, n.º 49.

 




Podemos: Deseo y populismo

• “Las ideas que hemos propuesto para Vistalegre II iban en el sentido de flexibilizar la relación entre la dirección del partido y los flujos deseantes de las bases, para que sean éstas quienes insistan, desplacen y produzcan a Podemos”.
• “Ocurre que el significado “pueblo” sólo existe en relación al significante y, por tanto, no es más que redundancia, ecos en el interior del lenguaje”.

I. Entre las instituciones y el deseo: Una propuesta para Vistalegre II.

Muy hábiles fueron los dirigentes de Podemos. Sus análisis del 15M, y de los flujos deseantes que se produjeron entonces, les permitieron irrumpir con fuerza y cambiar el sistema partidista. Extrajeron las singularidades del filum (filo) maquínico, de ese flujo-materia que devenía durante las protestas. Estratificaron dichas singularidades, haciendo oscilar el agenciamiento del deseo hasta una articulación molar, o de las grandes agrupaciones institucionales o partidistas, que produjo “fenómenos de centrado, unificación, totalización, integración, jerarquización, finalización, [y] que formaban una sobrecodificación” (1). De ahí Vistalegre I, la centralización y la jerarquización de la organización, la unificación del mando en la cúpula intelectual madrileña, el dominio de la representación frente al dominio de la producción deseante, o la integración de Podemos en el sistema partidista. Todo esto supone la sobretraducción de los deseos, de los enunciados colectivos expresados durante el ciclo de acción colectiva del 15M.

La idea que planteamos es la siguiente: Podemos habría traducido los deseos colectivos del 15M, imponiendo el dominio molar de las representaciones sobre los deseos moleculares que fluían durante dichas movilizaciones, con que el momento actual sólo puede entenderse como una re-presentación parlamentaria del conflicto social. Este dominio se ha impuesto gracias a la citada codificación, traducción, operada por Podemos. Según Deleuze y Guattari “un código puede ser de deterritorialización” (2). El código institucional y estatal de Podemos supuso una desterritorialización, por lo que la máquina de movilización dejó de producir. El 15M murió porque perdió su agenciamiento deseante, su línea de fuga, que proporcionaba al deseo un papel motor que conducía a nuevas tierras que nada tenían que ver con las instituciones o el Estado. La lógica rizomática de las asambleas del 15M, los movimientos íntimos de los manifestantes, eran pequeñas multiplicidades libidinales, inconscientes, moleculares e intensivas, que se distinguían y entraban en conflicto con los grandes conjuntos extensivos, partidistas, molares, unificados, totalizados, organizados, conscientes o preconscientes, como sería el caso de Podemos.

Pero las multiplicidades rizomáticas y moleculares no se oponen a los grandes conjuntos, no son un dualismo. Por una parte, los deseos moleculares resultan segmentarizados, cortados por las líneas duras de partido o de sistema partidista. Por otra, en los grandes conjuntos como Podemos siempre hay flujos deseantes y flexibles que van deshaciendo dichos segmentos y líneas duras; por ejemplo, los pequeños movimientos de los círculos, antes de Vistalegre I. Se trata de una articulación, de una red que se va transformando a cada rato. Ese fue el momento populista de Podemos, cuando los círculos, antes de ser estratificados, jerarquizados, unificados y reglamentados, desbordaron la forma partido, o, con Deleuze, el árbol-partido (3).

Los compañeros de Podemos suelen aducir que Vistalegre I, por pura necesidad, debía imprimir la arborescencia: es decir, un tronco unificado, común, poderoso, extensivo, es decir, la dirección central del partido, y las ramas que surgirían de allí, no sólo las direcciones regionales sino la implementación de políticas, de campañas, discursos y prácticas. Pero estos argumentos olvidan que los deseos no derivan de las necesidades, sino lo contrario: las necesidades derivan de los deseos. Muy pronto quiso la dirección de Podemos controlar, y por tanto obstruir, los movimientos que desbordaban la forma partido. Se trataba de que querían hacerlo, no de que fuera necesario imprimir una arborescencia al movimiento. Quizás haya sido este un garrafal error de la dirección podemita. La ley de hierro de Michels ya opera, surgen las facciones, la lógica oposicional y la competencia por las parcelas de poder interno. En definitiva, llegan las prácticas de la casta. La lógica estatal infiltra las relaciones internas, mientras que en el exterior la máquina de movilización ha perdido el agenciamiento deseante que la constituía. Aquí observamos al aparato de captura del Estado, creando impotencia entre la gente que habíamos deseado, durante el 15M, una nueva tierra. Ese es el triunfo del poder durante estos últimos años: crear impotencia, desplazar al deseo hacia el dominio de la re-presentación parlamentaria, para así reprimirlo mejor.

Cuando se demuestre que la vida de la gente no se cambia desde las instituciones estatales, al menos bajo las condiciones actuales de éstas, la impotencia será tan grande que puede hacer oscilar el deseo hacia una carga (4) preconsciente de interés reaccionario, que reforzaría el polo panoico del inconsciente, sus temores, identificaciones edípicas y asesinas. Es en el momento en que lo molar, en que los grandes conjuntos infiltran los pequeños movimientos moleculares del inconsciente, en que éstos retroalimentan a su vez a las multiplicidades molares, cuando la articulación adquiere una velocidad que lleva al totalitarismo; ese es el momento en que triunfa el fascismo, cuando no sólo se desea la muerte del otro, sino también la propia muerte. El triunfo de Thánatos es el triunfo del fascismo.

Otra objeción que puede ponerse a las ideas que aquí plantemos, consiste en afirmar que los movimientos populares materializan sus conquistas en las instituciones. Es decir, que los flujos moleculares de deseo se encarnan en las agrupaciones molares. Esto es cierto. Suele ocurrir que a las revoluciones o a los movimientos sociales, les siguen grandes conjuntos; la estratificación de la revolución soviética o la burocracia en Cuba suponen ejemplos de esto. Si Podemos no hubiera codificado los flujo deseantes del 15M, entonces lo habría hecho la extrema derecha y, por ello, nos alegramos mucho. Aunque uno de los problemas radica en que la codificación institucional ha supuesto una desterritorialiación de la movilización social que, siguiendo la tipología deleuzeana, ha sido negativa. Pues, en seguida, se interceptó la línea de fuga que seguía el 15M, aquella que apuntaba a un nuevo territorio más allá de la lógica estatal, para reterritorializarla en los aparatos estatales como los partidos o los parlamentos.

Lo importante es la relación entre las instituciones y el deseo, entre las multiplicidades molares y las moleculares. En la re-presentación parlamentaria del conflicto dicha relación es rígida, pues las instituciones desplazan primero, y reprimen más tarde, los movimientos moleculares del deseo, pues éstos podrían hacer saltar por los aires el ordenamiento institucional y el ejercicio autoritario que este supone. Sin embargo, en las movilizaciones sociales aparecen el furor, la pasión, los afectos como armas arrojadizas; es el deseo que va deshaciendo a los aparatos estatales, las líneas duras operadas por éstos, líneas binarias del tipo viejo-joven, líneas de procesos o de identidad circular, al mismo tiempo que el Estado va rehaciendo dichos segmentos. La línea de fuga es el “no nos representan”, no capturan ni desplazan nuestro deseo de democracia, de acontecer una autoridad política en la configuración de los mundos que habitamos, pero no de una autoridad que acontezca en el orden molar e institucional; sino la subordinación de éste a la producción deseante. Hace estallar, la línea de fuga, tanto los segmentos institucionales como las líneas flexibles de deseo molecular. Los dirigentes de Podemos se encargaron primero de traducir dicho deseo, de modo que desterritorializaron la movilización social capturando la línea de fuga, operando más tarde una reterritorialización negativa que condujo al dominio de la representación institucional, estatal, sobre los flujos deseantes.

La conexión de los flujos descodificados ocurrió durante el 15M y el ciclo de la acción colectiva que éste inauguró; los manifestantes y activistas des-traducían, destruían en tanto que código los discursos y las prácticas dominantes, al tiempo que salían de los territorios estatales de la representación, huyendo de los aparatos de captura que creaban impotencia y cortaban las protestas. En Vistalegre I, Podemos, en vez de seguir conectando esos flujos de la máquina de movilización social, los interrumpió y obstruyó la línea de fuga; ya se encargarían los dirigentes podemitas de responder: “Nosotros sí os representamos”. Esa es la obstrucción de la fuga, del escape que podía haber conducido a un nuevo territorio no mediado por la representación que codifica e introduce la carencia en el deseo.

Por tanto, creo que el reto de Podemos en Vistalegre II consiste en que los movimientos pequeños e íntimos de las bases vayan deshaciendo el segmento partidista, vayan disolviendo al partido en la sociedad para que la producción deseante domine al orden molar de la representación. Los movimientos del deseo son los que insisten, los que desplazan al orden institucional. Con que habría que pensar una organización en la que la relación entre los molecular y lo molar dejara atrás la rigidez, la jerarquía o la centralización que supuso Vistalegre I, para adecuarse a la flexibilidad de los flujos deseantes que buscan la línea de fuga. La desmercantilización de la existencia es una fuga, un escape como la superación de la democracia representativa. La propuesta más idónea consistiría en construir una máquina de guerra que no fuera electoral, sino movilizadora a nivel social: cultural, artística, científica, ideológica, una red que conectara los distintos flujos de deseo en vez de un partido que los conjuga y que obstruye la línea de fuga.

En definitiva, esta propuesta va en el sentido de emporar de verdad los círculos, de deshacer al Podemos del primer Vistalegre. Pero las tendencias oligárquicas de los partidos hacen pensar que ésto encontraría grandes resistencias por parte de la dirigencia podemita y que caminamos, más bien, hacia el fortalecimiento del dominio representativo, de la molarización del conflicto social.

II. Podemos y el populismo: ¿Somos pueblo?

La formación morada articula sus discursos a partir del significante “pueblo”. ¿Qué es el pueblo? Lo que se opone a lo que no es pueblo. Ocurre que el significado “pueblo” sólo existe en relación al significante y, por tanto, no es más que redundancia, ecos en el interior del lenguaje. Se reemplaza el signo por lo ilimitado del significante. Este significante “pueblo” se vincula a distintos signos, produciendo la continuidad sin forma del significado, la función mediadora para los signos que abstrae los contenidos. Si, como afirman Deleuze y Guattari, la función del lenguaje no es informar, sino ordenar, mandar, consignar, poner signos, entonces hablamos de una función indirecta del lenguaje que efectúa una traducción de éste. “Consignas: la relación de cualquier palabra o enunciado con presupuestos implícitos, es decir, con actos de palabra que se realizan en el enunciado [Ejemplos: condenar, afirmar, prometer]” (6). Si Podemos afirma en sus discursos: “Somos pueblo, al igual que vosotros, y al contrario que aquellos otros”, entonces dicha consigna transforma, de forma incorporal, al cuerpo partidista y al cuerpo social, todo un acontecimiento. Pero dichas transformaciones incorporales dependen de agenciamientos colectivos de enunciación, de las variables internas de la enunciación relacionadas con la circunstancias. Me refiero a que no es lo mismo decir “somos pueblo, al igual que vosotros”, en un círculo empoderado donde las bases insisten, empujan y producen al partido, que desde la poltrona parlamentaria o desde la dirección partidista que codifica y obstruye los flujos deseantes.

La mencionada consigna extrae al pueblo de las masas, pero un nuevo signo corre el peligro de insertar al pueblo en la vanguardia, en las lógicas estatales y las grandes agrupaciones como las instituciones o el partido. Algo parecido ocurrió con el leninismo. Las consignas de la I Internacional: “proletarios del mundo uníos”, sacaron a la clase trabajadora de las masas. Sin embargo, en el paso de la revolución pacífica a la guerra, “Lenin todavía intenta o decreta otra transformación incorporal [forma de expresión] que extrae de la clase proletaria una vanguardia como agenciamiento de enunciación, y que va a atribuirse al “Partido”, a un nuevo tipo de partido como cuerpo distinto, aun a riesgo de caer en un sistema de redundancia específicamente burocrático” (7). El sistema de redundancia de Podemos, además de ser burocrático, supone haberse agenciado la máquina mediática. Esta transformó el cuerpo partidista, condicionando al proyecto frente al desborde que operaron los flujos deseantes de las bases, en los círculos anteriores a Vistalegre I. De ahí la gran importancia de los medios de comunicación, medios de lanzar consignas, para los dirigentes podemitas que tratan de extraer al pueblo de las masas, para llevarlo así al dominio de la representación, de la democracia liberal representativa en la que se presenta, para ellos y ellas, la posibilidad de triunfar en las elecciones. Pero supondría el triunfo del partido, no del pueblo.

Concluyendo, Podemos supuso la parálisis de la máquina de movilización, pero también el freno del fascismo, por eso debemos apoyar dicho proyecto, aunque no compartamos la deriva que éste tomó ya en el primer Vistalegre. Las ideas que hemos propuesto para Vistalegre II iban en el sentido de flexibilizar la relación entre la dirección del partido y los flujos deseantes de las bases, para que sean éstas quienes insistan, desplacen y produzcan a Podemos.

NOTAS:

De las ediciones consultadas.

1. Deleuze y Guattari (2015). “Mil mesetas”. Ed: Pretextos. Pág. 49
2. Deleuze y Guattari (1985). “El Anti-Edipo” Ed: Paidós. Pág. 61
3. Árbol, arborescencia: lógica diferenciada de la rizomática. Remito a la introducción de “Mil Mesetas”.
4. Carga, catexis: la vinculación de la energía del deseo, la libido, a una imagen, un objeto o una persona, que ya no le resultarán indiferentes al sujeto.
5. Ibídem 2. Pág. 224
6. Ibíd. 1. Pág. 84
7. Ibíd. 1. Pág. 88

 




Cine, educación, fábula y mucho más en el Número 3 de Zoozobra


El Número 3 de Zoozobra Magazine llega cargado con distintos temas. En la sección de cine; Carpenter y Michael Myers en La noche de Halloween. Eduardo Nabal recuerda que nuestros miedos, también nos dicen cosas inesperadas sobre nuestro mundo, sumergiéndose en la figura cinematográfica del hombre del saco.

Publicamos una entrevista a Juan Argelina, profesor de historia y activistas de la Radical Gay durante los 90, sobre el mundo de la docencia y el estado de la educación pública, que comenta; ¿Que cómo veo el futuro? No soy optimista. Ahora que nuestros políticos buscan la “excelencia”, solo se encuentra la desigualdad. Y los informes PISA son cada vez más contundentes en demostrar la paulatina disminución de la calidad de nuestra educación. Además, Argelina firma un texto denunciando la homofobia, que sigue presente.

El relato elegido para este número es Complejo de apartamentos, de Víctor Atobas, en el que se muestran los instantes fugaces de la vida de varios de los residentes, en los que interviene el encargado de mantenimiento.

También contamos con artículos sobre el rap político y mucho más.




Marihuana, amor, buen cine y mucho más en el Número 2 de Zoozobra

 

Zoozobra Magazine publica una entrevista a Mako Escalzo, actor y activista por las libertades individuales, que hace un repaso a la situación de la marihuana, las asociaciones y los distintos usos. En los últimos tiempos, algunos países como Uruguay han legalizado la marihuana, y la legalización cobra fuerza en Estados Unidos y distintos países. En España la situación es desigual; mientras que en algunas Comunidades las asociaciones cannábicas son permitidas, en otras la única salida para los fumadores consiste en el mercado negro y la consiguiente persecución.

Hiedra Kana es el relato elegido para este número. Nos trasladamos a la isla de San Elmo, donde el joven Alessandro Fallaci siente la herida que grita, se retuerce en las sábanas de noche, llorando en el frío suelo del baño, regocijándose en el aislamiento y el dolor. Un cuento sobre la obsesión y el enamoramiento, en la que Alessandro tendrá que enfrentarse a su peor y más profunda herida.

Eduardo Nabal, crítico de cine y activista LGTB, hace una disección de La Jauría Humana (1966). Lo que en un principio parece una película sobre el costumbrismo provinciano, se convierte en una virulenta requisitoria contra la violencia, la incultura del éxito y el caciquismo violento que impone su logos.

Además, el Número 2 de Zoozobra hace una crítica a las “azafatas”, las mujeres utilizadas como reclamo comercial vinculado al “hombre ganador”, masculino, triunfador. También denunciamos el machismo imperante en la industria del ocio, donde miles de jóvenes se reúnen en un acontecimiento de masas machista, alienante y competitivo, donde la presencia de mujeres pasa a ser una mercancía con cierto valor. Activistas LGTBi de Burgos señalaban la invisibilidad de las sexualidades no normativas en las Llanas o las Bernardas.




La revista Zoozobra ya disponible

tortuguita final

La revista zoozobra.com ya se encuentra en línea. El número inicial, que se lanza este 15 de diciembre, incluye artículos sobre la especulación urbanística y el Efecto Gamonal, críticas literarias y cinematográficas, entrevistas a un joven militante LGTB en Rusia, un relato muy duro que firma Eduardo Nabal, además de cuentos y poemas de Víctor Atobas como Planeta Cocina o La debilidad del dolor, entre otros muchos contenidos que incluyen el salto a la palestra de la publicación, cuya génesis se encuentra en Burgos.

La revista nace como un proyecto abierto y tratando de ampliar miras hacia el resto del Estado, pretendiendo aunar tanto la vertiente artística como el análisis político, y se encuentra buscando colaboradores. Zoozobra cuenta con distintos secciones destinadas a relatos, poemas, artículos políticos, editoriales, noticias o la tienda, desde la que se podrá descargar gratuitamente algunas de las obras de l@s autor@s de la revista.

Para ir nutriéndose de la experiencia de los y las lectoras, la página entrará en una fase de pruebas que permita tantear las posibilidades que ofrece internet. Desde compartir cultura y debatir, aprendiendo de l@s demás, hasta opciones más técnicas que se estudian desde el colectivo de Zoozobra para implementar en el futuro, como la adaptación a nuevos dispositivos o la interacción con l@s lector@s.




Cómo nació la Zoozobra.

 

Alguien recuerda que somos animales mamíferos, y entonces todo se vuelve más simple y complejo, claro y confuso. Los instintos de alimentación y reproducción, la supervivencia del individuo y de la especie, y los problemas derivados de la represión, la coacción social y la autoridad, se entienden entonces con mayor claridad.

Las crías de la especie, recluidas en lo que parece una cárcel; las aulas y los cerrojos, la familia y la exclusión. Los hijos e hijas del capitalismo muestran las contradicciones de sus progenitores, la fantasía y la libertad se contraponen al sentimiento de culpabilidad y a la formación del ego, que con el crecimiento de las crías hasta los especímenes adultos, se cristalizan en la fragilidad y el miedo sublimado hacia una sociedad depredadora en la que los adultos ya han aprendido la lección, adaptándose al hábitat natural que dibuja el individualismo; animales encerrados, presas de una razón corrompida, maniatada por la relación imaginaria del individuo respecto a las condiciones reales de su existencia y las imágenes e ideas subconscientes, que forman un juez interior, terrible, que ningún otro animal padece. Y es que la autoridad proviene del exterior; para que los animales dominantes, por regla general machos, de mediana edad, colocados en la punta de la pirámide alimenticia como faraones jactanciosos, hombres de negocios y maletines y aliento pestilente, que van imponiéndose para que el orden de las cosas continúe como hasta ahora. Faraones a cuyo regazo se han apostado los animales sagrados; negros felinos, que los machos alfa, atusan y premian y castigan a su antojo; al fin y al cabo son mascotas.

Después llega la corte de los faraones, precedida por el resonar de los látigo; la opresión que marca el sufrimiento de tantos animales, que se preguntan por qué deben pleitesía a todos los señores que guardan el Nilo. La fuente de la riqueza siempre se constituye como un fluir oscuro, en el que las sombras niegan su forma para investirse de la forma en que una quiera verlas.

Entonces llega la zoozobra, la deriva de la especie animal. Olvidados sus orígenes, la confusión terrible se expande como un virus que agarrota los músculos y los órganos de los animales; ojos con las cuencas vaciadas, articulaciones desvencijadas y malbaratadas durante la construcción de las pirámides. Y cuando la deriva se ha producido, cuando las crecidas del Nilo lo han cubierto todo, entonces las ideas se fertilizan, el campo florece de vida y las nuevas especies son descubiertas. El horizonte entonces pesa menos, cargado por la conjura de mil demonios; demonios a los que ya nadie escucha, porque la posibilidad de redescubrirnos, no sólo en el plano individual sino como fuerza motriz que se dirige a superar las barreras, arrollando todas las sombras y miedos, dejando atrás todo lo antiguo.