La nueva novela de Víctor Atobas verá la luz en 2020

Han transcurrido más de seis años desde la publicación de Manifiesto ni-ni, la última novela de Víctor Atobas. Esta proponía una reapropiación subversiva del término ni-ni, mediante una narración satírica, repleta de humor y rabia, en la que el personaje Joel Estuardo se negaba a estudiar y a trabajar para dedicar todo el tiempo libre a la revolución. No será hasta 2020 que el autor burgalés, fundador de la revista Zoozobra y doctorando en filosofía, regrese al género novelístico con una propuesta que trata de alejarse de la falta de libertad de la literatura confesional para encontrarse con las posibilidades ofrecidas por la fantasía, la ciencia ficción, la sátira o la reflexión filosófica. De esta manera, las referencias incluirán desde la cultura popular – como Los Simpsons o Harry Potter– hasta la inversión dialéctica de la angustia en esperanza siguiendo el método de Hegel, en una obra destinada a contar cómo el deseo mediado por los intereses capitalistas puede volverse en contra de las personas.

Así, la obra pretenderá huir de la distinción entre alta y baja literatura, en una narración cargada de intensidad en la que el dios de la muerte y la destrucción, Tánatos, tratará de convencer a los jóvenes protagonistas de que la única posibilidad con la que cuentan es la de producir, producir hasta morir y olvidarse de ellos mismos; lo único que deberían hacer se reduciría a convertirse en esclavos de su misión destructiva. Sin embargo, el dios de la vida, Eros, se transformará en una mariposa para rescatar la memoria y la poesía de lo humano, y de esta manera alentar a Marcos, Keylor y Liliana a afrontar la lucha contra el sistema prostitutivo que se encuentra figurado en la novela como una suerte de máquina devoradora en la que debemos resultar rentables si no queremos ser descartados. Las víctimas de Tánatos no dejarán de sucederse, unas tras otra, hasta que los jóvenes decidan tomarse la justicia por su mano y militar en el Frente Antiprostitución, una suerte de organización vanguardista que trata de ofrecer la alternativa de la lucha y la esperanza frente al <<goce prostitutivo>>, un término que Víctor Atobas tomó de Lyotard y que figura como la vagina, el choro, la ranura que el sistema nos abre para que disfrutemos mientras este – el Monstruo Sistémico- se alimenta de nuestras despensas de energía.

Santiago Alba Rico ha descrito la narrativización de Atobas del <<goce prostitutivo>> como <<un gran descubrimiento>>, y ha calificado la novela como una <<distopía universitaria>>, en el sentido de que la distopía es la esperanza bajo su aspecto negativo. Por su parte, Elvira Navarro se ha encargado de la revisión de la obra, que se publicará en Zoozobra después de que algunas editoriales españolas se negaran a valorarla. Más allá de que las editoriales tradicionales le permitan o no a Víctor Atobas publicar su nueva novela, lo cierto es que esta ya ha recibido algunos reconocimientos por parte de escritores y lectores que se encuentran abiertos a propuestas rompedoras.

Las previsiones de lanzamiento apuntan a que la obra podría ver finalmente la luz durante 2020, siendo Burgos y Madrid las localidades que albergarían las primeras presentaciones.




Pensar España desde Marx

  • En
    este artículo
    intentaremos entender lo que ocurre, partiendo
    del
    pensamiento de Marx.

  • No
    todo es tan negro como lo pinta cierta izquierda: en la
    postmodernidad pueden encontrarse potencialidades revolucionarias.

Vivimos
tiempos convulsos. Resulta difícil saber qué demonios está
sucediendo. Frente a los discursos de los partidos y los medios de
comunicación, es decir frente a los análisis institucionales,
propongo que apliquemos un método de pensamiento que supuestamente
todos ejercitamos día a día pero que, sin embargo, no es tan usual
como parece. Me refiero a la dialéctica, que hace frente a la
propaganda de Podemos indagando
en los límites de
nuestros propios pensamientos.
En anteriores ocasiones ya
aplicamos ese método dialéctico. En 2016 hicimos una propuesta para
el segundo congreso de Podemos (1). Posteriormente
desarrollamos la crítica dialéctica para rebatir la hipótesis de
que dicho partido era la vacuna contra el fascismo en España (2).
Ahora toca desarrollar en un sentido más amplio el método
dialéctico.

Casi el primer paso obligado en un análisis dialéctico, consiste enaceptar que el observador forma parte de la situación histórica porla que se está preguntado. No podemos evadirnos como si fuéramospájaros; carecemos de alas, estamos limitados por nuestra época,pero eso no quiere decir que permanezcamos en una jaula. Una vezreconocida nuestra posición limitada, el siguiente paso en elanálisis dialéctico es la elección de los determinantes, que sonsiempre económicos – aunque esta vez leídos desde la economíadeseante-. De nuevo, igual que en la propuesta para el segundocongreso de Podemos, los determinantes son los mismos. Pues no se haproducido una ruptura o discontinuidad de la situación históricadesde entonces – lo que nos habría obligado a cambiarlos-. Eldeseo molecular sería uno de esos determinantes, por una parte,vinculado a los deseos cotidianos y a los movimientos sociales debase, y el deseo molar que corta, desplaza, traduce, reprime o seapropia de esos deseos cotidianos o íntimos, y que dota de extensióna las instituciones de dominio, sería el otro determinante. Luegotomamos ese dualismo y lo convertimos en lo Uno. La interrelaciónentre el deseo cotidiano y el molar o institucional es el movimientodialéctico de la sociedad. Por tanto, el deseo cotidiano y el molaro institucional no pueden entenderse de forma separada. Mientras queel deseo cotidiano insiste y deshace el deseo molar o institucional,éste actúa como la otra cara y persiste en su extensión,desplazando y traduciendo los deseos cotidianos para dotarles de unaintencionalidad funcional a los intereses del dominio. Ambos planosdel deseo se encuentran en una relación dialéctica, eso es lo másimportante. Y lo que es más importante aún, a saber, que esarelación es histórica.

Si
queremos partir de Marx, debemos introducir dos ejes de
análisis. Uno de éstos sería el análisis de la dialéctica entre
las clases, que es una cuestión relacional, y que no debe
interpretarse como un análisis de las clases como grupos separados.
Hay marxistas mucho más formados que yo en este sentido, que están
llevando a cabo dicho análisis relacional (3).
Aquí nos centraremos en el otro eje, a saber, el del contenido y la
forma, que ya utilizamos en el artículo que rebatía la hipótesis
de Podemos como vacuna contra el fascismo. Este eje, traducido a
términos postmodernos, es el eje entre el contenido deseante – los
flujos de deseo- y la forma ese deseo “sedimentado” en el plano
molar o institucional.

La
contradicción que debemos pensar es entre los deseos de la vida
cotidiana y los deseos molares, del orden institucional, que cortan,
traducen y desplazan a aquéllos. El movimiento dialéctico que
señalábamos en 2016 fue precisamente cómo los deseos del 15M, que
habían tendido hacia el polo revolucionario siguiendo la línea de
fuga de “no nos representan”, fueron cortados y traducidos por
Podemos. Dicho partido operó un código de des-traducción del
sistema político del 78. Pero ese trabajo negativo, en una
inversión dialéctica,
se revela como en algo positivo
(productivo); es decir, esa des-traducción del
régimen del 78 fue a un mismo tiempo la traducción de los deseos
cotidianos o íntimos del 15M
.

¿Pero
qué ocurre ahora? A finales del año 2018. La percepción
diferencial es otro momento de la dialéctica; lo que ocurre ahora no
tiene que ver con el polo revolucionario hacia el que tendieron las
vinculaciones o catexis del deseo del 15M, sino precisamente con la
contradicción en el seno de los deseos de la vida cotidiana. Es
preciso aquí introducir la ambigüedad. Es posible que
dialécticamente el impulso del 15M vuelva a aparecer bajo otra forma
distinta, pero esa otra forma puede ser o bien revolucionaria, o bien
fascista. Es
o es lo que nos estamos
jugando hoy en día.

En
este momento debe operar la ambigüedad de la dialéctica. En
cierta forma, Marx vio los problemas como soluciones;
las
tendencias autodestructivas del sistema, por ejemplo. Y
nosotros haremos lo mismo, veremos los problemas como posibles
soluciones. Pero antes debemos dar otro paso dialéctico: el paso al
plano único. La descripción de la lucha de clases en España,
realizado por marxistas mucho más habilidosos que yo en eso, debería
unirse entonces al análisis que realizamos de la relación entre
contenido (los flujos deseantes) y forma institucionalizada o
“sedimentada” de ese deseo. El paso al plano único, en
dialéctica, quiere decir el paso de lo diacrónico – las
descripciones de los sucesos históricos o las rupturas, fechadas
temporalmente, por ejemplo las huelgas y otros conflictos de la clase
trabajadora- al sincrónico, es decir a lo sistémico. Los importante
es señalar el capital como mediación de nuestros deseos cotidianos.
En términos marxistas, la categoría de mediación – que expresa
una relación- es básicamente la mercantilización o la
cosificación. Todo se convierte en mercancía.

Nuestros
deseos son traducidos por el capital. Pero los deseos cotidianos y
íntimos se fugan y deshacen esas traducciones
del capital.
Esto lo podemos comprobar en un campo que aún lo está colonizado
del todo por el capital;
el campo de lo
estético
. En las novelas encontramos los miedos y
esperanzas de una época; para la crítica marxista, las novelas son
síntomas de la historia. Además, a diferencia de la filosofía, la
literatura no cosifica ni cierra por completo el sentido. Resulta que
buena parte de la narrativa postmoderna se caracteriza por ser un
síntoma del goce del consumismo. El mejor ejemplo lo encontramos en
David Foster Wallace, en cuyos relatos aparecen personajes que
se gratifican mediante el capital pero son incapaces de disfrutar de
la vida y se vuelven una suerte de enfermos mentales dependientes de
los antidepresivos y los psiquiatras.

Por
otra parte, y esto no es casualidad, en la escena narrativa están
apareciendo cada vez más distopías que, sin embargo, reflejan algo
muy distinto a los relatos de Wallace. Cualquiera que sea el
contenido de esas obras, el impulso que subyace es el del deseo
molecular. La forma de esas novelas aparece bajo su poder negativo,
narrando los síntomas ocasionados por el poder destructivo del
capital en el plano de las relaciones humanas y con respecto el medio
ambiente. Esa forma negativa, en una inversión dialéctica, puede
tornarse positiva; lo que mueve a esas obras es el deseo de escapar
de la lógica del capital; fugarse y alcanzar un territorio donde
nuestro deseo no sea traducido por el capital, donde no seamos
obligados a competir con el Otro. En el panorama narrativo español,
por ejemplo, y aunque no sea una distopía, podemos mencionar la obra
de Isaac Rosa Final feliz
(2018), en la que se muestra
cómo el amor ha cambiado por mediación del capital; ya no amamos al
Otro por lo que es, sino por lo que nos aporta.

En
este preciso momento es necesario volver a la dialéctica de Marx,
quien veía los problemas como posibles soluciones. Cuando
estamos inmersos
en el análisis de la relación entre forma y contenido, deberíamos
contar ya
con un análisis de la
dialéctica entre las clases sociales en el Estado español. El
empleo asalariado como forma de institución social está llegando a
su declive histórico; esto podría parecer algo negativo, millones
de personas se quedarían sin empleo y por tanto su identidad se
vería fragmentada.
Eso ya está sucediendo y
es terrible. Pero
al mismo tiempo podría
convertirse en algo positivo;
a saber, el cumplimiento del deseo de auto-realizarnos como personas
y no como cosas destinadas a
producir, consumir y ser controladas hasta la muerte,
deseo que
se encontraba imposibilitado por el empleo que nos quitaba el tiempo.
De modo que la izquierda, si realiza una análisis diaĺéctico,
debería buscar cuáles son las potencialidades de la postmodernidad.

Claro que dicha labor
plantea muchos problemas, pues
los sindicatos y los partidos de izquierdas dependen
de la identidad como trabajador. Sin
embargo, en vez de quejarnos de la época que vivimos – la
postmodernidad-, o apelar a la nostalgia, deberíamos entender que
los problemas pueden ser las soluciones.

La
tarea de la dialéctica no es ofrecer un programa ni una fórmula
mágica; no trata de inventar un nuevo tipo de pensamiento, sino
mostrar precisamente cuáles son los límites de éste. Pensamos
los límites desde las contradicciones de nuestra época, y en este
sentido la ambigüedad que introduce la dialéctica parece bastante
útil a la hora de pensar.

El impulso del 15M sigue
latente en la sociedad, pero debemos prestar atención al hecho de
que contenido está adquiriendo una forma virulenta y fascista, pues
como referíamos las vinculaciones del deseo cotidiano oscilan entre
el polo revolucionario y el paranoico o reaccionario, y
dependen al mismo tiempo de las
territorializaciones
y traducciones operadas por el poder en el plano molar o
institucional. Resumiendo,
la ambigüedad de
dicho impulso deseante
significa que éste puede
tender hacia la revolución o
hacia el autoritarismo
y el fascismo.

En
la época que nos ha tocado vivir hay potencialidades tan grandes
como el cumplimiento del viejo deseo de escapar del empleo asalariado
y poder auto-realizarnos como personas y no como cosas
.
Lo que le ocurre a la izquierda española es
que depende de la vieja personalidad, asociada a la modernidad, del
trabajador con empleo estable que desarrolla una biografía lineal.
El debate lanzado por Manolo Monereo
(4)
le seguía el juego a la extrema derecha en el sentido de que
desplaza
ba los
dos ejes del análisis marxista:

el eje de la dialéctica
de las clases, del
estudio de
la clase
trabajadora como relación respecto a la clase burguesa, fue
sustituido por Monereo por una apelación a la “clase obrera
nacional” en la que la política sólo podía
pensarse
en términos de amigos y enemigos de esa “clase obrera
nacional”;
por tanto, el
inmigrante aparecía
como
un
competidor de los trabajadores españoles, un enemigo.
El otro eje marxista que desplazó
Monereo fue el del contenido – los flujos deseantes- y la forma.
Pero cabe
peguntar
q
uso hace la clase trabajadora de la forma partidista.
¿Por
qué el deseo del 15M era fugarse de esa forma?

Eso sería preguntarnos por los límites
en
los que nos sitúa
la
representación,
la
mediación que nos convierte en espectadores pasivos de la política
.
La
conclusión es que
debemos pensar dialécticamente; y eso quiere decir pensar los
límites de
nuestro propio pensamiento. La
izquierda necesita que la gente piense.

NOTAS:

1.
Atobas, V (28/12/2016), Podemos:
deseo y populismo
,
Kaos en la Red. (Enlace
https://kaosenlared.net/podemos-deseo-y-populismo/
) Nota: A pesar de que Deleuze era un filósofo no dialéctico, en
ciertos momentos su pensamiento se mueve de forma dialéctica. En
el artículo es posible apreciar el método dialéctico en la
relación entre el deseo molecular y el molar.

2.
Atobas, V. (7/12/2018), Entender el fascismo en España: ¿Marx o
Podemos?, Kaos en la Red. (Enlace:
https://kaosenlared.net/entender-el-fascismo-en-espana-marx-o-podemos/)

3.
En especial mencionaremos las publicaciones Viento Sur, Sin Permiso y
New Left

4.
Monereo, M. (5/9/2018), ¿Fascismo en Italia? Decreto dignidad,
CuartoPoder. (enlace:
https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/05/fascismo-en-italia-decreto-dignidad/)

Licencia:

Pensar
España desde Marx
por Víctor Atobas se encuentra bajo una
licencia Creative
Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International
License
.

*
Víctor Atobas es escritor y activista cultural. Entre otros
libros, es autor de Autoridad y culpa (Piedra Papel Libros,
2017), y El deseo y la ciudad. La revuelta de Gamonal
(Zoozobra, 2018).




Producir hasta morir

Estoy harto, me siento roto, sobre todo ciertas veces en que la angustia se parece demasiado a esa experiencia de la nada, de qué no hay nada más que Capital expandiéndose y diciendo si no eres productivo entonces no sirves para nada, preguntando cuál es tu utilidad en esta sociedad donde todo se puede comprar y vender; tú eres, dice Capital, otra existencia en stock en los Grandes Almacenes Demenciales del Sistema que dispone de ti pero no sólo obligándote a venderte para poder sobrevivir, sino en sentido de que el Capital expandido hasta los últimos confines hace que tú seas para los demás esa existencia en reserva de la que pueden utilizarse para conseguir sus objetivos ya consistan éstos en socializar, acostarse contigo, conseguir información, no sentirse solos, juzgarte, que cumplas esta norma o aquella otra, quieren consumirte y rentabilizarte, aprovecharte, etc. Claro que podríamos seguir enumerando amigo mío, uno, dos, tres usos…

 ¿Cómo te usan a ti?

El problema es que no se entiende el problema. Esa frase se la copié a un tipo muy extraño allá en Burgos mi tierra. Se piensa, como afirma Anita Botwin (1) que el capitalismo no funciona porque la mitad de las señoras de este país (que muy supuestamente es España y a quien la hermosa Catalunya se la pelaría a no ser de por cuestiones de integración económica) llevan antidepresivos en sus bolsos y por tanto según Botwin esto demostraría que el capital se atrofia; no se da cuenta de que el capital funciona perfectamente, entre otras razones porque produce un juego de verdad y saber y nos obliga a ser unos productos siempre disponibles para ser rentabilizados por otros, sobre todo jefes y demás gentuza investida de autoridad, y nos coloca fuera del saber, nuestra palabra no vale una puta mierda si no nos sometemos y resultamos rentables en todos los aspectos de la vida lo cual sabes que es del todo imposible, no tenemos derecho a tener vedad. La cuestión es que cuanto mayor abatimiento, cuanto más frecuente y abrumadora sea la experiencia de la nada, más muerte, más muerte del deseo. Nada.

Pero hay una cuestión más profunda. Me la contó ese tío de Burgos y pese a que es un tipo loco de provincias la verdad que tiene sentido lo que me dijo. Me contó que antes de que nada aparezca, hay como una tela de araña que ha tejido un ciborg teocrático de aspecto vagamente aracnoide; es una tela invisible, por supuesto, uno se la imagina como cuando en las películas los malos entran en el museo o la joyería de turno y se cercioran luego de algunas maniobras más o menos tensas de que el diamante o el significante que usted quiera aquí insertar (algo capitalizable) está protegido como por unas líneas de colores saliendo de los dispositivos blindados y resistentes de los sensores de movimiento. Según la atropellada versión de mi conocido, las cosas que aparecen han sido detectadas, registradas y por tanto controladas, han sido incluidas en el proyectar de la técnica que es la época que nosotros vivimos. Ocurre como si las cosas aparecieran de pronto en ese espacio del museo o la joyería, cerca del diamante que centellea en uno puntitos róseos o más bien lejos eso no importa, lo significativo es que todo, todas las cosas abandonan esa oscuridad esencial de la que provenían y aparecen ahí ya como cosas para la producción, cosas bien para el museo para acumular más y más o bien para la tienda, esas cosas que han aparecido allí y que han sido desocultadas, muestran todas sus caras, todo en la cosa es ahora controlable y manipulable y el problema es que nosotros como seres humanos somos traídos al mundo por nuestras madres y somos entregados a esa tela de araña, a esas líneas de los detectores, es decir, aparecemos como una cosa entre otras cosas porque debido a ese aparecer técnico la vida del “hombre o mujer medio” ha sido trazada aún antes del nacimiento, los itinerarios marcados; educación, consumo como condición del trabajo, quizás tiempo de ocio controlado e inocuo.

La ciencia no es ciencia ni es verdad ni es una puta mierda que nos quieran contar los señores esos importantes de la capital, ciencia es control. Acá en las provincias sabemos que el saber es una paradoja, una broma del sentido, es un puto parasentido, la diferencia, a nosotros no nos vais hacer gozar con esa mierda de matarnos a producir… pero es tan difícil, tan difícil pensarnos en el filo de la navaja, al borde de la locura, yo he visto a Heidegger paseando en las fuentes blancas aunque no puras, tan difícil no ser productivos al menos para ir tirando joder, pero se puede vivir de otra forma, desde luego, tú lo sabes verdad que sí, podemos pensarnos como acontecimiento pero no en el sentido de que nosotros participáramos de éste como sujetos ni que hubiera allí algo, un objeto diamantino que robar, sino en el sentido de la luz que se filtra por los ventanales del museo o de la joyería, esa luz abre el mundo como lugar de ser; imagine la luz intensa que le permite ver sus propias manos, es como la luz del ser, que abre el mundo y que se apropia, se vincula a nosotros abriendo una apertura a la que debemos responder y a la que somos entregados, arrojados.

La luz del ser nos habla pero también lo hace la Muerte, la nada mortífera de la que sin embargo podemos extraer la possibilitas (potencia), en el sentido de la anticipación de la muerte no supone pensar en el fin de nuestra vida sino aceptar que ya no habrá más posibilidades y que por tanto, como afirma el dicho popular, si la muerte es como un ladrón más vale que nos pille haciendo lo que nos gusta, es decir, la muerte y la nada mortífera nos obligan a proyectarnos, a tener un proyecto más allá del mundo pasivo de la producción y el consumo pues si bien es cierto que somos humanos y por tanto creadores, productores, no hay menos verdad en asegurar que el capitalismo nos convierte en engranajes de la maquinaria caníbal que asesina y devora a las personas (aun cuando vemos que éstas siguen pululando por ahí como si hubiera sido zombificadas), pero resulta que somos humanos, no pizas utilizables según las necesidades sistémicas.

Debemos reformular el movimiento de los luditas quienes no se dedicaban a destruir las máquinas porque sí; no querían, no deseaban convertirse en esas piezas desechables de la técnica, se trataba de una lucha por el poder no de odio irracional. El deseo, de nuevo, último grito de lo político. Partidos como Podemos, integrados en el sistema político que legitima la explotación y la muerte por propagación del virus de zombificación, entendieron en su momento que el deseo es la desesperación de lo político en el sentido de que si se iguala lo social a lo político como ocurre hoy en día de forma generalizada, entonces no hay nada de lo político pues lo social no es nada más que mercado y socialización basada en intereses de rentabilización capitalista (capital sexual, cultural, monetario, etc.). Entonces tradujeron los deseos del 15M y los integraron, ya codificados, en el Estado. Dicha integración fue el inicio de su fracaso y del nuestro como revolucionario. Yo lo señalé ya durante mi propuesta para Vistalegre II (2) mientras que otros pensadores como Santiago Alba Rico quisieron ver en la gestión de la crisis estatal en Catalunya ese fracaso podemita lo que supone pasar por alto el inicio repetitivo del devenir-fracaso de la formación Iglesias, Errejón, Monedero, Fernández Liria y otros compañeros que trabajaban y vivían del sueldo del Estado, que aman al Estado queriendo olvidarse que éste es el principal y más importante axioma para que funcione el capitalismo; somos anticapitalistas, dicen, pero aman al capital, éste es su amor secreto (y el nuestro, la diferencia es que nosotros reconocemos que somos unas putas y que el anticapitalismo y las izquierdas han devenido en meras bromas). Dejen de jugar con nosotros, amigos, a ver cuándo se prestan ustedes a un debate filosófico político de altura. No hay más que fijarse en la trayectoria de los dirigentes que hemos mencionado; se pasaban el día ya desde muy chavalines acumulando moneditas de chocolate en las competiciones de clase, del partido, del ligue. Iglesias es, como Ribera, un emprendedor, una putilla de medio pelo que concibe el pensar como una acumulación monetaria. ¿Convertirte en hombre de Estado, Pablo? Tú siempre le has pertenecido a Capital, al Estado, a la competición descarnada carrera atroz trampa adelante; tú, Pablo, no nos vas a decir cómo fugarnos de los imperativos sistémicos porque tú eres el primero que goza con éstos.  Y mientras tanto; produce, produce… o muere.

NOTAS:

  1. Botwin, Anita. (27/1/2018) “El capitalismo no funciona. La vida es otra cosa” [Enlace: http://www.eldiario.es/retrones/capitalismo-funciona-vida-cosa_6_733936615.html]
  2. Atobas, V. (28/12/2016) “Podemos: populismo y deseo” [Enlace http://kaosenlared.net/podemos-deseo-y-populismo]




Más sobre el lanzamiento de «El deseo y la ciudad»

 

 

SINOPSIS:

Capital parece extenderse de una forma casi infinita, como si quisiera ocuparlo todo y no dejar tierra alguna sin conquistar, sin traducir en términos de más y más capital de cualquier tipo. A esta tentativa del sistema responde el deseo como grito último y desesperado de lo político, es un grito para salir del laberinto, la ciudad cerrada como mundo que habitamos cotidianamente, el mundo en que nuestros deseos son capturados y desplazados por parte de las máquinas sociales, registrados por el capital que introduce la carencia, la falta. No se trata tanto de represión como de producción y traducción del deseo. En esa ciudad cerrada hay aperturas, fugas, movimientos y trayectos imprevistos. Revuelta. Gamonal 2014.

DATOS:

Tamaño A5 (148x210mm)

Páginas: 96

Edita y distribuye: Colectivo de Prensa Zoozobra Magazine (NIF: G09566746)

PVP: 7€

Fecha de lanzamiento: Dentro de muy muy poco…

 

Si estás interesado en hacerte con tu ejemplar antes de que salga a la venta, firmado y dedicado por el autor escribe a buzon(arroba)zoozobra.com

 

 

 

 

 

 

 

 




Poliamor y competición

Más que robar, el sistema traduce nuestro deseos. Pero también podríamos pensar el problema del deseo como problema que no es dado, no está ahí esperando que lo interpretemos filosóficamente, sino que es un devenir, un llegar a ser, devenir-atrofia en la mayoría de las ocasiones; ahí está la anhedonia, el abatimiento generalizado sobre todo entre aquellas personas resentidas por la competición sin tregua del mercado al que se enfrentan nada más abandonar sus casas.

¡Puta mierda!

Tú y yo enfrentados quién será capaz de acumular y disfrutar más consumo, más capital con forma de moneditas de chocolate del loro.

Si el problema no es dado, se está produciendo, está transformándose en este momento; lo que sucede en este preciso momento es tan evidente como que vivimos en una época determinada, bajo unas condiciones sociales y económicas concretas. Sin embargo pensamos que el neoliberalismo no afecta a nuestra forma de desear como por ejemplo el reciente debate sobre el poliamor que significa ser lo bastante rentable en todos los sentidos (sexual, erótico, monetario, cultural, social, normativo, etc.) como para entrar en el juego de intercambios sexuales que tiene lugar en las webs de desconocidos que se citan con la esperanza de alcanzar esos cuatro o seis segundos que dura el orgasmo, y después se supone que inician una relación social más profunda en la que lo más importante es maximizar o al menos mantener esa rentabilidad en todos los sentidos pues si dejes de ser rentable ay amigo ya has quedado fuera del circuito de intercambios y más vale que te centres en “mejorar” tus habilidades sociales, culturales o sexuales, más vale que te encierres en la cárcel disimulada del gimnasio y leas los clásicos y te eches cremas y cuides tu aspecto comprando ropa cara y que “representa” (¡este tío tiene pasta!),  porque si no te dejará uno de tus “amores” y luego otro encontrará más rentable a otra pareja sexual o emocional porque ya se cansó de ti, y vuelta otra vez a empezar, esfuérzate, esfuérzate. COMPITE.

El debate sobre el poliamor que se pregunta por si éste es neoliberal cansa bien pronto. Con todo el respeto ¿De qué están hablando, señores y señoras? ¿Se piensan que los lectores somos estúpidos? Es como si nos preguntan si modo de desear es influenciado por nuestra realidad como sujetos que viven en la época del triunfo neoliberal. ¿Es deseo influenciado por la realidad? A ver si el problema es que seguimos pensando éste como la esencia abstracta teorizada por Freud: la líbido, pero el querer es muy real señores, querer más, pero más qué, más parejas sexuales y emocionales o más moneditas de chocolate, acaso la búsqueda de buenos encuentros, de personas que se vinculan con nosotras desde su diferencia.

 

 

 

 

 




Reflexiones de una librera

Trabajar en una librería es un estrés («sí, seguro», dirán algunos que me estén leyendo). La falta de personal hace que termines encargándote de todo: que si las dudas de los clientes, que si contestar al teléfono, que si la caja, que si las devoluciones, que si los cambios de precio, que si salir a recoger los pedidos…tienes que ser un mozo de almacén con una eterna sonrisa en la cara, presentable y que entienda de los productos que vende (que no solamente son libros, claro): todo en uno.

Pero no estoy aquí para quejarme, sino para realizar una exaltación de los libros. Los libros lo son todo en mi vida desde que tengo uso de razón, y ni siquiera la entrada del fascinante mundo digital pudo romper con eso. Si los e-readers no están siguiendo la estela de sus paisanos electrónicos no es por casualidad: nada puede suplir el olor de un libro de papel, una portada vistosa y la satisfacción de llegar a la última página y cerrar el tomo. Pero no: tampoco estoy aquí para criticar los libros digitales.

Exiliada de mi país, como muchos otros, terminé trabajando en una librería por pura casualidad. Y si en España ser un ávido comprador (que no lector) de novelas es algo en peligro de extinción, uno de los placeres que me proporciona mi actual trabajo es ser testigo de cuántas personas compran libros a diario. Será que aquí son mucho más baratos (encuentras cualquier novela a 7-8 libras), que hay muchas ofertas del tipo «compra uno y llévate el segundo a mitad de precio» o que el clima lluvioso acompaña, pero lo cierto es que la gente lee más. Y me refiero a gente de todas las edades, no solo a la típica abuela que viene los domingos a llevarse el periódico y de paso se pilla la oferta de la semana con el cupón que viene en la contraportada: me refiero a niños de 8-10 años que compran compulsivamente series de autores infantiles como Rick Riordan, Robert Muchamore, Michael Morpurgo, y a jovencitas (uy, ¿he dicho esa palabra? Ya me estoy haciendo mayor) que rastrean las estanterías en busca de las recomendaciones de Zoe Sugg (una célebre bloguera británica) y se llevan novelas que no solo versan sobre los primeros amores juveniles, sino también de temas más peliagudos como el suicidio, las sectas o el acoso escolar. Tenemos a las (y LOS, que también los hay) fieles lectoras que se llevan sus tomos semanales de Mills & Boon (la «Harlequín» británica), hombres que leen todo lo que publica James Patterson y gente de mediana edad que busca respuesta a los enigmas de la existencia en las obras de Yuval Noah Harari. Los hay que compran un libro; otros se emocionan y se llevan directamente tres. Y sí, la sección digital (de la que también me encargo) sigue triunfando con sus productos de última generación y sus auriculares sin cable (no digo wireless para no incurrir en más anglicismos), pero no es la prioridad absoluta, y eso es algo que me enorgullece, porque me hace ver que la gente no ha olvidado la lectura: que si parece que hay menos lectores no es porque los videojuegos o el cine hayan tomado posesión de nuestros sentidos y nuestro cerebro, en su comodidad, haya perdido el gusto por imaginar personajes o situaciones a partir de descripciones. Tal vez se deba, simplemente, a que los precios son más competentes. Y así ganan todos: clientes, escritores y editoriales.

Pero no: éste tampoco es un artículo para criticar a España, sino para señalar algo que me toca de cerca. Ojalá que «los que mandan» se apliquen el cuento.




Preparando un nuevo libro

 

Desde Zoozobra Magazine estamos preparando el lanzamiento de un nuevo libro que trata de explicar las condiciones en que triunfa una protesta social a partir de una óptica muy diferente a la de la ideología, los intereses o las clases sociales. Se trata de un pequeño ensayo de Víctor Atobas que viaja hasta la revuelta de Gamonal que enfrentó un intento de gentrificación de dicho barrio en 2014 y que supone un estudio de caso bastante claro a la hora de indagar en la búsqueda de nuevas perspectivas que no caigan en los consabidos tópicos. El autor ha querido mejorar el texto y ampliarlo en una nueva edición que lanzará Zoozobra Magazine en formato digital.




Vídeo-reseña de «Contra el running»

 

 

 

 

 

 




Próxima publicación de “Autoridad y culpa”, de Víctor Atobas.

 

La editorial jienense Piedra Papel Libros publicará próximamente el ensayo “Autoridad y culpa”, un ensayo que surge de la necesidad de superar la obsesión por aquello que nos acosa en nuestras vidas: el poder. Partiendo de un análisis del mismo que toma como marco de referencia la obra de Michel Foucault, Víctor Atobas pretende restituir con este texto una mirada sobre el poder que reconozca su multidireccionalidad, afirmando su carácter relacional y desechando aquellas concepciones simplificadoras que niegan la posibilidad de resistencia o identifican poder con dominio.

 

 




Farsas y negociaciones para formar gobierno

La constitución del 78 ya dejó de resultar operativa, no sólo había perdido la legitimad, desde que empezaran los procesos destituyentes del 15M y las mareas, sino que resultó desbordada, del todo, cuando se explicitó la falta de soberanía nacional. Nos referimos a la reforma de art 135 de la constitución, al TTiP y también al euro, que es la forma por la que el neoliberalismo ha apuntalado su hegemonía en la Europa occidental.

Ahora se abre la denominada Segunda Transición, que se refiere a las similitudes históricas con la primera (sobre todo en lo referente a la crisis de régimen), entrecruzadas con diferencias tales como que en 1978 el nivel de violencia política y de miedo, así como la protesta social, resultaban más importantes que en la actualidad, cuando parece que nos hemos quedado esperando que, por esta vez, se incumpla la ley de hierro de las instituciones (teorizada, en la ciencia política, por Michels), que resumiendo viene a decir que el cambio social es institucionalizado, por los partidos, en meras reformas que no responden a las demandas y necesidades de los de abajo. Pasó con el movimiento ecologista en Alemania, o los partidos comunistas y su “compromiso histórico”, ahora invocado por Pablo Iglesias. Pero las señales apuntan a que la tal regularidad histórica, al menos concerniente a los sistemas políticos europeos, puede volver a cumplirse.

El término de la Segunda Transición se refiere, también, a que las estructuras del sistema político requieren de una reforma, al igual que la constitución zombie del 78. Aquí, la diferencia con la “primera” fase transicional, podría verse en que el neoliberalismo no ostentaba una hegemonía tan asentada, de ahí que incluso se hicieran algunas concesiones al PCE, que aparecen escritas en la carta magna del 78, pero que carecen de contenido. Si la historia se repite dos veces, ya saben, primera como tragedia y después como farsa.

Asistimos a la farsa de las negociaciones para formar gobierno cuando, en realidad, y como recordaba Manolo Monereo, con quien están negociando PSOE y Ciudadanos es con los poderes económicos (con quienes tienen influencia en los flujos de la sociedad-red), y si consiguen agradar con sus proyectos reformistas, cosméticos, que apuntalarán sin duda la estrategia neoliberal que en breve volverá a sacudir España, si agrada a los de arriba, entonces el PP puede decir adiós porque los medios de comunicación de régimen presionarán mucho para que el PP se abstenga, y permitir así el gobierno de PSOE y Ciudadanos que, en las medidas sustanciales, podría llegar al acuerdo con los conservadores. Así, la reforma constitucional dejaría en, en esta hipotético caso, una situación muy complicada para Podemos.