image_pdfimage_print

En un reciente artículo (enlace), el periodista catalán Enric Juliana señalaba que existe una conexión entre las protestas de 2014 en Gamonal – que se convirtieron en un símbolo de la lucha social- y las revueltas que se vienen sucediendo desde el pasado día 30 de octubre no sólo en Burgos sino en otras muchas ciudades. A su juicio, lo que conecta ambos acontecimientos es la rabia. Resulta que los verdugos del capital nos imponen el toque de queda al modo marcial, nos persiguen y nos multan cuando necesitamos socializar, y encima nos obligan a currar por cuatro pesetas; así no, esto no vamos a tolerarlo porque somos personas dignas.

Pero Enric Juliana, que es un periodista declaradamente de derechas, afirma que <<algunos participantes en las protestas del 2014 escribieron en las redes sociales que no se sentían identificados con aquella violenta manifestación>>. Yo, desde luego, sí me siento identificado con los jóvenes que sufren la violencia inherente al sistema capitalista y las medidas autoritarias que han sido adoptadas por los verdugos del capital. Que los vecinos difundan mensajes conspiranoicos no debe impedirnos que seamos empáticos con ellos. Yo también he caído en trampas. De hecho, esas consignas paranoicas son el síntoma de la dificultad para adquirir conciencia de clase y trazar mapas cognitivos que nos ayuden a comprender nuestro lugar dentro de la complejidad del sistema capitalista. Si los gobernantes quieren parar el virus, que paren la economía; todo lo demás sólo servirá para aumentar el sufrimiento de la mayoría de vecinos. No pueden implantar un Estado policial con la excusa de la pandemia.

Los vecinos somos sometidos a la violencia del sistema, que muchas veces es invisible, que se nos mete dentro amenazando con enfermarnos. Cuando quedo para dar una vuelta con un amigo del barrio, un músico vibrante que se dedica con pasión a su música pero que se ve obligado a emplearse en otras actividades que no le realizan como cuando compone canciones y las entona, siempre hablamos de la violencia, de la violencia inherente a la imposición del empleo. A causa de la pandemia, podríamos añadir también la culpabilización a los jóvenes, el Estado policial, las persecuciones, las multas, los ejercicios autoritarios de las familias, las censuras, los bozales sin certificado, los falsos positivos, el miedo inoculado a través de los medios de comunicación; moléculas de pánico que hacen que nos alejemos entre nosotros, olvidando la pulsión utópica que nos mueve y que debemos cuidar.

Lo que quiero destacar es que filosofía política de Deleuze nos enseña que la rabia es una fuerza social, un filum de deseo que puede orientarse hacia el polo paranoico – ya hemos visto cómo Vox trata de aprovecharse de esta oscilación- o tender hacia el polo esquizoide y revolucionario. Cuando el movimiento vecinal deja de proporcionar la perspectiva utópica, entonces la energía tiende hacia la reacción y la paranoia.

En este sentido, desde el movimiento vecinal no podemos sino ser empáticos con nuestros vecinos insurrectos, que necesitan – igual que nosotros- la perspectiva de la lucha y de la esperanza para no desfallecer. Para que el deseo no oscile hacia el polo paranoico, debemos insistir en dirección al polo revolucionario. Lo que proponemos en este sentido es ir pensando en movilizaciones que incidan en que hay alternativas, en que un futuro otro es posible si nos juntamos todos en cada barrio y en cada ciudad para exigir gestionar la pandemia desde abajo, desde lo común, parándolo todo desde la insurrección, la huelga y la asamblea, pero también aprovechando las potencialidades emancipatorias del desarrollo tecnológico (automatización de empleos, uso de la cibernética, robots que desinfectan las estancias, drones que distribuyen con precisión algorítmica, entre otros ejemplos) e implantando la renta básica universal para todos (sin importar procedencia ni color de la piel).

De esta manera, si todos los vecinos nos ponemos unos objetivos; entonces tendremos un horizonte hacia el que caminar, escapando de la codificación del deseo que pretende operar la extrema derecha a partir de los términos excluyentes del nacionalismo y el racismo. Frente a eso no es suficiente con defender la sanidad pública, sino que además necesitamos medidas como la renta básica universal o la transición hacia una economía ciber-común, propuestas que dibujan la línea del horizonte que necesitamos para mantenernos en la lucha.

***

Artículos relacionados:

Utopía en tiempos del coronavirus

***

Una idea en “Cómo hacer oscilar la insurrección pandémica: desde la paranoia a lo Vox hasta el deseo revolucionario.”

  • Los que te encierran en tu casa y no te dejan salir son este gobierno de IZQUIERDAS.

    Anda que no se te ve el PLUMERO.

    Lo que sí estoy de acuerdo contigo es que hay que hacer algo.

    Porque sigue habiendo miles de personas en ERTE (algunos de ellos todavía sin cobrar), cientos de miles de empresas en quiebra, o cerradas.

    Subidas de impuestos.

    A los autónomos no se les permite trabajar, pero se les obliga a seguir pagando la cuota (que, por cierto, ha subido).

    Pero el gobierno se sube el sueldo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.