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CON BARRO OTRA ESPERANZA

Cuando el cálculo ha muerto

tras una vida en nada,

y la geometría del amor,

triste conciencia,

se hizo rota veranda donde asoma

el pánico su rostro extraviado

-a lo lejos, un páramo en ceniza,

derribadas estrellas, derrelictos,

duras migas de pan como palabras

olvidadas del tiempo, ya sin uso,

que no llevan a casa-, ¿qué nos queda,

mi amor, salvo este adobe

en ruinas, que ahora toco y se deshace

crujiendo entre mis manos, aventando

la pureza de tantas lluvias idas,

de tantos soles nuestros? ¿Qué nos queda

salvo esta tarde

penúltima de invierno ya sin nieve

y sin fábula?

Alárgame tu mano,

compañera,

y, en silencio y sin queja,

acaricia esta arena con tu arena,

tu agua con mi agua,

hasta formar de nuevo con barro otra esperanza,

antes que el vendaval del olvido nos disperse