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Formas de resistencia.

El arte quizás constituya una de las formas más poderosas de resistencia frente a la cultura, puesto que surge del saber de los locos, está relacionado con la neurosis, la psicosis y la esquizofrenia; en dichos lugares, el trance o la fase maníaca, el artista escapa de la represión siendo su creación liberada, adquiere otro lenguaje, se manifiesta en un código distinto. Prinzhorn publicó en 1922 La pintura de los enfermos mentales donde exponía que todo hombre abrigaba en su interior un impulso creador enterrado por el proceso de civilización. La esquizofrenia podía estimular dicho impulso artístico, incluso en quienes carecían de experiencia alguna. Dicha obra, que trataba sobre la pintura de los enfermos mentales influyó en Salvador Dalí, Paul Klee, Max Ernst y Pablo Picasso; los surrealistas de París se referían a ella llamándola su “Biblia” (4).

La literatura podría ser otra forma de resistencia, aunque autores como Henry Miller o Bukowski, por citar algunos cuyas creaciones pudieron albergar aspiraciones contraculturales no socavaron ni reinventaron la cultura. Sí les debemos importantes progresos, como la destrucción de tabús. Henry Miller era un genial transgresor de la cultura y liberó al sexo. Bukowski fue un excepcional crítico del trabajo en la civilización capitalista; vivió fuera de la cultura dominante hasta que obtuvo éxito y su obra apareció en todas las librerías. El surgimiento de movimientos alternativos, podría pensarse, amenaza a la cultura hegemónica del capitalismo, aunque lo cierto es que ésta despliega los mecanismos de apropiación. En este punto podrían señalarse varios ejemplos; el movimiento hippie y el grunge, por ejemplo. La moda se apropió de las vestimenta hippie, al igual que ocurrió con el aspecto del grunge, hasta el punto que las camisas de leñador llegaron a costar 300 dólares. Así mismo, se ha desprovisto a la música hippie y grunge de un mensaje revolucionario. Hoy, estamos llegando a un nuevo estadio en la sociedad […] en que las fuerzas económicas y las prácticas culturales y de representación comienzan a fusionarse. Surge con ímpetu la industria cultural y mercado y cultura establecen una relación cada vez más estrecha (5).

El camino alterno a la subyugación.

El punto de partida axiomático del marxismo es que debe existir una sociedad igualitaria; hay que liberar al hombre de sus cadenas. La dictadura del proletariado es una fase transitoria hacia el comunismo y cuando este estadio se alcanza, el Estado se disuelve. Y puesto que el Estado es el principal motor de las represiones, junto con la familia, podría argüirse que la civilización se liberaría del yugo de la opresión. Pero lo cierto es que, cuando se logró el socialismo real, por ejemplo en la Unión Soviética, se creó otra cultura represiva; todas las revoluciones comunistas han derivado en un poderoso Estado, sin alcanzar la fase de la dictadura del proletariado.

La represión se observa claramente en la época de Stalin, aunque se mantuvo durante toda la URSS, en la persecución política y el resto de políticas. En la era estalinista, se suicidaron escritores y artistas; sus obras eran censuradas; la razón subyacente es que se buscaba eliminar el individuo sustituyéndolo por la colectividad (la clase proletaria). Ahí manaba una potente represión, hasta el punto de que varios escritores se suicidaron porque sus novelas eran consideradas indeseables, ya que apelaban a los sentimientos individuales. La literatura, al construir un mundo ajeno, con un contexto diferente que escapa a la realidad, escapa del control. Por eso suponía una amenaza.

¿Cuál es, entonces, el camino que ha de recorrerse para liberar al ser humano de la subyugación y la dominación de la civilización? Marcuse apunta: la automatización amenaza con hacer posible la inversión de la relación entre el tiempo libre y el tiempo de trabajo, sobre la que descansa la civilización establecida… El resultado sería una radical tergiversación de los valores y un modo de vivir incompatible con la cultura tradicional. La sociedad industrial avanzada está en permanente movilización contra esta posibilidad (6).

Marcuse adopta una postura hedonista. Quizás del uso avanzado de las máquinas, de la ayuda de la tecnología en el proceso de producción, resulte que los proletarios cuenten con más tiempo de ocio que de trabajo, invirtiéndose la relación desfavorable que comentábamos con anterioridad. La cuestión principal es liberar a los instintos básicos y al erotismo secuestrado, aunque el erotismo es sobre todo creatividad; independizar la fuerza interior del hombre que escapa de la represión. Aquí entra en juego el deseo; si el ser humano que vive en la cultura de Occidente no puede realizar sus deseos ¿Qué sentido tiene la existencia? El dolor superaría al placer, y reinaría una vida gris entre las fábricas industriales, donde los obreros se esfuerzan incansablemente en perpetuar el capitalismo; el burgués se apropia de la plusvalía y acumula capitales, mientras que los empleados se mantienen enajenados y abandonan la conciencia que los constituye como clase.

Una cuestión que podría introducirse respecto al planteamiento de Marcuse reside en que la tecnología supone otro medio de producción, y por ende se halla controlada por la burguesía, que se opone al reparto de trabajo y prefiere deslocalizar los centros de producción a países donde la clase obrera sufre una acusada explotación. Las recientes políticas públicas de los gobiernos neoliberales de Occidente; el aumento de la edad de jubilación o el incremento de la jornada laboral, negándose a reducir la duración de la misma, apuntan a que la hipótesis de Marcuse ha resultado errónea ya que los proletarios deben trabajar más, en peores condiciones y con menor sueldo.

La liberación de la cultura descansa también en independizar al désir. Según Deleuze, el deseo supone un agenciamiento (7). El trabajo como tal no se desea porque suele resultar penoso, arduo y fatigoso, sino que se desea en relación con otro elemento; la realización personal, por ejemplo, y el paisaje formado por la citada relación es donde se encuentra el deseo. El problema aparece cuando la máquina deseante (el cuerpo podría ser una máquina deseante) está reprimida; además, el sujeto deseante es reprimido por el propio désir. La solución que propone Deleuze es desear agenciamientos que sean adecuados.

Las experiencias del movimiento okupa suponen una mayor amenaza para la reproducción de la cultura, puesto que tienen lugar al margen del sistema capitalista. La asignación de los roles sociales y de la fuerza de trabajo difieren de las que se realizan en la civilización capitalista; así, la autogestión de los intereses de la colectividad se articula según las capacidades de cada individuo, que puede cambiar de trabajo y aprender de los otros sin que medie la explotación. Los códigos y los flujos cambian; el deseo se libera, al menos en lo referente a los instintos básicos y al erotismo, y la cadena (nace-estudia-produce-consume-muerte) se rompe de surgiendo una creatividad liberada; la educación no está orientada a la tecnicidad que requieren las cadenas de producción de las fábricas del capitalismo y el consumo no está integrado por las falsas necesidades que crea la publicidad.

Conclusiones.

La cultura occidental se nutre de las contradicciones, del aprovechamiento de los pilares en los que se sustenta; la explotación de la clase trabajadora, las prácticas de biopoder y las represiones que ejercita en los cuerpos y mentes encauzados en unos canales opresivos que se manifiestan en una sociedad enferma y depresiva. Buscar estructuras y formas de resistencia alternativas que permitan al ser humano desarrollarse en libertad supone también reforzar la lucha política contra la civilización capitalista.

NOTAS:

  1. Deleuze, G. y Guattari, F. (1972) El Anti Edipo. Colección Capitalismo y Esquizofrenia. Paidós año 1972.
  2. Marcuse, H. (1955) Eros y Civilización.
  3. Ibíd. cita 2.
  4. Mundo cultural (2009); Esquizofrenia y arte.

[http://mundocultural-sociedad.blogspot.com/2009/07/esquizofrenia-y-arte.html?zx=51194e82b70aa4b1]

  1. Escaparate Virtual (2011); Sobre el capitalismo cultural.

[http://colegiofreire.wordpress.com/2011/02/01/sobre-el-capitalismo-cultural]

  1. Ibíd. cita 2.
  2. Para Deleuze, uno de los más brillantes filósofos del siglo XX, la filosofía es la disciplina que crea conceptos. El propio Deleuze creó varios conceptos, como agenciamiento, que consiste en multiplicidad de géneros heterogéneos que construye unidades. Como ejemplo podríamos señalar a un caballo salvaje al que se impone una silla de montar; ya hemos construido una unidad que antes no existía como tal.