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De la civilización solo quiero el reflejo de una ciudad en movimiento y un bar y el anarquismo y el avance que adquirió la palabra sed con la refriega de los sueños contra los hospitales, en su piel, de la civilización, solo quiero la puerta de emergencia, para cuando estén en llamas las oficinas y las biblias y las cabinas de teléfono y todos los puestos de trabajo, en sus ojos, como un volcán, de la civilización solo quiero los ritos funerarios, para sacarme el país y las enciclopedias y hacerme incineradora, en sus llamas. De la civilización solo quiero el vino, como una sábana cuando todas las palabras sean salvajes, en su cuerpo.