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Antes de iniciar, deseo insistir en el carácter inacabado de la lucha por la igualdad y la equidad entre géneros; debido a que esta característica se torna esencial durante la discusión generadora de este artículo.

En ningún momento, el feminismo surgió como una lucha por los derechos de las mujeres como sujetas descontextualizadas, sino más bien, fue resultado de las desigualdades y discriminación agravada que enfrentaban (y siguen enfrentando), ellas decidieron originar uno de los movimientos sociales más consolidados y el cual se mantiene vigente.

Aunando a lo anterior, se debe aludir a la “adaptación camaleónica” del sistema patriarcal al contexto social vigente, mediante el mecanismo de sus diversas manifestaciones. Si bien es cierto, hoy en día, en Costa Rica y en la mayoría de países del mundo, no se sigue luchando para aprobar el voto de las mujeres; incluso en el ámbito político se siguen desarrollando luchas dentro del aspecto de la democracia formal y representativa, por ejemplo implementar a cabalidad la paridad de género en las candidaturas de cualquier proceso electoral.

Del mismo modo, se han gestado otras luchas recientes que responden a la coyuntura actual costarricense, tal es el caso de la visibilización del acoso sexual callejero, el cual fue una temática debatida en redes sociales durante el año previo. Por cierto, esta problemática no se considera como tema actual por parte de muchos medios de comunicación; en ocasiones, solemos olvidar rápido.

Seguidamente, creo pertinente añadir el carácter polifórmico y complejo que posee el movimiento feminista, originando una multiplicidad de feminismos (sí, en plural) en donde se manifiestan diferentes categorías como factores de discriminación, coincidiendo en que las mujeres experimentan una interseccionalidad mezclada con la categoría de sexo/género.

Cuando era chico, siempre tuve la “ventaja” adquirida por ser más alto que los niños y niñas de mi edad; esto me permitía “disfrutar muchos privilegios”. Creía que las respuestas que iba a recibir siempre serían afirmativas con respecto a situaciones en donde influye la estatura.

El último año que cursé en primaria, se realizó un viaje a un parque de diversiones como actividad de despedida. Mis compañeras y compañeros decidieron ingresar a un juego mecánico, en donde no pude participar del mismo; debido a que excedía la estatura máxima. Fue la primera vez en que no comprendí porque restringían mi participación; ya que creía que mi estatura siempre me incluiría.

Lo anterior, es una analogía con la posición de algunos hombres con respecto al feminismo. Nos enseñan que las personas que se encuentran limitadas por la exclusión son las mujeres. Ser hombre es la llave que nos abre el paso siempre: en los puestos de gerencia dentro de las empresas y la facilidad de ascender laboralmente, el acceso libre a los deportes sin cuestionamientos a la “rudeza”, entre otras situaciones. Por esta razón, aquellos hombres que ejercen su masculinidad hegemónica, cuando escuchan que las mujeres enfrentan violencia estructural comparan las situaciones con ejemplos que ellos (u otros hombres) han vivenciado. El falocentrismo nos intenta hacer creer que somos el centro del Universo, y cuando no hablan sobre nosotros o nuestro mundo, sentimos la misma sensación que experimenté a los ocho años de edad.

Si el régimen hegemónico fuese “matriarcal con una lógica hembrista” (destaco que no creo en dicho término), la situación sería diferente ¿Por qué hago esa afirmación? Tal y como lo mencioné al inicio, lo que quiero decir es que el feminismo no surgió simplemente porque son mujeres, sino más bien por las situaciones desiguales que sufren en todos los ámbitos en que ellas se insertan, independientemente de cual sea el espacio en que se encuentren.

¿Por qué no se discuten las garantías y derechos de las personas “blancas”? ¿Por qué en Costa Rica no se lucha por el matrimonio heterosexual? Porque los derechos son innatos, en comparación con las y los afrodescendientes y la población LGBTIQ, sectores de la población que al igual que las mujeres han sido invibilizados e invisibilizadas por completo. Los hombres nacen con sus privilegios asegurados, y más cuando son burgueses, heterosexuales y blancos.

Por último, deseo aludir que mientras sigan existiendo feminicidios en cualquier parte del mundo, mientras mujeres sufran violencia patrimonial, sexual, física, psicológica y obstétrica. Mientras las mujeres deban comprobar que son aptas para un trabajo con más efusividad que los hombres, mientras la brecha salarial entre géneros no se elimine, mientras el mayor miedo de las mujeres al salir de noche sea una violación sexual y mientras el cuerpo de las mujeres sea de opinión pública; el feminismo no será necesario, puesto que el feminismo más que ser necesario, se torna en el único camino a la igualdad y equidad entre hombres y mujeres.