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Simon Frith analiza en Sociología del rock (1978) las contradicciones del rock; una vertiente de la música pop, esto es, de la música dirigida a unas masas que consumen de forma simultánea un mensaje comercial tejido según los mecanismos de la industria del ocio, que termina por convertir al rock en un contexto; el ambiente de las fiestas adolescentes está impregnado de rock, pero la importancia que la música tiene para los jóvenes se sobreestima en demasiadas ocasiones.

En un principio, los músicos del rock confluían con su público en que pertenecían a la clase trabajadora y hablaban de temas que concernían a los adolescentes (el rock es un música para jóvenes), pero los discos han sido despolitizados por la industria que, construida en torno a los criterios de rentabilidad y beneficio, ha convertido al rock en un entretenimiento para las noches de fiesta.

Las grandes estrellas no tienen una conexión con la realidad de los jóvenes y componen siempre canciones que giran en torno a los mismos temas, basándose no sólo en la creación y la actuación ante miles de personas reunidas en el descampado que aloja un festival veraniego, su trabajo es orientado hacia el espectáculo, como si fueran unas marionetas que se contonean en el televisor.

El rock se entiende en relación a la clase social y al momento histórico de la juventud. El rock progresivo de los 60, el punk de los 70 y 80 o el grunge de los 90 son ejemplos de cómo el sistema se apropia de los distintos estilos y movimientos musicales, la estética reivindicativa del punk hoy se expone en las galerías más elitistas de arte como vestigio de un movimiento muerto y rentabilizado por la industria del ocio; la razón se encuentra en la dinámica de producción de singles y discos, el material que ocupa las estanterías de las grandes superficies es síntoma de los valores, superficiales y conformistas, de la juventud, porque la industria ofrece lo que el público adolescente demanda.

En determinadas situaciones históricas – Manheim se refiere a periodos de profundos cambios sociales y a situaciones de inestabilidad política – un grupo determinado por la edad se convierte en una generación y la cultura joven se hace política (1). El derrumbe del capitalismo repercute también en la música, que se orienta cada vez más por el circuito underground; la música representativa de este periodo es el rap político.

En este sentido debemos agradecerles a Habeas Corpus y a Los Chikos del Maíz (y a Pablo Hasél y tantos otros) su apuesta por conectar con la cultura juvenil y politizarla, hacer política la cultura de los jóvenes frente a la música comercial que sólo sirve como elemento de cohesión entre distintos grupos, más o menos afines, y como entretenimiento, además de reproducir estereotipos e impedir a los adolescentes que se piensen desde los condicionantes sociales y políticos que los atan al paro o a trabajos precarios, que silencian los valores de una generación que irrumpe enfrentándose al legado de la generación que parió la Transición.

La movida madrileña no fue más que la perfecta cortina de humo, la operación de maquillaje cultural que necesitábamos ante nosotros mismos y ante el mundo, para subirnos al carro neo-liberal de los recortes, las políticas de austeridad y la entrada en la organización terrorista del Atlántico Norte (2). Parece evidente que la movida madrileña, aunque reuniera a algunos artistas reivindicativos, en última instancia significó a la adopción cultural de la posmodernidad.

Para comprender la música debemos fijar la atención en el momento histórico de la creación y los MCs que comentamos hacen atractiva la política para miles de jóvenes que, alejados del modelo partidista y sindical tradicional, se adentran en el campo político exigiendo que su discurso, que mana desde abajo, sea escuchado y tenido en cuenta.

Nega comentaba sólo somos un grupo de música […] pero a veces se nos quiere echar una cruz encima que corresponde más a los teóricos, a los periodistas y a los profesores de universidad […] sólo somos un grupo de música que hace lo que puede… (3) pero el rap político de Los Chikos del Maiz, Pablo Hasél, Arma X, H. Kanino, La Tecnika o Día Sexto, y su creciente popularidad, son un reflejo del cambio de la cultura juvenil dentro del tiempo histórico que vive una generación llamada a derrumbar el régimen del 78 y, aunque el rap político se ha mantenido en el circuito underground, donde prima la libertad y la autogestión de los grupos, el comercialismo y los suculentos contratos discográficos siguen suponiendo una amenaza para la coherencia de la que vienen haciendo gala los MCs del rap político.

Por el contrario, los músicos de rock sufrían grandes contradicciones que los alejaban de su público, formado mayoritariamente por jóvenes de clase obrera que escuchaban incrédulos sus discos, que habían grabado después de distanciarse de la calle bebiendo champan en limusinas y suntuosas mansiones.

Parece que el discurso contestatario se ha puesto de moda y algunos grupos se suman al rap político como si fuera otra de las modas musicales que atañen a la escena. Otro problema sería la relativa confusión de las letras (algunas abiertamente machistas y ególatras), fomentada por el formato y por la tradición competitiva de la escena; los grupos y seguidores del rap político deberían olvidarse de la competición por discernir y demostrar quién es más izquierdista, los elementos que unen al rap político y la necesidad de una escena cohesionada contra la represión – los casos de Los Chikos del Maíz, Pablo Hasél o Marc Hijo de Sam- son puntos de encuentro mucho más importantes y valiosos.

Uno de los muchos aciertos del rap político ha sido acercarse al underground más tradicional que aún no se adentra en mensajes políticos que expliquen la realidad a los jóvenes, en este sentido mencionaremos Lo que nos une, un tema de la maqueta de Victor Rutty, publicada bajo el ilustrativo título de Generación Perdida, en el que colabora Nega.

Los grupos de rap político se enfrentan a numerosas dificultades: cancelaciones de conciertos por presiones políticas (4), represión policial, una difusión limitada de la obra o las disputas entre los MCs de una escena envidiosa, por ejemplo.

La dinámica de creación y difusión del rap político es radicalmente contraria al pop. La forma en que el pop era introducido en los engranajes de la industria difiere, entre otros elementos, del rap político que crean unos jóvenes orgullos de su pertenencia a la clase obrera, que representan los valores de la juventud y se engarzan en el momento histórico impulsando la conciencia de una generación que sale a la calle y lucha.

NOTAS:

  1. Frith, Simon (1978) Sociología del rock. La nota corresponde a la edición en castellano editada por Júcar en 1980 (página 30).
  2. Nega (2010) Contra la Movida Madrileña: posmodernidad a la española. Kaos en la red. [http://old.kaosenlared.net/noticia/contra-movida-madrilena-posmodernidad-espanola ]
  3. Declaraciones de Nega en La Tuerka, 26 de junio de 2013.
  4. El concierto que Los Chikos del Maiz iban a dar en Burgos fue censurado.