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Lee la primera parte aquí

No se sí tendría huevos, pero balas seguro que no, me quedé mirándolo no sabía que decir, la verdad es que nos había salvado la vida. mirándolo no sabía que decir, la verdad es que nos había salvado la vida.

—Hacemos. — Rectifiqué—. Trataba de poner a salvo a mi hermano, esos bichos solo quieren a los niños por su sangre, la sangre de los críos es más pura. ¿Por qué crees que los mosquitos casi siempre pican a los chiquillos?

El hombre volvió a reírse, .Por esa regla de tres….Dijo y fue a la nevera. Rebuscó y saco dos botellas de ginebra.

—¡Bebed! Así no os atacarán y os podréis ir. No me gustan las visitas. La verdad que aquella idea no era la que más me gustaba, pero no por eso podría ser una buena opción para salir de allí. Bebimos y bebimos y obligamos a mi hermano a beber. Le ofrecí la botella al grandullón.

—¿Tú no bebes…

—…Sánchez, pero…¿Para qué quieres saber mi nombre? debéis de iros. La ventana estalló y un bicho pasó entre mi madre y yo dejando a mi hermano atrás y se aferró a aquél hombre, la sangre saltaba por todos lados mientras lo desgarraba. Nosotros éramos invisibles ante él, el alcohol en la sangre nos hacía inmunes. Aproveché para arrebatar el abre cartas que seguía clavado en la espalda del otro ser, me dirigí hacía donde el vampiro se estaba pegando el festín y se lo clavé a la altura del corazón. Se desplomó cayendo encima del cuerpo de Sánchez. Esa noche, la pasamos allí, borrachos como una cuba, cantando canciones tontas a mi hermano que se caía hacia los lados mientras mi madre roja como un tomate potaba en el suelo.

Por la mañana un ruido extraño me despertó, Sánchez no estaba debajo del ser. Un gran rastro de sangre recorría el piso. Una pierna de mi madre descansaba junto a mí, pero solo eso, una pierna. El resto de lo que quedaba de ella, estaba esparcido por la habitación. Al igual que un hámster con un cacahuete estaba Sánchez, convertido en vampiro, encorvado, y con un brazo de mi hermano entre los dientes. Giró la cabeza y me miró con los ojos proyectados en sangre. ¿Podría haber sido mi fin?

Trastabillando, salí corriendo y empujé la puerta hacía mí, Sánchez, oh… Lo que quedaba de él, voló hacia mí transformado en bestia y chocó con la puerta, salté al vampiro que aún estaba muerto en la escalera con un avanzado estado de putrefacción, me dieron nauseas, bajé por las escaleras lo rápido que pude, allí el vampiro no podía volar, las escaleras eran estrechas, me enredé con mis piernas y caí rodando, notaba sangre caer por la nariz. Me eché las manos a la cara y vi el brillo escarlata entre mis dedos, el dolor se unía al de la cabeza que había sido producido por la resaca, me levanté y salí por la puerta, en ese instante el vampiro que horas antes había sido Sánchez, salió volando por la ventana haciendo caer cristales sobre mí, la calle estaba devastada, coches volcados, cables de alta tensión por el suelo chisporroteando, , coches volcados, cables de alta tensión por el suelo chisporroteando, cadáveres por todas partes…

A lo lejos divisé que un coche venía a toda velocidad hacía mí y me aparté como pude. Las luces de frenado destellaron haciendo chirriar las ruedas, olía a goma quemada. Una luz blanca se encendió debajo de la de frenado y el coche paró a lado mía, era un Mercedes Compressor de color negro, abrí la puerta y me encontré con un hombre de mediana edad, de cabeza afeitada y perilla. Era mi jefe. .¡Corre!. Le dije mientras el vampiro bajaba empicado tras su presa, que era yo, o… nosotros. El coche aceleró empotrándome contra el asiento, notaba como las ruedas del coche aplastaba los cráneos y los abdomen de los muertos esparcidos por la carretera. .Maldita sea, vas a llegar tarde a trabajar, y encima te has partido la nariz, ¿No querrás darte de baja por eso, no?. Dijo con una sonrisa de acero mostrando su diente dorado. Pero la comisura de sus labios volvió a su estado original cuando frente a nosotros unas doscientas personas con la cara blanca y las bocas abiertas mostrando sus protruverantes incisivos venían hacía allí. El Señor Márquez giró bruscamente el volante haciendo derrapar el coche y se metió por una pequeña calle peatonal y aceleró. .¡Cuidado!. Grité cuando la calle se acababa tajante un poco más adelante. .¡Agárrate fuerte, Chris!. Me aferré al posa-manos y el coche saltó la gran fila de escalones cayendo con el morro que hacía saltar chispas en el acerado de aquél parque, el coche se paró debido al impacto, Márquez intentó arrancarlo y nada. Miré hacia atrás y vi en el cielo nublado que un vampiro encabezaba una gran nube negra.

—¡Rápido, vienen!

— Tendremos que seguir a pié, creo que he roto el radiador. Vamos a disuadirlos, métete ahí .señaló hacia la biblioteca municipal. yo seguiré hacia delante, creo que me dará tiempo de llegar al Ayuntamiento.

Me dirigí hacia la puerta, dejando atrás una gran plaza llena de coches aplastados unos contra los otros, árboles partidos por la mitad y al ponerme delante de la puerta de cristal no se abría, debí caer, no había luz y por eso la puerta automática no funcionaba. Al otro lado un gordinflón vestido de guarda sostenía un rosario en la mano. Parecía rezar. Golpeé el vidrio de la puerta con todas mis fuerzas, la sangre que llevaba en mis manos de taponarme la nariz la dejé impregnada debido a los manotazos. El guarda giraba la cabeza de un lado a otro y por el filo de sus gafas caían las lágrimas de dolor y tristeza.

No quería mirar hacia atrás, pero miré y vi con claridad la bandada de bichos que venían acercándose, me preguntaba si Márquez habría llegado al Ayuntamiento, pero la verdad es que yo todavía no estaba a salvo, la cabeza me daba punzadas por momentos y la nariz no dejaba de chorrear sangre.

Miré hacia un lado y vi una escalera con un barrote roto, lo cogí y lo lancé contra la cristalera que provocó un estallido de cristales. Entré tomé hacia la derecha, había unas escaleras interiores que subían hacia los baños. Me paré en el ángulo donde la escalera se juntaba con el techo y observé como esos seres entraban devastando todo y el rosario caía de unas manos sin vida. se juntaba con el techo y observé como esos seres entraban devastando todo y el rosario caía de unas manos sin vida.

Me encerré en el baño con la esperanza de que se fuesen. Escuché una gran explosión y un gran aleteo. Recé lo poco que me sabía y ni siquiera sé si lo recé correctamente. Al cabo de un instante la puerta del baño comenzaba a cimbrar, a estremecerse. No tenía escapatoria. .¡Fuera, irse!. Grité llorando y me meé en los pantalones. Debo de reconocerlo.

Un fuerte y seco golpe derribó la puerta, un grupo de soldados de fuerzas especiales cubiertos con cascos, petos y botas militares portaban un ariete metálico con el que habían derribado la puerta.

Me protegieron hasta llegar a un vehículo blindado, abrieron las puertas y me asistieron, junto a mí estaba Márquez, que me explicó que acababan de llegar esos refuerzos. Llegué a mi casa, al sur de España y sin familia, con la imagen de la biblioteca en llamas, Sánchez convertido en monstruo y devorando a mi familia y todo lo que me había ocurrido. Prometí no volver a trabajar fuera.