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Asistimos a la campaña electoral, convertida en un espectáculo de videopolítica, candidatos dando saltitos y bailando, escalando molinos, o tocando la guitarra, mostrando su rostro humano y mundano. Tenemos la sensación de que nos engañan, nos toman el pelo; se podrían ir todos a la mierda, pensamos. El presidente escondido para que no le afeen, dejando a su sucesora las apariciones estelares. Rivera es aupado por la opinión publicada por los principales medios de comunicación, y opinión publicada, ante el poder inmenso de dichos medios, se convierte en “la opinión pública del país”; ahí está la manipulación demoscópica e informativa, luego de que Ciudadanos sea colocado en el papel de UCD durante la primera transición y financiado por el Ibex 35. El PSOE permanece tranquilo, a la espera de uno de los peores resultados de su historia; total, el sistema que defienden se encuentra a salvo.

Esta segunda transición, se acabaría con la reforma constitucional que apuntalase la pérdida de derechos y de soberanía, pero hay demasiados problemas, como el encaje de Cataluña, y la posible apertura de un proceso constituyente catalán en el que el anticapitalismo de la CUP pudiera jugar un importante papel. Más problemas: crisis de legitimación, que se trataría de revertir mediante la confianza a las instituciones y las élites políticas renovadas, durante esa segunda transición hipotética: otro, la crisis de soberanía nacional, pues España sigue intervenida por la Troika Europea, que engloba a instituciones como el FMI que son las que realmente dictan la política a escala internacional, reservando a nuestro país a una periferia exportadora de mano de obra cualificada, y centrada un modelo productivo de industria desmantelada, ladrillo y turismo. Total; la producción de alto valor añadido se halla en Alemania y acá nos han relegado en su protectorado económico, en el que imponer sus intereses.

Pero sin duda la principal crisis del sistema político no era, en sí mismo, el hundimiento del bipartidismo, sino el conflicto social que se venía expresando desde el 15M y que demostró que cuando había brechas que el sistema no sellaba ni abarcaba, entonces el pueblo se organizaba y empoderándose, politizándose, tomaba conciencia de la lucha social, sobre la que el Estado de Bienestar pareció extender un velo. Pero cuando llegaron los recortes a dicho “bienestar”, surgieron las mareas multitudinarias y las huelgas masivas, cientos de colectivos que se enfrentaban a la situación de emergencia nacional. El mejor ejemplo de esto, lo encontramos en la PAH y la lucha antidesahucios. Pero el sistema político cooptó a los cuadros y activistas sociales, para integrarlos en un nuevo tablero político, al que se sumaban dos nuevos actores: la derecha moderna de Ciudadanos, y la izquierda “populista” de Podemos, que trata de arrinconar al PSOE y ocupar su lugar como alternativa de la “nueva socialdemocracia”. Por eso Pablo Iglesias nos recuerda a Felipe González y no acabamos de fiarnos de él.

Pues el sistema tiene sus propias lógicas para neutralizar a “alternativas no deseadas” que pusieran en marcha un proceso de ruptura constituyente, y sólo hay que mirar a Grecia y al referente de Podemos allí, ocupante del gobierno. Syriza ha sido convertido en un partido pro-memorándums de rescate, que tantos sufrimientos, muerte y miseria están conllevando en el país heleno. Luego de la claudicación, Tsipras no tardó en expulsar de su partido a los críticos con la capitulación, que quedaron neutralizados tras las elecciones anticipadas. Mientras vemos a Tsipras siendo víctima de la estructura de la Unión Europea, hecha por dos jugadores (Alemania y Francia), para que siempre prevalecieran sus intereses.

Como decía Xabier Arrizabalo; ya hicimos el balance de la socialdemocracia. Y añadimos; igual que Syriza juega el papel del PASOK, Podemos jugaría el del PSOE. Osea, que no hay ninguna ilusión, casi ni ganas, de ir a votar el 20D. Aunque siempre es mejor no abstenerse que dejarles todo el espacio de representación a quienes manipulan, mienten y roban para seguir con el status quo de explotación e injusticia; seguirán ahí por mucha gente que se abstenga. Y quizás sea más viable votar a Podemos (aun a regañadientes), que a IU-UP, que parece va a quedarse sin grupo parlamentario. Pero que, desde la formación morada, no traten de engañarnos con que “España no es Grecia” porque somos dos países hermanos, periferias del Sur con una división del trabajo que guarda similitudes, aunque el peso económico de España sea mayor lo cierto es que su poder político no es nada comparado con el de Alemania, que es un actor al servicio de Estados Unidos; todavía peor. También eso lo compartimos con Grecia. Dentro de la UE no hay salida a esta situación en que advertimos cómo nos joden la vida y nos roban los escasos derechos que ya teníamos.

Hay que salir de la UE y de la OTAN y empezar a hacer campaña, pedagogía y protestas en las calles; no lanzar el mensaje de apoyo a la OTAN e incluir un generan en las listas, como ha hecho Podemos. ¿Nos imaginamos a Iglesias en la situación de Tsipras? Sí, y el problema es que lo vemos doblegándose, por su posibilismo, a los dictados de la Merkel y compañía. También observamos a Alberto Garzón, rendido, doblegado, pues IU ya gobernó en Andalucía con el PSOE y a la vista quedan los resultados.

El otro día, tomando algo por el barrio obrero y populoso de Gamonal, se veía una situación diferente a la de unas cuantas calles rio abajo, en el centro. En el barrio la gente, charlado sobre las elecciones, se desesperaba; ya no se creían al coletas, habían perdido las esperanzas que, por un momento, atisbaron en el 15M, en las huelgas que paralizaron los polígonos, enfrentado la reforma laboral, en el movimiento vecinal que durante las luchas del Bulevar le quebró el brazo al tirano local (aká Méndez Pozo), y a sus perritos titiriteros del ayuntamiento. Pero luego el ciclo de las movilizaciones dio paso al ciclo electoral. ¿Resultado? Mis compañeros de cervezas y preocupaciones, les llamaban payasos, vendidos, corruptos, a todos los candidatos, incluido Iglesias, pues no podían fiarse ellos. ¿Acaso la crisis de representación seguirá abierta? Desde luego, lo que se ha cerrado es la ventana de oportunidad del proceso constituyente desde abajo, al menos en España.

Quizás las esperanzas lleguen de donde el sistema no pueda reformarse; la crisis de representación que comentábamos, pero también la reactivación del conflicto social, además de una particularidad del sistema, llamada Catalunya. Las opciones de la CUP no sólo de acabar con Mas sino de forzar un proceso popular, impregnado de las ideas y valores de la izquierda, pudiera llevar a los y las catalanas a recuperar un espacio más pequeño y manejable; su República Catalana.

Pero como no somos catalanes, y no queremos dejarles todo el espacio de representación a los títeres de las élites, habrá que ir a votar, aunque sirva para bastante poco y las ilusiones nos hayan abandonado hace tiempo.