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El Estado-nación ha sido superado como forma de organizar el capitalismo, en el sentido de que los poderes transnacionales y los mercados financieros se han dotado de estructuras de poder que han vaciado el modelo de democracias liberales, surgidas tras la II Guerra Mundial y, en Europa del Sur en concreto, después de las dictaduras militares y de caracteres fascistas en Portugal, Grecia, Italia y España. Y el euro es el mecanismo de control social que vino a apuntalar el dominio de la estrategia neoliberal, comanda por Estados Unidos ya durante la fase de reconstrucción tras la guerra, y que ha ido acompañado de una serie de tratados que pusieran la soberanía en un proyecto inacabado, lleno de contradicciones, en el que siempre prevalecen los intereses expansivos del capital y su núcleo hegemónico organizado en torno a Berlín, que es un gigante económico en Europa pero que, al lado de los americanos, empequeñece mucho. Las personas no importan, el capital ha rendido de media un 5% durante el siglo XX, y se utilizarán formas como la acumulación por desposesión para lograr que vuelva a ser así; llevarse Grecia a precio de saldo, rampante saqueo.

Lo países ocupantes de la periferia respecto a Alemania y sus bancos, como hemos visto en Atenas, se han convertido en simples protectorados sin política económica, fiscal, social y de ningún tipo. Una nueva época del colonialismo económico se expande gracias a la UE, que como recuerda Xabier Arrizabalo en los debates de Fort Apache, es una estructura que fue construida para que los intereses de Alemania respecto a la moneda única y el reparto del modelo de trabajo, acabaran por imponerse siempre. Pues la UE parece un club del que no se puede salir, como dice Xabier, pero del que te pueden expulsar si no aceptas los memorándums de la miseria, la desigualdad y la injusticia social. Ya avisaba este profesor de la Complutense de que el balance de la socialdemocracia, de intentar reformar la UE o el BCE, se iba a encontrar con el chantaje una y otra vez.

Con la dimisión de Alexis Tsipras, asistimos a un debate sobre la estrategia y la táctica de un partido de izquierdas que consiguió romper el sistema de partidos griegos y engullir a la socialdemocracia del PASOK. Pasó de un programa radical de izquierdas, incluida la salida de la UE y el impago de la deuda, a un ideario socialdemócrata que partía de la premisa de que Grecia debía seguir permaneciendo en el euro. Tiempo después los politólogos vuelven a acordarse de esa ley de hierro de Michels; el liderazgo, al menos el excesivo, acaba con la democracia en una suerte de re-creación de oligarquías y burocracias en los partidos, iniciada en Syriza con su transformación en un partido político sin facciones legalizadas, que trata de librarse los activistas críticos con la línea oficial y constituir una dirección centralizada, mediática y antidemocrática. Tsipras ha convocado elecciones para librarse de la Plataforma de Izquierdas (DEA), que votó en contra del tercer y lesivo rescate a Grecia, y así poder implementar sin problema todas las privatizaciones y recortes que le ha impuesto la propia dinámica de la estructura de la UE. Pero si Syriza y la izquierda griega demuestran que no son capaces de hacer política de otra forma, de entregarle la soberanía a su pueblo, entonces la alternativa que quedaría serán los neonazis de Amanecer Dorado, al igual que en Francia a falta de un referente de izquierdas, podría ganar la extrema derecha de Le Pen y regresar los antiguos escenarios de confrontación armada y fascismo en Europa.

Se mueven las fichas. Pero la realidad de las calles en Grecia es muy distinta a la de sus instituciones, aunque de por sí el empuje popular de las movilizaciones no puede alumbrar una nueva Atenas si acaso no encuentran un mecanismo de auto-gestión desde abajo que construya una nueva forma de producir, de repartir y de participar de las decisiones en condiciones de igualdad. Durante los últimos años, jalonados con más de una veintena de huelgas generales y movilizaciones de masas, hemos visto como la ocupación de fábricas y hospitales permitía la auto-gestión del trabajo por los y las trabajadoras en Grecia.

Pero sin salir de la UE, y del euro, que es la forma por la que el neoliberalismo se impuso en Europa, sin acabar con el modelo de democracia liberal que ha cooptado a la cúpula dirigente de Syriza para que ocupe el lugar del PASOK, parece que la estrategia está abocada al fracaso. Desde algunos sectores de Podemos se aduce que no puede salirse de la UE sin un gran costo electoral, y que el objetivo es ganar las instituciones para desde allí reformar Europa. Pero esa historia ya nos suena que la contaron en Grecia. ¿Verdad?