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  Abdel Rahmen al-Mozayen, “Intifada: Against Fascism” (1988). 
Las implicaciones del uso que, día a día, hacemos del lenguaje, suponen una concepción particular del mundo; expresamos nuestras ideas y emociones hablando, escribiendo: las muecas y las arrugas, los ojos llorosos, las piernas inquietas, el aspaviento como respuesta a un estímulo, entre otros. El objetivo de analizar el lenguaje cotidiano es demostrar los vínculos concepto – idea, puesto que no existen las casualidades en el lenguaje o la literatura, “debemos” señalar las contradicciones en las que incurre nuestro interlocutor cuando, por ejemplo, mantenemos una conversación.
¿Qué determina nuestra visión del mundo? La existencia de clases irreconciliables dentro de una sociedad configurada según las condiciones materiales y subjetivas, proporcionaba a la clase trabajadora su carácter mutilado, parcial, que no se proyectaba en el conflicto entre la burguesía y l@s trabajadores sino que se desviaba, ocultándose; nos referimos a la ideología social dominante, a la neolengua de la que se sirve para esconderse y al lenguaje autoritario. La mayor parte de las personas que conocemos, en el centro de trabajo y en los estudios, maneja conceptos determinantes como competencia e individualismo, que regirán sus comportamientos a tenor de unas ideas dominantes que entran en contradicción con sus intereses como trabajador@s.
Los cambios introducidos en el mundo del trabajo, con la consiguiente crisis del modelo de familia tradicional, acompañados del fracaso de la escuela como sustitutivo de la familia y de sus “fallos” e intersticios en la reproducción de las ideas dominantes, entre otros condicionantes que podríamos citar, como la crisis demográfica y de la fe religiosa, han permitido el des-condicionamiento de quienes sufrieron con mayor intensidad la represión sexual, la opresión económica o la autoridad.
¿Por qué es tan importante analizar el lenguaje cotidiano? Para que lo entendamos, el enunciado básico que se manifiesta en la forma en que solemos hablar, en la calle y en casa, que podemos utilizar para detectar la autoridad, se fundamenta en; si no haces esto eres malo y si eres malo ya no te quiero, el miedo al abandono y la culpabilidad son algunos de sus mecanismos, fundamentados en los estímulos que producen agrado o desagrado, seguridad o miedo.
El siguiente extracto de El manifiesto de la educación nos ayuda a comprender las raíces de esa “efectividad” de la autoridad entre nuestros conocid@s, ni siquiera advierten que tratan de condicionarnos; mas no debemos culpabilizar a nadie, en la mayoría de las ocasiones, su desconocimiento se fundamenta en las figuras psicofamiliares y en  imágenes, fantasmas y miedos surgidos en las primeras fases de la vida.
Sabido es que muy pronto responde el lactante con una tensión o relajación muscular al contacto con la madre. El lactante y el niño de corta edad se van así condicionando a reaccionar en la dirección deseada inconscientemente por la madre (y por la sociocultura) en la medida en que saben que una determinada conducta suya les acarreará rechazo y sentimiento de abandono y culpabilidad, mientras que otras les aportará placer y sensación de seguridad […]
Las ulteriores verbalizaciones y chantajes afectivos realizados por los padres (si no haces esto eres malo y si eres malo ya no te quiero) sacan su fuerza de esos condicionamientos preverbales (estímulos de tipo pavloviano, autoridad, fantasmas) inscritos en el cuerpo del niño.
Ahí reside, nos parece, la raíz del fenómeno autoridad, en el sentimiento-sensación de que el fantasma agresivo pueda haber sido pan-destructor, en el miedo al abandono, en el sentimiento de culpabilidad (definido por Freud como expresión del temor de ser abandonado por el objeto atacado); todos estos términos traducen claramente vivencias muy arcaicas, no-conscientes, condicionamientos adquiridos de tipo pavloviano.
[…]
El fenómeno – autoridad, la ideología autoritaria, consiste en fomentar, explotar y perpetuar esta culpabilidad y ese temor al abandono, en principio de los adultos respecto de los niños y luego por los que poseen el poder social – una minoría- sobre la mayoría de los adultos. El poder de los dominantes queda camuflado al asumir, de este modo, la forma de autoridad. Y ello sea cual fuere la sociocultura.
Así la ideología dominante parece presentarse fundamentalmente, de manera más o menos explícita, como una propuesta, dirigida por un mayor a los pequeños, de protegerles de su propia agresividad y de interponerse entre sus impulsos agresivos y sus yoes. Con la particularidad de que esta agresividad se ha hecho tanto más intensa cuanto más se hayan cultivado los miedos y frustraciones del sujeto desde su infancia. Y así, cuanto más frustrado y angustiado se halla el sujeto tanto más experimenta la necesidad de una autoridad protectora, y cuanto más se somete a esa autoridad tanto más agresivo y frustrado queda (1).
El lenguaje autoritario representa el poder inscrito en el habla cotidiana mediante unas pre-condiciones (o ideas) que estructuran la interpretación de la realidad, dotada de sus propias normas de funcionamiento y de orígenes comunes, sujeta a su vez a las ideas dominantes de cada época y sociedad, hacia una suerte de verdades indiscutibles que se cimentan en el principio autoritario que pre-supone que hay un derecho a castigar, juzgar, culpar, que pisotea y aplasta y acaba anulando la libertad del interlocutor.
Partiendo de los enunciados cotidianos, debemos preguntarnos “lo añadido” por el poder ¿Qué hay de autoritario en todo lo que ha dicho o escrito? Luego, el análisis recae sobre las ideas: ¿Qué ideas se esconden tras el manejo de los términos enfrentados? ¿Qué implicaciones suponen los conceptos escogidos? ¿Qué condiciones y qué contextos rodean a la conversación? Las ideas y preceptos que hayamos detectado mantendrán una vinculación con la ideología autoritaria, que desentrañaremos a partir de nuestras propias convicciones; yo me pertenezco a mí mism@, y por tanto, no permitiré que nadie trate de imponerse o coartar mi libertad.
Si ya hemos desentrañado las ideas autoritarias del diálogo, el siguiente paso consistiría en establecer si ha existido algún uso del plano afectivo o sentimental, utilizado para culpabilizar o infundir miedo. Cuidado; presta atención a las gesticulaciones, indirectas y bromas pesadas, la autocompasión del interlocutor puede conllevar un chantaje emocional, la exigencia de una empatía fundamentada en unas ideas autoritarias, otro; algunos de los mecanismos para recurrir al plano afectivo que nos separa momentáneamente de nuestras convicciones libertarias, en favor de ceder y claudicar ante el supuesto malestarcausado a la otra persona.
En este punto es vital comprender que las ideas autoritarias provienen, o contienen una fuerza ligazón a las figuras familiares; el padre autoritario que legitima su fuerza igual que un profesor que le replica a su alumno que debe obedecer, el líder iluminado con la verdad absoluta y al que hay que seguir, la jefa que ordena asfixiando a sus empleados, el supervisor que vigila y controla cada movimiento, el sacerdote que dispensa las normas morales, un propietario que exige “rendimientos económicos” a sus trabajadores igual que una madre exige que su hija consiga unos rendimientos académicos que le permitan la posibilidad del ascenso social.
Un jefe dice; sin mí, todo sería un caos, como si la experiencia histórica no hubiera demostrado que l@s trabajador@s son capaces de autogestionarse, haciendo patente su posición de padre-jefe; el miedo que infunde el caos se sofoca por su acción; la propuesta de que todo funcionará se salda con la explotación y la opresión económica, la apropiación de la plusvalía; eso, seguro, ocurrirá. Aquí se conectan la ideología autoritaria con las ideas dominantes de la sociedad, utilizándose en el mundo del trabajo y en la educación los mismos esquemas psicofamiliares.
Las fases del análisis serían las siguientes;
Estudio del lenguaje cotidiano:
1.       Habla cotidiana.
2. Lenguaje autoritario (premisas, pre-condiciones, implicaciones, desviaciones lingüísticas).
3.      Ideología autoritaria (ideas ligadas a lo psicofamiliar).
4.      Ideología dominante (ideas de lo social, hegemonía y enajenación).
Estudio de la lingüística:
5.      Representación.
6.      Significante.
7.      Significado.
8.     Fenómeno – autoridad.
En este artículo nos interesa la primera parte, pero, pretendiendo bosquejar el estudio de la lingüística y la utilidad que tiene para nosotr@s, comentaremos el caso de los disturbios raciales en Francia, durante 2005. Miles de vehículos arden en las calles y los jóvenes en las barricadas, el humo, el fuego; la representación. Sentados en la terraza de una cafetería,  abrimos el periódico y encontramos una imagen a gran escala de los disturbios; dicha fotografía, impresa en el papel, es el significante. Adscribiéndonos a la teoría que Lacan tejió acerca de las subjetividades y el lenguaje, diremos que el significante “produce algo”, en esta hipótesis imaginaremos que la fotografía de un@s jóvenes quemando neumáticos y desafiando a la autoridad, al poder y al gobierno, nos produce miedo y desagrado. El significado puede interpretarse como los propios coches quemándose y elevando los humos de una París rabiosa y en ebullición, esto es, la realidad sobre la que fluyen otros significados; racismo, pobreza, desigualdad y exclusión de la población inmigrante. Por último, el fenómeno – autoridad se encontraría en el caso de que relacionáramos protesta social (revueltas) con una situación caótica, que infunde miedo y resulta indeseable, necesitando de una autoridad protectora (el Estado, el padre) que nos proteja de nuestra propia agresividad como trabajod@s explotados pero sin conciencia, manteniendo, de paso, una seguridad (eufemismo de represión) que no es más que la falsa ilusión, el mito de la paz social.
NOTAS:
De las ediciones consultadas:
1.       Medel, G. y Vogt, C. El manifiesto de la educación. Madrid: Siglo XXI, 1975.