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Fotos ofrecidas por la comunidad Panamá documentan las heridas sufridos por campesinos cuando soldados hondureños los expulsaron de una ocupación en la finca Paso Aguán, de la Dinant, en julio de 2014.

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Publicado en Agência Pública. Colaboraron en el reportaje Cécile Schilis-Gallego y Shane Shifflett. Segunda parte del texto.

Revueltas en la comunidad Panamá

Glenda recuerda que, en la noche del 2 de julio de 2012, su madre vino a decirle que su padre no había vuelto a casa. “Fue cuando sentí en mi corazón que algo había pasado”, dice. La familia Chávez y sus vecinos comenzaron una búsqueda desesperada. Glenda llamó parientes y miembros de la iglesia alertaron la policía y los bomberos. Después que la policía encontró el hacha de Gregorio, la comunidad exigió el acceso a la finca de Paso Aguán.

Varios días pasaron antes de que el equipo de búsqueda consiguiera entrar en la propiedad. Grupo de policiales y campesinos comenzaron a recorrer las 1.200 hectáreas en busca de señales del pastor desaparecido. Al principio, regresaron con las manos vacías. Después, recuerda Glenda, los agricultores exigieron acceso a una sección inexplorada de la propiedad, conocida como Lote 8.

Los guardias de la Dinant dijeron que la zona era restricta e intentaron negar la entrada, cuenta Glenda. Después de negociaciones con la policía, los guardias aceptaron abrir el lote 8 y agricultores y policiales comenzaron las búsquedas. El 6 de julio, el cuerpo de Gregorio fue encontrado.

Pineda, portavoz de la Dinant, dice que la compañía ya no era la responsable por el Lote 8, cuando el cuerpo del pastor fue encontrado. En los días siguientes a la desaparición de Gregorio, dice Pineda, los agricultores que buscaban el cuerpo tomaron el Lote 8 y otras partes de la propiedad, robando tractores, frutos de la palma, quemando un almacén. Pineda dije que estos guerrilleros violentos podrían haber traído el cuerpo desde cualquier lugar.

Pineda dijo que la Dinant y sus guardias no tenían motivos para matar a Gregorio Chávez. “Nosotros nunca tuvimos ningún problema con Gregorio Chávez, siempre fuimos vecinos”, dice. “¿Qué podríamos ganar con eso?”

Guzmán, el promotor especial, dice que las sospechas de los agricultores son que los guardias de la Dinant mataron a Gregorio Chávez, representa la explicación “más confiable” sobre su muerte. Pero él afirma que no hay testigos o pruebas científicas que impliquen a los guardias en el asesinato. “Ellos son los sospechosos, pero no hay evidencias concretas”, dice Guzmán.

Después que el cuerpo del pastor fue descubierto, la indignación se apoderó de la comunidad Panamá. Los residentes crearon una nueva organización para luchar por su causa: El Movimiento para la Refundación ‘Gregorio Chávez’. Glenda fue llamada muchas veces para hablar a la comunidad. Aún es doloroso para ella discutir la muerte de su padre, pero ella narra con mucha calma los acontecimientos alrededor del asesinato.

Junto con la denuncia de violencia contra los campesinos, el Movimiento Gregorio Chávez exige que la Dinant transforme la finca Paso Aguán en propiedad campesina. La Dinant se niega a vender las tierras en disputa, dejando los dos lados estancados. “La propiedad de Paso Aguán se recuperará”, dijo Santos Torres, uno de los líderes del movimiento campesino de la comunidad Panamá, durante una entrevista radial que la Dinant compartió con los reporteros del ICIJ. “Vamos recuperarla, aunque tengamos que llenar las calles de sangre”. Más tarde, Torres explicó al ICIJ que hacía referencia a la sangre derramada por los agricultores dispuestos a sacrificar sus vidas para recuperar la tierra. “Si tuviéramos que morir aquí, es aquí donde moriremos”, dice.

“Liberando el dinero”

A la medida que la violencia se incrementaba en el Bajo Aguán, la Dinant siguió beneficiándose de las inversiones de la IFC. En febrero de 2013, a más de un año de la inversión de la IFC en Ficohsa, el banco dio a la Dinant un préstamo de US$ 5 millones. El dinero era una parte del préstamo de más de US$ 39 millones que el Ficohsa concedería a la Dinant durante las inversiones de la IFC en el banco.

Mientras tanto, el método de control de daños sociales y ambientales del Ficohsa fue disparando alarmas dentro de la IFC. En el mismo mes en que el banco concedió un nuevo préstamo a la Dinant, la IFC encontró que Ficohsa no siguió las políticas de salvaguardias ambientales y sociales de la institución, que sirven para proteger la población que vive en los alrededores de los proyectos financiados.

Eso no impidió a la IFC continuar trabajando con el banco hondureño. En noviembre de 2013, el Programa de Financiamiento para el Comercio Global de la IFC aseguró a Ficohsa dos acuerdos comerciales con la Dinant.

Al mes siguiente, la oidoría de la IFC divulgó el informe sobre el financiamiento de la Dinant. El observatorio interno encontró que la IFC falló en cada paso al investigar adecuadamente o supervisar la Dinant. Según un empleado del banco que conversó con la oidoría, el departamento de inversiones quería “liberar el dinero”, con poca atención a los riesgos sociales y muchas veces pasando por encima de las preocupaciones del equipo de salvaguardia.

El informe indica que, en el caso Dinant, el gerente de portafolio de la IFC rechazó los llamados del especialista en medio ambiente para que siguieran una línea más dura con la empresa. El especialista fue sustituido. En junio de 2014, la IFC adquirió una participación accionaria de US$ 5,5 millones en el Ficohsa.

La IFC prometió reformular su método de evaluación de riesgos sociales de los proyectos y el modo de supervisar las inversiones en intermediarios. Fue creada una nueva vicepresidencia para lidiar con la gestión de riesgos y un plan de acción para mejorar la supervisión de los intermediarios financieros y empezar selección de los destinatarios finales de los préstamos. “Estamos intentando resolver eso estructuralmente y también culturalmente”, dijo Morgan Landy, director del departamento ambiental, social y de gobernanza de la IFC en un foro con grupos comunitarios en octubre de 2014.

“Humillados en nuestras casas”

El 3 de julio de 2014, los agricultores del Movimiento Gregorio Chávez intentaron nuevamente ocupar la propiedad de Paso Aguán. Ellos ocuparon la finca durante aproximadamente un día antes que los soldados del coronel Jovel entraran y les expulsaran. Miembros de la comunidad Panamá dicen que los soldados abrieron fuego contra ellos durante las expulsiones. David Ponce, un joven agricultor, muestra las cicatrices de una bala que le rasgó el hombro. Otros dicen que fueron golpeados y torturados por los soldados.

Glenda Chávez cuenta que estaba presente durante las expulsiones como defensora de los derechos humanos, utilizando una cámara para filmar los soldados disparando contra los agricultores. Ella dice haber sido detenida por los soldados y sólo fue liberada tras entregar la cámara. “Dejé la cámara caer. Me saqué el chaleco donde guardaba la cámara, mi teléfono y dinero y lo dejé en el suelo”, explica. “Ellos se llevaron [el chaleco] y yo huí”.

En noviembre, durante la visita del ICIJ a Paso Aguán, el coronel Jovel advirtió a los reporteros que los agricultores de la comunidad Panamá intentarían llamar la atención internacional provocando violencia durante la visita. Jovel contó al equipo de reportaje ICIJ que había enviado soldados a Paso Aguán para evitar un intento de ocupación y que no podría garantizar la seguridad de los reporteros si ellos visitaban la comunidad Panamá. Más tarde, en aquel día, el equipo de reportaje visitó la comunidad, evitando las tierras en disputa en Paso Aguán.

Santos Torres, líder de los agricultores que habló de llenar las calles de sangre, se sentó con una docena de personas en el césped frente a la casa de Glenda. Él mostró sus cicatrices y fotografías que documentan los desalojos ocurridos en julio. Torres se burló de la idea de que él y sus compañeros estarían planeando unaconfrontación. La realidad, dijo, es que “nosotros somos humillados dentro de nuestras propias casas, sin poder salir”.

El bosque donde Gregorio Chávez desapareció queda a corta distancia caminando por una carretera polvorienta cerca de donde los agricultores estaban reunidos. Glenda ha comenzado a plantar árboles de naranja entre las palmas aceiteras plantadas por su padre. Cree que estas palmeras sólo trajeron sufrimiento a la comunidad. Ella coge una naranja y, con bastante habilidad, la descasca con el machete. Está madura y dulce.

“Cuando una palma aceitera muere, nosotros plantamos otra cosa”, dice Glenda. “Algo que nos beneficie a nosotros, los agricultores.”