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Durante una entrevista al histórico sindicalista y activista vecinal Manolo Alonso, en el Lago de Gamonal, le pregunté sobre las posibilidades de echar a Méndez Pozo de la ciudad y recuperar así los terrenos y licencias conseguidos mediante la práctica corrupta. Manolo es un hombre a quien admiramos mucho, nos infunde respeto porque ha luchado durante toda su vida con la cabeza fría y con la más alta dignidad; respondió que se trataba de algo muy complicado, muy complicado.

Desde hace mucho tiempo uno de los dictadores que rigen el destino de la ciudad se llama Méndez Pozo, dictando en su parcela del modelo urbanístico, que se ha transformado con la capitalización transnacionalizada, que coloca al Ayuntamiento de Burgos en un tesitura muy complicada la hora de planear, ordenar y redistribuir la expansión de la ciudad, motor de las estratificación social, esto es, de que las condiciones de vida de los y las burgalesas del barrio San Cristóbal o de Gamonal, en especial de la partes como Juan XXIII y similares, disten mucho de los lujosas viviendas de la castellana. Esta distinción es una de las muestras de la lucha de clases, puesto que algunos burgalesas y burgalesas viven en infraviviendas, hacinados, con frío, goteras, con la polución de los polígonos, y otras condiciones insalubres, mientras otros vecinos y vecinas de Burgos tienen jacuzzi, seguridad para proteger la propiedad privada, por ejemplo en los recintos privatizados de la zona sur, ahora “Distrito 3” tras la transformación derivada de la Ley de Grandes Ciudades.

Esta legislación va en detrimento del ya muy limitado poder de las instituciones locales. En la legislación del Estado español, la institución del ayuntamiento carece de poder de autonomía, recibiendo tan solo del poder de delegación que confiere en este caso la Junta de Castilla y León, y ocupándose de las competencias residuales (como basuras). Se suma una pequeña parcela de los impuestos, garantía de auto-financiación de dicha institución.

L@s integrantes y simpatizantes de Imagina Burgos, deberíamos ser muy conscientes de que todas las licencias, terrenos, negocios, de Arranz Acinas, Méndez Pozo y el resto de mafiosos que han regido hasta ahora una buena parte de la política local, van a seguir “siendo suyas”, aun cabe la tenue esperanza de que la justicia se haga valer en el caso del Hospital de Burgos y los turbios negocios, que tan lucrativos han resultado para la UTE, y tan perjudiciales para la salud y la vida de l@s vecinas.

Qué posibilidades hay de intervenir en los campos que generan desigualdad: trabajo, vivienda, violencia, desigualdad y opresión de género, todas estas necesidades que tenemos difícilmente se pueden solventar mediante un poder delegado, presa del mercado y la burocracia, vaciado de competencias. Por muy bueno que sea el programa en medio ambiente, si no hay un movimiento social ecologista con capacidad de presión, influencia y movilización de masas entonces no habrá nada que hacer y el poder económico se impondrá mediante los tejidos políticos al interés racional, que debiera ser compartido por la mayoría de personas, de preservar la tierra y la naturaleza, del fracking y las nucleares.

Ya sabemos que en Burgos, después de la explosión del Efecto Gamonal, parece que lo más importante es engrasar la máquina electoral. Podemos ya ha sido llamado la atención por un movimiento social, ante la falta de interés de la “mayor fuerza de la izquierda electoral” por el impulso de la calle, que derrotó la proyección neoliberal en el modelo urbanístico de Gamonal.

Algunos de los postulados para Imagina Burgos, como el siempre afable Salinero, han reconocido que desde el Ayuntamiento de Burgos es muy difícil cambiar las cosas, es decir, acabar con la desigualdad social, expresada también en l@s jóvenes que somos expulsad@s de aquí, con la precariedad del trabajo y el desempleo, el modelo urbanístico y la gran diferencia entre la vida y condiciones materiales de unos y otros vecin@s, la violencia y la autoridad, la opresión del patriarcado sobre las mujeres y la jerarquía del género, todas estas necesidades que tenemos.

Comprendemos entonces el escepticismo de algunos sectores más feministas, jóvenes, precarios, y excluidos; confrontado con la ilusión de sectores más adultos e integrados en la sociedad, de la izquierda burgalesa. Pero aunque la institución local suponga un pequeño, condicionado y limitado campo de intervención, no se lo podemos entregar sin más ni más al Burgos conservador. Porque nosotr@s sí que estamos por satisfacer las necesidades de la mayoría de los y las vecinos, y por caminar hacia la superación de la desigualdad y la opresión social. Si Imagina Burgos ganara las elecciones, lo cual deseamos que ocurra, al menos podríamos empezar a caminar en dicho sentido; siempre que la acción y la lucha social no se institucionalice imposibilitando su desenvolvimiento.

A Méndez Pozo no se lo para en unas elecciones sino con…

UNO, DOS, TRES…. MUCHOS GAMONALES !