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La sed y la tristeza, en la misma garganta, construyen la rabia, no quiero contener mis ganas de decir por buscar el grito que está encima de mi horizonte, decide el sudor en qué línea se coagula la sangre, para la infamia y mis días de abandono mojados en el afuera, de soledad y destino, la lluvia de hoy se mete en mis ojos y me dibuja en la nostalgia un desguace de vehículos, no quiero oír hablar de reescritura, si ya una vez es mordisco, dos veces es gilipollez, fermentaron las uvas en tu hígado y la calma es la siguiente puerta, no la abriremos, porque no está resuelta la muerte, hemos oído y oído razones para asociarnos, comulgar lágrima con lágrima en el mercado de los lamentos y hemos oído como entre muchos, las mentiras se vuelven consuelo, como entre muchos, los cuchillos se hacen escaleras y la murga, balcón, pero no lo haremos, nosotras no, porque aprendimos a besar en los entierros, lavándonos la mejilla de los virus de las babas y rezando porque la muerte no tenga tantos reparos, ni los cadáveres problemas de melancolía, éramos dos zarzas en un zarzal agonizando por deszarzarnos de tanta espina y sólo cuando el incendio ensalzamos las agujas para en la cordura de los otros, clavárnoslas en el cerebro, somos dos putas extrañas, no sabemos ser dos, ni queremos ayudarnos, porque mejor y lo sabes bien, no mezclar metralla.

Esta pieza de prosa poétia pertenece al libro Infecciones, antología de Mareva Mayo. Os dejamos con la presentación, en la que Enery Ordoñez realiza una performance sobre los poemas de Mareva, recitándolos más tarde.