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Hollywood normalmente no responde a factores artísticos a la hora de producir una película, si no a factores económicos. La pregunta a la hora de producir una película en los esquemas lógicos de hollywood no suele ser si el potencial del guión, el aspecto artístico de su fotografía, u otros condicionantes estéticos y artísticos son suficientes como para sacar algo bueno de la propuesta, si no si la financiación de ésta será recompensada con beneficios millonarios. Sin embargo, de vez en cuando, de Hollywood salen obras maestras.

En este caso, Christopher Nolan (un director de su época), nos propone “Interstellar”, una historia que reflexiona sobre el potencial del amor (en este caso no se refiere al “amor romántico”), la contradicción colectivismo-individualismo, o lo ilimitable del ser humano como explorador y conquistador, sirviéndose y utilizando la astrofísica, la mecánica cuántica y otros recursos científicos como escusa.

Con una trayectoria indiscutible, Christopher Nolan ha dirigido obras maestras tales como “Memento”, “Orígen”, “El Prestigio: el truco final”, o “Insomia”. Esta vez, Nolan, en su épica cósmica de ciencia ficción, a parte de hacer guiños constantes a clásicos del género (2001: Odisea en el espacio; Gravity; o Star Wars), también utiliza sus típicos recursos cinematográficos tales como giros inesperados en el guión, elementos surrealistas, o cuestiones filosóficas y conceptuales de fondo que no dejarán indiferente al espectador.

Interstellar” es la historia de un padre (Cooper), en un mundo distópico azotado por tormentas de polvo, donde el único alimento cultivable es el maíz y el ser humano tiene sus días contados en la Tierra. En este contexto, el amor de Cooper por sus hijxs, lo llevará ha aceptar una misión (de la cual no sabe si volverá), que puede que sea la más importante de la Humanidad: viajar a través de un agujero de gusano descubierto en la órbita de Saturno, en busca de mundos potencialmente habitables para comenzar de nuevo.

Dejando de lado su excesiva duración de casi tres horas (algunas secuencias podrían haber sido recortadas, y en general, la película podría haber recortado y prescindido de algunas escenas), su a veces patriotismo americano (casi inevitable en una película Hollywodiense) y sus recursos emocionales a veces algo forzados, en general, Nolan, logra en su conjunto una obra casi perfecta. La fotografía (las secuencias del agujero de gusano, o el agujero negro, llamado Gargantúa en la película) no dejará indiferente al espectador, al igual que su épica banda sonora, de la mano del gran compositor Hans Zimmer. Sus reflexiones filosóficas de fondo, donde Nolan pone en duda la superioridad del individualismo al colectivismo, su realismo científico (aunque haya ciertas licencias artísticas a las que debe de recurrir para darle consistencia al guión) y la brillante actuación de sus protagonistas, hacen de la cinta una de las mejores (por no decir la mejor) películas que Christopher Nolan haya dirigido nunca. Con “Interstellar” seguramente nos encontremos con una de las mejores películas del año, difícilmente superadas por otras obras. Lo que sí que está claro, ya no solo para el público, si no para lxs críticxs profesionales, es que “Interstellar” es ya la mejor película dirigida y escrita por Nolan.

Si Christopher Nolan será recordado por algo, será por “Interstellar”.

Berry Espinosa, cinéfilo y militante anticapitalista.