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En primer lugar, debo enfatizar que este artículo no posee carácter farandulero ni mucho menos intenta ser amarillista, tal y como lo hacen otros medios de comunicación masivos. El objetivo se relaciona con cuestionar el doble discurso que se teje alrededor de las virales fotografías de desnudos de personas reconocidas en Costa Rica, la cual es una realidad que sucede alrededor del mundo.

Deseo proseguir formulando la siguiente interrogante: ¿cuántas de las personas que están leyendo estas líneas se han tomado fotografías “eróticas”? Estoy seguro que una gran cantidad de personas, lo han hecho, y no puedo ser hipócrita, hablando en tercera persona y en plural, por lo cual quiero replantear la afirmación preliminar: “lo hemos hecho, nos hemos tomado fotos “eróticas”.

En este tercer párrafo, es el punto en que algunos y algunas hicieron una pausa para comentar, pensar y/o decir lo “inmoral” que son mis palabras. Si usted es una de esas personas; las siguientes líneas son directamente para usted y muchas más personas que son iguales.

¡El sexo alarma! Es la afirmación que desarrolla la discusión actual. Todo aquello que se relaciona con la sexualidad, orientaciones sexuales, identidades de sexo, prácticas sexuales, entre otras dimensiones provocan polémica entre las “personas de buenas costumbres”. La sociedad religiosa y moral se ha encargado de satanizar el placer sexual bajo el argumento en donde se percibe como si fuese “pecado”.

¡Una fotografía de una mujer desnuda no se equipara a la de un hombre! Lo anterior no se relaciona con preferencias sexuales ni nada relacionado, sino con la censura que sufren las mujeres en el ámbito sexual. Si bien es cierto, el sexo es una temática que se ha caracterizado por encontrarse repleta de tabúes, jamás se podrá comparar el impacto social que se experimenta cuando en la misma oración se encuentra la palabra “mujer” y otra relacionada con sexo.

Lamentablemente, cuando una fotografía íntima de una mujer reconocida (o no), se hace pública sin su consentimiento, se gestan una serie de preguntas inmediatamente: ¿A quién se la habrá enviado? ¿Ella tiene novio? ¿Esa es la actitud de una verdadera señorita, señora o mujer? Mientras que un hombre lo hace y la pregunta habitual que puede escucharse corresponde a: ¿se la habrá enviado a una mujer o un hombre? En ese caso específico, lo que se pone en duda es su masculinidad hegemónica.

Pues claro, se cree que ser homosexual conserva una estrecha relación con lo socialmente feminizado, y la “peor” cualidad que se puede poseer en la sociedad patriarcal es contar con características o rasgos feminizados; esa es la llave a la exclusión, discriminación y en ocasiones, segregación.

Lo más preocupante de la divulgación de fotografías es su objetivo asqueroso: catalogar a las personas en “ricas o no”, en juzgar (sin haberse pedido la opinión) el par de senos que se encuentran en la pantalla del dispositivo electrónico; fomentando la cosificación del cuerpo de la mujer. La misma problemática que muchas mujeres feministas siguen luchando por erradicar.

Asimismo, uno de los aspectos más reprensibles hace referencia a la falta de sororidad que se evidencia por parte de algunas mujeres en situaciones como esta; en vez de repudiar la acción, la comparten e incluso emiten burlas con carácter despectivo, clasificando a las mujeres como “zorras”.

Mi intención no es jugar de santo, yo también buscaba las fotos apenas salían ¿Por qué? ¿Para qué? Creo que por el mal que nos destruye lentamente: solemos ser doble moralistas. Así que usted, quien comparte o solicita las fotografías por whatsapp o facebook, usted está siendo parte del problema. Usted que intenta cambiar el mundo, pero reproduce el sistema patriarcal esclavizante. Usted que se ha tomado fotografías, solamente que no se han hecho públicas, y aún así críticas a las demás mujeres. Usted que califica a las personas como “buenas o malas” por la divulgación de su privacidad; usted se encuentra infectado o infectada de la asquerosa doble moral.