La caja de música

En aquella época yo acudía a ese lugar sólo para verla, los sábados por la noche a las diez en punto. Ella salía a bailar cada vez que sonaba aquella misteriosa canción y sus puntiagudas orejas recibían las periódicas pulsaciones que habitaban en la evocadora melodía. El sonido que durante su actuación presidía aquel cubículo de tono rojizo, se mimetizaba a la perfección con sus curvilíneos movimientos y las imaginarias palabras que formaban el particular vocabulario del idioma,en el que se expresaba su lenguaje corporal. Su larga cabellera se asemejaba a una explosión lumínica de fuego y aire malhumorado y sus ojos brillaban como una conjunción de astros deambulando osadamente por el universo. Sus brazos alados  y kilométricas piernas se coordinaban condescendientemente en un sinuoso pálpito y su cadera giraba lentamente alrededor de la barra de hierro que flanqueaba su esbelta figura, convirtiéndose así en la delgada línea que separaba el bien del mal. Me hechizaba aquella mujer.Cada vez que salía a bailar, mis latidos y mis sentidos eran prisioneros de sus hipnóticas danzas. Su cuerpo era una obra de arte esculpida con el preciso cincel del más brillante escultor, su maquillaje parecía haber sido administrado en la paleta del pintor más iluminado y en sus labios sellados por un resquicio de viento silencioso, parecía haber estado descansando plácidamente la inspiración del poeta más pasional que jamás haya existido. Mis pies y manos eran incapaces de seguir el ritmo de la música ,así que nunca me atreví a pedirle un baile, quizá por vergüenza o por miedo a no ser capaz de seguirla en su caótico y a la vez estudiado tránsito coreográfico.

Hacía tiempo que no pensaba en ella, la había olvidado por completo, hasta que hoy, después de recoger unos viejos trastos en la mudanza de la casa de mis abuelos, me encontré con la caja de música con la que jugaba los fines de semana cuando era un niño. Al desempolvarla y accionar la cuerda , la música volvió a sonar de nuevo y ella comenzó a bailar otra vez como si los años no hubieran pasado nunca.