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25593_pussyriot_carcelEl miedo producido por la crisis económica produjo aquí conatos de censura. Incluso Ana Botella se fue a reunir con Putin, que controla los medios de comunicación de su país a rajatabla. Si un/una periodista se sale del tiesto lo quita del medio, en todos los sentidos de la palabra. Recomiendo la lectura de “Limonov” de Emmanuel Carrere o “El armario de acero”.

Esto sigue ocurriendo en muchos lugares. No me refiero solo a países concretos como la citada Rusia de hoy, Irán, zonas China o hasta hace muy poco en determinados países de Latinoamérica que han conocido dictaduras militares. Hay muchos lugares, capitales de provincia, algunos estados de EEUU, algunas regiones de Asia, donde el miedo económico y al oprobio religioso o el rechazo comunitario del “pensamiento único” llevan a la autocensura. La llamada crisis ha supuesto un retroceso cargado de ideología, no obstante no han podido callar a todos los medios de comunicación y si Esperanza Aguirre quiso dominar Telemadrid los trabajadores le salieron respondones. Creo que en general y, al menos de momento, tenemos la suficiente cultura democrática para decir aquello de “a ti que estas mirando te están robando”, no sabemos si conseguiremos parar la obra en la Plaza de Toros, o si el efecto Gamonal fue un episodio aislado. Sabemos que muchos grupos nazis son policías sin uniforme pero es dificil demostrarlo, o que algunos periódicos locales (como es el caso de los casi iguales periódicos de Castilla y León) son patrimonio de la derecha, y solo se permite prudentes u oportunistas salidas de tono. Hay columnistas del Diario de Burgos que hablan de futbol para no hablar de otra cosa o que parecen voceros de un ayuntamiento corrupto y una universidad decrepita. Así, los ensayos sobre cine comprometido, los libros de combate como “Capitalismo gore” de Sayak Valencia, o la literatura más crítica, o no se publica o no llega a todas las bibliotecas con la misma celeridad con la que llega lo último de Stephanie Mayer, Pilar Urbano o Eduardo Punset. Se presenta a los adolescentes o a la gente con problemas personales bajo estereotipos degradantes para mantenerlos en su lugar.
La imagen de Maruja Torres abandonando El País, o el miedo a opinar en determinados puestos, nos lleva a una desconfianza generalizada, a que la estafa se expanda, a que los violadores queden absueltos o a que la gente LGTB vuelva al armario a sus trabajos. Una ciudad con un solo periódico no es una ciudad bien informada. Por desgracia, y a pesar de las nuevas herramientas mediáticas, la contrainformación sigue teniendo un público minoritario. Yo intenté que el Diario de Burgos hablara de los asesinatos homofóbicos en Rusia, pero no interesa igual que no interesa que se destapen los negocios de compra venta más sucios de la ciudad (que se mantienen en la alegalidad), o los policías que añoran el franquismo.

Los vándalos son los que pintan un grafiti, o protestan ante injusticias “como plazas de toros”. El buen ciudadano es un ciudadano sumiso o, al menos, altamente discreto. Mucha gente que ha visto los cambios sociopolíticos en las llamadas o autoproclamadas “democracias europeas” ve como la gente de su ciudad o su pueblo cede al populismo racista, machista o heterosexista, invitándoles así a callar para evitar que las luchas pasadas vuelvan al presente. Pero han vuelto. Cuando Gamonal respondió el Diario de Burgos cerró filas contra esos ciudadanos de a pie que pasaban a ser “violentos”. Hay que fabricar a los malos.

Para dar una nota de optimismo, diremos que, de momento, hay las suficientes plataformas como para que salga a la luz una estafa municipal, un asesinato de odio, una discriminación racista o el vandalismo contra los animales en algunas fiestas llamadas “populares”. Ana Botella para defender la postura de su partido habló de “los atentados de Gamonal” insultando la inteligencia del ciudadano además de haciendo de nuevo un capítulo en la historia de la estupidez humana. No es extraño que sea amiga de Putin. La censura en Rusia solo ha provocado reacciones aisladas no una respuesta firme de la demasiado fetichista y todavía machirula izquierda convencional que en cuestiones de derechos sexuales y ofensas simbólicas puede, en ocasiones, ser tan corta de miras como esa Iglesia y que se alía con el Estado para asegurar la continuidad de sus enormes ingresos y de paso del partido en el Gobierno.
Como dijo Orwell “El periodismo debe servir para decir algo que alguien no quiere que digas Lo demás son relaciones públicas”. Pero poca gente está dispuesta a pensar en unos tiempos en los que en el Estado Español la policía reprime con violencia y se piensa en cobrar a los lectores por sacar libros de la biblioteca. Los más subversivos son los que saben leer entre líneas o desconfían tanto de la “Historia Oficial” como de la llamada “Cultura General”, de moda en las pocas oposiciones que llegan a salir. La zafiedad del “club de la comedia”(lleno de resabios machistas) , las series de amables doctores y bondadosos comisarios no hacen más que perpetuar a los sectores más inmovilistas y además reforzarlos . Por eso es un momento de opinar y manifestarse, cuando se gastan el erario público en fastos innecesarios o remodelación de reliquias y se recorta en gastos básicos o se suben los impuestos sobre la vivienda. Como dijo la escritora Sarah Schulman “Cualquiera que haya participado en un acto de rebelión política para verlo al día siguiente distorsionado u omitido en los periódicos se da cuenta del papel que juegan los medios de comunicación en el mantenimiento de un status quo de poder”.