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La península de Crimea está pidiendo ayuda a Rusia, está pidiendo ayuda a Putin.

La península de Crimea siempre caía en los exámenes de COU de Emilio.

La península de Crimea es un lugar tan conflictivo como lo es para una feminista convencida tener pulsiones sexuales clásicas. No sé qué es ser feminista pero sé que ser feminista no es negarse a la evidencia que para cada una es el deseo y sus caminos.

Tenemos cartografías emocionales desfasadas, de épocas que nos son ajenas, que no nos sirven. Ha cambiado la velocidad de las emociones y ha cambiado también la manera de entender las relaciones en si mismas, de entenderlas. Las cartografías son el símbolo de lo real pero sirven para desplazarse por lo real, son deípticos que definen y delimitan; pero estos, al igual que la geografía, pueden ser móviles, cambiantes, intinerantes, como las dunas del desierto donde fuiste un verano. ¿O era invierno?

La península de Crimea tiene en su mapa millones de trazos diferentes que la atraviesan y la definen. Tiene trazos tridimensionales en el tiempo, que pueden verse a la vez todos juntos si elegimos las transparencias adecuadas, y eso puede ser el feminismo: un montón de mapas, un montón de transparencias que están sujetas a constantes cambios y a constantes definiciones; sólo hay que darles la dialéctica adecuada, la dialéctica biográfica que está trazada en las lineas de la mano que expones ahora.

La península de Crimea es un punto conflictivo de Europa. La península de Crimea es un lugar límite, es un lugar que está entre dos mundos y que actúa como equilibrador de las potencias. El poder del límite es siempre que es el límite, no debemos olvidarlo nunca. El poder de la frontera es ser frontera. Es, que siempre se tiene que construir, siempre se tiene que reinterpretar. Empoderarse desde la frontera, desde la libertad de la frontera. Y tú misma puedes ser frontera y hacer de esa frontera la fuerza para seguir siendo frontera. La frontera es inclusiva porque todas somos siempre de todas partes y de ninguna. La frontera es un lugar mítico que recuerda al horizonte del mar que todas nos debemos. Caminar siempre hacia el horiozonte y no llegar nunca a tocarlo es realmente lo que nos hace fuertes, porque en el camino siempre hay compañeras. Y el trayecto relatado siempre resulta más fácil que el que no se narra y se oculta, porque pierde el poder de posicionarse como visible y como actante, como realizador de acción.

La península de Crimea es políticamente inestable, la península de Crimea es histérica. La península de Crimea ha sido colonizada y disputada. La península de Crimea consigue su fuerza de su localización, consigue su fuerza de la debilidad de estar expuesta. Porque quien se expone se libera, porque quien se expone se hace libre y, por lo tanto, invencible. La fuerza de la débil radica en que siempre se ha levantado del suelo para poder empezar, y las heridas son el orgullo de la batalla, y en la batalla da igual si se pierde o se gana, porque siempre se aprende de estar en el suelo; siempre se acaba descubriendo la velocidad que tiene tu cuerpo en el momento del impacto.

Construirse, entonces, los mapas emocionales desde donde una quiera, con lo que una quiera y sabiendo cómo los construye; sentir el orgullo de la que sabe ser frontera. Dudar de lo que viene de fuera y creer en el momento que estás viviendo; construir un mapa que, al igual que el mandala, tendrás que destruir al día siguiente, es donde radica el poder de lo efímero. Y solamente podemos ser efímeras, finitas, y ese es el secreto de la frontera. Sé frontera, sé límite, sé la península convulsa de Crimea, sé sus montañas, su mar y sus ríos, y lucha siendo frontera porque toda frontera es movible y el movimiento es aire, y el aire es libertad de ser de todas partes y de ninguna.