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“Permanece triste y en pie junto a la tumba
del fallecido Kroysos, luchador de primera
línea a quien el tempestuoso Ares ha arrebatado”

(Estela funeraria griega – siglo VI a.C.)

Me río de vosotros que me creísteis héroe
porque entregué mi vida en una guerra inútil.
¡Si supierais que el Hades es un mundo de hielo,
que no hay ningún Caronte aguardando en la orilla

y el óbolo en mi boca es un cobre oxidado!.
¡Cómo echo de menos la brisa de la tarde,
el suave balanceo de las naves cargadas,
el calor de una hoguera, las laderas de olivos!.

Si esta quietud azul me traspasa los huesos
¿por qué alzáis en mi tumba estelas de victoria?.
¡Si supierais que nada vale más que una brizna
barrida por el viento!. Me río de vosotros

que me creísteis dios, que me creísteis héroe.
Nunca supisteis nada, no quisisteis saberlo.
Era un joven cobarde llamado por la muerte.
Sólo soy una sombra. Seré ceniza y viento.

Cuando el recuerdo sea una noche de lluvia,
una calle vacía y sin paraguas,
el olvidado nombre adolescente
por quien dijiste estar dispuesto a todo
y a quien no diste nada,
te pesarán los años -vacíos y anodinos-
como losas de hielo.
Con ese escalofrío que da el presentimiento,
transcurrirá tu vida.
Lamentarás no haber quemado naves
cuando aún tenías fuego entre las manos
que hoy contemplas vacías,
porque el tiempo se ocupa de apagar las hogueras,
de secuestrar la luz que brilla en las miradas
de quien no supo un día alimentarlas.

 

 

 

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