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  • En esta propuesta de Alba Rico, vemos ya una potencia bastante grande frente al fascismo: conjugar el axioma socialdemócrata, pues de otra forma los deseos de seguridad resultarán traducidos por la extrema derecha, y el axioma religioso, pero anticlerical, del Papa Francisco
  • César Rendueles nos advierte con claridad proponiéndonos que nos fijemos en un axioma: el keynesianismo
  • Carlos Fernández Liria suele insistir, con la pasión que le es propia, en la necesidad de crear, fortalecer o democratizar las instituciones políticas y sociales ateniéndonos a la fuerza y a la normatividad de la razón

¿Por qué se dice que la socialdemocracia y el Estado de Bienestar suponen una poderosa arma contra el fascismo generalizado que, dese hace décadas, se viene anunciando en las sociedades occidentales? ¿Acaso no debemos luchar por la ruptura revolucionaria? Como señala con lucidez Santiago Alba Rico, nos encontramos ante la revolución del destropopulismo, fascista, cargada de potencialidades mortíferas, y no ante la posible irrupción de la ruptura socialista.

Cuando Alba Rico afirma “Sólo un Dios puede salvar a España(1). ¿Acaso, en el fondo, no se está refiriendo a la necesidad de inventar e introducir nuevos axiomas que ralenticen la velocidad, el enfrentamiento que nos lleva al fascismo? Esa es la brillantez, el centelleo de Alba Rico, y también de César Rendueles, Carlos Fernández Liria y tantos otros; inventar e introducir nuevos axiomas que nos permitan controlar los flujos des-traducidos de deseo, en concreto, de los deseos de seguridad y de adquirir identidades reconocidas por la sociedad.

Tenemos un anticlerical anticapitalista en la Santa Sede mientras el resto de los gobiernos del mundo se clericaliza de un modo u otro, vía el nacionalismo identitario, el laicismo fanático o el capitalismo mafioso. Tenemos en el balcón de San Pedro un comunista cuyo discurso alcanza a buena parte de las criaturas que vuelan y a buena parte de las criaturas que respiran bajo el agua. ¿No deberíamos alegrarnos de ello los que habitamos en esta tierra seca y crecientemente desolada para sumar nuestras huestes -con nuestros debates y dudas- a la lucha común?” (2) En esta propuesta de Alba Rico, vemos ya una potencia bastante grande frente al fascismo: conjugar el axioma socialdemócrata, pues de otra forma los deseos de seguridad resultarán traducidos por la extrema derecha, y el axioma religioso, pero anticlerical, del Papa Francisco. Se trata de traducir la seguridad y la identidad.

Pero antes de continuar, debemos aclarar lo que entendemos por axioma. Según Deleuze y Guattari, los axiomas en el capitalismo son “enunciados operatorios que constituyen la forma semiológica del capital, que entran como partes componentes en lo agenciamientos de producción, circulación y consumo(3). De forma simplificada, diremos que los axiomas son aquellas formas o expresiones mediante las que el capitalismo controla los movimientos que se producen en la sociedad, para que éstos pasen a producir, circular y consumir. César Rendueles nos advierte con claridad proponiéndonos que nos fijemos en un axioma: el keynesianismo. “Después de la guerra del 14-18, la influencia conjugada de la crisis mundial y de la revolución rusa forzaron al capitalismo a multiplicar los axiomas, a inventar otros nuevos, que concernían a la clase obrera, al empleo, a la organización sindical, a las instituciones sociales, al papel del Estado, al mercado exterior y al mercado interior. La economía de Keynes, el New Deal, fueron laboratorios de axiomas(4). Se trataba de controlar los flujos.

Los Estados socialdemócratas se caracterizan, precisamente, por controlar los flujos, los movimientos que agitan lo social, que atraviesan a los grupos y a los individuos. Por ejemplo, los flujos de miedo. Pero esto lo hace proporcionando seguridad a las personas a través de la educación y la sanidad públicas, el acceso garantizado a la vivienda y a las prestaciones sociales, entre otras cuestiones. Mientras que la extrema derecha traduce la inseguridad en miedo al inmigrante, en el deseo de muerte. El neoliberalismo nos lleva a la destrucción porque se dirige hacia un Estado anarcocapitalista y totalitario en el que se van quitando axiomas, con que los flujos de inseguridad y de miedo continúan dirigiéndose, descontrolados, hacia el abismo fascista. El Estado fascista controla sólo algunos movimientos que pretende dominar, mientras reduce los axiomas dejando que los flujos descontrolados sigan produciéndose, al mismo tiempo que hunde el mercado interior, y promociona el exterior mediante la guerra. Es la inseguridad, el miedo, la pérdida de identidad y el deseo desplazado, para así reprimirlo mejor.

Pero la tendencia totalitaria y fascista de quitar axiomas o reducirlos, actúa sobre la tendencia socialdemócrata a inventar o añadir éstos, y viceversa. Esto se observa con claridad en la historia reciente de España, una tensión permanente entre el totalitarismo fascista a medio camino entre la esclavitud y la férrea sujeción social, en el que el miedo sirve para dominar a la sociedad; y, por otro lado, la socialdemocracia que trataba de crear instituciones, de poner en marcha programas sociales, que invertía en sanidad y educación públicas evidenciando que el Estado de Bienestar, con todas las críticas que se le puede y deben hacer, produce seguridad a la mayoría social. En este sentido, Carlos Fernández Liria suele insistir, con la pasión que le es propia, en la necesidad de crear, fortalecer o democratizar las instituciones políticas y sociales ateniéndonos a la fuerza y a la normatividad de la razón. El “patriotismo constitucional” del que Liria habla, supone un arma frente al neoliberalismo que endiosa al mercado y lo expande a todas las facetas de la existencia, controlándonos y capturando nuestras formas de lucha y de resistencia. Liria se apresta al combate, y para ello trata de rebatir a los locos de los neoliberales, invirtiendo sus argumentos: según él, la constitución de 1978 “no estaba tan mal”, el problema consiste en que no se cumple.

Todos y todas somos migrantes, ancianos, precarios y mujeres. Pues hay en nosotros un devenir minoritario; si no lo somos ya, nos convertiremos en personas alejadas del patrón de la mayoría: varón blanco, heterosexual, cualificado, con empleo estable y de mediana edad. Todos y todas vamos a sufrir la inseguridad y el miedo encarnándonos, pues somos vulnerables y necesitamos al otro para quererle y para que nos cuide. Por eso necesitamos nuevas instituciones, más allá de la necesaria recuperación del Estado del Bienestar. Otro arma antifascistas sería, si lográramos orientarla en un sentido revolucionario, la renta básica universal. ¿Qué mayor seguridad que tener la existencia garantizada? ¿Acaso la renta básica universal no es un axioma que controla los flujos de trabajo?

NOTAS:

De las ediciones consultadas

  1. Alba Rico, Santiago (5/9/2016): “Solo un Dios puede salvar a España”. Publicado en CuartoPoder.

[Fuente: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/09/05/solo-dios-puede-salvar-espana/9049]

  1. Ibídem. 1.
  2. Deleuze y Guattari (2015). “Mil mesetas”. Ed: Pretextos. Pág. 466
  3. Ibíd. 3

LICENCIA:

“Las armas antifascistas de ciertos pensadores españoles.” 2017: Víctor Atobas.

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