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Al “lobo”

En la esquina del barrio de Las Perlas destaca una casa de paredes blancas y de ventanas siempre cerradas, ahí vive el doctor Cecil, considerado genio por unos y loco por otros, lleva ya un mes encerrado, los muchachos del barrio puntualmente se aglomeran frente a su casa todos los días a las cinco de la tarde y especulan sobre los ruidos que vienen de la casa.

– Eso parecen ladridos.

– Para mí que es son como zumbidos.

Y así hasta que llegan las ocho y cada quien toma su camino.

Comenzó un miércoles luego que el doctor en mención estaba cenando en el restaurante de la esquina y una mosca se paró en su cerveza, la espanto y limpio con alcohol gel la boca de la botella aunque acostumbraba beber en el vaso, las mosca errática aterrizo en su plato y eso desencadeno todo, el asco y la impotencia de no ser tan rápido para matar la mosca se apoderaron de su cabeza y fue consciente del vuelo de cada mosca en aquel sitio, salió corriendo y se encerró en su casa, había olvidado contarles que el doctor era un premiado genetista y su casa su laboratorio.

Cuando se cumplió un mes y un día de encierro los vecinos decidieron forzar la puerta, ya hace dos días no se miraba que se encendieran las luces y nadie había visto salir al doctor.

Al entrar sintieron un olor extraño como a perro mojado y una bandada de moscas del tamaño de abejorros salieron por la puerta, al fondo de la sala estaba el doctor encerrado en una extraña caja de cristal, con una algodón se limpiaba las múltiples heridas que poblaban sus antebrazos, al notar que lo observaban abrió la puerta de la caja y cayo de rodillas, llevándose las manos a la cabeza, exclamo:

– ¿Por qué los han dejado salir?, aun no era tiempo.

Extrañados los vecinos y sin decir palabras, consensuaron en sus mentes que el doctor se había vuelos loco, el niño de doña Hortensia no resistió aquel silencio y pregunto.

– ¿de qué habla usted, doctor?

– Llevo años intentándolo y al fin lo logre, respondió, encontré la manera de mezclar los genes de mi pitbull con el de esas moscas grandes que crecen en los sumideros, moscos pitbull, cree unos cuantos y quise entrenarlos para espantar a las moscas que se me acercan, pero no tiene docilidad y me han mordido, por eso me encerré en la caja de cristal esperando que murieran ya hora ustedes los ha dejado salir.

El hecho paso sin relevancia hasta que esta mañana se encontró el cadáver del cocinero del restaurante de la esquina, era el último en irse del restaurante afirma el vigilante pero aquella noche no salió, temprano compro una lata de insecticida y le dijo que cuando no hubiera clientes iba a rociar unas moscas gigantes que habían intentado entrar a la cocina y que se están quietas en la pared de atrás.

La gente pensó en los moscos pitbull, nadie dijo nada por temor a ser visto como loco.