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Mi abuela fue feminista, aunque no lo supiese.

Yo no soy feminista, aunque debe ser por pura vagancia.

Me abuela tenia camisones con ventanita.

No quiero ser feminista por haber crecido viendo sus camisones.

Porque una mujer tenía que hacerse valer, y pese a estar casada y tener dos hijos sus camisones llevaban ventanita.

 Sí, una ventanita con botón  a la altura de su sexo, porque el sexo no era cosa de señoras, las señoras abrían su ventanita para que su esposo se desahogara. No enseñaban su cuerpo, sucio, pecaminoso.

Qué debió pensar y sentir sobre si misma el día que disfrutó en su cama marital?

Iría corriendo a confesarse?

Sentiría repulsa sobre su naturaleza?

Y sin embargo le quería, tal vez por eso accedía a abrir su ventana a petición.

A silenciar su cuerpo.

Si me hiciese feminista y reivindicativa no se quemarían por si solos los camisones vergonzantes de mi abuela. Yo no quiero ser feminista…

Vergonzantes sí, vergüenza ajena y tristeza, que por educación, por costumbre, por haber nacido en una España distinta a la de hoy mi abuela fuese una mujer con una ventana protegiendo un agujero que servía sólo para el placer de otro.

Vergüenza de que su cuerpo no fuese su cuerpo, de que su sexo no fuese suyo, y debiera esconderlo, omitirlo, enmudecerlo…

Yo no quiero ser feminista, no quiero tener que gritar que mi sexo es mío y no de otros.

No quiero vociferar que tengo derechos.

No quiero tener que explicar que puedo ser y hacer lo mismo que un hombre.

Yo no quiero ser feminista.

Los hombres debían serlo, porque yo puedo hacer lo mismo que un hombre. Pero un hombre no puede  hacer lo mismo que yo, ellos no pueden parir.

Sí, yo puedo hacer lo mismo que un hombre, todo.

No, no es cierto, yo no podría esclavizaros a causa de vuestra triste diferencia, como seres inferiores incapaces de parir. Imposible atentar contra vuestros derechos, porque tarde o temprano, un hombre será hijo mío…

Yo no quiero ser feminista bramando por la igualdad. Porque yo no quiero perder lo que me diferencia.

Yo no quiero ser feminista y que me acusen de que discrimina positivamente a las mujeres, la consecuencia de tanta discriminación negativa es que un día para compensar la historia de la humanidad hay que actuar a la inversa. Y yo no quiero. Porque no quiero una historia que nos tergiversa y nos fragiliza.

Yo no quiero ser feminista porque significa crear movimientos que nos defiendan del machismo, y yo no quiero que exista.

Yo no quiero ser feminista, porque significa que antes mujeres como yo han tenido que inventar nombres para defenderse. Para defenderse del miedo, miedo a ser mujer y por ello te maten, te violen, te esclavicen, te discriminen…

Exagero? No. Es histórico.

En cuántas culturas se nos ha denostado, matado, esclavizado, prohibido pensar, ser, actuar…?

En cuántos lugares del mundo ser mujer sigue siendo peligroso?

En cuántos lo normal es esconderse bajo una tela para que los hombres no sufran tentaciones? Porque ser mujer crea tentaciones, de qué? De ser violento, violador, asesino?

Yo no quiero ser feminista porque significaría que entiendo que exista ese machismo.

Que entiendo que un ser humano sea violento, asesino, violador, simplemente por ser hombre. Significaría que entiendo que haya sido durante milenios comprendido y acallado.

Que entiendo que se nos haya tratado con esas diferencias, que se haya creído que somos niñas, sin voz, voto, ni mayoría de edad.

Que entiendo que culturalmente en muchos sitios violar a una mujer es tradición, y se solventa casándola con su violador.

Yo no quiero ser feminista.

Porque no quiero tener que defender lo que creo justo.

Defender que mi hija el día de mañana sea una mujer libre, que viva, sea, folle, trabaje, participe, elija, y ame donde quiera, con quien quiera, como quiera, a quien quiera.

Yo no quiero ser feminista, aunque quisiera eliminar de la historia las ventanitas que escondían el sexo de mi abuela.

 Y quiero reírme pensando, que un día se subió el camisón, y disfrutó de su compañero, al que amaba y gritó de placer, y le oyeron los vecinos.

Y se sonrojó bajando las escaleras mientras la portera  le miraba inquisitivamente.

Y sonrió al llegar a la calle pensando en que esto no lo contaría en confesión.

Y soñó que un día sus hijos romperían los camisones con ventana de sus amantes.

Y se estremeció recordando la tibieza de sus cuerpo sobre el suyo, el tacto de su sudor, el murmullo de su corazón galopando, el susurro de su respiración acompasada a la suya, mientras juntos hacían chirriar la cama…

Yo no quiero ser feminista, porque no quiero que nadie me robe ese recuerdo imaginario, que nadie le robe a mi abuela su libertad. Su lucha.

Yo no quiero ser feminista. No quiero rememorar la indefensión de una mujer que quedó viuda, y sacó adelante a sus hijos a golpe de sudor, escuchando a diario:

María, que eres muy joven y guapa, búscate un hombre que te mantenga y vive.

No quiero recordar a esa mujer que no quiso vivir, porque temía que un hombre no fuese capaz de querer a sus hijos.

Porque supo que no podría encontrar un amante a la altura del que había perdido.

Porque quiso seguir adelante, porque creyó que podía hacerlo.

Porque fue fuerte, y valiente.

Porque lo hizo como lo habría hecho un hombre y no quiero que nadie le reste importancia.

Porque vivió en una época donde su viudedad le dio una libertad de la que no disponían otras mujeres. Porque vivió en un mundo donde sólo el dolor de la pérdida daba la independencia y la emancipación.

Yo no quiero ser feminista, porque mi abuela lo fue aunque nunca lo supo.

E intentó educar hijos que la respetasen y la amasen, y creyesen que el mundo no se divide por sexos, y creciesen sabiéndose iguales, y sintiéndose orgullosos de ella por querer cambiar las cosas…

No lo consiguió.

Pese a su esfuerzo, pese a su entrega, pese a años de duro trabajo, no consiguió tener más fuerza que el entorno, que el país, que el mundo.

No consiguió esa admiración de sus hijos…

Yo no soy feminista abuela.

Yo ya no lo soy. Porque si funcionó, tu ejemplo, tu esfuerzo, tu entrega no lo consiguió en tus hijos. Pero lo logró en tu nieta.

Tu fuiste el ejemplo de lucha silenciosa.

Tu fuiste la feminista que reconcilia a las mujeres de nuestra familia con el mundo.

Y yo te admiro…

Yo sí te admiro…

Yo no soy feminista, pero sigo tu lucha por el mundo, educando hombres en tu nombre, y mujeres en tu ejemplo…