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Tienes mucho de lo que buscaba,
pero recuerdo que nos derrumbamos en
azulejos fríos y descalzos de llevarnos la contraria.
Hubo días de entendernos
y días de no entendernos nada
de pájaros volando más alto que el sol
y promesas de cucurucho derretidas en las aceras.

Hubo una ciudad de siempre
llena de la gente de nunca
y descubrí que tus pestañas eran las más largas de éste mundo,
que junto con tu sonrisa torcida,
hacían la combinación perfecta
para haberme dejado amar toda esta vida y la que nos faltó.

Por un momento creí que pisábamos el mismo cielo
y que volarlo solo se trataba
de un juego simple como cerrar los ojos
y dejarse caer después.
Una cita a ciegas con tus brazos
y tus brazos abrazando a un mundo escurridizo.

Te he confundido más de lo que he podido
apagar las luces para esconderme bajo la manta
y se nota que tú solo intentas ser feliz,
aunque el viento te sople y te lleve de vez en cuando
al sitio dónde me decías medio mentiras
para que te medio quisiera
Y yo me medio odiara.

Sé que soy solo un tropiezo en tus planes
cuando deshilacho por completo
el hilo de tu vida.
Pero si estas letras no sabes cómo leerlas,
entonces déjame que te diga, 

que 

nunca 

supiste 

cómo te amé.