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No tengas un hijo, cómprate una tortuga.
Así de claro.

Si tus hijos te aburren, no puedes más, si no le ves el lado positivo, si vas a dedicarte a hablar mal de ellos, y cansar a quienes te rodeamos con tu triste existencia maternal o paternal…
No tengas hijos.
Cómprate una tortuga, o mejor un pez…

Voy a escribir una crítica, no es constructiva. No.
Voy a juzgar. Apaleadme después si queréis.
Pero hoy me voy a desahogar.
Todos los días en el parque, en la puerta de las guarderías, haciendo cola en las filas de los colegios, en el consultorio del médico, en el bar…
Lo veo a diario.
Madres y padres infelices, tristes, con caras lúgubres y asqueadas.
Son pocos, minoría, lo se, pero son, están, y envenenan…
Es ese que no suelta el móvil mientras su hijo se despeña en el tobogán, el que a todas luces ha venido “obligado” a cumplir con su deber de padre de los sábados, porque el resto de la semana no tiene esa carga, porque sólo un día al mes, necesita su paternidad, para hacerse la foto y colgarla en Facebook.
Es ese que le dice a su hija a la salida del cole que se calle, que no le interesa lo que ha pintado.
Son esas que se reúnen tras dejarlos en la guardería a las diez, a tomar un café y decir a cada cual mas alto lo malos que son sus hijos, con todas las letras, malos, agotadores, cansinos…
No, no hablo de esos días en los que nos supera la maternidad o paternidad, de esos tenemos todos y todas, hablo de los que llegaron a la maternidad-paternidad como una obligación social – , como usar tacones o corbata, y pese a usarlos todos los días lo odian con toda su alma.
Los que se pasaron todo junio con malas caras porque llegaba el verano y tenían que “soportar” a sus hijos todos los días.
Los que han pasado el verano diciendo que tendría que haber también clases en verano.
Los que ahora se lamentan de que han tenido que “aguantar” a sus hijos todo este tiempo, quejas diciendo que qué harían todo el día con ellos.
Familias protestando por las vacaciones.
Y si entiendo que para los padres trabajadores es complicado el final del curso, porque hay que buscarse mañas y recursos, para ubicar a nuestros pequeños, conciliar es difícil, lo sabemos.
Pero no hablo de esto.

Hablo del comentario de alguien cercano protestando por su falta de espacio, de esas familias que buscaran actividades extra escolares, no para los pequeños, sino para si mismos, porque estar una semana entera con sus hijos, 24 horas al día les resulta agotador y tremendo.
Gente que protesta por el calendario escolar y expone su necesidad de tener tiempo libre de hijos.

A mi me parece triste. Lo siento, soy de esos raros, que celebraron el fin de las clases.
Yo quiero verano, vacaciones, tiempo. Y ahora esperaré con ansia la navidad.
No, no soy la madre del año, ni mucho menos, pero necesito estar con mi familia.

Y sí, también me cansan a veces, y como suelo decir, se me ponen los pelos de punta.
Sí, yo también me agoto, y a veces se me hace largo, muchas más de las que me gustaría reconocer.
Pero ellos no tienen la culpa de nuestro ritmo de vida.
Entiendo el agotamiento físico y mental, porque en muchas ocasiones lo siento, y comparto esos días en los que todo nos supera, pero un día, una semana…
Un mal momento, todos tenemos, pero todo un verano? No concibo las vacaciones como un momento para organizar viajes y formas de quitarse a los hijos de encima. Planificando la vida para vivir una nueva soltería sin ellos.
Qué sentido tiene tener hijos para no soportar compartir vida y tiempo juntos.
No lo se, tal vez exagero pero últimamente esos comentarios, esos muros llenos de gente quejándose del verano. Deseando la vuelta al cole.
Gente enfadada por tener que estar con sus hijos, comentarios por todas partes.
Miradas de lástima a mi marido cuando con los tres recorre el supermercado, la misma cara que pondrían a un condenado a muerte.
Son niños, no ostras, que escuchan, sienten, ven…
-Tenía unas ganas de que empezaran! Ya no lo soportaba, este es malo de aguantar. Ahora a buscar extra escolares a ver si llega cansado a casa y no da por culo.
Y el niño delante, mientras su madre comparte un café con una vecina…
Qué tristeza saberse un estorbo durante todo el verano, o escuchar “Qué ganas de que empiece el cole para perderte de vista”, crecer sabiéndose sobrante.
Muy triste.

De verdad nos estorban nuestros hijos? De verdad no somos conscientes de lo que crecer creyendo eso, puede significar?
Qué no es justo que tengan que saberse pesados, o agotadores?
A veces me sorprendo viendo familias que harían mejor en criar tortugas que hijos.
Entiendo porque yo también sufro, esos días en los que hablan demasiado, se mueven demasiado, hacen demasiado ruido, pero son ellos? O nosotros?
Si entre adultos jamás osaríamos decirle al compañero que es un pesado, o al típico amigo que habla mucho?
Por qué perdemos nuestras formas hablando de y delante de nuestros hijos?
Dónde aprenderán empatía y respeto si no lo reciben?
Felicidades a aquellos que volveréis a las rutinas de recoger a los niños a las 6 tras terminar el colegio y las extra escolares, sin haberles visto desde las 8,15 y vuestra vida familiar acabará a las ocho con los niños metidos en la cama…
Felicidades, porque estos años pasaran pronto y podréis volver a vivir vuestras vidas en completa libertad.
No olvidéis haceros una foto, para al menos recordar que un día fuisteis una familia.
Aunque sólo fuese para la foto.

Ahora ya podéis lapidarme (Gracias Mónica, nunca mas volveré a confundirme con la palabreja)
Y como hace poco me acusaron, por no querer irme de cañas sin mis hijos, llamadme la madre del año, pero no, no lo soy.
Soy una madre mediocre, que se frustra muchas veces, que se siente culpable hasta del pelo ese que se le escapa de la coleta a mi hija, que respira algunas noches cuando se duermen y puedo durante diez minutos dedicarme a nada, perder la vista mirando al techo y dejar mi sufrida teta tranquila descansando. Esos diez minutos…
Soy esa madre que a veces va al parque desganada y mientras sentada en el suelo hace montañitas con las hojas secas, sueña con una terraza y un Martini sin gritos en mi oreja ni pelotas, ni juguetes, ni fantas, ni batidos de chocolate…
Pero tras mis diez minutos de ensoñación vuelvo a las hojas y me despiertan sus risas, y mi culo dormido, que a mis años ya no esta para sentadillas en el duro suelo.
Y tras mis diez minutos de ensoñación en el sofá mi teta le reclama, mis manos tantean donde acariciar, mis ojos buscan, y me voy a su cama a comprobar que respiran y les beso despacito para no despertarles y sonrío.
Porque cuando más cansada, más harta, peor día he tenido, su existencia me compensa de todo.
Yo ya tenía vida antes de tener hijos, pero esta vida, con ellos, la ha mejorado.

Entiendo que tal vez a ti no te ocurra lo mismo, es respetable, pero por favor, no se lo digas…
Son niños, y merecen saber que son amados con locura, porque estoy segura de que en el fondo, es así.