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La conocí en una de esas antiguas y pequeñas tiendas que se pierden por las viejas callejuelas del centro.Lo primero que me llamó la atención de ella , fueron sus enormes y hermosos ojos verdes, que se disponían alineados como planetas en una tensa espera, otorgando cierto colorido a su blanquecina piel. Su tacto era suave y dócil. Fue un flechazo repentino, impúdico y desprovisto de cordura alguna. Esa misma tarde, tuvimos nuestra primera cita : recorrimos juntos las arterias de la ciudad hasta llegar directamente a mi corazón , fuimos al cine, cenamos en mi restaurante preferido , acudimos a un concierto y nuestros cuerpos fueron capaces de encajar a la perfección como si de un estudiado y armonioso mantra se tratase.La idílica noche terminó en mi casa al colgar en el perchero mi nueva gabardina beige con sus dos enormes y hermosos botones verdes.