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    Estoy, como todos los días en la calle, aun no son las nueve de la mañana. He dejado a los niños en el cole. Son dos, la mayor seis añitos. Parezco la marmota, siempre igual.

    Preparé el desayuno. Mientras se vestían, lo hacen solos, revisé mis provisiones.

     La nevera estaba triste, contrita, se siente inútil. Piensa, pobrecita, que no sirve para nada, porque está  vacía, el desayuno de mis hijos acabó con la poca leche que quedaba, y ella, neverita querida, se quedó llorando de soledad.

     Segunda revisión, imaginaba el resultado, pero por aquello de los milagros… Me asomé a la despensa. Una patata, con hojitas verdes de tanto tiempo esperando compañía. Tanto vacio me dio tristeza. Podría alquilar la despensa, para que duerma alguien.

     Esta noche mis hijos tienen que cenar pero todo está desolado

     Los niños en el cole comen y meriendan, yo ni como ni meriendo, pero ellos tienen que cenar. Y como tan cada poco, tengo que buscar la cena y el desayuno, no pienso  más allá, ¿para qué?

    ¿Mi mujer no come?, supongo que si, pero con otro. Cuando se acabó el paro, los subsidios o limosnas del gobierno, la menda me dejó. Se lió con el butanero, así como suena, se ve que no quería pasar frio, y hambre tampoco. Yo desde luego, depresivo, adormecido por las penas, sin un duro, no era buena compañía, pero, la muy…Tardó muy poco en marcharse. Como el butanero no es rico, ya tiene cuatro vástagos, me los dejó a mí. “A ver si espabilas”, dijo. En eso acertó, por ellos, solo por ellos, espabilé,  no entienden,  tienen que comer.

    Hoy voy a la Casa de la Caridad, nunca he ido, me quedaba  pizca de dignidad, absurda, porque  desde hace meses necesito cada día la caridad, para dar de comer a mis hijos.

    En la Casa, empezamos mal. No me  dejan entrar si no tengo la tarjeta del centro, pero, si no me dejan entrar, ¿cómo voy a poder tener la tarjeta?

     El segurata de la puerta me dice que  pedir la tarjeta es de ocho a diez. Lo miro extrañado, pasan poco de las nueve. Le señalo el detalle, añado que necesito comida para la cena de mis hijos, y si me apura, para el desayuno.  Si puede ser para varios días, mejor. El hombre, debe estar muy acostumbrado a tristezas,  solo  contesta que si no tengo la tarjeta, nada, de nada. Déjeme pasar a por la tarjeta,  digo, aun es hora, pero sin inmutarse, contesta  que el funcionario encargado no está. Solo está de ocho a nueve, se acaba de ir. ¿Porqué el horario es de ocho a diez?, me mira, como si  fuera gilipolla y dice que si se ha ido es porque tendrá otras cosas que hacer, que vuelva mañana a las ocho en punto y  me podré hacer la tarjeta. Comida no, pero me da una hoja con la documentación que debo aportar mañana. Ni lo leo. Mañana me da igual, el problema lo tengo hoy.

     Para qué seguir, si no está el menda, estoy perdiendo el tiempo,  el día es largo pero no eterno.

     Me voy a buscar a Marcelo, antiguo compañero. Buena persona, soltero,  trabaja y si puede, algunos euros me presta

    . No está lejos, de momento puedo ir andando, solo tengo para un billete de autobús, recurso de última necesidad, por si se pone la cosa fea y tengo que ir a casa de mi hermana, en el puerto.

     La pobre está en el paro, su marido se lió con el butanero. Nuestro gafe son los butaneros, pero no se porqué el cabrón, si le iban los colorines naranjas,  le hizo cuatro hijos a mi hermana. Me jode mucho ir, seguro que  me ayuda, pero no le sobra, repito, me da por saco. Es el último recurso.

    Marcelo no está. Putada, y de las grandes. Estará en el medico, andaba resfriado.

    Voy a pasar por el bar de Tito.

    Seguía pudiendo usar lo mas barato, mis dos patitas.

     En el bar, poca gente,  no era la hora del almuerzo. Su hija está en la barra, Susana, muy simpática, llama a su padre. Saludos de buen rollo, sinceros, me da  una bolsa de Mercadona, con tres briks de leche, caducan mañana, pero me da igual, la puedo hervir. Pone madalenas, están duras,  dice, pero se las puedes migar con la  leche. Le abrazo, me dice que soy un gilipolla, y que no deje de pasar, que si en algo puede, está para los amigos.

    Un día me ayudan unos, ayer fue Marcelo, el bar cerraba. Hoy ha sido Tito. Los amigos de verdad no fallan, de eso se aprovecha el gobierno,  si no fuera así, estaríamos robando supermercados,  hay que comer, y los niños, no os cuento. No tiene  culpa de que esto sea una mierda, y les hemos dejado ésta mierda nosotros.

    Con el dinero del bus, que me ahorré,  dos panes, con eso y algo de leche ya tengo el día arreglado.

     Antes de subir a casa pasaré por la Biblioteca Municipal, internet es gratis, daré un vistazo en Infojobs.  Mando  currículos,  no contestan, somos muchos esperando. Leo prensa, matar el tiempo, sin trabajo y sin un euro, es muy duro. Pero no hay más. Sentarse a mirar el techo, comiéndose la cabeza, no soluciona nada y desquicia un huevo. Leo toda la prensa, la economía va bien, me encanta, eso quiere decir que no tengo que preocuparme de nada, los ricos siguen ricos, y seguro que me solucionaran la vida.

     Si nos morimos todos de hambre, ¿a quién van a explotar?, no lo sé. Puede que abran  fronteras y nos sustituyan por otros. Los pobres somos prescindibles,  se pueden sustituir, nunca se acaban.

      Es la hora de recoger a los niños.

     Estar con ellos quita  penas,  dan alegría, y mi reto diario de supervivencia, son ellos, sabiendo que me necesitan, vale la pena luchar, porque si estuviera solo…Ya no estaría aquí, ¿para qué?