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El pueblo griego ha votado NO, y la Eurozona se tambalea mientras Atenas arde en un júbilo numantino. El Imperio no había parado de amenazar al pueblo griego, como hicieron con los escoceses cuando votaron su independencia de Gran Bretaña. Los medios de comunicación presionaron y manipularon hasta la extenuación (el Financial Times anunciaba en la víspera del referéndum que en caso de ganar el “no”, se producirían recapitalizaciones internas y se recortarían un 30% todos los depósitos de más de 9000 €, una información que acompañaban con imágenes de pensionistas llorando a las puertas de los bancos) en un intento de intimidar a la población para que votara “si”. Todas las instituciones europeas, con el Banco Central a la cabeza, arremetieron contra la “afrenta” de Syriza. Se retiró la liquidez al país, en un acto ilegal que obligó al cierre de los bancos griegos, y provocó un “corralito” que aún dura. Pues bien, a pesar de todo, el pueblo griego ha votado NO. Y Yanis Varoufakis, el ya ex ministro de Economía, ha aprovechado el momento para dimitir. Como en los mejores westerns, en los que el héroe llega al pueblo, acaba con los malos, y se larga, Varoufakis se ha comportado como tal. Llega a Grecia, se enfrenta a la Unión Europea, acaba con la Troika, pone en su sitio a Alemania y al BCE, y se larga en su moto al atardecer como en Rumble Fish.

Varoufakis acusó a los acreedores de terrorismo: “Lo que están haciendo con Grecia tiene un nombre: terrorismo… Lo que quieren Bruselas y la Troika es que gane el “si” para humillar a los griegos. ¿Por qué nos han obligado a cerrar los bancos? Para sembrar el miedo en la gente. Y a sembrar el miedo se le llama “terrorismo”. Justo antes del referéndum, Varoufakis lanzó estas declaraciones, publicadas en El Mundo, que parecían dirigirse directamente a Podemos y a otros grupos políticos alternativos europeos, para hacer correr la idea de que los opresores, como la Troika o el FMI, son terroristas financieros, y de que sus políticas han creado un cáncer socio-económico que ha degenerado en metástasis incurable. Ahora sólo hay que esperar que la nueva izquierda europea, y los pueblos víctimas de esas políticas, tomen como ejemplo a Grecia, y rechacen la austeridad. No tenemos por qué aceptar los recortes sociales como si fuéramos esclavos. En el diseño del nuevo orden mundial, los dueños del capitalismo financiero quieren crear las condiciones para que la democracia sea anulada, en un intento de regreso al Antiguo Régimen. En este caso, el derecho divino de los reyes es sustituido por el de la deuda. Ahora, en la oligarquía financiera, existe el concepto de que la deuda es infalible. En esta nueva reorganización financiera, los ciudadanos solo adquieren importancia de acuerdo con su nivel de capital, de tal modo que incluso su derecho al voto queda “deslegitimado” ante su dependencia económica. Las oligarquías se adueñan de todos los recursos, mientras los que están por debajo en la escala social ven reducido su capital y sus derechos. Ante esto, los griegos han votado NO.

Por supuesto, Alemania no ha reaccionado bien, como demuestran las declaraciones del ministro Schäuble, dispuesto a expulsar a Grecia de la Eurozona, algo que se supone va en contra de lo dispuesto en los tratados de la Unión. Asistimos a una verdadera guerra político-financiera en la que el corte de la liquidez por parte del BCE es un primer paso. Recordemos que a los bancos de Bulgaria, que no pertenece a la unión monetaria, se les ha seguido prestando dinero ante un posible “contagio” griego, y que, tal y como he escuchado recientemente a algún economista liberal, lo que se pretende es “dar una lección a los populismos”. Imaginemos que, mientras ocurre esto con Grecia, las negociaciones con Irán fracasan, y sus activos son bloqueados y las sanciones ampliadas. Esta guerra financiera va más allá de la Unión Europea. Está en juego la existencia misma de la soberanía del Estado-nación, en una dura pugna contra los intereses de las grandes corporaciones que ya dominan a las élites políticas en Occidente, y que pretenden “atar cabos” para su dominio planetario, asegurando los puntos estratégicos cruciales para aislar a Rusia. En el nuevo tablero de ajedrez de la geopolítica mundial, Grecia es un eslabón importante. Por eso Obama está preocupado. La presencia de Tsipras en el Foro Económico de San Petersburgo de hace unas semanas, donde firmó con Putin el acuerdo de construcción de un gasoducto crucial para los intereses rusos, ha disparado todas las alarmas tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos. Por ello, la presión contra el gobierno griego se intensifica, puesto que puede alterar los planes políticos de la oligarquía financiera, que no puede permitir un cambio de orientación de Grecia que supusiera un acercamiento a Rusia. Las bases norteamericanas en suelo griego son importantísimas para controlar Oriente Medio.

Pienso que toda esta crisis es un eco de la Segunda Guerra Mundial. El proyecto del euro no fue sino una máscara con la que ocultar los problemas financieros de la reunificación alemana, y lo que está sucediendo ahora es la consecuencia de ello: Alemania ha decidido que como es la mayor potencia económica de la Eurozona, se ve con derecho a imponer a Grecia un ultimátum. Y esta actitud se ve condicionada por un problema interno importante: su pirámide demográfica está tremendamente envejecida. Ahora mismo Alemania es un país de rentistas. Su población, envejece progresivamente, y disminuye cada año. Además, no parece soportar la presencia de más emigración, así que para sostener el nivel de sus pensiones no tiene otra opción que ir colocando sus capitales en otras naciones para obtener los necesarios intereses que le permitan mantener su nivel de vida. De ahí su obsesión por que los griegos paguen. Porque si no lo hicieran, ya que la mayor parte de su deuda es alemana, el efecto contagio podría extenderse, y todo este tinglado montado para financiar el sistema de pensiones alemán se derrumbaría. Pero claro, esto no lo van a admitir abiertamente. El gobierno alemán ha transferido la acción punitiva al BCE, que ha pasado a ser un interlocutor político a favor del acreedor. Por eso Varoufakis considera a Alemania un “terrorista financiero” y que el BCE utiliza el dinero como si fuera un batallón de artillería en plena ofensiva para eliminar al enemigo. El proyecto del euro se creó supuestamente para construir un bloque de comercio fuerte que pudiera competir con el del dólar, y no para entregarle a Alemania el poder para lanzar bombas de deuda sobre los países más pobres de la Unión Europea, y destruirles. Por eso Grecia ha votado “NO”. La estrategia de Syriza se ha comprobado impecable. El rechazo a la austeridad de los griegos ha supuesto un golpe bastante importante para el BCE y los economistas tradicionales que apoyan sus ideas, aunque ahora traten de hacernos ver que pueden obviar el resultado del referéndum, e imponer condiciones incluso más severas que antes. Sin duda, eso ya no es posible. Habrá una reestructuración de la deuda, y se planteará un nuevo marco de negociación. El pueblo griego ha perdido el miedo porque ha entendido que su enemigo tiene mucho más que perder. ¿De que lado está el miedo ahora?