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• “Las ideas que hemos propuesto para Vistalegre II iban en el sentido de flexibilizar la relación entre la dirección del partido y los flujos deseantes de las bases, para que sean éstas quienes insistan, desplacen y produzcan a Podemos”.
• “Ocurre que el significado “pueblo” sólo existe en relación al significante y, por tanto, no es más que redundancia, ecos en el interior del lenguaje”.

I. Entre las instituciones y el deseo: Una propuesta para Vistalegre II.

Muy hábiles fueron los dirigentes de Podemos. Sus análisis del 15M, y de los flujos deseantes que se produjeron entonces, les permitieron irrumpir con fuerza y cambiar el sistema partidista. Extrajeron las singularidades del filum (filo) maquínico, de ese flujo-materia que devenía durante las protestas. Estratificaron dichas singularidades, haciendo oscilar el agenciamiento del deseo hasta una articulación molar, o de las grandes agrupaciones institucionales o partidistas, que produjo “fenómenos de centrado, unificación, totalización, integración, jerarquización, finalización, [y] que formaban una sobrecodificación” (1). De ahí Vistalegre I, la centralización y la jerarquización de la organización, la unificación del mando en la cúpula intelectual madrileña, el dominio de la representación frente al dominio de la producción deseante, o la integración de Podemos en el sistema partidista. Todo esto supone la sobretraducción de los deseos, de los enunciados colectivos expresados durante el ciclo de acción colectiva del 15M.

La idea que planteamos es la siguiente: Podemos habría traducido los deseos colectivos del 15M, imponiendo el dominio molar de las representaciones sobre los deseos moleculares que fluían durante dichas movilizaciones, con que el momento actual sólo puede entenderse como una re-presentación parlamentaria del conflicto social. Este dominio se ha impuesto gracias a la citada codificación, traducción, operada por Podemos. Según Deleuze y Guattari “un código puede ser de deterritorialización” (2). El código institucional y estatal de Podemos supuso una desterritorialización, por lo que la máquina de movilización dejó de producir. El 15M murió porque perdió su agenciamiento deseante, su línea de fuga, que proporcionaba al deseo un papel motor que conducía a nuevas tierras que nada tenían que ver con las instituciones o el Estado. La lógica rizomática de las asambleas del 15M, los movimientos íntimos de los manifestantes, eran pequeñas multiplicidades libidinales, inconscientes, moleculares e intensivas, que se distinguían y entraban en conflicto con los grandes conjuntos extensivos, partidistas, molares, unificados, totalizados, organizados, conscientes o preconscientes, como sería el caso de Podemos.

Pero las multiplicidades rizomáticas y moleculares no se oponen a los grandes conjuntos, no son un dualismo. Por una parte, los deseos moleculares resultan segmentarizados, cortados por las líneas duras de partido o de sistema partidista. Por otra, en los grandes conjuntos como Podemos siempre hay flujos deseantes y flexibles que van deshaciendo dichos segmentos y líneas duras; por ejemplo, los pequeños movimientos de los círculos, antes de Vistalegre I. Se trata de una articulación, de una red que se va transformando a cada rato. Ese fue el momento populista de Podemos, cuando los círculos, antes de ser estratificados, jerarquizados, unificados y reglamentados, desbordaron la forma partido, o, con Deleuze, el árbol-partido (3).

Los compañeros de Podemos suelen aducir que Vistalegre I, por pura necesidad, debía imprimir la arborescencia: es decir, un tronco unificado, común, poderoso, extensivo, es decir, la dirección central del partido, y las ramas que surgirían de allí, no sólo las direcciones regionales sino la implementación de políticas, de campañas, discursos y prácticas. Pero estos argumentos olvidan que los deseos no derivan de las necesidades, sino lo contrario: las necesidades derivan de los deseos. Muy pronto quiso la dirección de Podemos controlar, y por tanto obstruir, los movimientos que desbordaban la forma partido. Se trataba de que querían hacerlo, no de que fuera necesario imprimir una arborescencia al movimiento. Quizás haya sido este un garrafal error de la dirección podemita. La ley de hierro de Michels ya opera, surgen las facciones, la lógica oposicional y la competencia por las parcelas de poder interno. En definitiva, llegan las prácticas de la casta. La lógica estatal infiltra las relaciones internas, mientras que en el exterior la máquina de movilización ha perdido el agenciamiento deseante que la constituía. Aquí observamos al aparato de captura del Estado, creando impotencia entre la gente que habíamos deseado, durante el 15M, una nueva tierra. Ese es el triunfo del poder durante estos últimos años: crear impotencia, desplazar al deseo hacia el dominio de la re-presentación parlamentaria, para así reprimirlo mejor.

Cuando se demuestre que la vida de la gente no se cambia desde las instituciones estatales, al menos bajo las condiciones actuales de éstas, la impotencia será tan grande que puede hacer oscilar el deseo hacia una carga (4) preconsciente de interés reaccionario, que reforzaría el polo panoico del inconsciente, sus temores, identificaciones edípicas y asesinas. Es en el momento en que lo molar, en que los grandes conjuntos infiltran los pequeños movimientos moleculares del inconsciente, en que éstos retroalimentan a su vez a las multiplicidades molares, cuando la articulación adquiere una velocidad que lleva al totalitarismo; ese es el momento en que triunfa el fascismo, cuando no sólo se desea la muerte del otro, sino también la propia muerte. El triunfo de Thánatos es el triunfo del fascismo.

Otra objeción que puede ponerse a las ideas que aquí plantemos, consiste en afirmar que los movimientos populares materializan sus conquistas en las instituciones. Es decir, que los flujos moleculares de deseo se encarnan en las agrupaciones molares. Esto es cierto. Suele ocurrir que a las revoluciones o a los movimientos sociales, les siguen grandes conjuntos; la estratificación de la revolución soviética o la burocracia en Cuba suponen ejemplos de esto. Si Podemos no hubiera codificado los flujo deseantes del 15M, entonces lo habría hecho la extrema derecha y, por ello, nos alegramos mucho. Aunque uno de los problemas radica en que la codificación institucional ha supuesto una desterritorialiación de la movilización social que, siguiendo la tipología deleuzeana, ha sido negativa. Pues, en seguida, se interceptó la línea de fuga que seguía el 15M, aquella que apuntaba a un nuevo territorio más allá de la lógica estatal, para reterritorializarla en los aparatos estatales como los partidos o los parlamentos.

Lo importante es la relación entre las instituciones y el deseo, entre las multiplicidades molares y las moleculares. En la re-presentación parlamentaria del conflicto dicha relación es rígida, pues las instituciones desplazan primero, y reprimen más tarde, los movimientos moleculares del deseo, pues éstos podrían hacer saltar por los aires el ordenamiento institucional y el ejercicio autoritario que este supone. Sin embargo, en las movilizaciones sociales aparecen el furor, la pasión, los afectos como armas arrojadizas; es el deseo que va deshaciendo a los aparatos estatales, las líneas duras operadas por éstos, líneas binarias del tipo viejo-joven, líneas de procesos o de identidad circular, al mismo tiempo que el Estado va rehaciendo dichos segmentos. La línea de fuga es el “no nos representan”, no capturan ni desplazan nuestro deseo de democracia, de acontecer una autoridad política en la configuración de los mundos que habitamos, pero no de una autoridad que acontezca en el orden molar e institucional; sino la subordinación de éste a la producción deseante. Hace estallar, la línea de fuga, tanto los segmentos institucionales como las líneas flexibles de deseo molecular. Los dirigentes de Podemos se encargaron primero de traducir dicho deseo, de modo que desterritorializaron la movilización social capturando la línea de fuga, operando más tarde una reterritorialización negativa que condujo al dominio de la representación institucional, estatal, sobre los flujos deseantes.

La conexión de los flujos descodificados ocurrió durante el 15M y el ciclo de la acción colectiva que éste inauguró; los manifestantes y activistas des-traducían, destruían en tanto que código los discursos y las prácticas dominantes, al tiempo que salían de los territorios estatales de la representación, huyendo de los aparatos de captura que creaban impotencia y cortaban las protestas. En Vistalegre I, Podemos, en vez de seguir conectando esos flujos de la máquina de movilización social, los interrumpió y obstruyó la línea de fuga; ya se encargarían los dirigentes podemitas de responder: “Nosotros sí os representamos”. Esa es la obstrucción de la fuga, del escape que podía haber conducido a un nuevo territorio no mediado por la representación que codifica e introduce la carencia en el deseo.

Por tanto, creo que el reto de Podemos en Vistalegre II consiste en que los movimientos pequeños e íntimos de las bases vayan deshaciendo el segmento partidista, vayan disolviendo al partido en la sociedad para que la producción deseante domine al orden molar de la representación. Los movimientos del deseo son los que insisten, los que desplazan al orden institucional. Con que habría que pensar una organización en la que la relación entre los molecular y lo molar dejara atrás la rigidez, la jerarquía o la centralización que supuso Vistalegre I, para adecuarse a la flexibilidad de los flujos deseantes que buscan la línea de fuga. La desmercantilización de la existencia es una fuga, un escape como la superación de la democracia representativa. La propuesta más idónea consistiría en construir una máquina de guerra que no fuera electoral, sino movilizadora a nivel social: cultural, artística, científica, ideológica, una red que conectara los distintos flujos de deseo en vez de un partido que los conjuga y que obstruye la línea de fuga.

En definitiva, esta propuesta va en el sentido de emporar de verdad los círculos, de deshacer al Podemos del primer Vistalegre. Pero las tendencias oligárquicas de los partidos hacen pensar que ésto encontraría grandes resistencias por parte de la dirigencia podemita y que caminamos, más bien, hacia el fortalecimiento del dominio representativo, de la molarización del conflicto social.

II. Podemos y el populismo: ¿Somos pueblo?

La formación morada articula sus discursos a partir del significante “pueblo”. ¿Qué es el pueblo? Lo que se opone a lo que no es pueblo. Ocurre que el significado “pueblo” sólo existe en relación al significante y, por tanto, no es más que redundancia, ecos en el interior del lenguaje. Se reemplaza el signo por lo ilimitado del significante. Este significante “pueblo” se vincula a distintos signos, produciendo la continuidad sin forma del significado, la función mediadora para los signos que abstrae los contenidos. Si, como afirman Deleuze y Guattari, la función del lenguaje no es informar, sino ordenar, mandar, consignar, poner signos, entonces hablamos de una función indirecta del lenguaje que efectúa una traducción de éste. “Consignas: la relación de cualquier palabra o enunciado con presupuestos implícitos, es decir, con actos de palabra que se realizan en el enunciado [Ejemplos: condenar, afirmar, prometer]” (6). Si Podemos afirma en sus discursos: “Somos pueblo, al igual que vosotros, y al contrario que aquellos otros”, entonces dicha consigna transforma, de forma incorporal, al cuerpo partidista y al cuerpo social, todo un acontecimiento. Pero dichas transformaciones incorporales dependen de agenciamientos colectivos de enunciación, de las variables internas de la enunciación relacionadas con la circunstancias. Me refiero a que no es lo mismo decir “somos pueblo, al igual que vosotros”, en un círculo empoderado donde las bases insisten, empujan y producen al partido, que desde la poltrona parlamentaria o desde la dirección partidista que codifica y obstruye los flujos deseantes.

La mencionada consigna extrae al pueblo de las masas, pero un nuevo signo corre el peligro de insertar al pueblo en la vanguardia, en las lógicas estatales y las grandes agrupaciones como las instituciones o el partido. Algo parecido ocurrió con el leninismo. Las consignas de la I Internacional: “proletarios del mundo uníos”, sacaron a la clase trabajadora de las masas. Sin embargo, en el paso de la revolución pacífica a la guerra, “Lenin todavía intenta o decreta otra transformación incorporal [forma de expresión] que extrae de la clase proletaria una vanguardia como agenciamiento de enunciación, y que va a atribuirse al “Partido”, a un nuevo tipo de partido como cuerpo distinto, aun a riesgo de caer en un sistema de redundancia específicamente burocrático” (7). El sistema de redundancia de Podemos, además de ser burocrático, supone haberse agenciado la máquina mediática. Esta transformó el cuerpo partidista, condicionando al proyecto frente al desborde que operaron los flujos deseantes de las bases, en los círculos anteriores a Vistalegre I. De ahí la gran importancia de los medios de comunicación, medios de lanzar consignas, para los dirigentes podemitas que tratan de extraer al pueblo de las masas, para llevarlo así al dominio de la representación, de la democracia liberal representativa en la que se presenta, para ellos y ellas, la posibilidad de triunfar en las elecciones. Pero supondría el triunfo del partido, no del pueblo.

Concluyendo, Podemos supuso la parálisis de la máquina de movilización, pero también el freno del fascismo, por eso debemos apoyar dicho proyecto, aunque no compartamos la deriva que éste tomó ya en el primer Vistalegre. Las ideas que hemos propuesto para Vistalegre II iban en el sentido de flexibilizar la relación entre la dirección del partido y los flujos deseantes de las bases, para que sean éstas quienes insistan, desplacen y produzcan a Podemos.

NOTAS:

De las ediciones consultadas.

1. Deleuze y Guattari (2015). “Mil mesetas”. Ed: Pretextos. Pág. 49
2. Deleuze y Guattari (1985). “El Anti-Edipo” Ed: Paidós. Pág. 61
3. Árbol, arborescencia: lógica diferenciada de la rizomática. Remito a la introducción de “Mil Mesetas”.
4. Carga, catexis: la vinculación de la energía del deseo, la libido, a una imagen, un objeto o una persona, que ya no le resultarán indiferentes al sujeto.
5. Ibídem 2. Pág. 224
6. Ibíd. 1. Pág. 84
7. Ibíd. 1. Pág. 88