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Algunos aficionados me preguntan por qué hay azafatas en los pódiums ciclistas, unas azafatas que se exhiben como objetos ante las cámaras, entregando el trofeo al primer clasificado de la general y besándolo en la mejilla. La última polémica se ha desatado por unas instantáneas en las que aparecía Peter Sagan tocándole el culo a una azafata. La respuesta no hay que buscarla en el machismo o el patriarcado, al menos durante un primer acercamiento. La presencia de azafatas es un elemento característico de los pódiums; un símbolo que actúa de la misma forma que un elemento diferenciador de la relación entre ganadores y perdedores, entre la burguesía, que siempre domina en la clasificación, y la clase trabajadora, que asfalta el camino a la clase dominante.

Siguiendo las metáforas ciclistas, la clase trabajadora serían los niños que sueñan con alzarse con el primer puesto, pero los hijos de los trabajadores aprenden, muy pronto, que serán espectadores de la opulencia de otros mientras ellos limpian la pista para que la competición comience. La clase trabajadora sueña con ascender socialmente hasta ocupar un puesto entre la burguesía. Prácticamente ningún muchacho que comienza disputando carreras en los polígonos industriales consigue el éxito y la fortuna, la fama y la posibilidad de tocarle el culo a una escultural joven sin perjuicio, más allá del mensaje en las redes sociales que escribió Sagan, ciclista de éxito que ha conseguido ascender socialmente, asegurando que todo había sido una broma (1). Según Iñaki Esteban: Kracauer entendió que lo superficial, el ocio, el exceso y el derroche no eran sobras excrementales de una sociedad basada en el cálculo y en la eficiencia, sino materia simbólica con funciones de sostenimiento y refuerzo del statu quo (2).

Las azafatas son elementos característicos de los pódiums, lucen camisetas y faldas en los que aparece publicidad, prestando su cuerpo como espacio publicitario. El rostro de las azafatas es maquillado y sus dientes blanqueados para que las sonrisas reluzcan en las instantáneas. Sin embargo, la cuestión más significativa se encuentra en que las azafatas componen un agenciamiento, caracterizando el sueño de un hombre ganador que, ahora, observa al público habiéndose elevado a lo más alto.

Un niño se protege de los rayos del sol con el brazo, entrecerrando los ojos, advirtiendo lo que suponen el éxito y el ascenso social: mujeres hermosas y delgadas, los vehículos que las marcas regalan a los deportistas para promocionarse, dinero y más y más dinero, que es lo que debería perseguir, según ese sueño de ascenso social, cuando estudie y cuando trabaje, si fracasa siempre contará con la posibilidad de entretenerse con el ocio capitalista, ideado, en cierto sentido, con la meta de ocupar el tiempo que le resta al proletario, impidiendo que se aburra y que termine, por tanto, pensando.

 

 

NOTAS:

  1. El mensaje de Peter Sagan en Twitter: No ha sido mi intención faltar al respeto a las mujeres hoy en el podio. Fue sólo una broma. Lo lamento si alguien se ha sentido molesto por ello. (31/3/2013) ¿Cuál fue entonces la intención de Sagan?
  2. El efecto Guggenheim. Del espacio basura al ornamento. Estaban, Iñaki. 1ª edición. Barcelona: Anagrama, 2007. Página 104.