Producir hasta morir

Estoy harto, me siento roto, sobre todo ciertas veces en que la angustia se parece demasiado a esa experiencia de la nada, de qué no hay nada más que Capital expandiéndose y diciendo si no eres productivo entonces no sirves para nada, preguntando cuál es tu utilidad en esta sociedad donde todo se puede comprar y vender; tú eres, dice Capital, otra existencia en stock en los Grandes Almacenes Demenciales del Sistema que dispone de ti pero no sólo obligándote a venderte para poder sobrevivir, sino en sentido de que el Capital expandido hasta los últimos confines hace que tú seas para los demás esa existencia en reserva de la que pueden utilizarse para conseguir sus objetivos ya consistan éstos en socializar, acostarse contigo, conseguir información, no sentirse solos, juzgarte, que cumplas esta norma o aquella otra, quieren consumirte y rentabilizarte, aprovecharte, etc. Claro que podríamos seguir enumerando amigo mío, uno, dos, tres usos…

 ¿Cómo te usan a ti?

El problema es que no se entiende el problema. Esa frase se la copié a un tipo muy extraño allá en Burgos mi tierra. Se piensa, como afirma Anita Botwin (1) que el capitalismo no funciona porque la mitad de las señoras de este país (que muy supuestamente es España y a quien la hermosa Catalunya se la pelaría a no ser de por cuestiones de integración económica) llevan antidepresivos en sus bolsos y por tanto según Botwin esto demostraría que el capital se atrofia; no se da cuenta de que el capital funciona perfectamente, entre otras razones porque produce un juego de verdad y saber y nos obliga a ser unos productos siempre disponibles para ser rentabilizados por otros, sobre todo jefes y demás gentuza investida de autoridad, y nos coloca fuera del saber, nuestra palabra no vale una puta mierda si no nos sometemos y resultamos rentables en todos los aspectos de la vida lo cual sabes que es del todo imposible, no tenemos derecho a tener vedad. La cuestión es que cuanto mayor abatimiento, cuanto más frecuente y abrumadora sea la experiencia de la nada, más muerte, más muerte del deseo. Nada.

Pero hay una cuestión más profunda. Me la contó ese tío de Burgos y pese a que es un tipo loco de provincias la verdad que tiene sentido lo que me dijo. Me contó que antes de que nada aparezca, hay como una tela de araña que ha tejido un ciborg teocrático de aspecto vagamente aracnoide; es una tela invisible, por supuesto, uno se la imagina como cuando en las películas los malos entran en el museo o la joyería de turno y se cercioran luego de algunas maniobras más o menos tensas de que el diamante o el significante que usted quiera aquí insertar (algo capitalizable) está protegido como por unas líneas de colores saliendo de los dispositivos blindados y resistentes de los sensores de movimiento. Según la atropellada versión de mi conocido, las cosas que aparecen han sido detectadas, registradas y por tanto controladas, han sido incluidas en el proyectar de la técnica que es la época que nosotros vivimos. Ocurre como si las cosas aparecieran de pronto en ese espacio del museo o la joyería, cerca del diamante que centellea en uno puntitos róseos o más bien lejos eso no importa, lo significativo es que todo, todas las cosas abandonan esa oscuridad esencial de la que provenían y aparecen ahí ya como cosas para la producción, cosas bien para el museo para acumular más y más o bien para la tienda, esas cosas que han aparecido allí y que han sido desocultadas, muestran todas sus caras, todo en la cosa es ahora controlable y manipulable y el problema es que nosotros como seres humanos somos traídos al mundo por nuestras madres y somos entregados a esa tela de araña, a esas líneas de los detectores, es decir, aparecemos como una cosa entre otras cosas porque debido a ese aparecer técnico la vida del “hombre o mujer medio” ha sido trazada aún antes del nacimiento, los itinerarios marcados; educación, consumo como condición del trabajo, quizás tiempo de ocio controlado e inocuo.

La ciencia no es ciencia ni es verdad ni es una puta mierda que nos quieran contar los señores esos importantes de la capital, ciencia es control. Acá en las provincias sabemos que el saber es una paradoja, una broma del sentido, es un puto parasentido, la diferencia, a nosotros no nos vais hacer gozar con esa mierda de matarnos a producir… pero es tan difícil, tan difícil pensarnos en el filo de la navaja, al borde de la locura, yo he visto a Heidegger paseando en las fuentes blancas aunque no puras, tan difícil no ser productivos al menos para ir tirando joder, pero se puede vivir de otra forma, desde luego, tú lo sabes verdad que sí, podemos pensarnos como acontecimiento pero no en el sentido de que nosotros participáramos de éste como sujetos ni que hubiera allí algo, un objeto diamantino que robar, sino en el sentido de la luz que se filtra por los ventanales del museo o de la joyería, esa luz abre el mundo como lugar de ser; imagine la luz intensa que le permite ver sus propias manos, es como la luz del ser, que abre el mundo y que se apropia, se vincula a nosotros abriendo una apertura a la que debemos responder y a la que somos entregados, arrojados.

La luz del ser nos habla pero también lo hace la Muerte, la nada mortífera de la que sin embargo podemos extraer la possibilitas (potencia), en el sentido de la anticipación de la muerte no supone pensar en el fin de nuestra vida sino aceptar que ya no habrá más posibilidades y que por tanto, como afirma el dicho popular, si la muerte es como un ladrón más vale que nos pille haciendo lo que nos gusta, es decir, la muerte y la nada mortífera nos obligan a proyectarnos, a tener un proyecto más allá del mundo pasivo de la producción y el consumo pues si bien es cierto que somos humanos y por tanto creadores, productores, no hay menos verdad en asegurar que el capitalismo nos convierte en engranajes de la maquinaria caníbal que asesina y devora a las personas (aun cuando vemos que éstas siguen pululando por ahí como si hubiera sido zombificadas), pero resulta que somos humanos, no pizas utilizables según las necesidades sistémicas.

Debemos reformular el movimiento de los luditas quienes no se dedicaban a destruir las máquinas porque sí; no querían, no deseaban convertirse en esas piezas desechables de la técnica, se trataba de una lucha por el poder no de odio irracional. El deseo, de nuevo, último grito de lo político. Partidos como Podemos, integrados en el sistema político que legitima la explotación y la muerte por propagación del virus de zombificación, entendieron en su momento que el deseo es la desesperación de lo político en el sentido de que si se iguala lo social a lo político como ocurre hoy en día de forma generalizada, entonces no hay nada de lo político pues lo social no es nada más que mercado y socialización basada en intereses de rentabilización capitalista (capital sexual, cultural, monetario, etc.). Entonces tradujeron los deseos del 15M y los integraron, ya codificados, en el Estado. Dicha integración fue el inicio de su fracaso y del nuestro como revolucionario. Yo lo señalé ya durante mi propuesta para Vistalegre II (2) mientras que otros pensadores como Santiago Alba Rico quisieron ver en la gestión de la crisis estatal en Catalunya ese fracaso podemita lo que supone pasar por alto el inicio repetitivo del devenir-fracaso de la formación Iglesias, Errejón, Monedero, Fernández Liria y otros compañeros que trabajaban y vivían del sueldo del Estado, que aman al Estado queriendo olvidarse que éste es el principal y más importante axioma para que funcione el capitalismo; somos anticapitalistas, dicen, pero aman al capital, éste es su amor secreto (y el nuestro, la diferencia es que nosotros reconocemos que somos unas putas y que el anticapitalismo y las izquierdas han devenido en meras bromas). Dejen de jugar con nosotros, amigos, a ver cuándo se prestan ustedes a un debate filosófico político de altura. No hay más que fijarse en la trayectoria de los dirigentes que hemos mencionado; se pasaban el día ya desde muy chavalines acumulando moneditas de chocolate en las competiciones de clase, del partido, del ligue. Iglesias es, como Ribera, un emprendedor, una putilla de medio pelo que concibe el pensar como una acumulación monetaria. ¿Convertirte en hombre de Estado, Pablo? Tú siempre le has pertenecido a Capital, al Estado, a la competición descarnada carrera atroz trampa adelante; tú, Pablo, no nos vas a decir cómo fugarnos de los imperativos sistémicos porque tú eres el primero que goza con éstos.  Y mientras tanto; produce, produce… o muere.

NOTAS:

  1. Botwin, Anita. (27/1/2018) “El capitalismo no funciona. La vida es otra cosa” [Enlace: http://www.eldiario.es/retrones/capitalismo-funciona-vida-cosa_6_733936615.html]
  2. Atobas, V. (28/12/2016) “Podemos: populismo y deseo” [Enlace http://kaosenlared.net/podemos-deseo-y-populismo]