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El fin del plan nacional contra el SIDA y la vuelta a las políticas culturales y educativas reaccionarias han puesto en primer término muchas cosas que, si bien no estaban superadas, parecían haber mejorado. Una de ellas es la serofobia, o la discriminación de las personas seropositivas.

El asesinato por los mossos de esquadra de un empresario en el Rabal de Barcelona, la discriminación en una funeraria anónima de Burgos… Los recortes, cargados de ideología y reforzando las fuerzas policiales y eclesiásticas, dan sus frutos a pesar de la movilización de gentes como Gais Positius o la Transmaribollo de Sol. El VIH nunca fue un virus sin más, porque sus formas de transmisión estaban llenas de sexo, semen, sangre y agujeros. También de mucho miedo irracional e ignorancia promocionada. Las primeras representaciones culturales pero también las vidas de la gente que moría de Sida, fueron, mayoritariamente, voces en primera persona, enunciaciones solitarias, palabras y monólogos incluso en la clandestinidad o el “secreto a voces”. De pronto una enfermedad pone al descubierto lo relativo de los avances conseguidos y no conseguidos en lo que ser refiere a los sectores socialmente “menos considerados”, vulnerables de forma material o simbólica. Se rompe la frontera entre el arte y la política social e incluso se denuncia el silencio o la inacción de los poderes públicos como forma de dejar morir. La llegada al estado español cuando los movimientos feministas y los colectivos LGTB se encuentran consolidados pero todavía existe un mayor grado de discrimación que hasta hace poco. Muy pronto la derecha religiosa se llenó de armas de doble filo. Hoy día el estigma social (más impreciso pero todavía existente) cae sobre todo tipo de personas, con matices. Ya entoces se hablaba de enfermos inocentes (los hemofílicos) y no inocentes (el resto) , lo que une miedos sobre el sexo, la muerte, la pobreza y la visibilidad. Durante los primeros tiempos de la pandemia hubo en algunos colectivos cierta tendencia a la prudencia a tratar el tema abiertamente por no dar armas a los creadores de los llamados grupos de riesgo (las llamadas cuatro H) pero esa prudencia se mostró peligrosa cuando nadie iba a luchar por salvar la comunidad gay sino era la propia comunidad gay (de pronto los gays volvían, como últimamente en Rusia, a ser una comunidad). En el Estado Español fueron gente como Pepe Espaliú los primeros en dar un sentido colectivo a su dolorosa experiencia. Las primeras referencias hablan de una enfermedad de prostitutas, yanquis y maricas promiscuos. Las primeras personas heterosexuales (sobre todo mujeres) infectadas se ven incluidas sin quererlo en un ámbito social discriminatorio creado justamente por la ignorancia y el heterosexismo. La seroconversión de los famosos (de Rock Hudson a Magic Johnson pasando por Freddy Mercury o Eduardo Haro Ibars) tiene a la población más pendiente de un espectro social que consideran más o menos lejanos que alertar a pesar de las primeras, y bastante tímidas, campañas de prevención del PSOE.

1- Los testimonios del yo (como el del célebre Hérvé Guibert (Al amigo que no me salvo la vida, El protocolo compasivo) que habla de medicaciones nuevas, deterioro corporal y filma su lenta agonía pero no vemos intención social pronto dan paso al nosotros de la mano de grupos que tratan de organizar a los que ahora son doblemente señalados/as . El aparente narcisismo de Derek Jarman o Larry Kramer (y muchos más nombres no conocidos) pronto sirvió para hacer de su Sida un tema político con aliados con Outrage o el propio Act-Up en varios continentes y creando, junto a sus amigos/as, los primeros grupos de activismo lo que ponía al descubierto el conservadurismo visceral de las instituciones, la apatía de los gobiernos, la ya cuestionada neutralidad de la clase médica, que al principio también mostró temor al tratar a sus pacientes, porque parecían tener un pasado o puntos en común que chocaban con la moral dominante, ya que las únicas vías de transmisión fueron pronto conocidas. Algunos artistas o escritores de la fuerza de Pedro Lemebel, Severo Sarduy, Tony Kushner, Jarman o incluso Reinaldo Arenas, la cuestión del VIH a un terreno de lucha política contra ese “dejar morir” o “discriminar sutilmente” característico de la primera etapa del VIH. El VIH diezma en principio (aunque no solo, tal y como muestra la importante “Dallas Buyers Club”, sobre un vaquero machista seropositivo a mediados de los ochenta) a los heroinómanos, a la comunidad LGTB, a las personas de otras razas o estatus social (sobre todo mujeres) que no tienen el mismo acceso a la información y los medicamentos que la gente que vive en grandes urbes o en comunidades más o menos articuladas y protegidas.

2- La necesidad de la identidad combativa frente al nuevo estigma, de apropiarse de las armas de la sociedad hetero (incluidos sus insultos) fue lo que hizo por ejemplo a la Radical Gay de Madrid un referente tan atractivo con acciones de protesta el 1 de diciembre siguiendo algunas pautas de guerrillas urbanas y de desobediencia civil bajo nuevas formas de representar el miedo y la muerte pero también la esperanza y la importancia de no bajar la guardia tomadas de Act-Up París y Nueva York con sus intervenciones en el espacio público.

3- El cine airado. The living end de Araki, El paciente Zero de John Greyson. Tom Kalin y el grupo artístico-político Gran Fury. Comedias europeas desmitificadoras: Drôle de Félix, Close to leo, El hada ignorante. Los documentales recientes como United in anger sobre la historia de Act-Up o How survive a plague. O apuestas semidocumental como Tres agujas o la argentina Un año sin amor. Trasposiciones en imágenes o series de televisión de obras de teatro como Angels in America de Tony Kushner o la más reciente “The normal Heart” de Larry Kramer. Es curioso que la primera vez que un programa “serio” de lo que era “entonces” la 2 de TVE como la clave ante la inexistencia de material fílmico, de ficción o documental, hablara por primera vez del SIDA poniendo “Muerte en Venecia”: una buena película pero una elección desafortunada para la ocasión que, no obstante, relevaba algunas imágenes persistentes en el inconsciente colectivo: VIH unido a prácticas homosexuales, abandono de la seguridad a favor del placer, la soledad del enfermo en su oprobio.

4- los Comités AntiSida. Cumplen una función informativa-preventiva importante y con pocos apoyos (cada vez menos teniendo en cuenta el fin y carpetazo del Plan Nacional contra el Sida) Su labor de denuncia queda limitada por el espacio geopolítico en que se mueven (claro no es lo mismo Burgos que Barcelona o Valencia ), quedando muchas veces como lugares de tutela o información puntual sin atisbo de reivindicación social y sin dejar de hacer su labor vaciando de contenido político a muchos aspectos ligados a la pandemia. En fin que para muchos de ellos El Sida no es una enfermedad política sino una labor social-que no deja de ser muy importante- o una forma de ganarse la vida. Poca movilización y mucha subvención, al menos hasta hace poco. En Burgos entran en prisión cubriendo un campo de exclusión social importante aunque sus apelaciones a la discreción y sus excesos paternalistas, ejerciendo de jueces o padrazos resignados van a recaer sobre la gente que va de prisión a la Casa de Acogida. El deterioro mental los lleva a una movilidad limitada que se crece por la falta de recursos humanos de personas de la Casa de Acogida, también bastante impermeables a “los intrusos” como todas las asociaciones que reciben alguna subvención, aunque, al menos, en este caso cubriendo un campo sociosanitario importante que no cubren ni artistas locales ni casi ningún espectro político.

5- Uno de los testimonios que llegó en esa época y que a muchos nos marco como una visión solidara y positiva fue la novela de Sarah Schumann “Gente en apuros”. Una novela valiente que con la maravillosa rompedora novela “Push” de la performer Sapphire se vio lastrada por una versión fílmica insultante. En el terreno del ensayo destacan los testimonios escritos de algunos médicos o ensayistas que llegan a confundirse con la voz de los pacientes ante la pasividad general. Ensayos como “El sida y sus metáforas” de Susan Sontag o “La discordia del Sida” de Duttmann o “De amor y de rabia” de Aliaga y Cortés empiezan a llenar este hueco además de la compilación de artículos traducidos por Ricardo Llamas en “Construyendo sidentidades”. Gente como Sejo Carrascosa o Fefa Vila por nuestros lares empiezan a politizar una pandemia que conocen de cerca recopilando su historia bajo el título de “Geografías víricas”.

6- Hace poco el director de Crazy ha filmado “Dallas Buyers Club” una película que como la reciente “The Normal Heart” de Ryan Murphy con guión de Larry Kramer narra la lucha descarnada en los EEUU del primer momento. En Europa tenemos la imprescindibles “Los testigos” de André Techiné (sobre la llegada del VIH a la Francia rural de los ochenta vista desde varios personajes) debió hacerse antes. “Dallas Buyers Club” cuenta la historia de un heterosexual machista, gamberro y homofóbico que tiene que aliarse con esas gentes de las que le separa su incuestionada virilidad cuando contrae un virus que entonces traía consigo no solo un estigma sino un clima y una serie de manipulaciones financieras y farmacéuticas que contribuyeron a desenmascarar el dispositivo médico como cargado de ideología). Así como desenmascarar que la Iglesia no solo asesinó a las brujas o herejes, a los de otras religiones o se alió con las dictaduras sino que con sus predicas contribuía a la muerte en continentes y zonas mucho más empobrecidas.