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Somos

los que profieren la blasfemia

en el silencio perfumado del templo

a la hora tozuda del crepúsculo.

Somos

los que no se descubren la cabeza

ni hincan la rodilla al pie de las escalinatas

temblorosas de la mañana.

Somos

los que no piden compasión y sí piden cuentas,

la piedra del escándalo

en medio del camino ancho y recto que atraviesa la llanura sin horizonte.

Somos

los que se vuelven y se plantan, y miran a los ojos

mientras con el pie trazan en el suelo la raya definitiva.

Somos

los que dicen NO como una afirmación hacia adelante.

Somos

aquí y ahora.