Tengo tetas

 

Artista española, pintora e ilustradora. Murcia. 1976 http://www.anaelenapena.es/

Tengo tetas.
El título me ha quedado reivindicativo. Sexual. Potente.
[piopialo]Las tetas lo son, reivindicativas, porque ponen de manifiesto nuestro género. Nuestra sexualidad.[/piopialo]
Son rotundas, alimentan, atraen, producen placer.
Y sin embargo tener tetas es una putada.
Me explico.

Hace unos días que llevo dándole vueltas.
Desde que mi hijo con cinco años, como la cosa más natural del mundo, me dijo mientras merendábamos:

-Me gustan las tetas! (No, no es raro, ni adelantado a su edad, es que tres años y medio de lactancia le han dejado esa impronta tetil)
Yo -Te gustan las tetas? Pero todas las tetas?
El- Sí. Todas. Me gustan! Yo no tengo.
Yo- Tu quieres tener tetas?
El- Ummm no, no quiero tetas. (No muy convencido)

Desde entonces me ronronea la cabeza, y si quisiera tetas? Qué le diría?
Que es una putada tener tetas hijo mío.
Tener tetas es una condena muchas veces.
Te matan por tener tetas, te violan por tener tetas, te avergüenzas a ciertas edades por tener tetas, y por no tenerlas también.
Las tetas te marcan, si te salen pronto o si te salen tarde, si son grandes, si son pequeñas.
Si las enseñas o si las escondes.

Y es curioso que sea tan sexual y maternal. Ah! Las tetas maternales.
Porque las tetas también alimentan, a tus hijos, pero siempre teniendo cuidado, porque aunque sea para alimentaros hay que sacarlas disimuladamente, incluso Facebook tiene algo que decir si cuelgas una teta amamantando.
La borran.
Pero si esa misma teta sirve para cosificar a una mujer como objeto sexual, es permisible. Aunque la una dignifique a la especie y la otra nos humille…
No, no es que me parezca una humillación enseñar las tetas, sólo lo es, cuando son utilizadas para clasificarnos como ganado.

Pero a lo que iba, la maternidad y las tetas, lo que toca es que des la teta a tus hijos, pero eso sí, cuando ya tengas la lactancia instaurada, le das un biberón, que eso de sacarse la teta y dársela a un niño que ya come bocadillos de chorizo no esta bien visto.
Pero qué? Qué no vas a dar la teta? Vaya por dios!
Todo el mundo tiene algo que decir de las tetas, hagas lo que hagas. Tus tetas como madre serán tema de conversación.
Así que un consejo, con la lactancia: no hagas lo que te salga de las tetas, haz lo que te salga del coño.

[piopialo vcboxed=»1″]Con la lactancia: no hagas lo que te salga de las tetas, haz lo que te salga del coño.[/piopialo]

Cuando te salen es una cosa rara, muy rara, porque dejas de tener cara, pasas a ser una tía con tetas, son importantes, porque marcan una diferencia en tu vida, te llevan directa a la edad adulta.
Incluso pueden influir en tu vida social, en la adolescencia, a más tetas, más vida social.
Esto cuando se aceptan, porque hay chicas a las que les cuesta un mundo dejar de andar encorvando los hombros, para disimularlas.
Y otras que se pasan un tiempo sacando pecho para que parezca que tienen mas.
Lo cierto es que en la adolescencia la cantidad es importante. A más teta, te crees mas mujer.
Dan tema de conversación. Muchísimo.
Bueno una vez superada y hecha la simbiosis con tus tetas, te das cuenta de que son algo incomodas
No por si mismas, sino porque en muchas ocasiones nos hacen sentir tetas andantes, sin cara. Sí es asqueroso. Pero real.
Y nos juzgan por ellas.

Son el símbolo de la sexualidad. Pensad en las imágenes sexuales que hay por todas partes, están llenas de tetas, y sin embargo las propietarias culturalmente no podemos hacer lo que queramos con nuestro sexo, ni con nuestras tetas.
Nuestra sexualidad históricamente es de otros. Nuestras tetas, pero su disfrute.
Socialmente, por mas que se vayan abriendo mentes, no está bien visto que disfrutemos del sexo, es así.
En muchos países las mujeres deben esconderse, esta penado tomar sus propias decisiones sexuales, nuestras tetas nos marcan de nuevo, por tenerlas debemos seguir los caminos impuestos, matrimonios y maternidad sin derecho de elección.
Las religiones en general vilipendian las tetas. Vilipendian a las mujeres.
El pecado en muchas sociedades, religiones y culturas es por culpa de las tetas, ergo, por nacer mujer ya eres pecadora. Demencial, ¿verdad?
Tener tetas es un hándicap, social, profesional, cultural.
En muchos países nacer niña es motivo de asesinato. El eslabón social mas bajo.
Profesionalmente nos perjudica.
Culturalmente, en muchos países se prohíba la educación de las niñas.
Una putada tenerlas…

Las tetas incomodan en muchas ocasiones.
Recuerdo como una tarde horrible la primera vez que use un sujetador.
Tenia 13 años y me pareció una cárcel. Te terminas acostumbrando…
El feminismo de los 60, lo consideraba el símbolo de la opresión a la mujer.

Lo cierto es que la forma en la que lleves o luzcas tus tetas te catalogan.
De adolescente si no las enseñas eres mojigata , si las enseñas puta.
Ya como adulta las enseñes o no, si consigues algún logro siempre habrá alguien que crea que lo conseguiste por ellas.
Fresca o buscona. Incluso en muchas ocasiones esos insultos no llegan por tu actitud con ellas, simplemente por su tamaño, como si eligiésemos nosotras el tamaño del escote.
Y sí, si elegimos, operándonos, también habrá críticas.

Las enseñes o no siempre habrá alguien que te las mire.
Y dirás y que mas da? No. No da igual. Algunas miradas dan asco.
Porque que te pongas un buen escote no significa que quieras que las miren, hay miradas asquerosas, de gente asquerosa que simplemente con una mirada pueden hacerte sentir sucia, o débil, o asustada.
Así desde ya aprende algunas cosas sobre las tetas:

No, no puedes saber si somos follables por la talla.
No, no las enseñamos para gustar a todos los tipos con los que nos cruzamos.
Sí, muchas veces no nos atrevemos a ponernos cierta ropa para evitar ese tipo de miradas.

Lo ves? Es una putada tener tetas, porque tarde o temprano, si tienes tetas alguien te hará sentir mal por ello, no por las tetas en sí, si no por ser mujer.
Que asco verdad?
Así que sólo te puedo decir, no, hijo mío mejor no tengas tetas.
Y además puedo educarte, como mujer, como poseedora de ellas, para que trates con el mismo respeto a todos los seres humanos con los que te cruces, tengan tetas o no.

A lo mejor este es el comienzo, que te gusten las tetas.

 

 




La asquerosa doble moral

En primer lugar, debo enfatizar que este artículo no posee carácter farandulero ni mucho menos intenta ser amarillista, tal y como lo hacen otros medios de comunicación masivos. El objetivo se relaciona con cuestionar el doble discurso que se teje alrededor de las virales fotografías de desnudos de personas reconocidas en Costa Rica, la cual es una realidad que sucede alrededor del mundo.

Deseo proseguir formulando la siguiente interrogante: ¿cuántas de las personas que están leyendo estas líneas se han tomado fotografías “eróticas”? Estoy seguro que una gran cantidad de personas, lo han hecho, y no puedo ser hipócrita, hablando en tercera persona y en plural, por lo cual quiero replantear la afirmación preliminar: “lo hemos hecho, nos hemos tomado fotos “eróticas”.

En este tercer párrafo, es el punto en que algunos y algunas hicieron una pausa para comentar, pensar y/o decir lo “inmoral” que son mis palabras. Si usted es una de esas personas; las siguientes líneas son directamente para usted y muchas más personas que son iguales.

¡El sexo alarma! Es la afirmación que desarrolla la discusión actual. Todo aquello que se relaciona con la sexualidad, orientaciones sexuales, identidades de sexo, prácticas sexuales, entre otras dimensiones provocan polémica entre las “personas de buenas costumbres”. La sociedad religiosa y moral se ha encargado de satanizar el placer sexual bajo el argumento en donde se percibe como si fuese “pecado”.

¡Una fotografía de una mujer desnuda no se equipara a la de un hombre! Lo anterior no se relaciona con preferencias sexuales ni nada relacionado, sino con la censura que sufren las mujeres en el ámbito sexual. Si bien es cierto, el sexo es una temática que se ha caracterizado por encontrarse repleta de tabúes, jamás se podrá comparar el impacto social que se experimenta cuando en la misma oración se encuentra la palabra “mujer” y otra relacionada con sexo.

Lamentablemente, cuando una fotografía íntima de una mujer reconocida (o no), se hace pública sin su consentimiento, se gestan una serie de preguntas inmediatamente: ¿A quién se la habrá enviado? ¿Ella tiene novio? ¿Esa es la actitud de una verdadera señorita, señora o mujer? Mientras que un hombre lo hace y la pregunta habitual que puede escucharse corresponde a: ¿se la habrá enviado a una mujer o un hombre? En ese caso específico, lo que se pone en duda es su masculinidad hegemónica.

Pues claro, se cree que ser homosexual conserva una estrecha relación con lo socialmente feminizado, y la “peor” cualidad que se puede poseer en la sociedad patriarcal es contar con características o rasgos feminizados; esa es la llave a la exclusión, discriminación y en ocasiones, segregación.

Lo más preocupante de la divulgación de fotografías es su objetivo asqueroso: catalogar a las personas en “ricas o no”, en juzgar (sin haberse pedido la opinión) el par de senos que se encuentran en la pantalla del dispositivo electrónico; fomentando la cosificación del cuerpo de la mujer. La misma problemática que muchas mujeres feministas siguen luchando por erradicar.

Asimismo, uno de los aspectos más reprensibles hace referencia a la falta de sororidad que se evidencia por parte de algunas mujeres en situaciones como esta; en vez de repudiar la acción, la comparten e incluso emiten burlas con carácter despectivo, clasificando a las mujeres como “zorras”.

Mi intención no es jugar de santo, yo también buscaba las fotos apenas salían ¿Por qué? ¿Para qué? Creo que por el mal que nos destruye lentamente: solemos ser doble moralistas. Así que usted, quien comparte o solicita las fotografías por whatsapp o facebook, usted está siendo parte del problema. Usted que intenta cambiar el mundo, pero reproduce el sistema patriarcal esclavizante. Usted que se ha tomado fotografías, solamente que no se han hecho públicas, y aún así críticas a las demás mujeres. Usted que califica a las personas como “buenas o malas” por la divulgación de su privacidad; usted se encuentra infectado o infectada de la asquerosa doble moral.




Retazos de Biopoder (I)

Publicado en Romper con la Ingeniería Médica

El libro del sociólogo británico Nikolas Rose , ‘Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad en el siglo XXI’, se impone como un libro fundamental en el conocimiento de la biomedicina moderna y las consecuencias que ésta tiene y puede llegar a tener en distintos ámbitos. Rose reflexionará, con abundantes referencias de nuestra actualidad, acerca del poder, la economía, la ética o la política en su relación con la vida, la vitalidad humana. Dejo un primer extracto del capítulo ‘Política y vida’ para ir haciendo boca.

 

Hacia comienzos del siglo XXI, el valor del complejo biotecnológico biomédico -empresas de biotecnología (dedicadas a desarrollos tan variados como células madre terapéuticas o pruebas de paternidad mediante ADN), empresas farmacéuticas, fabricantes de máquinas, equipos, reactivos y mucho más- era inmenso. Algunos críticos gozaban sugiriendo que se trataba de una economía “burbuja”, que ya se encontraba a punto de explotar (Ho, Meyer y Cummins, 2003). Pero los proveedores de información sobre el mercado que informan sobre la situación en 2005 (a quienes pueden afrontar el costo de sus informes) no opinan lo mismo. Por ejemplo, el Informe Global sobre Biotecnología de 2005, de Ernst y Young, titulado, como sus antecesores, Beyond Borders, señala que la biotecnología está llegando “más allá de las frontera” porque “evoluciona, se reestructura y se recombinará rápidamente […]. Con la difusión de la biotecnología en el mundo entero, los grandes avances logrados en Asia […] las respuestas a los retos se están hallando en el nivel global, pues los obstáculos en una región se superan aprovechando las fortalezas y capacidades de otra parte del globo”. Con particular hincapié en la mejora de los regímenes reglamentarios y de propiedad intelectual en China e India, la visión de la Biópolis de Singapur y el hecho de que “desde Malasia hasta Michigan los gobiernos se encuentran desarrollando planes estratégicos con metas ambiciosas en materia de biotecnología”, señalan que “la industria global reunió la importante suma de 21,2 mil millones de dólares en 2004” para desarrollo de etapa temprana, pero ni siquiera esa cifra fue suficiente para satisfacer las necesidades de capital para etapas tempranas. Si bien los “ingresos del sector global de la biotecnología crecieron 17% en 2004 (54,6 mil millones de dólares)”, aparte de reunir 21,2 mil millones de dólares de capital aportados por inversores privados y otros actores del mercado de capitales, todavía registraba pérdidas netas de 5,3 mil millones de dólares y muchas empresas que procuraron reunir fondos en ofertas públicas iniciales de acciones no obtuvieron las valuaciones que buscaban y experimentaron caídas en el precio de sus acciones. Los tiempos que corren pueden “constituir un desafío”, como el informe señala en forma reiterada; causas no poco importantes son los desarrollos en materia de reglamentaciones y legislación en muchas regiones, por ejemplo, en los EEUU; los debates con respecto a la ética de la investigación con células madre; y la inclinación de ciertos legisladores clave a “escudriñar los acuerdos de investigación entre centros académicos, médicos y empresas biotecnológicas y farmacéuticas” y a cuestionar “potenciales conflictos de intereses”. En Europa, después de “soportar algunas tormentas peligrosísimas y recentrar sus recursos durante los últimos años” los mercados de capitales se están recuperando y la industria de la biotecnología está “doblando la esquina” y centrándose en llevar productos al mercado, a pesar de las preocupaciones continuas respecto a la carga reglamentaria, en particular, en lo vinculado con seguridad de los fármacos. El sector asiático de la biotecnología “sigue creciendo de manera agresiva” y “las empresas de biotecnología en la región incrementaron sus ingresos brutos en el 36% en 2004” si bien también esas firmas enfrentan “desafíos”, puesto que la inversión de empresas occidentales se ve obstaculizada por su preocupación respecto de la protección de la propiedad intelectual, y son, por consiguiente, los gobiernos y conglomerados industriales de otros sectores los que deben proporcionar el capital que, en Occidente, se reuniría de otros modos. No obstante, el atractivo y la promesa del biocapital mantienen su fuerza.

En efecto, sin importar qué “desafíos” se presenten, políticos de nivel nacional y local de países de todo el mundo siguen propiciando el crecimiento del sector biotecnológico y buscan encontrar un nicho en esta bioeconomía global. La estrategia Cape Cluster de Sudáfrica, por ejemplo, pone de relieve los “motores del nicho” que podrían impulsar oportunidades de mercado y voluntades políticas en relación con cinco factores clave: “la riqueza singular de Sudáfrica en materia de biodiversidad; la prevalencia de enfermedades inmerecidas que generan demanda local (sida, malaria, tuberculosis); poblaciones genéticas de características singulares, tanto de inmigrantes como de grupos africanos diversos aislados del resto de la población; entorno clínico sólido (en Sudáfrica tuvo lugar el primer trasplante de corazón); bajo costo de la investigación y desarrollo (I+D) y gestión de la propiedad intelectual a nivel del primer mundo”. Como la OCDE, que previó destinar dos millones de euros para su programa de desarrollo de un escenario orientado al futuro, los gobiernos de diversos países implementaron ejercicios de previsión y detección temprana para estar en condiciones de trazar un mapa del potencial de esta revolución industrial biotecnológica en la administración de la salud, la enfermedad y la vida, y formularon estrategias en los niveles internacional, nacional y local -financiación de las investigaciones, transferencia de tecnología, apoyo a empresas emergentes (start-ups) y empresas “semilla” (spin-offs), exenciones fiscales para la investigación y desarrollo, escasos obstáculos reglamentarios- para alentar el desarrollo de este sector de la economía.

Los circuitos trazados por estas economías contemporáneas de la vitalidad son, por tanto, conceptuales, comerciales, éticos y espaciales. Esos espacios abarcan lo atómico, lo molecular, lo celular, lo orgánico, los espacios donde se desarrolla la práctica (laboratorios, clínicas, consultorios, fábricas), las ciudades y sus economías (Shangai, Mumbai, Ciudad del Cabo), las naciones y sus marcos reglamentarios y estrategias económicas, y los espacios virtuales de internet que garantizan la disponibilidad inmediata, en cualquier lugar del mundo, de la totalidad de datos del genoma. Los circuitos se movilizan mediante una diversidad de relaciones. Laboratorios farmacéuticos radicados en América del Norte y Europa ponen a prueba sus drogas experimentales en África, Asia, Europa del Este y América Latina; los resultados retornan a la base y alimentan la producción de productos nuevos y lucrativos dirigidos al mercado del mundo desarrollado, que habrán de generar valor para los accionistas*. Las comunidades biosociales compuestas de personas afectadas que, según se cree, tienen un componente genético convocan a sus miembros dispersos por el mundo entero para que donen sangre y tejidos, los almacenen en bancos de tejidos y los ponen a disponibilidad de la investigación biomédica (Corrigan y Tutton, 2004; Taussig, 2005). Los genetistas en persona viajan por el mundo recolectando muestras de tejidos de familias afectadas por enfermedades para someterlas al análisis genómico. Investigadores europeos y estadounidenses, empleados, en muchos casos, de empresas biotecnológicas, viajan a zonas alejadas, extraen tejidos de sus poblaciones “aisladas” y las transportan de regreso a Europa o a los EEUU para analizarlos genómicamente e identificar posibles marcadores de susceptibilidad a enfermedades que podrían dar lugar a inventos patentables**. Así, la producción del conocimiento explotable de la vitalidad requiere, en la actualidad, de múltiples circuitos transnacionales para movilizar y asociar artefactos materiales, tejidos, líneas de células, reactivos, secuencias de ADN, técnicas, investigadores, financiamiento, producción y comercialización.

Los circuitos de la vitalidad no son en sí nuevos: basta con pensar, por ejemplo, en las prácticas de recolección “etnobotánica” de semillas y plantas, de larga data, o en el intercambio de material biológico y organismos modelo como moscas de la fruta, que ocuparon un lugar fundamental en la genética moderna (Balick y Cox, 1996; Kholer, 1994). Sin embargo, en la actualidad, se ha producido una suerte de “des-encastre”: la vitalidad se descompuso en una serie de objetos distintos y discretos, pasibles de ser estabilizados, congelados, guardados, almacenados, acumulados, intercambiados, negociados entre diferentes tiempos, espacios, órganos y especies, entre contextos y empresas diversos, al servicio de intereses bioeconómicos. Para algunos observadores, tal capitalización de la vitalidad humana es motivo de profunda preocupación. De manera inevitable, suscita interrogantes respecto de las fronteras de la vida y de esas entidades conflictivas -en particular, embriones y células madre-, cuya posición en los pares binarios vida/no vida, humano/no humano se encuentra sujeta a discusión. Al margen de esta cuestión que, por el momento, no profundizaré, el desarrollo de un mercado de tejidos humanos ha sido objeto de fuertes críticas por parte de numerosos observadores. Dorothy Nelkin, en uno de sus primeros análisis exhaustivos de ese mercado, sostuvo que las empresas de biotecnología reducen y descontextualizan el cuerpo, lo despojan de sus significados culturales y asociaciones personales, lo reducen a un objeto utilitario, tal como lo revela el hecho de que el lenguaje de la biociencia ha pasado a estar “permeado del lenguaje comercial de la oferta y la demanda. Las partes del cuerpo se extraen como minerales, se cosechan como cultivos, o se explotan como un recurso. El tejido se adquiere, un término utilizado más comúnmente en relación con tierras, bienes o prostitutas (Andrews y Nelkin, 2001:5). No queda claro, sin embargo, si el motivo de la crítica es el hecho de que esas prácticas hayan sido legitimizadas por medio del consentimiento informado y conformadas a los deseos y creencias de los pacientes y sujetos involucrados, si lo objetable es la intrusión del comercio en el mundo de la medicina, que, de otro modo, sería, aparentemente, benigno, si el problema radica en que los beneficios no los perciban las personas involucradas ni la comunidad sino el capital privado, o si la objeción tiene que ver con la mercantilizción de los elementos de la vitalidad humana.

Lo que sin duda queda claro, en cambio, es que la distinción clásica establecida en la filosofía moral entre lo que no es humano -poseíble, comerciable, mercantilizable- y lo que es humano -material no legítimo para tal mercantilización- ya no basta para resolver esta cuestión: En mi opinión, las tensiones entre la cada día más intensa ética somática de Occidente, que asigna un lugar central a la gestión de la propia salud y el propio cuerpo de conformidad con la autorrepresentación contemporánea, y las inequidades e injusticias de la infraestructura económica, tecnológica y biomédica, nacional e internacional, requerida para hacer posible tal ética somática son un rasgo constitutivo de la biopolítica contemporánea.

[…]

… estamos presenciando el surgimiento de una ética nueva e innovadora: se trata de una ética de la ciudadanía biológica y la responsabilidad genética. Nuestra individualidad somática, corporal, neuroquímica se ha convertido en un ámbito de ejercicio de la elección, la prudencia y la responsabilidad; se encuentra abierta a la experimentación y la controversia. La vida ya no se concibe como un legado inalterable. La biología ha dejado de ser destino.

[…]

Hoy, la vocación política de las ciencias de la vida se encuentra vinculada a la creencia de que en la mayoría de los casos, tal vez en todos, una vez identificada y evaluada, la persona que se encuentra en riesgo biológico o que es susceptible de riesgo podrá ser tratada o transformada mediante la intervención médica en el nivel molecular. En este régimen, cada sesión de asesoramiento en genética, cada amniocentesis, cada receta de un antidepresivo se cimenta en la posibilidad, al menos, de un juicio respecto de la calidad relativa y comparativa de vida se seres humanos compuestos de modo diferente y de diferentes modos de ser humano. La técnica biomédica ha extendido la posibilidad de elección a la matriz misma de la existencia vital y, como resultado, nos enfrentamos con la ineludible tarea de deliberar acerca del valor de diferentes vidas humanas, con las controversias que entrañan esas decisiones, con los conflictos que plantea establecer quiénes han de tomarlas y quiénes no deberían hacerlo.

* Se refiere aquí a la externalización de los ensayos clínicos occidentales a otros países en vías desarrollo o subdesarrollados. Externalización que se produce por las necesidades de obtener rápidos rendimientos para el capital en un contexto de economía competitiva, entre otros factores. Rose alude a una serie de artículos publicados en el diario Washington Post en el año 2000, con el título común de “The Body Hunters”, que documentan ensayos clínicos llevados a cabo por farmacéuticas estadounidenses en países en desarrollo.

** Rose incluye aquí una nota donde referencia casos de mercantilización de muestras de tejido como negocio. Incluye el ejemplo de la empresa Autogen (empresa de investigación y desarrollo bioteconológica de Australia) que habría comprado la reserva genética tonganesa en su búsqueda de medicamentos para tratar la diabetes, la enfermedad cardiovascular, la hipertensión, el cáncer y las úlceras. La sangre se utilizaría para extraer ADN a partir del cual establecer pedigrís genéticos de integrantes de las familias como parte de la búsqueda de genes causantes de las enfermedades. En palabras del profesor Greg Collier, investigador de Autogen, “el gobierno tonganés se beneficiará con el pago de regalías si algo se logra, habrá más puestos de trabajo y la población recibirá cualquier droga que se obtenga a partir de la investigación de forma gratuita”.




Volver al origen. Notas sobre Ana Mendieta

Ana Mendiera

 

Elisabet Merino Aldai profundiza, comenta y amplía la obra artística de Ana Mendieta.

Ante el simulacro cultural en nuestra sociedad, ante la alienación continua de nuestra posibilidad de ser y desarrollar una identidad -y no un estereotipo-, su búsqueda en lo original, en los arquetipos y creencias ancestrales comunes a todas las culturas primigenias. Raíz que nutre, sin la que la amenaza de descorporeización y deslocalización hacia un limbo de los sentidos en una identidad fantasma muy fácilmente manipulable es cada vez más, una realidad (…)

Leer completo: VOLVER AL ORIGEN por Elisabet Merino Aldai

 

 




La pluma heterosexual

La pluma es un código complejo de comportamientos y actitudes físicas y psicológicas que tradicionalmente se ha asociado a los hombres gays como una de sus señas de identidad. La pluma es criticada desde gran parte del mundo heterosexual como un exceso de afectación desplegado por los gays para molestar a los hombres de verdad. En realidad, como en tantas otras cosas, lo mayoritario, la norma, pasa desapercibida. Y lo mayoritario es la pluma hétero, «un código complejo de comportamientos y actitudes que tradicionalmente se ha asociado a los hombres heterosexuales como una de sus señas de identidad». La pluma hétero es más ridícula que la pluma gay, ya que mientras que esta última es soltada como una forma de juego irónico con la representación y la identidad masculina, la pluma hétero está firmemente arraigada en la conducta de todo macho que se precie como algo serio, incuestionable, «con lo que no se juega», algo tan instalado en el «ser un hombre» que ni siquiera de ve. Y no hay nada más ridículo que tomarse en serio una identidad.

Si se mira con cierta distancia, la pluma hétero es bastante cómica, sobre todo comparada con la seriedad que muestran sus practicantes. Si se mira de cerca, es algo horrible, es el código completo de los ritos de iniciación heterosexual que sufren los niños desde su nacimiento, durante la escuela y en la vida adulta.

He aquí una lista (no exhaustiva) de cómo suelta pluma un hétero:

– Rascarse los cojones en público.

– Leer el MARCA. Discutir de fútbol con los compañeros y amigos.

– Saludar a otro amigo propinándole golpes en la espalda o en el pecho y riendo con la voz muy grave.

– Intercalar un taco cada tres palabras.

– Fumar puros tomando una copa de anís sentado con las piernas abiertas.

– Escupir sorbiendo previamente los mocos.

– Hacer comentarios machistas y homófobos.

– Bailar agarrotado, con los puños cerrados y los codos pegados al cuerpo.

– Echar el culo hacia atrás al abrazarse con un amigo.

– Admirar los coches veloces, y conducir agresivamente.

– Contar con orgullo las anécdotas de la mili (las novatadas tan «divertidas» que hizo), las borracheras (es el que más aguanta) o las relaciones sexuales que ha tenido con mujeres (las tías que «se ha tirado»).

– Llevar pantalones siempre.

– Beber cerveza agarrando la botella por el cuello y echando eructos sonoros de forma ostensible.

La pluma hétero es completamente alienante, porque la mayoría de sus practicantes no se dan cuenta de que se trata de papeles o representaciones que no remiten a ninguna «esencia» masculina o viril; y lo que es peor, muchos heterosexuales se han construido una identidad inmutable en torno a esa pluma, repitiendo un código de disciplina corporal y afectiva que garantiza la integración social, pero que impide cualquier posibilidad de reconocimiento del propio deseo y del propio cuerpo, en toda su diversidad.

La pluma hétero no es un algo que pertenezca a los hombres que son heterosexuales. Muchos gays en el armario sueltan pluma hétero como descosidos para que no se sospeche que son maricas. Otros gays sueltan pluma hétero porque piensan que así son más atractivos, más masculinos, más deseables para otros gays (algunos leather, osos, moteros…). Por otra parte, algunos héteros no tienen nada de pluma (hétero), y entonces se piensa de ellos que son maricas. Y finalmente, algunas lesbianas sueltan pluma hétero porque les gusta romper con el papel femenino que se les asigna por el hecho de ser mujeres. La mujer que suelta pluma hétero está realizando un acto revolucionario, en el sentido matemático de la palabra, de girar un plano para volver al punto de partida (la geometría los llama «cuerpos generados por revolución», ¡todo un modelo a seguir!), en realidad se conserva la separación masculino/femenino, sólo que ellas le dan la vuelta a la tortilla (dicho sea con todo el respeto). Pero es un acto también subversivo en la medida que conmueve los cimientos de la asignación de roles, del «ser toda una mujer». En realidad, como decía Lacan, la mujer nunca es «toda», y quizá eso le permite tener una necesidad menor de reafirmar la identidad, o al menos tener una capacidad mayor de jugar con ella y con su propio cuerpo.

La pluma es un derecho, no un deber. Ningún proyecto de liberación puede basarse en consoli