El psicoanálisis en el mundo hiperconectado

Publicado originalmente en Cuarto Poder

Cuando leo a diversos autores que describen con todo rigor las distintas mutaciones “antropológicas” desencadenadas por el capitalismo digital, financiero, algorítmico e hiperconectado, siempre surge en mí, la misma reserva que procede de lo que denomino “izquierda lacaniana”. La diferencia irreductible entre el modo de producción de subjetividad propia del capitalismo actual y la invariante estructural del sujeto que adviene en la lengua que se habla y que llega a través del Otro. Decimos la “lengua que se habla” para no confundirla con la elaboración lógica y lingüística que se nombra como Lenguaje.

Sean como sean las mutaciones y su posible alcance en el orden antropológico nunca estamos frente a un nuevo tipo de especie humana. El “embrollo” incurable y fallido por estructura, al que se enfrenta el sujeto en su existencia hablante, sexuada y mortal, siempre retorna. Anudar un cuerpo y sus pulsiones a la palabra y al nombre propio, sobrellevar como se pueda el peso de las identificaciones propias de la inconsistente y pesada novela familiar, la insatisfacción o la imposibilidad del deseo, la voz y la mirada del Otro, etcétera, siguen marcando de modo inexorable, lo que el ser hablante entiende por vida.

He sido uno de los que más he insistido en intentar dar cuenta del modo en que la contemporaneidad incide en estos avatares, pero los mismos no se pueden borrar sin más, en nombre de una permanente mutación antropológica. Las décadas que llevo escuchando al que dice ser, uno por uno, me dejan una constancia definitiva de lo que afirmo.

Por último en estos teóricos de la megaconexion actual subyace un error político propio de su historicismo antropológico: disolver la constitución del sujeto en una subjetividad que finalmente es idéntica al devenir del Capital. Lo que conduce a un callejón sin salida en el orden político de la cuestión.

Una “izquierda lacaniana” debe dar cuenta con sus recursos teórico clínicos de ese error de perspectiva. Las costuras sociopolíticas que saltan por todos lados, en el mundo del capitalismo de la infoesfera y lo hacen crujir pueden alcanzar su inteligibilidad si no se borra en la aparición de la nueva subjetividad capitalista aquello que en el sujeto hace objeción a sus mutaciones antropológicas.




«Todo el mundo se siente culpable»

Publicado en Consultorio Psi (http://consultoriobosch.com.ar/a-nivel-personal-hoy-en-dia-vivimos-bajo-el-imperativo-de-la-logica-empresarial/)

Entrevista al psicoanalista Jorge Alemán.

Pino Alberol: ¿Cómo influye en nuestra vida personal el capitalismo?

Jorge Alemán: El capitalismo es una formación histórica que en su fase actual denominamos neoliberalismo y que pretende fabricar subjetividades. Como decía Margaret Thatcher: «La economía es el método, el objetivo es el alma». Estas subjetividades tienen un modelo, el del empresario. Es tratarse a uno mismo como una empresa, gestionar tu vida, las relaciones contigo mismo y con los otros desde el modelo de la empresa. No es necesario tener una empresa para esto, se puede vivir en la mayor de las precariedades y estar bajo las exigencia y los imperativos de rendimiento y competencia modelados en la lógica empresarial.

PA: ¿Puede poner algún ejemplo de esta situación?

JA: Todo el mundo siente que está exigido por encima de sus posibilidades, que no da la talla, que se siente culpable por no rendir lo suficiente. Por todo esto la patología de la época es la depresión o la adicción. También se da una proliferación de libros de autoayuda, de couch, gurús que todo el tiempo tratan de apuntalar la vida de las personas para que estén a la altura de ese rendimiento. Se ha llegado a límites tan perversos que cuando a alguien le despiden de un trabajo hay que interpretar eso como una nueva oportunidad. Estas nuevas fábricas de subjetividad le proponen a la vida de las personas que siempre tienen que ir más allá de sí mismos. La lógica del capital ha introducido algo ilimitado en la vida. En el capitalismo no hay límites.

PA: ¿Y cómo influye esto en las relaciones sentimentales?

JA: El amor está cada vez más sometido y subordinado a estos dispositivos de rendimiento, donde hay que dar la talla y presentarse sin ninguna falta. En cierta forma, el neoliberalismos es un rechazo del amor. Porque el amor exige el límite, la imposibilidad del tiempo y la indagación del misterio, de lo que permanece oculto y que jamas se podrá volver transparente, mientras que el empuje del neoliberalismo es que todo se haga transparente, que todo se pueda hablar, que todo pueda ser medido, calculable y evaluable. Hay un afán de programar las relaciones y borrar el carácter de encuentro.

PA: ¿Cómo escapar a esto?

JA: No hay receta política ni colectiva para escapar, salvo que la política empiece a entender que es muy importante el sujeto, que no se haga todo para las masas sino que se pueda constituir en una experiencia singular. Esto exigiría volver a pensar que parte de nuestra vida no está regida por la lógica del capital. Que parte de cada uno de nosotros no se comporta como una mercancía. Finalmente hay que pensar que el amor es el encuentro entre dos faltas que nunca se pueden colmar. Nunca nos podemos completar y entonces buscamos al otro para que nos acompañe en esta falta y no para que nos colme, porque sino sería una mercancía, que es lo que pretende el capitalismo. La pareja es el desafío de soportar juntos algo que no se puede resolver.

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