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Winterson o Wittig influyen en Peri Rossi, Tusquets o Moix y, aunque ninguna de ellas habla propiamente de la transexualidad de mujer a hombre, sí cuestionan el esencialismo del cuerpo de mujer como un constructo atravesado por discursos sociales, médicos y jurídicos. Esos discursos ya fueron cuestionados en poesías y ensayos por escritoras chicanas o afroamericanas como Cherrie Morga, Audre Lorde, Gloria Anzaldúa, etc, desde un punto de vista despatologizador, racializado y no colonialista. La desestructuración de algunos países del Este de Europa han llevado a novelistas a contar los tiempos anteriores y posteriores al comunismo en la vida de las personas transexuales sin recursos, en las ruinas de sueños de esplendor como la magnífica “Lovetown” del escritor polaco  Michal Witkowski, publicada recientemente por Anagrama.

Las ficciones se han diversificado aunque no lo suficiente. El discurso despatologizador y del continuum hombre mujer ha encontrado mejor acomodo en novelistas estadounidenses como Jeffrey Eugenides con su inmensa “Middlesex”, más correcta y elaborada que las ficciones de Tom Spanbauer pero también menos potente. O incluso la propia ciencia ficción que ha pasado de ser un género eminentemente masculino a hibridaciones producidas por nombres como Ursula K. Leguin, Samuel R. Delaney o la propia Winterson que en “The Powerbook” -un libro sobre el espacio virtual- nos dice “Desvístete. Quítate ropa, quítate el cuerpo, hoy podemos ir más allá del disfraz. Esta es una historia de amor y desamor, de policías y ladrones, la extraña historia de ti y de mí. La historia soy yo misma. Tengo que contarla yo. Comienza”. Curiosamente ahora la narrativa de los países árabes con nombres como Abdelá Taia o Tahar Ben Jelloun (“El niño de arena”) está poniendo en solfa las dicotomías de género y la anatomía como destino. Taia en su última novela “Infieles” hace un valiente esfuerzo de transexualidad literaria en el último párrafo de una historia autobiográfica , un párrafo inolvidable con intención política y poética.

«-Había sido elegida.

¿Elegida yo? ¿Yo?

La voz me repitió tres veces el mensaje. Dijo tres veces mi nombre. Norma Jean Baker.

¿Podía dudar? ¿Podía resistirme?

Todo sucedió muy deprisa. Conseguí adelgazar, encontrar mi cuerpo de antes. Y, en medio del rodaje de Something Got to Give, dejé este mundo. Con mis propias manos

Alcé el vuelo

Entonces mi leyenda en la tierra adquirió otras proporciones.

Y desde entonces estoy aquí, a las Puertas del Cielo.

Recibo

Escucho

Juzgo

Reúno

Hablo en lugar.

Hablo desde su lugar

Soy humana. Extraterrestre. Estoy en todas partes y en ninguna Soy Hombre. Mujer. Ni lo uno ni lo otro. Más allá de todas las fronteras y [3]todas las lenguas».

[1]Von Mahlsdorf, Charlotte. Yo soy mi propia mujer. Editorial Tusquets. Colección Andanzas.

[2] Ebershoff, David. La chica danesa. Anagrama. Panorama de Narrativas, 2011.

[3] Taia, Abdelá. Infieles. Cabaret Voltaire. Barcelona, 2014.

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