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  • En el presente artículo te proponemos, estimo lector, un experimento del laboratorio de la mente; imagina un futuro diferente.

Las tendencias destructivas del capital no sólo están destruyendo el planeta, sino que pueden terminar con la vida de la mayoría de personas que puebla esta tierra, que un día fue de Dios, y que ha sido conquistada por la lógica tanática y expansiva del capital. Mientras que la alternativa que nos sugieren desde los altavoces del sistema, conocidos también como medios de comunicación, consiste en una nueva normalidad que se reduce a la norma de privilegiar los negocios por encima de las vidas y los cuerpos; mientras la alternativa del sistema es que nos contagiemos y muramos como mercancías perecederas que se pudren en los estantes, nosotros – la mayoría social– podemos imaginar un futuro otro.

PROPUESTA: Primero la paralización, luego la nacionalización de los medios de producción y distribución.

Si no se paraliza la economía, los contagios seguirán sucediéndose, con especial incidencia en la clase trabajadora. Y si no se nacionalizan los medios de producción y distribución, corremos el peligro de que se produzcan nacionalizaciones selectivas como las que se pudieron en marcha durante la crisis iniciada en 2008: medidas puntuales para ricos, para socializar las pérdidas privadas causadas por la especulación financiera y las hipotecas basuras.

Tanto la paralización como la nacionalización de la economía resultan medidas imprescindibles para salvar todas y cada una de las vidas. Pero la respuesta que nos brindarán nuestros enemigos, los servidores de Tánatos y el capital – que son la misma cosa, pues el dios de la destrucción pretende someternos al imperativo de producir hasta morir, sin importar el coronavirus–, será que tales medidas son imposibles de llevar a cabo.

Pero podemos fijarnos en que, hoy en día, un nuevo concepto de la producción está surgiendo. Siguiendo al gran pensador utópico tras Ernest Bloch, el norteamericano Fredric Jameson, podemos detectar en Amazon la emergencia de un concepto de producción que estaría caracterizado por la disminución de la tensión que caracteriza a la producción capitalista: la contradicción entre producción y distribución, concluiríamos, tendía a desaparecer. Esto era una forma de decir que ya estamos viviendo la emergencia de la utopía. ¡En nuestro propio presente!

Contra esta tesis, podría argumentarse que el capitalismo, que tanto dolor nos genera, podría apropiarse del sueño de un Amazon colectivo. Sin embargo, esto ya ocurrido; el Amazon capitalista ya existe y es un hito en el desarrollo tecnológico del capitalismo. Qué tamaña grandiosidad ha logrado nuestro sistema enemigo; cómo se ha apropiado de nuestros deseos. Amazon nos fascina. Y es que creemos que el experimento del pensamiento utópico puede consistir en imaginar una suerte Amazon colectivo. Lo que queremos sugerir aquí es que podemos captar la emergencia del futuro utópico en el presente, un requisito indispensable para la acción política revolucionaria. De esta manera, podríamos comenzar fijándonos en el alto desarrollo tecnológico alcanzado por Amazon: al nivel de la infraestructura, podríamos mencionar en especial la red cibernética de Amazon. Además del uso de la inteligencia artificial y el big data – que el pensamiento utópico concibe como positivos, a través del método de cambio de valencias propuesto por Jameson–, el sistema de Amazon se articula como un increíble sistema en red que conecta y controla en tiempo en real los centros en distintos niveles (internacional, nacional, regional, local), conecta también los almacenes en distintas capas y funciones, así como las compras a los proveedores; todo está conectado, coordinado en tiempo real y planificado no sólo desde los centros nacionales sino también desde los nódulos locales de distribución y coordinación. Así, aparece la figura de una planificación cibernética de la economía. ¡Pero es una economía que, como muestra el sistema en red en diferentes niveles de Amazon, puede ser planificada no sólo centralmente sino también en los niveles regionales y locales, con participación de los trabajadores! ¡Y, como muestra Amazon, puede reducirse la tensión entre esos trabajadores y la distribución de sus productos!

La logística inteligente de Amazon resulta tan asombrosa porque, entre otras cuestiones, es capaz de realizar compras a sus proveedores, en tiempo real y en función de las preferencias cambiantes de los consumidores; cambien la palabra <<preferencias>> por <<necesidades>>, y tendrán algo parecido a los experimentos comunistas de Salvador Allende en el campo de la cibernética. Tenemos el sueño al alcance de la mano.

PROPUESTA. La sustitución del sistema de referencias de los precios por puntos/hora trabajada (bonos electrónicos).

Creemos que los discursos acerca de la incompatibilidad entre negocio y vida pueden servir a la hora de movilizarnos, pues aparece claramente la dialéctica entre Eros y Tánatos. Es decir, consideramos que actualmente – en la crisis del coronavirus– laten potencialidades políticas que pueden orientarse bien hacia el polo paranoide del deseo o hacia el polo esquizo y revolucionario.

Por eso resulta imprescindible que la competitividad del mercado sea sustituta, tras el empuje de las movilizaciones sociales, por la coordinación de una red cibernética participada y auto–gestionada por los trabajadores, quienes decidiríamos democráticamente el plan de distribución y el reparto de los beneficios, pero unos beneficios que no serían dinerarios como el caso del Amazon capitalista, sino en bonos para pagos electrónicos – que no podrían intercambiarse ni acumularse, que se anularían tras su uso en la plataforma de pago–. Esos pagos estarían coordinados en tiempo real, como hemos afirmado antes, con la oferta por parte de los productores.

Realizar el experimento utópico podría consistir en lo siguiente: en atreverse a imaginar. Imagina que entras en una aplicación en perpetua actualización – que tal vez podríamos llamar “Amazon Colectivo”–, creada por informáticos, matemáticos y economistas anónimos mediante fórmulas como el código libre. Las movilizaciones populares, habiendo captado el momento de verdad del sistema – que privilegia los negocios por encima de la vida, como padecemos en el caso del coronavirus–, han logrado desconectar parcialmente el intelecto general de la forma privada y empresarial. Tú te has asociado a esa red. Imagina que el dinero se ha eliminado tras las mencionadas luchas populares, de modo que, ¿qué ocurre? Pues que no ves precios. Estos han sido sustituidos por partes o fracciones de bonos electrónicos; por ejemplo, quieres comprar un libro electrónico en el que pone 1/60 min. Eso significa que el libro supone el pago de un minuto de una hora que tú hayas trabajado, pero debemos señalar que el autor del libro que has adquirido no recibe pago alguno; sólo se le entrega un bono electrónico, según la cantidad de horas que haya empleado en la redacción de la novela. De esta manera, se eliminan la competitividad, el caos y la desigualdad que genera el mercado en favor de la racionalización y la planificación descentralizada. Los trabajos poco deseados se incentivan con un plus de minutos, y ocurre al contrario con los empleos más demandados. Por el contrario, los empleos manuales que impliquen un posible contacto con el virus, se han automatizado y los realizan robots de diverso tipo. No se pone en peligro la vida de nadie.

Imagina que, el excedente de minutos al que tú también has contribuido, ha generado una inmensa bolsa de minutos; de esa bolsa tú puedes decidir, junto al resto, qué parte fija se distribuye a cada persona para la adquisición de bienes de consumo, pero también puedes decidir qué hacer con la otra parte de la bolsa de minutos; puedes votar si emplearlo en servicios o bienes, en tecnologías, inversiones o infraestructuras que consideres más necesarias para un desarrollo social que posibilite el desarrollo de todas las capacidades y habilidades de todas las personas del mundo.

Ahora imaginemos el ejemplo contrario: quieres vender los botijos que haces con tus propias manos, modelando la arcilla con cariño – es algo que siempre te ha gustado–; quieres obtener un bono para comprar cosas que también te gustan. Pero no sabes cuántos botijos has de producir. Sin embargo, cuando haces click en la sección de venta de tus productos en la página web de “Amazon Colectivo”, te aparece el plan que a nivel local habéis hecho la gente que os dedicáis a la alfarería; una planificación del reparto del trabajo basada en la gran cantidad de información aportada por el sistema cibernético y la logística inteligente. Así, el sistema ha calculado provisionalmente que en los próximos días recibirás el pedido de tres botijos, y te pones mano a la obra –aunque sin dejar de tener presente que el pedido puede variar–, mientras la propia aplicación va contabilizando el número de minutos que empleas en la realización de ese trabajo que tanto te gusta, porque te hace sentir como alguien realizado. A los pocos días, acudes al centro logístico más cercano y colocas los tres paquetes en los drones; cuando éstos llegan a las casas de los consumidores, recibes el pago en número de minutos.

Los drones son capaces de desinfectarse a sí mismo, eliminando lo rastros del virus y realizando una distribución segura.

Por último, no podemos dejar de mencionar el apartado de la aplicación denominado: “Democracia Directa”, en el que puedes acceder a los distintas votaciones que tienen lugar sobre las decisiones macroeconómicas, políticas, simbólicas, etc.. Por una parte, decides los planes específicos que afectan a los labores económicas en las que estás involucrado, decidiendo la distribución y la planificación de los ramos en los que participas, así como el uso del excedente de minutos que tú también generas y que tú también percibes; pero igualmente participas en todas las decisiones políticas, éticas y de distinto tipo que emprendería la sociedad.

Con los datos disponibles acerca del excedente de minutos y de las necesidades sociales – además de obtener a título individual un parte del excedente para bienes de consumo–, imagina que decides que lo mejor es construir un hospital en tu localidad, y que esa votación resulta la mayoritaria de todos los proyectos que se han presentado. Luego el sistema cibernético calcula la cantidad de horas que deberán emplear los productores, así como el costo de las materias primas y de la logística; de esta manera, por ejemplo, el excedente de minutos acaba convirtiéndose –gracias al trabajo retribuido en bonos y a la tecnología cibernética– en un hospital que, a su vez, se coordina no sólo con la red sanitaria sino con todos los niveles del sistema cibernético, lo que posibilita alcanzar soluciones omniabarcantes a problemas como la terrible pandemia del coronavirus.

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