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Oh virtud
que del término medio te alejas
perdición de los hombres
riqueza del espíritu

quedaste plasmada en letras y notas
fuiste deleitada con aplausos y vítores
ávida comadrona del bebé inocente
cuyo sino modelaste a tu antojo

vuestro paso fue tan breve
tan grande vuestra huella
muerto en el 97
nacido en la eternidad

fuisteis el resultado de la suma teológica
el ruido de la suela de mis propios zapatos
el eco rebelde de las voces que aún resuena
en la profundidad del alma

Oh hermosura latente
siempre tan cerca y tan lejos
con tu olor a queso curado
con tu resplandor de gloriosas promesas

nos regalaste a tu séquito de ensueño
que pactaron el destino del mundo
que abrazaron catedrales y soñaron monasterios
que vivieron de cerca el todo y la nada

pero fui yo
fui yo quien esperó con impaciencia
en el recibidor de la celebridad
solo para dejar mi firma
en el libro de visitas
fui yo quien sedujo al súbito deseo
de transformarme en oro
de no unirme a su paso silencioso
fui yo quien compartió cama
con la maltrecha envidia
fui yo quien admiró vidas ajenas
oníricas convencionales
de divina complacencia
fui yo quien mató de cansancio
al huesudo galgo de Don Ambición
fui yo quien corrió en tu búsqueda
vendados los ojos
muerta la razón
por entre los lodazales del pantano
por entre el angosto camino del saber
y la escarpada ruta del ser sabido.