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Y ahí estaba yo, una vez más, mirando al mar pensando en todo lo ocurrido, no podía parar de preguntarme si podía haber cambiado lo que pasó, pero la cruda realidad es que ocurrió…

Unas horas antes

Era un día soleado, los pájaros cantaban y la gente parecía olvidar los males de esta guerra que está enfrentando a amigos, hermanos…. pero a mí me resulta difícil olvidarla, mi prometido partió hace dos meses con la columna anarcosindicalista de Durruti desde Barcelona, llevaba sin saber de él más de dos semanas y temía lo peor.

Acababa de llegar el cartero, me trajo una carta de Caspe, mi pulso temblaba como cuando me cogío de la mano por primera vez, mis ojos lloraban como cuando abrazé el cuerpo moribundo de mi padre en la revolución de hace dos años, abrí entre sollozos aquella maldita carta que cambiaría mi vida para siempre.

“Querida Amanda, eres lo más importante de mi vida, jamás podré olvidar el día en el que te conocí, llevabas ese vestido azul que tanto me gusta junto a esa sonrisa maravillosa que sólo tú tienes, iluminabas la escena con tu belleza, pero no fue eso lo que consiguió que me enamorase de ti, fue tu personalidad afable,bondadosa y empática lo que me cautivó.

Fueron muchos los momentos en los que quise gritar a los cuatro vientos que te quería y que quería pasar el resto de mis días contigo, pero no lo hice, temía asustarte. Hoy, más que nunca, quiero reafirmar el amor que proceso por ti y que transcenderá incluso después de mi muerte.

Hoy, hemos iniciado la ofensiva para obtener Caspe para la revolución, no es tan fácil como dicen apuntar con tu rifle a una persona y disparar. Hoy han caído diez soldados enemigos bajo mi fusil, sé que esto jamás se me olvidará y me atormentará incluso después de mi defunción.

Te escribo esta carta en medio de la batalla, me han herido en el fragor en el hombro izquierdo, el médico me ha dicho que no sobreviviré a mañana, cariño, tienes que ser fuerte, sé que es duro pero recuerda que yo siempre te amaré…

Siempre tuyo, Justo”

Supe que era el momento, sabía que este día llegaría, pero jamás imaginé que llegaría tan pronto. Me acerqué a la ventana, allí es donde siempre me desahogo, entre lágrimas y sollozos un sentimiento muy profundo se desató en mí, un sentimiento de ira, pero también de justicia y meditándolo llevo desde hace unas horas, pero no, no voy a dudar más, voy a ser fuerte.

Me dirijo a coger el fusil que guardamos en la buhardilla, voy a luchar, no voy a temer nada pues nada me queda, nos lo han arrebatado todo, es hora de combatir y no agachar la cabeza como antaño, es hora de romper las cadenas, es nuestra hora.

FIN